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El presente en el periodismo es el del mundo
de aperturas, el mundo globalizado, del Estado mínimo
o adelgazado, del neoliberalismo, de las inacabables novedades
tecnológicas, de la tolerancia, de la multiculturalidad,
de la transición democrática,de la vigilancia
internacional, de la creciente participación ciudadana,
de las fusiones de grupos mediáticos, de las alianzas
estratégicas, de las sinergias productivas, del infotainment,
de la construcción de nichos de mercado, del periodismo
en línea, del regreso de los diarios gratuitos, de
la proliferación de contratos basura para los periodistas...
y de muchos otros fenómenos más que reclaman
nuestra atención.
Actualmente, las grandes empresas periodísticas
mexicanas ya han integrado, o tratan de integrar a sus estilos,
las características formales del modelo periodístico
que se impone en el mundo contemporáneo y cuyo origen
es estadunidense: el periodismo de mercado. Este modelo somete
la propuesta periodística a las fuerzas del mercado,
o dicho eufónicamente, a los gustos del consumidor; un
modelo en el que los medios se esfuerzan cada vez más
por ofrecer productos especializados, diseñados a partir
de grupos de consumidores potenciales, y en el que la función
del entretenimiento está por encima de la informativa;
un modelo en el que se hace un menor énfasis en la responsabilidad
tradicionalmente atribuida a los medios de vigilar al poder
público, y muy especial atención en la rentabilidad
de los productos periodísticos. Ya incluso se habla de
franquicias1, en lugar de cadenas o grupos
de medios, indicando claramente el carácter de mercancía
de los productos resultantes y sugiriendo las reglas del juego.
Especifico que son las características formales las que
se ha tratado de imitar o integrar, porque existen otros rasgos
de dicho modelo, más estructurales, que no se han apropiado
por completo en México, como sería el caso de
practicar el periodismo de investigación en su más
amplio sentido.
Hoy día, la tendencia mundial de fusionar medios o grupos
de medios es una realidad en México. Además, estamos
en la antesala de lo que se vive en las grandes capitales del
mundo: la reducción del número de diarios en circulación,
y constatamos la cada vez más clara imposibilidad de
subsistencia para diarios independientes. Como en otros campos
profesionales, observamos también el panorama poco alentador
en términos de apertura de empleos, aún con las
potencialidades de mercado laboral que se atribuye a los medios
en línea.
Un fenómeno más del vertiginoso presente, es la
exigencia de los grandes grupos de medios a los periodistas
para que se desempeñen como hombres orquesta: el reportero
debe ser capaz de tomar la foto, subir la información
a los sistemas informáticos, diseñar la página
y, en algunos casos, elaborar subproductos para más de
un medio a la vez. Las empresas periodísticas buscan
más que nunca la rentabilidad, por encima incluso del
propio discurso sobre el compromiso del periodismo con la sociedad.2
Los periodistas -dice Alma Delia Fuentes- debemos
ser capaces de saber dónde y cómo buscar información,
con rapidez y bajos costos. Realizar investigaciones complejas
a través de bases de datos, trabajar con estadísticas,
analizar datos y utilizar ese análisis para conseguir
historias de alto nivel con un contexto más profundo.3
Una de las consecuencias ya evidentes de este fenómeno
es que "los periodistas trabajan más; disponen de
menos tiempo para realizar sus investigaciones y para escribirlas;
producen informaciones más superficiales".4
Menos diarios, menos empleos en los medios, mayores exigencias,
y aún así salarios magros.
Indiscutible característica del periodismo actual es
la creciente banalización de la información, la
superficialidad. José Manuel Tornero, citado por Pedro
Barrán, afirma:
El rasgo más llamativo del periodismo a finales del
siglo XX es precisamente su banalización creciente, un
particular vaciamiento de sentido que le desconecta de la realidad
y de la acción social.
Las principales características de esa banalización,
de acuerdo con el autor, son:
La fragmentación (preeminencia del impacto sobre la
investigación), la espectacularización (preeminencia
de la emoción sobre la transparencia), la figuratividad
(triunfo de los singular y concreto sobre lo abstracto).5
En materia de condiciones laborales persiste una gran inconformidad:
se mantiene el desequilibrio en salarios, más tareas
por el mismo sueldo ("optimización de los recursos"),
los administradores invaden áreas de decisión
editorial, recortes de personal frecuentes en las redacciones,
explotación de practicantes, contratos de trabajo sin
prestaciones sociales, nulo peso de las organizaciones gremiales
Si bien no todos estos fenómenos son nuevos, sí
se ven acentuados en el contexto actual del periodismo mexicano,
y deben sorprender después de una década en que
se vislumbraban modificaciones importantes en materia laboral.
