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Si aceptamos que Internet efectivamente
representa la columna vertebral de la sociedad de la información
y el conocimiento, la asignatura pendiente es procurar la
efectiva masificación del medio inteligente con el
propósito de que amplias capas de la sociedad disfruten
de los beneficios que supone la sociedad de la información.
En fechas relativamente recientes, el término
sociedad de la información ha sido incorporado
a los discursos político, académico y mediático.
En América Latina no pocos comunicólogos, quienes
a mediados de la década de los noventa objetaban la posibilidad
de reconocer a la Internet como medio de comunicación,
hoy se afirman como expertos en el tema de la sociedad de
la información y el conocimiento.
De igual modo, para estar a tono con las exigencias
de los tiempos modernos, el portal del Sistema Nacional
e-México adoptó el lema "hacia la sociedad
de la información". Se trata pues del concepto
de moda.
Una de las principales características
de nuestros tiempos modernos es la velocidad con la cual la
información se genera, transmite y procesa. Hoy es
posible obtener información instantáneamente
y, en no pocas ocasiones, a partir de la misma fuente que
la produce, trascendiendo fronteras y limitantes de espacio
y temporalidad.
En la década de los ochenta, por ejemplo,
los responsables de la comunicación social de la Presidencia
de la República acostumbraban girar las instrucciones
pertinentes para incautar en el Aeropuerto Benito Juárez
de la Ciudad de México todos los ejemplares de cualquier
periódico extranjero cuyo contenido criticara al Presidente
en turno.
Evidentemente, el volumen y la variedad de información
que cada día circula en la Internet han convertido
en figuras anacrónicas a muchos de los celosos censores
de antaño. Sin embargo, debemos tener presente que
sólo un reducido porcentaje de la población
mundial tiene acceso a Internet. A pesar de la abundante oferta
informativa que desplaza consigo la sociedad de la información,
sólo un selecto núcleo de cibernautas obtiene
los provechos que pregonan los apologetas instantáneos
de la sociedad de la información y el conocimiento.
En México, el número de usuarios
frecuentes de Internet asciende a poco más de 10 millones
y se estima que a finales de 2003 el total será de
12 millones.1
Si aceptamos que Internet efectivamente representa
la columna vertebral de la sociedad de la información
y el conocimiento, la asignatura pendiente es procurar
la efectiva masificación del medio inteligente con
el propósito de que amplias capas de la sociedad disfruten
de los beneficios que supone la sociedad de la información.
De acuerdo con el informe La sociedad de
la información en España, 2002, el cual
fue elaborado por expertos de la empresa Telefónica
de España:
La sociedad de la información en realidad
se trata todavía de un terreno poco firme, con nuevos
conceptos que no están suficientemente asentados, con
la carencia de un modelo plenamente definido en el espacio
político, y con descripciones y análisis globales
que en ocasiones resultan contradictorios.2
Para la investigadora Claudia Benassini Félix,
investigadora de la Cátedra de Comunicaciones Estratégicas
del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México,
corresponde a Daniell Bell el mérito de haber introducido
el concepto sociedad de la información.
Algunos de los aspectos medulares de la llamada
sociedad de la información fueron abordados
con gran oportunidad por reconocidos analistas del fenómeno
del cambio tecnológico, como Marshall McLuhan, Harold
Innis, Neil Postman y Walter Ong, entre otros.
En La tercera ola, Alvin Toffler anticipó
con singular claridad el advenimiento de la sociedad de
la información. De acuerdo con Toffler, hace más
de 10 mil años la primera ola introdujo trascendentales
cambios en la historia, impulsados por la revolución
que introdujo la agricultura.
No sin enfrentar profundas dificultades, en
la primera ola los primitivos cazadores y recolectores
transformaron sus condiciones de vida al formar las primeras
sociedades de campesinos, en las cuales la productividad dependió
del formidable despliegue de las fuerzas humana y animal,
además del sol, el viento y el agua. Quienes comprendieron
que las nuevas organizaciones sociales estarían centradas
en el campo, evidentemente resultaron beneficiados.
En la segunda ola, las revoluciones industriales
desencadenaron profundos cambios en la historia y dieron lugar
a un nuevo tipo de civilización centrada en la industria
y la producción a gran escala. La productividad empezó
a depender de la relación que los seres establecieron
con las máquinas.
