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"A
veces me entran ganas de corregir cada palabra que dicen los
presentadores, porque hablan a menudo a la ligera, sin tener
la más mínima idea de la complejidad y la gravedad
en que incurren ante miles de telespectadores al utilizar
determinadas palabras sin comprenderlas y sin darse cuenta
de que no las comprenden".
Pierre
Bourdieu1
Si decimos que una persona se murió, lo que hemos querido
decir está muy claro: esa persona ha dejado de existir.
El texto periodístico siempre ha de emplear palabras
que informen con exactitud de aquello que responde a lo que
se ha confirmado, por tanto, justificado por el autor o autora
del texto. No está aprobado incluir palabras que originen
duda entre los lectores, o sea, transmitir incertidumbre desde
la redacción al lector. No se podrá decir que
una persona 'aparentemente murió': hemos de decir que
murió o que no murió. Sí podremos decir
que está grave y podemos añadir que hay quien
afirma que ha muerto, pero no es admisible decir que una persona
está 'aparentemente muerta', detalle que por la prontitud
y la inmediatez cabría escucharse en una emisora.
Si no empleamos la palabra adecuada nos estaremos
marginando del rigor preciso que se ha de esperar de todo
diario. Hay que evitar las palabras que queman por su impertinencia
y el error de su empleo. Rotativos que se han provisto de
normas y estilo lo dejan muy claro desde sus primeras líneas:
· La Vanguardia, de Barcelona: "La noción
de rigor afecta tanto a la veracidad comprobada de los hechos
expuestos como a la exactitud lingüística".2
Ese trío siempre ha de estar presente: rigor, comprobación
de hechos expuestos y exactitud lingüística.
· El Mundo: "El objetivo de la noticia
es reflejar con la mayor exactitud posible la realidad a la
que ha tenido acceso el periodista".3 Subrayamos
lo de 'la realidad a la que ha tenido acceso el periodista'.
En ambos casos, la especulación y las suposiciones
del redactor quedan fuera de la ley periodística.
· Abc: "Se buscará la precisión
informativa".4
· El País, desde su punto 1.2, asegura
que "se esfuerza por presentar diariamente una información
veraz, lo más completa posible
".5
Sólo El Periódico (Barcelona)
y El País (Madrid) incluyen la voz suicidio en su diccionario
o léxico consensuado. Ambos vienen a decir lo mismo:
"Suicida es la persona que se da muerte. Si alguien intenta
suicidarse pero sobrevive no es un suicida" y "Suicidio:
darse muerte a sí mismo. La persona que atenta contra
su vida, pero sobrevive, no es 'suicida'". El País
remite al apartado 1.34 de su manual:
"El periodista deberá ser especialmente
prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer
lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad,
y también porque la psicología ha comprobado
que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que
ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento
un estímulo de imitación. Los suicidios deberán
publicarse solamente cuando se trata de personas de relevancia
o supongan un hecho social de interés general".
En lo que hemos visto falta algo muy importante:
un suicidio sólo es tal cuando hay testigos. Mientras
no haya testigos, lo que parece un suicidio puede que no lo
sea. Mientras la prensa no sea testigo o tenga testimonios
de quien vio cómo una persona se quitaba la vida, no
podrá usar cabalmente la voz suicidio, por el efecto
rebote en personas deprimidas -como bien dice El País-
y por el respeto a todos esos principios que hemos visto,
que hablan de rigor, de comprobación de hechos expuestos,
de exactitud lingüística, de realidad a la que
se ha tenido acceso, de precisión informativa o de
dar una información veraz.
La muerte de una persona es suicidio o no lo
es; no puede ser 'un aparente suicidio'. Así fue cómo
tituló en portada El País el domingo 20 de julio:
"El 'topo' que desmintió a Blair murió
desangrado en un aparente suicidio". Podían haber
dicho "en una extraña muerte" y hubieran
acertado y permanecido en línea con todos los principios
de estilo. Hablar de 'un aparente suicidio' es simplemente
un error periodístico, porque no tienen certeza de
lo que dicen, hasta el punto de verse obligados a colocar
ese 'aparente'. Ese 'aparente' resta veracidad a la noticia,
no es una información veraz, como dice su Libro de
estilo.
¿Puede en algún momento la prensa
hablar de suicidio, más allá de las prevenciones
de tipo psicológico que acabamos de leer? Sólo
lo podrá hacer cuando haya testigos de esa muerte voluntaria.
Cuando un político de EEUU acusado de soborno convocó
a la prensa para desmentirlo, sacó una pistola y se
disparó en la boca, hubo testigos. Fue un caso claro
de suicidio con los periodistas y las cámaras delante.
Más allá del buen gusto, los periódicos
estaban en su derecho informativo de hablar de suicidio y
publicar sus fotos.
