Con el fin de contribuir a la reflexión,
al análisis y al entendimiento en torno a los procesos
de comunicación política y social que actualmente
vive nuestro país, la Revista Mexicana de Comunicación,
la revista Zócalo y la Fundación Manuel Buendía
organizaron el pasado 17 de julio, con el valioso apoyo del Club
de Periodistas, un debate público intitulado "Balance
de la cobertura y difusión mediática del proceso
electoral 2006".
Bajo la moderación de Gabriel Sosa Plata, académico
de la UAM Cuajimalpa y colaborador de ambas publicaciones, tal
debate contó con la participación de Raúl
Trejo Delarbre, investigador del Instituto de Investigaciones
Sociales de la UNAM; Jenaro Villamil, periodista especializado
en medios y reportero de la revista Proceso; Elvira García,
columnista de El Universal y periodista de Radio Red y Canal 22;
Jorge Meléndez, columnista de El Financiero y colaborador
de Radio Educación, y Florence Toussaint, profesora e investigadora
de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
A continuación, una versión abreviada de las ideas
y planteamientos
expuestos en aquella oportunidad.
RMC: Sugerimos plantear el tema en dos ámbitos: la mercadotecnia
política y la cobertura periodística, antes, durante
y después de los comicios. El proceso electoral destacó,
entre otras cosas, por la fuerte e inédita inversión
en medios de comunicación, así como por su lenguaje
violento, inscrito en las llamadas campañas negativas.
Ello se dio en el contexto de la aprobación de la llamada
Ley Televisa en que evidentemente el duopolio tuvo un papel
fundamental en la negociación. En fin, hay implicaciones
de carácter político, de corte mediático
y en materia de la formación de opinión pública,
así como en lo referente a la construcción de la
ciudadanía y a la democratización de las instituciones
y de la vida pública.
Elvira García:
De entrada pondría en duda la famosa democratización
de los medios. En tanto las ocho columnas de varios periódicos
sigan teniendo un precio -y estoy hablando de dinero-, en tanto
las entrevistas en las televisoras y radiodifusoras comerciales
sigan teniendo un costo económico, y en tanto los políticos
tengan que pagar por aparecer en los medios, sólo estamos
jugando a la democratización. Esto hay que denunciarlo
y quienes lo sabemos, tendremos que hablar de ello. Por otro lado,
la guerra sucia que vimos en estas campañas políticas,
no comenzó en la televisión gracias a los estrategas
o mercadólogos, sino en los medios escritos, particularmente
en el periódico Crónica, que lleva seis años
llamando a Andrés Manuel López Obrador "el
señor López". Creo que no lo hace por ahorrarse
líneas en sus columnas y ha logrado unificar esa voz entre
sus columnistas y articulistas. Necesitamos hacer una reflexión
y una autoevaluación de nuestro propio trabajo como periodistas
porque nosotros también hemos contribuido a esa guerra
sucia.
Jorge Meléndez:
Diría tres cosas. Primera: como alguna vez escribiera
el maestro Augusto Monterroso, el dinosaurio no se ha ido: cambió
de color, de tricolor se convirtió en azul, y si bien no
hizo una elección de Estado, avaló una elección
impúdica, falsa, inequitativa, digna de los zares soviéticos.
Segunda: y sin embargo David no vence a Goliat salvo en la fábula,
porque al señor Andrés Manuel López Obrador
le faltó, entre otras cuestiones, decir a todos
-no sólo a los votantes cautivos- qué país
quería para ellos. Tercera: tenemos que exigirle al señor
Vicente Fox que se calle. El "cállate chachalaca"
si bien fue una imprudencia de López Obrador, es una exigencia
de los ciudadanos mexicanos. Creo que hay que decirle que se tenga
respeto a sí mismo y que nos respete a nosotros. En esos
tres vectores podría explicarse lo que pasó en esta
elección.
Raúl
Trejo Delarbre:
Entiendo que estamos en una situación extremadamente crispada
no sólo por los resultados electorales que a unos les gustaron
y a otros no, sino por la campaña previa, repleta de tensiones.
Me preocupa mucho que esa profunda crispación esté
influyendo no sólo en la conducta cívica de muchos
ciudadanos, sino que también esté permeando el análisis
y la reflexión, que esté condicionando la investigación
y, sobre todo, esté partidarizando puntos de vista que
en otras circunstancias serían menos crispados.