Según Alvin Toffler, la tercera ola
introduciría una nueva sociedad, la cual descansaría
en la información, el conocimiento y la creatividad.
En las sociedades de la tercera ola, la productividad
dependería del desarrollo de nuevas tecnologías,
las cuales permitirían al humano hacer menos y pensar
más.
Siguiendo los pasos de Toffler, el investigador
español Javier Echeverría afirma que el desarrollo
de las avanzadas tecnologías de información
y comunicaciones contribuye a configurar un nuevo espacio
social, al cual designa como el tercer entorno.
Manuel Castells, a quien algunos de sus críticos
califican como un pragmático optimista, afirma:
La sociedad de la información es un nuevo sistema
tecnológico, económico y social. Una economía
en la que el incremento de productividad no depende del incremento
cuantitativo de los factores de producción (capital,
trabajo, recursos naturales), sino de la aplicación
de conocimientos e información a la gestión,
producción y distribución, tanto en los procesos
como en los productos.
Medio nativo
El término sociedad de la información
permite designar el posible advenimiento de una nueva forma
de organización de la economía y la sociedad,
que descansa en la incorporación y el inteligente empleo
de las avanzadas tecnologías de información,
las cuales se encuentran subordinadas al propósito
de producir nuevas formas de conocimiento.
De acuerdo con Alvin Toffler, la desmasificación
representa la principal característica de los medios
de comunicación de la tercera ola. Internet
efectivamente no es un medio de comunicación masiva
-por tal motivo algunos comunicólogos concluían
que no podía ser considerado como medio de comunicación-.
Sin embargo es el medio de comunicación nativo de la
tercera ola, pues además de ser un medio eminentemente
desmasificador, produce y reproduce entornos inteligentes.
Internet es el medio de comunicación
que expresa, en su admirable complejidad y perfección,
el sentido más amplio de lo que representa en nuestros
días la convergencia tecnológica, instalándonos
en una especie de versión más avanzada de aquello
que Marshall McLuhan acertó en designar como la aldea
global.
La convergencia digital que desplaza el desarrollo
de Internet incide definitivamente en las posibilidades de
innovación en industrias como la informática,
la electrónica de consumo doméstico, la robótica,
la microelectrónica, la multimedia, los medios de comunicación,
las telecomunicaciones y la realidad virtual, entre otras.
La ruta de innovación tecnológica de las referidas
industrias se encuentra estrechamente asociada con el desarrollo
de las herramientas de comunicaciones de Internet. La convergencia
digital parece ser un proceso irreversible.
En el concepto sociedad de la información
subyacen tres elementos de singular relevancia: sociedad,
estructura y entorno. El primero (sociedad) involucra a los
agentes (individuos), quienes son los usuarios de una tecnología.
El segundo (estructura) comprende los recursos tecnológicos
y los contenidos almacenados. El tercero (entorno) corresponde
a diversos ámbitos -económicos, políticos,
educativos, culturales, entre otros-. Esos ámbitos
admiten profundas reconfiguraciones tras la composición
de una estructura particular representada por una nueva tecnología
de comunicación e información: Internet.
Con el formidable desarrollo de Internet se
han modificado la concepción del trabajo, las posibilidades
de información y entretenimiento, los sistemas de educación,
un amplio número de actividades comerciales e inclusive
políticas. La incorporación de Internet en el
mundo de los negocios ha propiciado profundos cambios ecológicos;
por ejemplo, el tránsito de la oficina convencional
a la oficina móvil; el paso del trabajo convencional
que se realiza en las oficinas al teletrabajo; la metamorfosis
del gobierno convencional en el gobierno digital; la reconversión
de las tiendas tradicionales en las plazas virtuales...
Lado oculto
La llamada revolución digital
puede ofrecer a los países en desarrollo oportunidades
antes desconocidas e inaccesibles en materia de crecimiento.
Sin embargo, como se reconoce en el Informe sobre Comercio
Electrónico y Desarrollo 2001, documento elaborado
por expertos de Naciones Unidas:
Los países que se rezaguen en la adopción
de las innovaciones tecnológicas, corren el peligro
de verse marginados por otros países a los que las
nuevas tecnologías han otorgado una ventaja competitiva.
La profundidad y extensión de la llamada
brecha digital trasciende a la condición de
nuevo indicador que también permite medir el grado
de desarrollo de las naciones en el mundo contemporáneo.
