POLIARQUÍA

Avance central para la democracia

Sociedad civil y Ley de acceso a la información


Juan Francisco Escobedo

Doctor en Ciencia Política. Presidente de la Fundación Información y Democracia (FIDAC). www.fidac.org.m

La estructura de oportunidades que ha abierto la inacabada transición a la democracia ha hecho posible la existencia de una ley que será corrosiva para los rescoldos y resonancias del régimen autoritario, que siguen retrasando la construcciónde la poliarquía mexicana.



Antes de la derrota del PRI en el proceso electoral federal del 2 de julio del 2000, la posibilidad de regular alguno de los múltiples campos que comprende el derecho a la información era realmente remotísima. Ningún partido político y ninguno de los candidatos a la Presidencia que participaron en esa contienda política tenían la suficiente información, formación y claridad acerca de los alcances del derecho de acceso a la información, como uno de los segmentos más importantes del genérico derecho a la información.

La alternancia en el gobierno abrió una estructura de oportunidades que hizo posible que un tema tan distante de las preocupaciones y propuestas de los actores políticos consiguiera hacerse un hueco en la esfera pública mexicana. Recuérdese que los temas centrales del bisoño equipo gobernante se concentraban en la posibilidad de realizar las grandes reformas fiscal, laboral y eléctrica. Y las acciones de los partidos opositores al nuevo presidente y al PAN, renuentes en apoyar al outsider Vicente Fox que con su franquicia había destronado al PRI, se concentraban en bloquearlas. Ni la oposición ni el gobierno exhibían mayor voluntad para cooperar y ceder en sus irreductibles posiciones.

Muy pronto quedó claro que Fox se había hecho sólo con el gobierno, pero no disponía de los resortes del viejo presidencialismo imperial y que, por tanto, sus pretensiones habrían de desvanecerse una tras otra, como terminó ocurriendo. La inviabilidad de los temas centrales del programa del nuevo gobierno, obnubiló al presidente y a su equipo cercano y les hizo olvidarse muy pronto de los temas colaterales. Ese fue el caso de la promesa de enviar al Congreso una iniciativa de ley para regular el acceso a la información.

En mayo del 2000, cuando se celebró en la ciudad de Oaxaca el Seminario Nacional sobre Derecho a la Información, que dio origen al Grupo Oaxaca, el gobierno no había emitido ninguna señal atendible que sugiriera la posibilidad de cumplir con su promesa en esta materia. Lo cierto es que la confusión de contenidos y la falta de pautas y orden interno en el gobierno hacían poco fiable el discurso presidencial en este campo.

En su origen, el Grupo Oaxaca sólo pretendía que el gobierno cumpliera con enviar la iniciativa de ley prometida. La Comisión Técnica que se integró para darle seguimiento al tema de la iniciativa de ley de acceso a la información prometida por el candidato Fox, se convirtió a la postre en el núcleo dinamizador de la movilización de opinión pública que puso en marcha la amplia e inédita coalición de medios, periodistas y académicos que se articularon en el Grupo Oaxaca.

En medio de los dos bloques de actores políticos varados en el campo de batalla, representados por el gobierno y el PAN por un lado, y por la oposición, por el otro lado, surgió la expresión de un segmento de la sociedad civil, que desde el primer momento no dudó en trasladar al espacio público sus exigencias y posiciones sobre el tema central que le importaba impulsar: una ley de acceso a la información pública.

La tibieza y extravío del gobierno empujaron al grupo a reforzar su exigencia inicial focalizada en el derecho de acceso a la información pública. El argumento que sustentó la reorientación de las acciones del grupo era muy claro: si en un cuarto de siglo no había podido moverse un solo centímetro el tema del derecho a la información reconocido en el último párrafo del Artículo 6 constitucional, había que empezar por un punto focal y aprovechar la coyuntura política y social para obligar al gobierno para que, por disposición de una ley específica, pusiese a disposición del público toda la información que estuviese en sus manos. Después ya vendrían otras reformas, impulsados por otras coaliciones y coyunturas.

