La convergencia digital parece ser
un proceso irreversible


Internet: piedra angular de la sociedad de la información

Octavio Islas / Fernando Gutiérrez

Investigadores de Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

Si aceptamos que Internet efectivamente representa la columna vertebral de la sociedad de la información y el conocimiento, la asignatura pendiente es procurar la efectiva masificación del medio inteligente con el propósito de que amplias capas de la sociedad disfruten de los beneficios que supone la sociedad de la información.



En fechas relativamente recientes, el término sociedad de la información ha sido incorporado a los discursos político, académico y mediático. En América Latina no pocos comunicólogos, quienes a mediados de la década de los noventa objetaban la posibilidad de reconocer a la Internet como medio de comunicación, hoy se afirman como expertos en el tema de la sociedad de la información y el conocimiento.

De igual modo, para estar a tono con las exigencias de los tiempos modernos, el portal del Sistema Nacional e-México adoptó el lema "hacia la sociedad de la información". Se trata pues del concepto de moda.

Una de las principales características de nuestros tiempos modernos es la velocidad con la cual la información se genera, transmite y procesa. Hoy es posible obtener información instantáneamente y, en no pocas ocasiones, a partir de la misma fuente que la produce, trascendiendo fronteras y limitantes de espacio y temporalidad.

En la década de los ochenta, por ejemplo, los responsables de la comunicación social de la Presidencia de la República acostumbraban girar las instrucciones pertinentes para incautar en el Aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México todos los ejemplares de cualquier periódico extranjero cuyo contenido criticara al Presidente en turno.

Evidentemente, el volumen y la variedad de información que cada día circula en la Internet han convertido en figuras anacrónicas a muchos de los celosos censores de antaño. Sin embargo, debemos tener presente que sólo un reducido porcentaje de la población mundial tiene acceso a Internet. A pesar de la abundante oferta informativa que desplaza consigo la sociedad de la información, sólo un selecto núcleo de cibernautas obtiene los provechos que pregonan los apologetas instantáneos de la sociedad de la información y el conocimiento.

En México, el número de usuarios frecuentes de Internet asciende a poco más de 10 millones y se estima que a finales de 2003 el total será de 12 millones.1

Si aceptamos que Internet efectivamente representa la columna vertebral de la sociedad de la información y el conocimiento, la asignatura pendiente es procurar la efectiva masificación del medio inteligente con el propósito de que amplias capas de la sociedad disfruten de los beneficios que supone la sociedad de la información.

De acuerdo con el informe La sociedad de la información en España, 2002, el cual fue elaborado por expertos de la empresa Telefónica de España:

La sociedad de la información en realidad se trata todavía de un terreno poco firme, con nuevos conceptos que no están suficientemente asentados, con la carencia de un modelo plenamente definido en el espacio político, y con descripciones y análisis globales que en ocasiones resultan contradictorios.2

Para la investigadora Claudia Benassini Félix, investigadora de la Cátedra de Comunicaciones Estratégicas del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, corresponde a Daniell Bell el mérito de haber introducido el concepto sociedad de la información.

Algunos de los aspectos medulares de la llamada sociedad de la información fueron abordados con gran oportunidad por reconocidos analistas del fenómeno del cambio tecnológico, como Marshall McLuhan, Harold Innis, Neil Postman y Walter Ong, entre otros.

En La tercera ola, Alvin Toffler anticipó con singular claridad el advenimiento de la sociedad de la información. De acuerdo con Toffler, hace más de 10 mil años la primera ola introdujo trascendentales cambios en la historia, impulsados por la revolución que introdujo la agricultura.

No sin enfrentar profundas dificultades, en la primera ola los primitivos cazadores y recolectores transformaron sus condiciones de vida al formar las primeras sociedades de campesinos, en las cuales la productividad dependió del formidable despliegue de las fuerzas humana y animal, además del sol, el viento y el agua. Quienes comprendieron que las nuevas organizaciones sociales estarían centradas en el campo, evidentemente resultaron beneficiados.

En la segunda ola, las revoluciones industriales desencadenaron profundos cambios en la historia y dieron lugar a un nuevo tipo de civilización centrada en la industria y la producción a gran escala. La productividad empezó a depender de la relación que los seres establecieron con las máquinas.