Hoy día está de moda criticar la cobertura de las
grandes empresas comunicacionales -para muchos insuficiente, para
otros explicable- a favor de un candidato. Pero los datos indican
que antes del 2 de julio no hubo un sesgo especialmente notorio
o enfático a favor de ningún aspirante. Les refiero
rapidísimo algunos datos del monitoreo que dio a conocer
el Instituto Federal Electoral (IFE): TV Azteca concedió
al candidato del PAN y a ese partido 25% de su espacio destinado
a información electoral; al señor Madrazo y al PRI,
29%, y a Andrés Manuel López Obrador, 35%. El noticiero
de Televisa, de Joaquín López Dóriga, le
dio al PAN y a su candidato 28% del espacio entre enero y los
últimos días de junio, 27% al PRI y 33.4% al candidato
de la coalición Por el Bien de Todos. Por datos como éstos
puedo afirmar, sin lugar a dudas, que si hubo algún sesgo
a favor de algún candidato por parte de las grandes empresas
de televisión, fue a favor de López Obrador. Pienso
que su reclamo de que los medios distorsionaron en su contra el
sentido de la elección, no se sostiene.
Florence
Toussaint:
Quiero rescatar algunos elementos de la campaña ausentes
en esas cifras del IFE. Se destacó la aparición
de lo que yo llamo programas electoreros, es decir mesas
de análisis y debates con la presencia de algunos intelectuales,
escritores y periodistas. Me parece que la mayoría de ellos
tenía un sesgo favorable al PAN. Varias de esas emisiones
aparecieron en los últimos meses y muchos de los comentaristas
nunca habían estado frente a las pantallas de televisión.
Por otro lado, también encuentro que hubo un aumento notable
en mercadotecnia como nunca antes. Esta compra de espacio publicitario
se magnificó gracias al regalo que le hizo el gobierno
de Fox a los medios cuando eliminó el 12.5%, de tiempo
oficial en medios electrónicos y dejó 1.2% gratuito
para el Estado. De esa manera, si se quería estar presente
en la pantalla había que comprar muchos más espots.
Sólo un dato: mayo fue el mes con mayor cantidad de espots,
según el propio IFE: 14 mil 827. Otro elemento destacable
fue el uso de Internet. Consulta Mitofski hizo un monitoreo y
encontró que la mayor parte de los correos electrónicos
enviados fueron contra López Obrador, aunque también
los hubo en contra del PAN y del PRI.
Por último quisiera señalar que la guerra sucia
se dio básicamente a partir de los espots, no en los noticiarios.
En ese sentido, el monitoreo del IFE es de corte cuantitativo,
no cualitativo, y sólo dice si las notas son favorables,
desfavorables o neutras, que son categorías muy ambiguas
y superadas. Efectivamente: el tiempo sí fue equitativo,
sin embargo la guerra sucia no se dio ahí, sino
en los espots de los partidos políticos. Además
en los estudios del IFE no entra toda la campaña mediática
del propio Vicente Fox, quien influyó e intervino muchísimo
a favor de Calderón y ello significó un desbalance
que se reflejaría si tuviéramos las cifras.
Jenaro Villamil:
Hay cuatro elementos ineludibles que desde mi punto de vista
pueden destacarse. En primer lugar, el despilfarro en las campañas,
que no sólo fue entre enero y julio del presente año,
sino que viene desde 2005. Los datos son impresionantes y constituyen
una muestra sobre cómo el negocio de la polarización
política ha rendido muchos frutos a las empresas televisivas.
No es casual que en las marchas de los simpatizantes de López
Obrador, la molestia haya sido tan fuerte contra Televisa. Hubo
mucho negocio y dinero en torno a esa campaña de despilfarro,
inducida por la crispación y el odio. Tan sólo podríamos
mencionar que entre el 19 de abril y el 1 de noviembre de 2005
-antes de que empezaran las campañas formalmente-, 11 precandidatos
de la República gastaron cuatro millones 150 mil pesos
diarios en publicidad. Estamos hablando de alrededor de 350 o
370 millones de pesos en precampañas. Y si tomamos en cuenta
las cifras que ha dado la empresa de verificación y monitoreo
de medios, que realizó un seguimiento muy puntual a través
del periódico El Universal sobre el gasto de espots,
los cinco precandidatos presidenciales invirtieron cerca de mil
200 millones de pesos: una cantidad que supera los cinco mil millones
de pesos en gastos en espots entre las precampañas de abril
a noviembre de 2005 y de enero a julio de 2006. Si a eso le sumamos
el cálculo que hizo el PRI de que la Presidencia de la
República gastó mil 700 millones de pesos en la
promoción de las campañas de los programas gubernamentales,
estamos ya rebasando una cifra de más de seis mil 500 millones
de pesos entre precampañas, campañas y la campaña
paralela de Vicente Fox. Si todo ello no es un despilfarro y no
es un problema de ética política y de salud pública
en México, creo que no estamos viendo realmente lo que
está sucediendo.