Entonces la comisión técnica del Grupo Oaxaca decidió poner manos a la obra y elaborar una Propuesta de Iniciativa Ciudadana de Ley de Acceso a la Información. Durante tres meses y bajo los auspicios de diversos anfitriones, la comisión técnica integrada por Luis Javier Solana, Roberto Rock, Miguel Bernardo Treviño, Luis Ernesto Salomón, Jenaro Villamil, Juan Francisco Escobedo, Issa Luna, Ernesto Villanueva, Sergio Elías Gutiérrez, Jorge Islas y Salvador Nava, estuvieron trabajando en forma colegiada hasta que tuvieron listo un borrador.

Este segmento de la sociedad civil no se quedó en la exigencia pública al gobierno, pasó de la beligerancia en la disputa simbólica a la elaboración de una propuesta. Ese salto cualitativo empezó a convertirse en la pequeña gran diferencia respecto de otros impulsos sociales y políticos para regular el tema, que en el pasado no tuvieron el éxito deseado.

Las acciones del grupo se centraron en incidir en el espacio público, influir en la conformación de la agenda pública y posicionar las definiciones y conceptos básicos sobre el tema. El Grupo Oaxaca sabía que su capital social radicaba en la capacidad para desplegar una movilización estratégica de opinión pública, precisamente frente a un gobierno que exhibía una muy alta consideración hacia los datos agregados que la opinión pública denota por medio de los titulares, las encuestas y los votos. Había que dar la batalla en la misma arena y con los mismos recursos que gustó utilizar el gobierno.

Nadie debe llamarse a engaño. El tema era nuevo, había mucha confusión al respecto, las posiciones sobre la cuestión estaban muy polarizadas y, sobre todo, los actores partidistas no se habían pronunciado al respecto. Una vez que se consiguió aclarar que no se pretendía regular todo el conjunto de temas que caben en la gran canasta del derecho a la información, sino sólo el segmento relacionado con el derecho de acceso a la información, el consenso sobre el particular se incrementó y consolidó.

La historia de las deliberaciones públicas y disputas simbólicas y mediáticas que propició la movilización del Grupo Oaxaca es larga, intensa y sorprendente.

No la agotaré en este espacio. Lo importante es señalar que la confluencia de factores y actores en los procesos de deliberación y negociación hicieron posible la aprobación de una ley de este tipo por el Congreso de la Unión.

La ley ha entrado en vigencia plena. Nadie tiene el mérito exclusivo de su existencia. Políticamente expresa la coincidencia inédita más relevante que se haya conformado en lo que va del gobierno foxista. La ley tiene limitaciones derivadas del imperativo de preservar un consenso básico para hacerla posible, que por el método de ensayo y error se valorarán con mayor cuidado y, en su momento, seguramente requerirán de la reforma legal respectiva.

Lo importante es que los mexicanos disponen de un instrumento legal para ejercer un derecho fundamental para la democracia, cuya existencia es muy poco probable que hubiera ocurrido bajo el predominio del PRI. El derecho de acceso a la información es ya derecho positivo y vigente en México. Y es preciso que tanto los sujetos obligados como los titulares del derecho lo cumplan y ejerzan cotidianamente.

La eficacia de la ley y del diseño institucional que con ella se ha creado, dependen del activismo de los ciudadanos para solicitar información, del trabajo de los periodistas y de los medios para trasladar a sus respectivas arenas los temas de interés público y del Instituto Federal de Acceso a la Información para actuar con prestancia, solvencia moral y adecuado sustento técnico, para obligar a los servidores públicos del Poder Ejecutivo Federal a ceñirse a lo dispuesto por la ley.

La estructura de oportunidades que ha abierto la inacabada transición a la democracia ha hecho posible la existencia de una ley que será corrosiva para los rescoldos y resonancias del régimen autoritario, que siguen retrasando la construcción de la poliarquía mexicana.

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