La brecha digital inclusive puede agudizar las diferencias
en materia de calidad de vida y oportunidades de desarrollo
en los habitantes de un mismo país.
La lectura optimista de la utopía sociedad
de la información nos permite reparar en nuevas
posibilidades de liberación que el mismísimo
Herbert Marcuse hubiese reconocido y elogiado. En cambio,
una lectura pesimista nos obliga a reparar en los evidentes
renglones de exclusión, así como en el perturbador
despliegue de avanzados dispositivos panópticos, capaces
de ejercer funciones de vigilancia y castigo al detalle.
Es posible afirmar que los lamentables acontecimientos
del 11 de septiembre de 2001 transformaron radicalmente el
panorama que habrá de observar el incipiente desarrollo
de la economía mundial durante la presente década.
La consternada opinión pública internacional
contempló la vulnerabilidad que exhibieron los sistemas
de seguridad y defensa del gobierno de Estados Unidos. A partir
de ese día cambiaron las relaciones entre el gobierno
del presidente Bush y los principales medios informativos
de la Unión Americana. Los valores que supone el ejercicio
del periodismo profesional inevitablemente han entrado en
contradicción frente a los argumentos relativos a las
necesidades de seguridad nacional que pregona el gobierno
del presidente George W. Bush.
Al amparo de su cruzada contra el terrorismo
internacional, el gobierno del presidente Bush ha impulsado
determinadas iniciativas de ley que han impuesto sensibles
restricciones a la libertad de expresión y a los derechos
relativos a la intimidad de las personas. El inventario de
las iniciativas del gobierno de Bush que limitan los referidos
derechos comprende: Wiretap Statute, Electronic Communications
Privacy Act, Computer Fraud and Abuse Act, Foreign Intelligence
Surveillance Act, Family Education Rights and Privacy Act,
Pen Register and Trap and Trace Statute, Money Laundering
Act, Immigration and Nationality Act, Money Laundering Control
Act, Bank Secrecy Act, Right to Financial Privacy Act, Fair
Credit Reporting Act, USA Patriotic Act y la Anti-Terrorism
Act 2001 (ATA).4
Internet había permanecido como una especie
de territorio indómito a las pretensiones de control
informativo de la administración del presidente George
Bush hijo, quien en repetidas ocasiones ha insistido en la
necesidad de "terminar con la anarquía que prevalece
en Internet". A partir del 11 de septiembre de 2001,
el gobierno del presidente Bush decidió intensificar
la vigilancia de la información que circula en Internet.
El lado oculto de la sociedad de la información
es la "sociedad de la vigilancia y el castigo".
Del uso histórico que demos a las avanzadas tecnologías
de información dependerá la calidad de vida
que nos depare la sociedad de la tercera ola.
Manuel Castells atinadamente advierte:
Si las leyes de control y vigilancia sobre Internet y mediante
Internet son aprobadas por una clase política que sabe
que el control de la información ha sido siempre, en
la historia, la base del poder, las barricadas de la libertad
se construirán tecnológicamente. Pero es aún
más importante que las instituciones de la sociedad
reconozcan y protejan dicha libertad... Ni Internet es una
red de libertad, en un mundo en que la tecnología puede
servir para el control de nuestras vidas mediante su registro
electrónico, ni la tendencia al control ubicuo es irreversible.5
NOTAS
1) Véase la gráfica
anexa sobre la concentración de usuarios de Internet
en México. Revísese J. Garcés y F. Cruz,
"Panorama de los usuarios de Internet en México"
2002, disponible en línea en: http://www.select.com.mx
Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.
2) Véase "La sociedad de la información
en España, 2002", disponible en línea en:
http://www.telefonica.es/sociedaddelainformacion/espana2002/partes/intro/index.html
Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.
3) Conferencia dictada por Javier Echeverría
en el marco del Seminario Internacional en Comunicación
y Desarrollo, "La construcción Global de la Información",
Sevilla, España, 24 de octubre de 2001.
4) Véase http://www.epic.org/privacy/terro
rism/usapatriot/ Fecha de consulta: 23 de agosto de 2003.
5) Véase Manuel Castells: Internet:
¿una arquitectura de libertad? Libre comunicación
y control del poder, disponible en línea en: http://www.forum-global.de/soc/bibliot/castells/internetlibertad.htm
Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.
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