El segundo punto: hubo una excesiva emotivización en las
campañas electorales. A esa excesiva emotivización
pertenecen obviamente las campañas negativas. La polarización
que se dio entre el PAN y el PRD fue una derrota de la información
ante la emotivización de las campañas electorales.
Carlos Monsivais dijo: "contra el odio, la razón".
Justamente lo que ha hecho falta en términos mediáticos
es razonar y explicar, pero sobre todo desentrañar lo que
hay en el clima de crispación.
Un tercer elemento, muy claro a partir del 2 de julio, fue la
absoluta derrota de la política de comunicación
social del consejo general del IFE. Eso de que cualquiera que
critique al IFE prácticamente se está convirtiendo
en un renegado -para decirlo en términos foxianos-
o en alguien que no cree en los avances de la democracia, también
forma parte de esa corriente de crispación que nos ha acompañado
recientemente. Es un hecho que la falta de certidumbre, transparencia
y claridad en la comunicación del consejo general del IFE
no ha generado ninguna tranquilidad, no ha ayudado ni siquiera
a aminorar la situación; al contrario, la incrementó.
Por último, creo que se ha patentizado -y eso se vio en
general no sólo en los medios electrónicos sino
también en los impresos y cibernéticos- la ausencia
de un debate público e informativo y el privilegio de la
toma de posiciones hacia una línea editorial u otra. Esta
ausencia de debates públicos también forma parte
del escenario general de crispación. En parte, también
se ha fallado mucho en el asunto del monitoreo. Raúl Trejo
da las cifras que aporta IBOPE a través del IFE. Pienso
que ese estudio es muy amplio, pero hasta ahora no hemos podido
conocer la base de datos de ese monitoreo porque el contrato que
firmó el IFE -que por cierto, es de 40 millones de pesos-
le deja a IBOPE los derechos de propiedad sobre ese monitoreo.
Una de las enseñanzas fundamentales es que para las próximas
jornadas electorales es preciso fortalecer el monitoreo desde
las organizaciones ciudadanas y las instituciones universitarias.
RMC: Hay comentarios muy interesantes, pero quedan algunas preguntas
en el aire. ¿Hubo impacto de las campañas políticas
en el resultado de las elecciones? ¿Realmente se está
haciendo periodismo como tal, o estamos en ocasiones ante un activismo
político o ante una combinación de los dos? ¿Qué
opinan de que haya series como El Privilegio de mandar,
donde se presenta ese activismo, o que se vendan menciones en
telenovelas? ¿Cómo se comportaron los medios de
comunicación durante el día de las elecciones?
Raúl
Trejo Delarbre:
En cuanto al monitoreo, hay que hacer el análisis cualitativo.
Eso nos toca a nosotros los investigadores. Tengo la convicción
de que una vez que se haga tal análisis, se verificará
que el contenido de los noticiarios de los grandes medios fue,
en términos generales, equitativo con los principales candidatos.
Desde luego, en los programas informativos de todas las empresas
hubo sesgos antes y después de las elecciones, pero mucho
ojo: si ha habido sesgos notorios, es a favor del candidato
del PRD. Y es que para muchos de nosotros eso nos puede resultar
algo extravagante. ¿Cómo van a pensar algunos que
Televisa y TV Azteca estén apoyando al PRD si éste
rechazó en el Senado la Ley Televisa? Pues así
son las cosas. Cuando los partidos que avalaron esa ley -PAN y
PRI- creyeron que votando a favor de tal propuesta de reforma
iban a ganar la simpatía del consorcio, resultaron autoengañados.
Así lo dijimos y ahora se está verificando. Ciertamente
tenemos un derroche injustificadísimo. La lección
de estos comicios es que no debemos seguir incurriendo en tales
gastos. Pero ningún partido político ha reivindicado
la propuesta para que se reduzca o se sancione el gasto fiscal
por parte de los partidos en radio y televisión.
Por otra parte, discrepo completamente de la exigencia de Jorge
Meléndez cuando dice que se calle el Presidente. Creo que
no es nuestro papel callar a nadie. El señor Fox tiene
derecho a expresar su punto de vista: es el Presidente de la República.
¿Qué tanto efecto tuvo el proselitismo presidencial
a favor de Calderón? No lo sabemos, pero pienso que lejos
de ayudar, perjudicaba al candidato panista. Aun así pienso
que todo actor político, comenzando por el Presidente de
la República, tiene derecho a decir la estupidez o la lucidez
que quiera.