Según Alvin Toffler, la tercera ola introduciría una nueva sociedad, la cual descansaría en la información, el conocimiento y la creatividad. En las sociedades de la tercera ola, la productividad dependería del desarrollo de nuevas tecnologías, las cuales permitirían al humano hacer menos y pensar más.

Siguiendo los pasos de Toffler, el investigador español Javier Echeverría afirma que el desarrollo de las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones contribuye a configurar un nuevo espacio social, al cual designa como el tercer entorno.

Manuel Castells, a quien algunos de sus críticos califican como un pragmático optimista, afirma:
La sociedad de la información es un nuevo sistema tecnológico, económico y social. Una economía en la que el incremento de productividad no depende del incremento cuantitativo de los factores de producción (capital, trabajo, recursos naturales), sino de la aplicación de conocimientos e información a la gestión, producción y distribución, tanto en los procesos como en los productos.

Medio nativo

El término sociedad de la información permite designar el posible advenimiento de una nueva forma de organización de la economía y la sociedad, que descansa en la incorporación y el inteligente empleo de las avanzadas tecnologías de información, las cuales se encuentran subordinadas al propósito de producir nuevas formas de conocimiento.

De acuerdo con Alvin Toffler, la desmasificación representa la principal característica de los medios de comunicación de la tercera ola. Internet efectivamente no es un medio de comunicación masiva -por tal motivo algunos comunicólogos concluían que no podía ser considerado como medio de comunicación-. Sin embargo es el medio de comunicación nativo de la tercera ola, pues además de ser un medio eminentemente desmasificador, produce y reproduce entornos inteligentes.

Internet es el medio de comunicación que expresa, en su admirable complejidad y perfección, el sentido más amplio de lo que representa en nuestros días la convergencia tecnológica, instalándonos en una especie de versión más avanzada de aquello que Marshall McLuhan acertó en designar como la aldea global.

La convergencia digital que desplaza el desarrollo de Internet incide definitivamente en las posibilidades de innovación en industrias como la informática, la electrónica de consumo doméstico, la robótica, la microelectrónica, la multimedia, los medios de comunicación, las telecomunicaciones y la realidad virtual, entre otras. La ruta de innovación tecnológica de las referidas industrias se encuentra estrechamente asociada con el desarrollo de las herramientas de comunicaciones de Internet. La convergencia digital parece ser un proceso irreversible.

En el concepto sociedad de la información subyacen tres elementos de singular relevancia: sociedad, estructura y entorno. El primero (sociedad) involucra a los agentes (individuos), quienes son los usuarios de una tecnología. El segundo (estructura) comprende los recursos tecnológicos y los contenidos almacenados. El tercero (entorno) corresponde a diversos ámbitos -económicos, políticos, educativos, culturales, entre otros-. Esos ámbitos admiten profundas reconfiguraciones tras la composición de una estructura particular representada por una nueva tecnología de comunicación e información: Internet.

Con el formidable desarrollo de Internet se han modificado la concepción del trabajo, las posibilidades de información y entretenimiento, los sistemas de educación, un amplio número de actividades comerciales e inclusive políticas. La incorporación de Internet en el mundo de los negocios ha propiciado profundos cambios ecológicos; por ejemplo, el tránsito de la oficina convencional a la oficina móvil; el paso del trabajo convencional que se realiza en las oficinas al teletrabajo; la metamorfosis del gobierno convencional en el gobierno digital; la reconversión de las tiendas tradicionales en las plazas virtuales...

Lado oculto

La llamada revolución digital puede ofrecer a los países en desarrollo oportunidades antes desconocidas e inaccesibles en materia de crecimiento. Sin embargo, como se reconoce en el Informe sobre Comercio Electrónico y Desarrollo 2001, documento elaborado por expertos de Naciones Unidas:
Los países que se rezaguen en la adopción de las innovaciones tecnológicas, corren el peligro de verse marginados por otros países a los que las nuevas tecnologías han otorgado una ventaja competitiva.