La situación, ciertamente, no es privativa de México.
La FELAP (Federación Latinoamericana de Periodistas)
habla de la pauperización de las condiciones laborales
de los periodistas en América Latina, como consecuencia
de las políticas de globalización neoliberal,
de concentración económica, financiera, tecnológica
y mediática que caracteriza la presente etapa del mundo.6
En el presente, la enseñanza del periodismo parece una
tarea mucho más difícil que hace una década,
tanto en el plano instrumental como en el teórico: mientras
el mercado empuja preferencialmente hacia la formación
de técnicos multimedia, las realidades social, económica,
política y cultural de las localidades requieren de mayor
análisis y acercamientos críticos. Por otra parte,
los jóvenes que hoy se preparan para ser periodistas
no tienen a su alcance alternativas efectivas entre las ofertas
periodísticas que les sirvan de modelo a imitar, pues
aún los reconocidos medios de referencia en el mundo
muestran ya la superficialidad del periodismo predominante.
Ante las tendencias especializantes en el campo laboral del
periodismo y la comunicación en general, la oferta educativa
de las escuelas se encuentra desfasada, problema que se agrega
a la larga lista de críticas que ya se conocen sobre
los currícula de las escuelas de comunicación.
Sin ser catastrofistas, podemos ver que el presente (y quizás
el futuro) de las nuevas generaciones de periodistas no se advierte
nada alentador, debido, entre otras realidades, a la diversidad
y fragmentación de los planes de estudio predominantes,
pues la constante -dice Omar Raúl Martínez- es
que "egresan universitarios con una identidad múltiple
de la comunicación, aparentemente integral, pero a la
vez una identidad amorfa, difusa y tan incierta como el mismo
plan de estudios."7
La especialización en el ámbito periodístico
parece irse imponiendo como una vía irreversible para
avanzar en la profesionalización. [...] Periodistas doctos
en campos específicos [...] es lo que más escasea
y de lo que mayormente se requiere en los medios de comunicación.8
Las políticas laborales de las empresas se muestran aún
más contradictorias: prefieren a los nuevos perfiles
profesionales (cibernautas, especialistas, periodistas multimedia)9,
sin que las remuneraciones se incrementen en proporción
a la complejidad del perfil.
Sobre el periodismo en línea, un fenómeno incrustado
en el vertiginoso presente, podemos sostener que su lugar en
México aún no es claro, ni como oferta periodística
ni como recurso comercial adicional para las empresas de medios.
Se está explorando, hay fascinación, pero no hay
certezas.
Con datos del 2000, Uriel Caballero afirma:
Han pasado ya cinco años desde que aparecieron las
primeras ediciones en línea de periódicos mexicanos.
Dada la dinámica de los productos en red, este lapso
es enorme para que los productos mostraran una gran capacidad
de innovación, si se deseaba sobrevivir en un mercado
dinámico. Pero la innovación es observada en pocos
periódicos digitales mexicanos.10
¿Cuáles son sus públicos?, ¿cuáles
sus especificidades?, ¿cuál su futuro? ¿cuáles
sus aportaciones periodísticas y cuáles las comerciales?
Son algunas preguntas vigentes en torno al periodismo en línea,
que requieren respuesta, sin ser las únicas ni las más
importantes preocupaciones en torno al periodismo mexicano que
estamos conociendo en este principio de siglo.
El fenómeno del periodismo en línea es, sin duda,
muy relevante, pero la población nacional con acceso
a internet es francamente reducida: de un total de alrededor
de 100 millones de personas, sólo 3.5% de los mexicanos
tendría acceso a la red (considerando usuarios suscriptores
y no suscriptores). Por deducción elemental, los cibernautas
de páginas periodísticas deben ser muchísimos
menos.11
Como un último ejemplo de los muchos más fenómenos
periodísticos del presente que requieren de atención,
retomo lo que se concluyó en el III Congreso Mundial
de Periodismo, que tuvo lugar en Río de Janeiro en el
año 2000, según lo relata Enrique de Aguinaga:
El III Congreso Mundial de Periodismo [
] situó
en el futuro dos fenómenos emergentes: la redacción
multimedia -radio, televisión, Internet y prensa- y el
periódico gratuito.12
La aparición de periódicos gratuitos, un fenómeno
mundial emergente en el 2000, ya se observa en México.
