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Construir una buena imagen pública
que, sin duda, nos dará alta reputación social,
tiene su base en un método preciso, que ha probado
y mostrado sus resultados. El método que aquí
se presenta ha sido utilizado en diferentes procesos político-electorales
para construir imagen de candidatos a puestos de elección
popular, que se ha perfeccionado a partir de las contribuciones
teóricas de grandes estudiosos de la imagen pública.
La imagen es la percepción y representación
mental que una persona tiene de otra, la cual se construye a
partir de la relación entre individuos en un momento
y espacio determinados.
La propia naturaleza humana y su propensión
a la socialización hace que la imagen sea ineludible.
Es decir: el ser sujetos gregarios, vivir en sociedad y relacionarnos
con nuestros semejantes hace que seamos percibidos por los
demás, quienes se forman mentalmente una representación
de nosotros. En este sentido, toda imagen es pública,
ya que nos desarrollamos en un ambiente social determinado
y, por consiguiente, siempre seremos percibidos (no sólo
vistos)1 por alguien más.
La imagen es, además, relativa, ya que
cada individuo que nos percibe tiene un bagaje cultural específico;
nos ve de acuerdo con su experiencia, idiosincrasia, gustos,
afinidades y paradigmas. Nadie puede vernos de la misma manera
ni responder a los estímulos comunicacionales de igual
forma.
La imagen es dinámica: se construye a través
del tiempo a partir de nuestros actos, palabras, actitudes,
apariencias e, incluso, omisiones, pudiendo ser creada de
acuerdo con nuestros intereses y decisiones. Esto implica
la creación de una imagen acorde con nuestros objetivos
y planes.
La imagen siempre es disímbola: presenta
diferentes rasgos y características, según el
papel que juega cada individuo en la sociedad y la forma en
que se desarrolla y es percibido en diferentes contextos sociales.
Por lo tanto, nadie tiene una sola imagen, sino que tenemos
diversas dependiendo de nuestra actividad, ya sea como políticos,
miembros de una familia, ciudadanos o profesionales, por señalar
algunos ejemplos. La mejor imagen se forma cuando hay consistencia
y equilibrio entre lo que proyectamos en las diferentes posiciones
que jugamos, pues de lo contrario se puede tener una buena
imagen como padre de familia, pero una muy mala como gobernante.
Debido a la prominencia que el ser humano le
ha dado a la imagen y del papel que ésta juega en las
sociedades modernas, se ha constituido en un factor real de
poder que puede ser utilizado como instrumento de persuasión
y cortejo político, para construir consensos y legitimidad
social. Una buena imagen ayuda a lograr aceptación
social, credibilidad y popularidad, que puede ser utilizada
en el ámbito político para alcanzar metas de
carácter electoral.
Partiendo de tales principios, enseguida se
presenta el proceso de construcción de imagen pública,
que aquí llamamos el método VAZA, orientado
a la política. Se parte de la idea de que siempre es
posible mejorar nuestra imagen, aunque todo depende de nuestra
voluntad, esfuerzo y ganas para hacerlo.
Construcción de imagen
Construir una buena imagen pública que,
sin duda, nos dará alta reputación social, tiene
su base en un método preciso, que ha probado y mostrado
sus resultados. El método que aquí se presenta
ha sido utilizado en diferentes procesos político-electorales
para construir imagen de candidatos a puestos de elección
popular, que se ha perfeccionado a partir de las contribuciones
teóricas de grandes estudiosos de la imagen pública.2
Sin embargo es preciso señalar que este método
puede aplicarse, con las respectivas adecuaciones, para la
imagen personal de cualquier individuo, institución
u organización, independientemente de su giro, tamaño
o edad.
Los pasos del método VAZA son nueve y
todos, de cierta forma, están concatenados. Ninguno
por si solo puede funcionar y dar resultados, ni nadie tiene
primacía sobre los demás, por lo que deben entenderse
como un sistema en el que todas las partes son importantes
y cumplen una función.
Definición de
objetivos
El primer paso del método es el objetivo que buscamos
alcanzar con la construcción de imagen. Es decir: estar
claros de qué imagen queremos formar y cómo
queremos que los demás nos perciban. Cuál es
nuestra marca o etiqueta con la que queremos que los
demás nos identifiquen. Si no tenemos claridad de lo
que queremos, difícilmente podremos llegar a algún
lado.
Por ejemplo, podemos fijar como objetivos de
imagen el que los demás nos perciban como un político
culto, responsable, honesto, trabajador, solidario y accesible.
Podemos, también, pensar en construir una imagen de
un político con carácter, capaz de tomar decisiones
difíciles que reclaman las actuales circunstancias
para poner orden en una determinada circunscripción
electoral avasallada por la delincuencia. Al contrario, podemos
construir una imagen de tolerancia y paciencia para aceptar
la realidad y diversidad, siendo más comprensivos ante
las nuevas generaciones y los movimientos sociales.
En suma: el primer paso consiste en definir
y poner por escrito los objetivos que buscamos alcanzar. Estos
pueden ser generales y específicos, así como
estar definidos en el corto, mediano y largo plazo.
Auditoria de imagen
El segundo paso del método VAZA tiene
que ver con la investigación, que aquí definimos
como la auditoria de imagen. El propósito de esta indagación
consiste en saber, con cierta precisión, cómo
nos perciben los demás. Para realizar esta investigación,
requerimos hacer uso de métodos cuantitativos y/o cualitativos.