La profundidad y extensión de la llamada brecha digital trasciende a la condición de nuevo indicador que también permite medir el grado de desarrollo de las naciones en el mundo contemporáneo. La brecha digital inclusive puede agudizar las diferencias en materia de calidad de vida y oportunidades de desarrollo en los habitantes de un mismo país.

La lectura optimista de la utopía sociedad de la información nos permite reparar en nuevas posibilidades de liberación que el mismísimo Herbert Marcuse hubiese reconocido y elogiado. En cambio, una lectura pesimista nos obliga a reparar en los evidentes renglones de exclusión, así como en el perturbador despliegue de avanzados dispositivos panópticos, capaces de ejercer funciones de vigilancia y castigo al detalle.

Es posible afirmar que los lamentables acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 transformaron radicalmente el panorama que habrá de observar el incipiente desarrollo de la economía mundial durante la presente década. La consternada opinión pública internacional contempló la vulnerabilidad que exhibieron los sistemas de seguridad y defensa del gobierno de Estados Unidos. A partir de ese día cambiaron las relaciones entre el gobierno del presidente Bush y los principales medios informativos de la Unión Americana. Los valores que supone el ejercicio del periodismo profesional inevitablemente han entrado en contradicción frente a los argumentos relativos a las necesidades de seguridad nacional que pregona el gobierno del presidente George W. Bush.

Al amparo de su cruzada contra el terrorismo internacional, el gobierno del presidente Bush ha impulsado determinadas iniciativas de ley que han impuesto sensibles restricciones a la libertad de expresión y a los derechos relativos a la intimidad de las personas. El inventario de las iniciativas del gobierno de Bush que limitan los referidos derechos comprende: Wiretap Statute, Electronic Communications Privacy Act, Computer Fraud and Abuse Act, Foreign Intelligence Surveillance Act, Family Education Rights and Privacy Act, Pen Register and Trap and Trace Statute, Money Laundering Act, Immigration and Nationality Act, Money Laundering Control Act, Bank Secrecy Act, Right to Financial Privacy Act, Fair Credit Reporting Act, USA Patriotic Act y la Anti-Terrorism Act 2001 (ATA).4

Internet había permanecido como una especie de territorio indómito a las pretensiones de control informativo de la administración del presidente George Bush hijo, quien en repetidas ocasiones ha insistido en la necesidad de "terminar con la anarquía que prevalece en Internet". A partir del 11 de septiembre de 2001, el gobierno del presidente Bush decidió intensificar la vigilancia de la información que circula en Internet.

El lado oculto de la sociedad de la información es la "sociedad de la vigilancia y el castigo". Del uso histórico que demos a las avanzadas tecnologías de información dependerá la calidad de vida que nos depare la sociedad de la tercera ola.

Manuel Castells atinadamente advierte:
Si las leyes de control y vigilancia sobre Internet y mediante Internet son aprobadas por una clase política que sabe que el control de la información ha sido siempre, en la historia, la base del poder, las barricadas de la libertad se construirán tecnológicamente. Pero es aún más importante que las instituciones de la sociedad reconozcan y protejan dicha libertad... Ni Internet es una red de libertad, en un mundo en que la tecnología puede servir para el control de nuestras vidas mediante su registro electrónico, ni la tendencia al control ubicuo es irreversible.5

NOTAS

1) Véase la gráfica anexa sobre la concentración de usuarios de Internet en México. Revísese J. Garcés y F. Cruz, "Panorama de los usuarios de Internet en México" 2002, disponible en línea en: http://www.select.com.mx Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.

2) Véase "La sociedad de la información en España, 2002", disponible en línea en: http://www.telefonica.es/sociedaddelainformacion/espana2002/partes/intro/index.html Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.

3) Conferencia dictada por Javier Echeverría en el marco del Seminario Internacional en Comunicación y Desarrollo, "La construcción Global de la Información", Sevilla, España, 24 de octubre de 2001.

4) Véase http://www.epic.org/privacy/terro rism/usapatriot/ Fecha de consulta: 23 de agosto de 2003.

5) Véase Manuel Castells: Internet: ¿una arquitectura de libertad? Libre comunicación y control del poder, disponible en línea en: http://www.forum-global.de/soc/bibliot/castells/internetlibertad.htm Fecha de consulta: 28 de agosto de 2003.

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