Estamos a tiempo de registrarlo, seguirle la pista y analizarlo,
porque sin duda se trata de un fenómeno que se relaciona
con la recomposición del mercado de impresos, la pérdida
de credibilidad en los medios tradicionales y el intento de
reconquista por parte de éstos más de los anunciantes,
mediante ofertas alternas, que de los públicos escépticos.
Primera problemática, entonces: caracterizar el vertiginoso
presente en el periodismo mexicano.
El pasado reciente
La segunda problemática está ligada a la primera:
estudiar este periodismo con el que inicia el siglo XXI nos
lleva inevitablemente a buscar el origen de sus características,
en un intento por reconstruir una historia social que explique
y oriente el camino. Para eso, de entrada, sería necesario
dar cuenta de los acontecimientos de la década de los
noventa, que modificaron de alguna manera al periodismo y,
enseguida, retomar y profundizar las reflexiones que algunos
han hecho sobre el periodo de transición en la historia
de las relaciones prensa-Estado, periodo cuyo comienzo ha
sido marcado por el llamado Golpe a Excélsior, y el
nacimiento de Proceso en 1976. Una transición que aún
no termina, y que para quienes la han analizado deja intocados
hasta la fecha los aspectos esenciales de esas relaciones,
aunque ciertamente haya generado cambios importantes.
En la década de los noventa, los cambios en la industria
del periodismo se presentaron en forma tan constante y relativamente
rápida que aún no los hemos asimilado por completo.13
No sólo se trata de los efectos de la incorporación
de las nuevas tecnologías al trabajo periodístico,
sino también de la adopción-adaptación
de una forma de hacer el periodismo, de un modelo legitimado.
Los cambios en el periodismo en la década de los noventa,
pueden ubicarse a tres niveles:
a) Los derivados de las transformaciones de estructuras y
relaciones de poder en México.
b) Los inherentes al advenimiento e incorporación de
nuevas tecnologías a la producción informativa.
c) Los debidos a fenómenos internacionales como la
globalización de las economías, y la resultante
lucha a toda costa por los consumidores globalizados.
Entre las transformaciones estructurales y de relaciones de
poder en México, menciono sólo algunos de los
acontecimientos directamente relacionados con la vida periodística,
para ilustrar lo muy rico que resultaría construir
esta historia social:
En 1990 se libera la importación del papel periódico
controlada hasta entonces por el Estado a través de
PIPSA; en 1991, la Comisión Nacional de los Salarios
Mínimos establece el salario mínimo profesional
para reporteros y fotógrafos de prensa; en 1992 se
publica el decreto presidencial sobre los "Lineamientos
para la aplicación de los recursos federales destinados
a la publicidad y difusión y, en general, a las actividades
de comunicación social"; a partir de 1993, la
Presidencia deja de pagar los viáticos de los periodistas
que cubren las actividades presidenciales en el país
y en el extranjero (al menos se establece que dejaría
de hacerlo); en el 1994, "se suprime la presencia del
Presidente de la República en el ritual del día
de la libertad de prensa"; "De 1994 a 1996, por
la vía de las reformas a la legislación electoral
se logran regulaciones en materia de medios."14
La informatización de las redacciones de los medios
mexicanos ocurre paulatinamente también durante la
década de los noventa, lo mismo que la expansión
del fenómeno Internet, y sus consecuencias en los procesos
productivos de información, al facilitar las sinergias
entre medios asociados.
Y como contexto económico y político para estos
cambios tecnológicos, la apertura de las fronteras
mediante la firma del Tratado de Libre Comercio, telón
de fondo que explica también algunas de las iniciativas
estatales para modificar o clarificar las relaciones prensa-gobierno,
debido a la vigilancia internacional a que quedamos expuestos
por los términos de los acuerdos comerciales.
Los acontecimientos políticos, económicos y
culturales relacionados con el periodo de transición
en el cambio de las relaciones prensa-Estado, han sido señalados,
abordados y medianamente analizados sobre todo por periodistas
que también son o han sido académicos: Raúl
Trejo, José Carreño Carlón, Raymundo
Riva Palacio, Rafael Rodríguez Castañeda, Miguel
Ángel Granados Chapa, entre otros.