Respecto de la Internet, en otras experiencias electorales -particularmente
en Estados Unidos- se ha comprobado que el uso de la gran red
suele beneficiar o, mejor dicho, suele ser emprendido por quienes
ya simpatizan con un partido específico, tanto la propaganda
en las páginas web como en los correos electrónicos.
Suelen ser enviados, recibidos y consumidos por los que ya tienen
una opinión política definida. No sé -y no
lo sabemos- qué tanto los anuncios por correo electrónico
modificaron la opinión de los ciudadanos. Hay que recordar
que todavía en nuestro país apenas 20% de la población
tiene conexión regular a la Internet, y hay más
de 80 millones de mexicanos que no la tienen.
Dice Elvira García que una muestra de las campañas
negativas fue la actitud del diario Crónica que
le decía "López" al candidato de la coalición
Por el Bien de Todos. Si esa es una muestra de campaña
negativa, ¡pues qué tersas campañas tuvimos!
En realidad hubo cosas peores: a Calderón le inventaron
delitos que no le han comprobado; la campaña panista exageró
episodios de la vida política de López Obrador que
no tenían que ver con estas elecciones.
Jorge Meléndez:
Yo sostengo que el señor Vicente Fox se debe callar porque
es el Presidente de todos los mexicanos y no el porrista número
uno del PAN.
Crónica dijo que habían venido células
bolivarianos a azuzar al país y a defender a López
Obrador. ¿Es cierto? Si alguien tiene tal confirmación,
entonces yo aceptaría que Crónica no difamó
a AMLO.
Creo que los medios empezaron a asumir un papel central y dos
hechos de Televisa muy significativos lo confirman: Poder y
negocios "informa" que Felipe Calderón ganó
las elecciones. Eso no lo puede decir ni Poder y negocios ni Joaquín
López Dóriga ni nadie.
Sabemos que eso está en manos del Tribunal Electoral. Asumimos
que en ningún medio existe la absoluta, plena e infranqueable
libertad de expresión. La limitación es en todos,
no sólo en Televisa, en unos más y en otros menos,
pero hay limitaciones. Pienso que lo que debemos hacer los periodistas
es lo que decía Benjamín Franklin: luchar todos
los días por la libertad de expresión (y lo dijo
un demócrata liberal).
Jenaro Villamil:
Efectivamente, pienso que todos los políticos tienen el
derecho de intervenir, actuar y defender sus posiciones. El punto
es que en un ambiente de crispación, el Primer Mandatario,
en lugar de actuar como Jefe de Estado, actuó como sexto
candidato en campaña. Prácticamente desde mucho
antes de 2005, desde el pretendido proceso de desafuero a López
Obrador, esta falta de actitud ética y de altura de miras
políticas de Fox, le ha hecho mucho daño al ambiente
de la opinión pública. Desde mi punto de vista,
fue mucho más dañina que la frase "López
Obrador es un peligro para México", o que la denuncia
de AMLO contra el cuñado incómodo. Quizá
no habría habido ningún problema si Vicente Fox
hubiera opinado o defendido su proyecto de nación en una
contienda electoral. El problema es que además lo hizo
con los recursos públicos; lo hizo a través de lo
que -ya sabemos- es una especie de acuerdo no transparente, no
abierto, no claro con las dos grandes televisoras; lo hizo en
el momento en que se negociaba la Ley Televisa, justamente
cuando más arreció la presencia de los espots del
Gobierno Federal en la pantalla. Se trata, pues, de uno de los
elementos más dañinos desde antes de la campaña
electoral, durante y todavía en la crisis poselectoral
que estamos viviendo.
Elvira García:
Desde hace seis años, el periódico Crónica
se ha empeñado en llamar "señor López"
a AMLO, amén de otras cosas como las que mencionó
Jorge Meléndez. Quiero mencionar que esa campaña
de espots y lodo en la televisión, a cada mexicano le costó
seis dólares. Creo que hoy día, la tarea de los
periodistas es más importante que nunca. Lo que está
ocurriendo nos importa a todos. Además de periodistas somos
ciudadanos mexicanos y nos debe importar muchísimo profundizar
lo más posible para saber la verdad, si hubo o no fraude
electoral.
