A propósito de la muerte extraña
de un científico inglés


Hay palabras que dañan el periódico

José Manuel de Pablos Coello* / Concha Mateos Martín**

*Catedrático de Periodismo - Universidad de La Laguna (Tenerife, Canarias)
**Doctoranda en Ciencias de la Información (ULL)

"A veces me entran ganas de corregir cada palabra que dicen los presentadores, porque hablan a menudo a la ligera, sin tener la más mínima idea de la complejidad y la gravedad en que incurren ante miles de telespectadores al utilizar determinadas palabras sin comprenderlas y sin darse cuenta de que no las comprenden".

                                                                                                   Pierre Bourdieu1
    

Si decimos que una persona se murió, lo que hemos querido decir está muy claro: esa persona ha dejado de existir. El texto periodístico siempre ha de emplear palabras que informen con exactitud de aquello que responde a lo que se ha confirmado, por tanto, justificado por el autor o autora del texto. No está aprobado incluir palabras que originen duda entre los lectores, o sea, transmitir incertidumbre desde la redacción al lector. No se podrá decir que una persona 'aparentemente murió': hemos de decir que murió o que no murió. Sí podremos decir que está grave y podemos añadir que hay quien afirma que ha muerto, pero no es admisible decir que una persona está 'aparentemente muerta', detalle que por la prontitud y la inmediatez cabría escucharse en una emisora.

Si no empleamos la palabra adecuada nos estaremos marginando del rigor preciso que se ha de esperar de todo diario. Hay que evitar las palabras que queman por su impertinencia y el error de su empleo. Rotativos que se han provisto de normas y estilo lo dejan muy claro desde sus primeras líneas:

· La Vanguardia, de Barcelona: "La noción de rigor afecta tanto a la veracidad comprobada de los hechos expuestos como a la exactitud lingüística".2 Ese trío siempre ha de estar presente: rigor, comprobación de hechos expuestos y exactitud lingüística.

· El Mundo: "El objetivo de la noticia es reflejar con la mayor exactitud posible la realidad a la que ha tenido acceso el periodista".3 Subrayamos lo de 'la realidad a la que ha tenido acceso el periodista'. En ambos casos, la especulación y las suposiciones del redactor quedan fuera de la ley periodística.

· Abc: "Se buscará la precisión informativa".4

· El País, desde su punto 1.2, asegura que "se esfuerza por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible…".5

Sólo El Periódico (Barcelona) y El País (Madrid) incluyen la voz suicidio en su diccionario o léxico consensuado. Ambos vienen a decir lo mismo: "Suicida es la persona que se da muerte. Si alguien intenta suicidarse pero sobrevive no es un suicida" y "Suicidio: darse muerte a sí mismo. La persona que atenta contra su vida, pero sobrevive, no es 'suicida'". El País remite al apartado 1.34 de su manual:

"El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trata de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general".

En lo que hemos visto falta algo muy importante: un suicidio sólo es tal cuando hay testigos. Mientras no haya testigos, lo que parece un suicidio puede que no lo sea. Mientras la prensa no sea testigo o tenga testimonios de quien vio cómo una persona se quitaba la vida, no podrá usar cabalmente la voz suicidio, por el efecto rebote en personas deprimidas -como bien dice El País- y por el respeto a todos esos principios que hemos visto, que hablan de rigor, de comprobación de hechos expuestos, de exactitud lingüística, de realidad a la que se ha tenido acceso, de precisión informativa o de dar una información veraz.

La muerte de una persona es suicidio o no lo es; no puede ser 'un aparente suicidio'. Así fue cómo tituló en portada El País el domingo 20 de julio: "El 'topo' que desmintió a Blair murió desangrado en un aparente suicidio". Podían haber dicho "en una extraña muerte" y hubieran acertado y permanecido en línea con todos los principios de estilo. Hablar de 'un aparente suicidio' es simplemente un error periodístico, porque no tienen certeza de lo que dicen, hasta el punto de verse obligados a colocar ese 'aparente'. Ese 'aparente' resta veracidad a la noticia, no es una información veraz, como dice su Libro de estilo.

¿Puede en algún momento la prensa hablar de suicidio, más allá de las prevenciones de tipo psicológico que acabamos de leer? Sólo lo podrá hacer cuando haya testigos de esa muerte voluntaria. Cuando un político de EEUU acusado de soborno convocó a la prensa para desmentirlo, sacó una pistola y se disparó en la boca, hubo testigos. Fue un caso claro de suicidio con los periodistas y las cámaras delante. Más allá del buen gusto, los periódicos estaban en su derecho informativo de hablar de suicidio y publicar sus fotos.