Dentro de los primeros, encontramos las encuestas de opinión
realizadas bajo procedimientos estadísticos científicamente
validados. Así, podemos conocer, por ejemplo, primero
si nos conoce la gente; segundo, qué imagen tiene de
nosotros, y tercero, cuál es su opinión respecto
de nuestro desempeño.
La investigación cualitativa busca obtener
información a fondo. Para esto se puede hacer uso de
los focus groups, las entrevistas a profundidad con
informantes clave y el estudio de expertos, quienes nos observarán
por varios días, videograbarán nuestros actos,
estudiarán la imagen que proyectamos y nos darán
a conocer los resultados de su diagnóstico. Ellos analizarán,
principalmente, la imagen que se percibe en su dimensión
verbal, física y audiovisual, para darnos una serie
de consejos y recomendaciones para su perfeccionamiento.
La auditoria busca detectar fortalezas y debilidades en la
proyección de nuestra imagen, para, a partir de su
diagnóstico, diseñar estrategias y acciones
concretas que permitan su mejoramiento. La auditoria busca
detectar puntos de oportunidad que puedan ser aprovechados
en el proceso de fortalecimiento de la imagen.
Para realizar la auditoria se debe contestar
un instrumento de evaluación, que aquí no se
expone por cuestiones de espacio, pero que contiene una serie
de variables como porte, postura, voz, apariencia física,
cuidado facial y del cabello, dentadura, ademanes, gesticulación,
habilidad de pensamiento y respuesta rápida, entre
otras.
En términos generales, de acuerdo con
la evaluación de la imagen, ésta se clasifica
en excelente, buena, regular, mala o muy mala. Así,
un individuo puede tener una buena imagen física, pero
una muy mala en su voz, limitando su capacidad de comunicación.
Lo que se buscará más adelante es equilibrar
estas percepciones, de tal forma que sean buenas en todas
las variables o en las que se consideren más importante
para la vida política.
El diagnóstico también debe evaluar el entorno
y contexto en el que se desenvuelve el individuo, así
como la cultura política predominante en esta sociedad,
sus experiencias, estereotipos y costumbres, que van a determinar,
de cierta manera, la forma en que se percibe a los demás.
Conceptualización
Una vez que se realizó la auditoria de
imagen pública, se pasa a la etapa de conceptualización,
distinta a la determinación de objetivos. En ella los
objetivos se convierten en conceptos mercadotécnicos,
utilizando la creatividad y la innovación. Es decir,
los objetivos debemos convertirlos en un concepto que tendremos
que vender a los demás, que puede incluir desde
cambios pequeños de nuestra imagen hasta la creación
de un nuevo personaje.
La conceptualización incluye la definición
precisa de la imagen que se quiere formar en sus múltiples
facetas. Esto es, hay que tener claro el concepto de imagen
que queremos crear, así como las características
particulares, en detalle, de la nueva imagen del político.
La conceptualización implica, también, la concepción
global de la imagen a construir, tomando en cuenta la coyuntura
del momento y las circunstancias particulares que se viven.
La conceptualización implica el auto
descubrimiento, al explotar las mejores cualidades y construir
nuevos escenarios que permitan formar buena reputación
y fama pública, pero sin que esto represente una ruptura
radical con la vieja imagen.
Diseño
El diseño consiste en los trazos generales
de la imagen que se desea construir, ligados con las características
y aptitudes que ya se tienen. Por lo tanto, nos debemos preguntar:
¿Qué hay de único en mí? ¿Qué
hace que me distinga del resto de la gente? ¿Qué
quiero que los demás piensen de mí? ¿Cuál
es el público objetivo al que quiero llegar?
El diseño consiste en poner por
escrito la imagen que se desea construir en sus múltiples
variantes y facetas. Por ejemplo, el diseño de imagen
para un político responsable implicaría describir
desde aspectos relacionados con la puntualidad para atender
los compromisos de trabajo contraídos con anterioridad,
pasando por el seguimiento de acuerdos, la moderación
de su lenguaje, su porte, vestimenta, comportamiento social
ante los demás, hasta la forma de ejercer el liderazgo
y tomar decisiones. Pero este político, a su vez, es
también padre de familia, esposo, hermano, profesional,
ciudadano, creyente. Es decir: el diseño de la imagen
debe incluir todos los papeles que una persona cumple en la
sociedad, tratando de buscar una sintonía y homogeneidad
en la percepción que la gente tiene de su personalidad,
enfatizando el aspecto político. Esto es, nadie puede
ser considerado un buen político si es mal padre, mal
hijo o mal ciudadano. De ahí la necesidad de tratar
de buscar cierta armonía entre las diferentes facetas
de la personalidad que definirán la forma como los
demás lo perciban.
NOTAS
1) Los seres humanos percibimos
a través de los cinco sentidos: el olfato, la vista,
el oído, el tacto y el gusto. Sin embargo, la vista
juega el papel más importante en la percepción
humana.
2) Dos autores latinoamericanos muy reconocidos
en estos temas son Víctor Gordoa y Gabriela Vargas,
aunque ellos no han profundizado sus estudios en su aplicación
a la política.
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