Florence
Toussaint:
Nos preguntaban si hubo impacto de las campañas políticas
en la votación. Está demostrado que la campaña
finalmente impacta a un electorado indeciso. El voto duro se va
generando a lo largo de los años y no cambia ni con guerra
sucia, ni con mentiras, ni con malos chistes como los que hace
Crónica. Ahora, el problema es que efectivamente en México
hubo un gran electorado volátil. Según Consulta
Mitofsky -en una encuesta hecha entre el 28 de abril y el 2 de
mayo-, había un 6% de indecisos, es decir: más o
menos cuatro millones de electores, y que 37% de los ciudadanos
decía que no iba a votar -no fue 37% sino 41% los que se
abstuvieron-. Según esas encuestas, el voto duro del PAN
era 21%, del PRI 23% y del PRD 17%; 65% dijo que votaría
por el mismo de siempre, y solamente 24% decía que lo haría
por un partido distinto. Éstas son las cifras y sobre eso
habría que desarrollar un estudio. A mí me gustaría
muchísimo hacerlo, pero debido a las políticas neoliberales,
la investigación científica tiene un presupuesto
mínimo. No podemos hacer un monitoreo como el de IBOPE.
Esa empresa cobró 40 millones de pesos y, en el mejor de
los casos, Conacyt podría darnos un millón de pesos
al año para una investigación.
Por otro lado, en estas elecciones lo que prevaleció no
fue la inteligencia sino efectivamente la emoción. Se manejaron
emociones, pero no las mejores sino las peores del ser humano:
el miedo, la inseguridad, la insatisfacción, el odio, el
racismo. Esta campaña nos deja con un país partido
a la mitad. ¿Qué pasa en el imaginario de la población?
Esas campañas de odio nos hicieron enfrentarnos en el sentido
social, y sí somos una sociedad dividida: entre bonitos
y feos, entre nacos y niños bien y pirruris. Estos elementos
son realmente muy dañinos para una sociedad que ahora habla
de reconciliación. Cómo puedo reconciliarme con
alguien que me ha insultado. Va a ser muy difícil tal reconciliación
y eso no lo pensaron los panistas al hacer la guerra sucia.
Para terminar, la página de Consulta Mitofsky es www.consulta.
com.mx y se refiere una encuesta que hizo a mil 400 personas en
donde se ve que Felipe Calderón tuvo 45.2% de los correos
a su favor, AMLO 32.4% y Madrazo 24.2%; y en contra de Felipe
Calderón 5.3%, de AMLO 11.6% y de Madrazo 13.5%.
Raúl
Trejo Delarbre:
El tema de la Internet es un asunto aparte. Insisto: hay que
matizarlo a partir del conocimiento de que sólo dos de
cada 10 mexicanos tienen acceso a la red.
Campañas sucias por supuesto que las tuvimos pero no fue
la primera vez, y tememos que no vaya a ser la última.
Pero, sin lugar a dudas, las campañas de desacreditación
surgieron ante la pobreza propositiva de todos los partidos. ¿De
donde provinieron las campañas sucias? De los tres partidos
principales. Fueron muy agresivas, promotoras de la animosidad,
divisionistas de los mexicanos, tanto la propaganda de la coalición
que postulaba a López Obrador como la del Partido Acción
Nacional. La propaganda del PRI mostraba a Madrazo distante de
ambos candidatos, pero igual era burda. El PAN y el PRD tendieron
a la descalificación, a que nos confundiéramos,
apostaron al odio y al resentimiento.
Me parecen perfectamente compartibles algunas expresiones acerca
de la locuacidad del Presidente Vicente Fox, pero no hay que olvidar
la campaña ininterrumpida que sostuvo el gobierno de la
Ciudad de México, primero encabezado por López Obrador
y ahora por Alejandro Encinas: hicieron proselitismo, anunciaron
obras, contrataron publicidad, también hicieron trampas.
¿Vamos a enjuiciar con más rigor a Vicente Fox porque
es Presidente de la República? Posiblemente sí,
pero quizá podríamos decir cosas similares de gobiernos
perredistas en algunos estados del país, donde también
hubo una utilización facciosa de la administración
pública para beneficiar al candidato de su partido. Lo
hizo Fox, completamente de acuerdo, pero no neguemos que también
lo hicieron los señores del otro lado. (En lo personal
no simpatizo con ninguno de los dos partidos políticos).
Las campañas de odio fueron por parte de los dos bandos
y afectaron a ambos.
Tiene razón Florence: no tenemos en las universidades -ni
públicas ni privadas- recursos para una auténtica
indagación que nos permita saber cómo se comportan
los medios. En la UNAM no hay interés de las autoridades
por impulsar una auténtica investigación acerca
de los medios de comunicación. Tenemos que conformarnos
con datos de entidades privadas. Justamente al día siguiente
de las elecciones, El Universal publicó los datos de una
encuesta de salida sobre qué tanto influyó la publicidad
negativa en contra de algunos candidatos. Quienes votaron por
Calderón dijeron que 10% había influido en ellos,
no sabemos si de manera definitoria (había influido el
asunto de las chachalacas y votaron contra López Obrador
a partir de ese desplante), y 10% de los votantes de Calderón
lo hicieron como una reacción a la campaña de que
"López Obrador es un peligro para México".