Carreño Carlón, quien conoce las entrañas
del aparato estatal, escribe con conocimiento de causa un
trabajo en el que sostiene la existencia de un "modelo
histórico-estructural de relaciones de subordinación
de los medios al poder público". Con tal modelo,
dice, nace el periodismo industrial en México, que
se perfecciona y consolida en el México posrevolucionario
y funciona hasta los años setenta del siglo XX. Modelo
que se ha visto sometido desde hace poco más de un
cuarto de siglo y hasta nuestros días, a un "lento
proceso de extinción" cuya marcha se ha acentuado
por las repercusiones en la relación prensa-gobierno
de la apertura y modernización de la economía
en el país.15
Trejo, por su parte, aporta datos para la reconstrucción
y señala que si bien hay cambios en esta relación
históricamente perversa, no son tantos como para asegurar
que la prensa de hoy es radicalmente distinta de la de hace
dos décadas.
Ahora, los enfoques editoriales son más variados.
[...] la mayoría de los diarios mexicanos siguen siendo
políticamente ambiguos, [...]; el rigor analítico,
la seriedad informativa y hasta la cordura opinativa, siguen
dejando mucho qué desear. El gobierno no presiona a
la prensa como era tan proverbial como impúdico que
ocurriese, pero más por temor al escándalo denunciatorio
que por carecer de recursos para ello: muy pocos diarios y
prácticamente ninguna revista han conseguido que en
sus finanzas, la principal fuente de ingreso haya dejado de
ser la publicidad de los gobiernos federal o estatales.16
Recuperar lo ya escrito, leerlo y completarlo a la luz de
nuevas fuentes y condiciones, analizar el mosaico resultante
sobre la historia social del periodismo mexicano no debe ser
una tarea que se postergue más. La agenda de investigación
posible es vastísima, pero si no la tomamos ahora,
las novedades tecnológicas y las nuevas preocupaciones
generadas por la visión predominante del periodismo
en la actualidad, en términos de priorizar su rentabilidad,
terminarán por obscurecer una vez más el camino
que ya se ha andado.
Si el análisis del pasado reciente es complejo, el
del porvenir está claramente sugerido por las prácticas
presentes, como bien lo ubica Carreño Carlón
en una ponencia reciente sobre el caso mexicano: el periodismo
está pasando de "un modelo de complicidades y
corrupción a un modelo de colusión de intereses,
control corporativo, monopólico" mediante inversión
accionaria y publicitaria.17
A manera de exhortación
Como es de imaginar, no tengo conclusiones, tengo un interés
que manifiesto a otros que estudian el periodismo y cuya pertinencia
quiero fundamentar en las palabras de Josep Lluís Gómez
Mompart, quien sostiene que el periodismo es uno de los productos
sociales que mejor identifican la cultura contemporánea:
Sin el periodismo no se acaba de entender la economía,
la política, la sociedad, ni la cultura de los siglos
XIX y XX.18
Al estar de acuerdo con tal afirmación, mi insistencia
es sobre la necesidad de investigar el periodismo mexicano
de manera sistemática, desde múltiples perspectivas
y desde lugares diferentes, más allá de las
grandes capitales del país, intentando generar explicaciones
generales y radiografías mínimas del periodismo
por regiones.
Los temas pendientes son muchos, tanto coyunturales como estructurales,
y la tarea es claramente imposible para investigadores aislados.
¿Sería posible investigar en conjunto, y despertar
el interés de los organismos de apoyo a la investigación
en la relevancia de entender y repensar nuestro periodismo?
NOTAS
1) "El antiguo redactor
de la redacción del Chicago Tribune se lamentó
recientemente: 'El periodismo ha tenido siempre por función
educar a la gente. Hoy, los propietarios estiman, al contrario,
que no se trata más que de una franquicia (mercancía)
como otra cualquiera, y que, como las otras, primero debe
aportar dinero'." Cfr. Eric Klinenberg, "Los periodistas
multiusos del Chicago Tribune", Sala de Prensa núm.
21, julio 2000, año III, vol. 2 (http://saladeprensa.org/art142.htm).