Es el mismo caso de quien se quema a lo bonzo y un testigo ve el incidente desde el principio, sin que quepa duda de que no hay un tercer personaje que le roció de gasolina y le prendió fuego. Es éste otro caso donde la veracidad cuadra con el hecho narrado. Cuando una muerte extraña parece suicidio, no se puede emplear esa voz, porque no hay seguridad de que lo aparente sea la realidad. En numerosas ocasiones, algún periódico se ha visto obligado a desmentir un suicidio que no fue tal. Muy pocas veces hay pruebas y cuando las hay sin testigos, ¿quién asegura su verosimilitud?

Al margen del empleo de esta palabra que quema en el título de portada, veamos el uso que hizo de ella el corresponsal de El País en Londres, Walter Oppenheimer, y el propio periódico:

- En la entradilla del primer día habla del 'más que aparente suicidio'; en el primer párrafo, del 'aparente suicidio'; dos párrafos más abajo, asegura que 'a pocos metros de su cuerpo se encontró el cuchillo con el que se cortó las venas'; después: 'Dos días antes de quitarse la vida…" y en un despiece: '… le acabaron arrojando a las tinieblas de la presión y el suicidio'.6

- Cuatro días más tarde, el mismo corresponsal7 altera el uso que había hecho antes de la voz suicidio y de las afirmaciones que acabamos de leer. Escribe: "… fue hallado muerto con las venas cortadas, en lo que la prensa británica considera un suicidio aunque aún no hay una decisión oficial al respecto". El caso es que por muy oficial que sea la decisión, su veracidad siempre será cuestionable y la prensa no se puede permitir la licencia de informar de hechos o circunstancias no comprobados. Podrá haber una decisión judicial que declare el suicidio, pero, ¿y si la versión del juez es la contraria? Mientras tanto, la versión del suicidio queda establecida, aunque no haya confirmación, al margen de la veracidad o no de tal afirmación.

- Cuando el mismo periódico se refiere unos días más tarde al asunto, con referencia a un espacio de televisión, escribe: "… se inicia con un reportaje dedicado a la conmoción política que ha causado en el Reino Unido el suicidio de David Kelly…"8 Lo que son las cosas, en ese programa de televisión, se habló de Kelly, pero no se empleó la palabra suicidio en momento alguno: ¿es la TV más seria y rigurosa que la prensa? Sabemos que no, pero aquí ha sido así.

- El martes 29 de julio (p. 4), el mismo corresponsal se refiere al caso y ya se desmarca del uso discutible de la palabra en cuestión: "La muerte de David Kelly...".

En un artículo sobre este asunto,9 otro autor habla de la muerte del científico y lo hace con el respeto debido… a la verdad conocida: "… que acabó cobrándose la vida de un científico…", sin necesidad de entrar en suposiciones ni especulaciones. El día anterior,10 Haro Tecglen se refiere al caso: "Supongamos que se suicidó", pero no lo da por hecho, y añade: "Si alguien le privó del sentido con los barbitúricos que se encontraron junto al cadáver, y luego le cortó las venas y dejó al lado el cuchillo, puede que pase inadvertido". Lo mismo: no ha habido testigos y toda posibilidad cabe.

Si los medios dan por hecho lo que no ha sucedido o está en entredicho, los medios estarán colaborando en un episodio de desinformación, lo que parece poco recomendable. Cuando hay noticias de 'suicidios aparentes', lo indiscutible es hablar de 'muerte extraña', de 'precipitación al vacío', o sea, de informar sin especular con el peligro de contar algo ajeno a la verdad, de comunicar lo que ha sucedido verazmente y no como acabamos de ver con la muerte extraña de un científico inglés.


NOTAS

1) Sobre la televisión, pp.25 y 26.

2) Normas generales de redacción - 1. Fundamentos informativos, 1.3, p. 13 de Libro de redacción de La Vanguardia.

3) Capítulo 2. Los géneros periodísticos. 1 La noticia o información básica.

4) P. 163, apartado 'Precisión', del Libro de estilo de Abc, de las normas generales.

5) P. 17, Principios, 15 ª edición, 2002.

6) "El 'caso Kelly' amenaza el futuro de Blair", El País, 20 de julio, p. 2.

7) "La BBC grabó las críticas del doctor Nelly al Gobierno de Blair", El País, 24 de julio, p. xx.

8) El País, sábado 26 de julio de 2003, p. 55, "El 'caso Kelly', en Informe Semanal", de TVE.

9) "Información, responsabilidad y política", de Fernando Vallespín, El País, jueves 24 de julio de 2003, p. 20 / España.

10) "Suicidio", de Eduardo Haro Tecglen, El País, miércoles 23 de julio, p. 53 / Visto y oído.

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