No sabemos si todo su voto lo definieron así, pero al menos
20% de los votos para Calderón fueron resultado de esa
campaña contra López Obrador. En contraste, 9% de
los votantes de AMLO sufragó de esa manera a partir del
escándalo Hildebrando, y 8% definió su voto a favor
de López Obrador por desconfianza hacia Calderón
por distintas acusaciones en contra del candidato del PAN. En
otras palabras: a uno y a otro les afectó la propaganda
negativa. Si confiáramos plenamente en esos datos, diríamos
que le afectó más a Calderón. Preciso unas
cuantas cifras: los indecisos -según varias encuestas,
incluso la de Consulta Mitofsky, una o dos semanas antes de las
elecciones- eran 15%: 5% decidió el mismo día, en
tanto que 10% lo hizo entre una semana antes y el primero de julio.
Más que volátil es un electorado desesperado, inquieto,
abrumado por la propaganda negativa.
Jenaro Villamil:
Absolutamente de acuerdo con Raúl Trejo en que los tres
principales partidos le entraron a las campañas negativas,
pero aquí el orden de los factores sí altera el
producto; no podemos perder de vista quién empezó.
El que inicia justamente con las campañas negativas es
el candidato de la Alianza por México, Roberto Madrazo,
entre enero y febrero: lanza varios espots que el PAN impugna
ante el consejo general del IFE. Tales espots negativos no le
redituaron a Madrazo. Las campañas negativas todavía
no habían tomado tal sesgo sino hasta que empieza el espot
de "cállate chachalaca" y después toda
la serie de "Andrés Manuel López Obrador es
un peligro para México", financiados por el PAN. La
profusión de esos espots coincide con la aprobación
de la Ley Televisa en el Senado de la República, el 31
de marzo. Después de todo ese debate, el PRD le entra también
a las campañas negativas a finales de mayo y durante buena
parte de junio, cuando Andrés Manuel López Obrador
negocia con Televisa un crédito por 80 millones de pesos,
es decir: también el PRD le tuvo que entrar al despilfarro
y de una manera que todavía no ha sido aclarada.
En relación con El privilegio de mandar, creo que responde
a la nueva generación de producciones de Televisa, en donde
a través del falso humor o de un humor bastante sospechoso,
se tratan de inducir gacetillas electrónicas. A final de
cuentas -lo señalaba Elvira al principio- es parte del
negocio televisivo: los tres candidatos principales compraron
invitaciones y menciones. Y también le entraron a esa mercadotecnia
de la mención en El privilegio de mandar. Obviamente con
lo que nos quedamos es con una editorialización bastante
turbia, fallida por parte del personaje que imitaba a Cantinflas.
En ese caso -lo dijo el propio productor- fue Televisa la que
dio su posición. Televisa siempre se había cuidado
de no aparecer institucionalmente con una toma de postura frente
a un proceso electoral y resultó que le salió el
tiro por la culata: el programa que pretendía tener un
encubrimiento de sus intereses y de sus negociaciones a modo con
cada político, también resultó ser una manera
de exhibir su posición. Televisa no jugó con ningún
partido ni con ningún candidato. Televisa jugó su
propio juego y lo sigue jugando.
Televisa incluso se está erigiendo de antemano como tribunal
electoral, y eso hay que observarlo en los comentarios de Joaquín
López Dóriga descalificando de antemano a los magistrados.
El juego de Televisa es sobreponer a toda la clase política
sus intereses: eso ha sido uno de los elementos más negativos
durante todo el proceso electoral.
Florence
Toussaint:
Desde el año 2000, los candidatos acudieron a los programas
de revista, pero lo que sí es totalmente nuevo es que haya
publicidad política dentro de una telenovela. Considero
que eso va a seguir pasando y se va a agudizar cada vez más,
a menos de que el Congreso se proponga una revisión a fondo
del COFIPE. Resulta impostergable revisar las prerrogativas electorales
y de comunicación de los partidos políticos. En
muchos países reconocidamente democráticos, europeos,
no se permite la compra de espacios para hacer campaña
política: el espacio es gratuito, lo tienen los partidos
y se los otorga el Estado a pesar de que salgan en canales privados.