Es el mismo caso de quien se quema a lo bonzo y un testigo
ve el incidente desde el principio, sin que quepa duda de
que no hay un tercer personaje que le roció de gasolina
y le prendió fuego. Es éste otro caso donde
la veracidad cuadra con el hecho narrado. Cuando una muerte
extraña parece suicidio, no se puede emplear esa voz,
porque no hay seguridad de que lo aparente sea la realidad.
En numerosas ocasiones, algún periódico se ha
visto obligado a desmentir un suicidio que no fue tal. Muy
pocas veces hay pruebas y cuando las hay sin testigos, ¿quién
asegura su verosimilitud?
Al margen del empleo de esta palabra que quema
en el título de portada, veamos el uso que hizo de
ella el corresponsal de El País en Londres, Walter
Oppenheimer, y el propio periódico:
- En la entradilla del primer día
habla del 'más que aparente suicidio'; en el primer
párrafo, del 'aparente suicidio'; dos párrafos
más abajo, asegura que 'a pocos metros de su cuerpo
se encontró el cuchillo con el que se cortó
las venas'; después: 'Dos días antes de quitarse
la vida
" y en un despiece: '
le acabaron
arrojando a las tinieblas de la presión y el suicidio'.6
- Cuatro días más tarde, el mismo corresponsal7
altera el uso que había hecho antes de la voz suicidio
y de las afirmaciones que acabamos de leer. Escribe: "
fue hallado muerto con las venas cortadas, en lo que la prensa
británica considera un suicidio aunque aún no
hay una decisión oficial al respecto". El caso
es que por muy oficial que sea la decisión, su veracidad
siempre será cuestionable y la prensa no se puede permitir
la licencia de informar de hechos o circunstancias no comprobados.
Podrá haber una decisión judicial que declare
el suicidio, pero, ¿y si la versión del juez
es la contraria? Mientras tanto, la versión del suicidio
queda establecida, aunque no haya confirmación, al
margen de la veracidad o no de tal afirmación.
- Cuando el mismo periódico se refiere unos
días más tarde al asunto, con referencia a un
espacio de televisión, escribe: "
se inicia
con un reportaje dedicado a la conmoción política
que ha causado en el Reino Unido el suicidio de David Kelly
"8
Lo que son las cosas, en ese programa de televisión,
se habló de Kelly, pero no se empleó la palabra
suicidio en momento alguno: ¿es la TV más seria
y rigurosa que la prensa? Sabemos que no, pero aquí
ha sido así.
- El martes 29 de julio (p. 4), el mismo corresponsal
se refiere al caso y ya se desmarca del uso discutible de
la palabra en cuestión: "La muerte de David Kelly...".
En un artículo sobre este asunto,9
otro autor habla de la muerte del científico y lo hace
con el respeto debido
a la verdad conocida: "
que acabó cobrándose la vida de un científico
",
sin necesidad de entrar en suposiciones ni especulaciones.
El día anterior,10 Haro Tecglen se
refiere al caso: "Supongamos que se suicidó",
pero no lo da por hecho, y añade: "Si alguien
le privó del sentido con los barbitúricos que
se encontraron junto al cadáver, y luego le cortó
las venas y dejó al lado el cuchillo, puede que pase
inadvertido". Lo mismo: no ha habido testigos y toda
posibilidad cabe.
Si los medios dan por hecho lo que no ha sucedido
o está en entredicho, los medios estarán colaborando
en un episodio de desinformación, lo que parece poco
recomendable. Cuando hay noticias de 'suicidios aparentes',
lo indiscutible es hablar de 'muerte extraña', de 'precipitación
al vacío', o sea, de informar sin especular con el
peligro de contar algo ajeno a la verdad, de comunicar lo
que ha sucedido verazmente y no como acabamos de ver con la
muerte extraña de un científico inglés.
NOTAS
1) Sobre la televisión,
pp.25 y 26.
2) Normas generales de redacción -
1. Fundamentos informativos, 1.3, p. 13 de Libro de redacción
de La Vanguardia.
3) Capítulo 2. Los géneros periodísticos.
1 La noticia o información básica.
4) P. 163, apartado 'Precisión', del
Libro de estilo de Abc, de las normas generales.
5) P. 17, Principios, 15 ª edición,
2002.
6) "El 'caso Kelly' amenaza el futuro
de Blair", El País, 20 de julio, p. 2.
7) "La BBC grabó las críticas
del doctor Nelly al Gobierno de Blair", El País,
24 de julio, p. xx.
8) El País, sábado 26 de julio
de 2003, p. 55, "El 'caso Kelly', en Informe Semanal",
de TVE.
9) "Información, responsabilidad
y política", de Fernando Vallespín, El
País, jueves 24 de julio de 2003, p. 20 / España.
10) "Suicidio", de Eduardo Haro
Tecglen, El País, miércoles 23 de julio, p.
53 / Visto y oído.
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