2) Pese al optimismo de algunos, hay autores
que ven la integración de las nuevas tecnologías
al periodismo con una mirada más crítica. Así,
Eric Klinenberg, investigador de la Universidad de California,
en Berkeley, analiza la situación de los periodistas
de la empresa que publica The Chicago Tribune, a quienes llama
"estos asalariados que, a un ritmo frenético,
se afanan en Internet, preparan emisiones de televisión
y redactan sus artículos." Cfr. Eric Klinenberg,
op.cit.
3) Alma Delia Fuentes, "Nuevas reglas
de juego en el periodismo", Sala de Prensa núm.
23, septiembre 2000, año III, vol. 2 (http://saladeprensa.org/art153.htm).
4) Eric Klinnenberg, op.cit.
5) Pedro Badrán, "La corrupción
de la misión periodística", Diálogos
de la Comunicación núm. 51, mayo de 1998, pp.
74-75. Cfr. también Sandra Crucianelli, Revista Mexicana
de Comunicación núm. 77, septiembre-octubre
2002, p. 45.
6) Cfr. nota de la FELAP, en Revista Mexicana
de Comunicación núm. 76, julio-agosto 2002,
p. 34.
7) Omar Raúl Martínez, "Nuevas
generaciones de periodistas: ¿profesionales sin destino?",
Revista Mexicana de Comunicación núm. 42, noviembre-enero
1996, pp. 44-45.
8) Idem, p. 45.
9) "Jorge Ramos Ávalos nos plantea
la era de las convergencias en el siglo XXI:
a) La convergencia de las noticias nacionales e internacionales.
La tecnología globalizadora estrecha las fronteras
y tiende a quebrantar las diferencias entre noticias locales,
nacionales e internacionales, todo lo cual obliga a un mayor
conocimiento de la geopolítica y la historia.
b) La convergencia de medios de comunicación. Con el
desarrollo de las grande empresas multimedia, cada vez es
más frecuente que un periodista reportee y escriba
para más de un medio -sea radio, prensa, TV o internet-
" (cfr. Omar Raúl Martínez, "La
Formación profesional del periodista", Revista
Mexicana de Comunicación núm. 71, septiembre-octubre
2001, p. 5)
10) Uriel Caballero, "Periódicos
Mexicanos en Internet", en Revista Universidad de Guadalajara
núm. 22, invierno 2001-2002, p. 46.
11) Esta cifra es el promedio de seis datos
distintos sobre el mismo tema, que presenta el director del
Proyecto Internet de México, doctor Octavio Islas,
con datos del 2001. Cfr. Octavio Islas y Fernando Gutiérrez
Cortés, "La necesidad de afirmar Internet como
un medio público", en Octavio Islas et al. (coord.),
Explorando el ciberperiodismo iberoamericano, CECSA/Tec de
Monterrey Campus Estado de México, México, 2002,
pp. 244-278.
12) De Enrique Aguinaga, "EL periodista
en el umbral del siglo XXI", Sala de Prensa núm.
24, octubre 2000, año III, vol. 2 (http://saladepren
sa.org/art157.htm).
13) Alma Delia Fuentes, op. cit.
14) Cfr. José Carreño Carlón,
"Cien años de subordinación. Un modelo
histórico de la relación entre prensa y poder
en México en el siglo XX", ponencia presentada
originalmente en 1999 y publicada en Sala de Prensa núm.
16, febrero 2000, año III, vol. 2 (http://saladeprensa.org/art102.htm);
y Raúl Trejo Delarbre, "20 años de prensa.
Cronología mínima", Nexos, enero 1998,
bajado de la página del autor: http://raultrejo.tripod.com/ensayos
medios/Veinteanosdeprensacronología.htm
15) Cfr. Carreño Carlón, op.cit.
16) Raúl Trejo Delarbre, op.cit.
17) Esta afirmación la hizo José
Carreño Carlón en su exposición "Cambios
en la comunicación política, cambios en el periodismo",
en el Seminario "El cambio en la comunicación,
los medios y la política", que tuvo lugar en la
Universidad Iberoamericana, el 13 de noviembre de 2001.
18) Josep Lluís Gómez Mompart,
"Planteamientos sociocomunicativos para historiar el
periodismo contemporáneo", ponencia presentada
en el Encuentro Internacional de Historia de la Prensa en
Iberoamérica, Guadalajara, Jal., 8-10 de septiembre,
1999.
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