Por otro lado, la duración de las campañas debe
acortarse. En España, por ejemplo, dura un mes la precampaña
y otro mes la campaña propiamente dicha. Nada más
y se acabó. Algo así nos beneficiaría muchísimo
en términos de gastos. Ésa debiera ser una propuesta
atendible si queremos tener un país democrático.
Elvira García:
No estoy de acuerdo en que Televisa no haya jugado con un partido
o un candidato. Ciertamente Televisa no tiene amigos ni tiene
candidatos: tiene intereses económicos. Pero hay que ver
lo que hizo el 2 de julio. A muchos nos quedó clara una
cosa después de las 11:30 de la noche: que el PAN no había
ganado las elecciones. Si hubiese ganado Calderón al menos
con un voto de diferencia, lo hubiésemos sabido no a las
once sino desde las ocho de la noche. Esa es la primera lectura
que tenemos que hacer de la transmisión de esa noche que
hicieron Televisa y TV Azteca. ¿Periodismo o militancia?
Creo que Televisa es el mejor ejemplo de falta de equidad o falta
de neutralidad ante las campañas. Fue cómplice del
IFE al decir que no estaba en condiciones de dar a conocer los
resultados del conteo rápido, porque creo que se habían
dado cuenta de que el PAN estaba perdiendo las elecciones.
Raúl
Trejo Delarbre:
Hoy día resulta muy sencillo pegarle al árbitro.
La verdad es que si revisamos el comportamiento del IFE, se ha
ceñido a las reglas que anunció y que le impusieron
los partidos. ¿Por qué el consejero presidente,
Luis Carlos Ugalde, no dio a conocer la noche del 2 de julio los
datos de los conteos rápidos? Porque había una decisión
de los partidos que establecía que si la diferencia entre
los dos punteros era menor a 0.5%, no se iban a dar resultados.
Lo que no hizo Ugalde fue explicar con oportunidad esas circunstancias.
Lo publicaron dos días después. Se puede criticar
la política de la comunicación del IFE: muchos no
sabíamos del asunto de las casillas reservadas que equivalían
no a tres millones sino a dos millones y medio de votos, y cuando
consultamos los datos en la página electrónica de
esa institución algunos advertimos que había un
faltante. Quienes sí lo sabían eran los partidos.
López Obrador y su coalición actuaron de mala fe
al decir que se les estaban quitando tres millones de votos sabiendo
que se trataba de las casillas consideradas como irregulares.
Los medios no explicaron esto. Sí estamos ante un error
gravísimo en la política de comunicación
del IFE, pero también ante una omisión muy preocupante
de los medios que no investigaron lo que pasaba. Un día
y medio después -de manera tibia y tímida-, la autoridad
electoral explicó el asunto.
Por otra parte, la actitud de varios analistas y periodistas que
hoy cuestionan de manera agresiva a López Obrador, es una
novedad. Antes del 2 de julio, durante muchos meses y años
en términos generales, los medios tuvieron una enorme condescendencia
con AMLO. A este candidato le dispensaron excesos y descortesías
que jamás le hubieran permitido a ningún otro personaje
político. Tal condescendencia mediática debería
formar parte en nuestro balance.
Jorge Meléndez:
Hace casi nueve años, la española Margarita Rivière
hizo un libro de 54 entrevistas y concluyó que el segundo
poder son los medios de comunicación, y que el primero
era el poder financiero. En esta elección se mostró
que lo dicho por Rivière es totalmente cierto. Tomo tres
ejemplos: ¿dónde se firmó el acuerdo de todos
los partidos políticos para respetar al IFE? No en Gobernación
sino en el noticiario de Joaquín López Dóriga.
Segundo punto: ¿quién convocó a todos los
candidatos a su hacienda? El señor Emilio Azcárraga
Jean y llegaron todos. Tercer punto: ¿por qué en
siete minutos todos los partidos aprobaron, en la Cámara
de Diputados, la llamada Ley Televisa? ¿Engañaron
al PRD que no se dio cuenta de las implicaciones? Creo que no.
Todos se plegaron a la voz de Televisa ...y no estoy diciendo
que la televisora estuvo a favor de López Obrador o de
Felipe Calderón.
RMC: ¿Cuál va a ser el papel de los medios frente
a la crisis postelectoral? ¿Qué lecciones podemos
extraer?¿Qué sigue?
Raúl
Trejo Delarbre:
No estaríamos discutiendo con tanto interés el
comportamiento de Televisa si no tuviera todo el poder, no el
segundo sino el primer poder. Hace tiempo dijimos que Televisa
era el quinto poder y no es cierto: hoy día es el único
poder capaz de convocar a todos los candidatos, de subordinar
a las instituciones, pero no de movilizar la voluntad de los ciudadanos.
Eso no puede hacerlo porque la gente es mayor de edad. El poder
de Televisa no llega tan lejos. Puede convocar a todos los candidatos,
pero no a la voluntad de todos los ciudadanos. El gran problema
sigue siendo que concentran muchos recursos en muy pocas manos,
y otra vez, el único remedio para acabar con esa situación
va a ser que logremos construir un sistema de medios con mayor
diversidad. ¿Cuándo? No sé. ¿Cómo?
Con una ley diferente y con una creciente observación de
la sociedad. Si en Televisa, Radio Centro, TV Azteca, Radio Fórmula,
saben que hay cada vez más gente interesada en medir, discutir,
analizar, criticar sus contenidos, sin lugar a dudas ello irá
constituyendo un contrapeso importante a los excesos y disparates
mediáticos. Además, nos ha inquietado mucho la toma
de partido de algunos medios, pero la verdad es que en todo el
mundo toman partido: The New York Times y Los Ángeles Times
llaman a votar cada cuatro años por sus candidatos. En
Londres y París todos los medios informativos asumen posiciones
muy claras. ¿Por qué nos parece tan abusivo que
lo hagan en México? Porque tenemos muy pocos medios de
radiodifusión, mejor dicho: muchos medios en muy pocas
manos. Televisa ha compartido el punto de vista de quienes le
dicen a López Obrador que modere sus protestas y que se
comprometa con la decisión del Tribunal Electoral. Pero
del otro lado, hay varios medios que parecen coincidir con la
postura del PRD: Proceso, La Jornada, Milenio, El Universal, el
programa de Carmen Aristegui en W Radio. Son algunos de los espacios
que hoy están por la causa del PRD y ello se puede documentar
revisando sus contenidos. Son menos que los otros, a lo mejor
sí, pero no nos asombremos de que unos tomen posición;
hay otros que también lo hacen.
Elvira García:
Creo que no nos tiene que dar miedo lo que está ocurriendo
en el país. Tiene que interesarnos esa efervescencia que
ocurre en los medios. Tenemos que empezar a crecer como sociedad.
También los medios debemos hacerlo y antes de tapar el
hoyo con toda la suciedad abajo, mejor vamos abriendo el agujero
para buscar qué hay. ¿Qué tenemos que hacer
los medios? Debemos preguntar, preguntar y preguntar e investigar,
investigar e investigar hasta agotar las dudas. Necesitamos cuestionar
a los futuros gobernantes. Hay que cuestionar y ésta es
una oportunidad para crecer.
Jorge Meléndez:
A pesar de las discrepancias, aquí hubo un debate civilizado.
No podemos coincidir con los comentarios de otros, pero sí
escucharlos y tratar de comprender. Debemos promover una civilidad
mayor y transformar este país en sus instituciones. Creo
que hay un descrédito de muchas instituciones. Una de las
que más crédito tenía era el IFE y si hubiera
una encuesta ahora, no saldría muy bien librada. Sí
hay necesidad de reformar, pero no para unos cuantos como los
fines reales de la Ley Televisa.
Raúl
Trejo Delarbre:
Las campañas no tienen por qué ser tan extensas:
con dos o tres meses basta. La publicidad en los medios tiene
que ser regulada: si ésta no se pudiera abolir, convendría
que toda fuera comprada por el IFE y no directamente por los partidos.
Son completamente indebidos y poco éticos los tratos que
suelen establecer los partidos políticos con radiodifusoras
y televisoras para comprar espacios en entrevistas y otros programas.
Resulta preciso regular la publicidad para que no puedan contratar,
como se hizo a favor del PAN en la campaña reciente, menciones
en telenovelas. Ello no debiera permitirse porque confunde a la
gente.
Hay una larga agenda de reformas, pero en el corto plazo, ¿qué
sigue? No se necesita ser mago para anticipar un panorama muy
difícil -de estrépito y polarización- en
las siguientes semanas. El encono de los dos partidos no va a
ceder. El interés de los medios con unos o con otros no
va a terminar y la numerosa gama de ciudadanos dispuesta a creerle
a unos u otros tampoco va a desaparecer.
Los medios podrían ayudar, pero me temo que no lo van a
hacer. Una reivindicación a exigir sería que moderaran
su partidarismo, crearan mejores espacios de reflexión,
ofrecieran diversas opiniones, expusieran en contexto la actual
situación mexicana, evitaran magnificar asuntos menores
y explicaran ampliamente los problemas. Pero eso no son más
que buenos deseos.