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En los últimos 15 años podemos
decir que ha habido un cambio en las relaciones prensa-poder;
se ha transformado el modus operandi prensa-sociedad-gobierno;
ciertos tópicos han ganado la palestra pública
como el derecho a la información; algunas prácticas
se han popularizado, como sondeos del contenido de los medios
o los reportes anuales sobre violaciones a los derechos humanos
de periodistas. Todo ello conforma el camino para la democratización
de los medios, la actualización del régimen
legal y la participación social.
El año de 1988 es considerado troncal
en la historia política reciente del país. Con
sincronía histórica y veinte años después
de otro hito en la historia contemporánea del país,
en ese año decantaron procesos gestados tiempo atrás,
como el aumento significativo de la participación civil,
el hartazgo político-social, el deterioro de la vida
económica de las mayorías, el desgaste de los
aparatos de poder y los órganos de representación.
Las elecciones de entonces movilizaron al electorado que en
realidad sentía un vacío y, sobre todo, la necesidad
de expresarse y manifestarse contra el deterioro en los niveles
de vida social y económica. En tal contexto aparece la
Revista Mexicana de Comunicación.
En estos 15 años podemos decir que ha
habido un cambio en las relaciones prensa-poder; se ha transformado
el modus operandi prensa-sociedad-gobierno; ciertos
tópicos han ganado la palestra pública como
el derecho a la información; algunas prácticas
se han popularizado, como sondeos del contenido de los medios
o los reportes anuales sobre violaciones a los derechos humanos
de periodistas. Todo ello conforma el camino para la democratización
de los medios, la actualización del régimen
legal y la participación social.
Los antecedentes inmediatos a tales cambios
se hallan en las críticas a la prensa durante el movimiento
del 68, el golpe a Excelsior (julio de 1976) y la subsiguiente
formación del semanario Proceso, el asesinato
de Manuel Buendía (mayo de 1984), el surgimiento de
nuevos medios como Unamásuno (1979) y La
Jornada (1984) donde hubo una intención para una
periodismo de búsqueda, otro estilo de informar con
opción por los movimientos sociales y voces marginadas.
En 1978, el directorio de medios consignaba
en 1978, 319 publicaciones en todo el país. A finales
de los años noventa, los impresos clasificados suman
incluso menos (307), pero de éstos, 152 surgieron a
partir de 1978; es decir, de los 319 periódicos incluidos
en el recuento de los setenta, desaparecieron más de
160.
Sexenio salinista
El análisis de la prensa durante el sexenio
salinista muestra apertura, tensiones y retrocesos, sobre
todo en materia de libertad de expresión. En su discurso
de toma de posesión Carlos Salinas de Gortari (CSG)
dedicó dos párrafos a los medios en los que
señalaba abrirlos al libre flujo de ideas y las imágenes,
la crítica y el debate. Su idea general en apariencia
era modernizar las relaciones entre Estado y prensa. Sin embargo
al paso del tiempo las cosas no cambiaron significativamente,
aun cuando se dieron una serie de pequeñas transformaciones.
Además, su escaso margen de legitimación le
impedía hacer cambios espectaculares como los que su
administración emprendió en otras esferas y
áreas de la economía y la sociedad. De hecho,
la única institución que no resultó alterada
en aquella embestida de los primeros años fue la prensa.
Uno de los organismos que se mantuvo sin problemas durante
toda la recomposición sindical en el país fue
la Unión de Voceadores de México, que hasta
la fecha tiene el control sobre la distribución directa
de periódicos y revistas en la Ciudad de México.
Al final de sexenio se suscitó un encono entre los
miembros de esta Unión y el naciente diario Reforma,
por lo que hasta la fecha el periódico es distribuido
por sus propios vendedores.
En su conjunto, el gobierno salinista impulsó
algunos cambios en la línea de la modernización
de las relaciones prensa-Estado como fue el proceso de privatización
de la proveedora estatal de papel PIPSA (sobre la cual varios
editores mostraron su descontento pues consideraban la medida
en daño a la libertad de expresión), el decreto
presidencial sobre los "lineamientos para la aplicación
de los recursos federales destinados a la publicidad y difusión
y en general a las actividades de comunicación social",
en los que se establecieron algunos criterios para la dotación
de la publicidad oficial: El Estado dejó de sufragar
los gastos de desplazamientos y hospedajes de periodistas,
se les prohibió engrosar los gastos de información
y propaganda con traspaso a otras partidas. Otro aspecto hacia
el final de sexenio (1992) que el gobierno consideró
fue la vieja demanda de establecer un salario mínimo
profesional con la intención de poner un piso a los
bajos salarios de los trabajadores de la prensa.
Si bien esas medidas representan un intento
por generar otras condiciones en la relación Estados-medios-sociedad,
su valor fue básicamente pragmático ya que no
supuso una modificación sobre el papel de la prensa
en la vida social, ni mucho menos un fortalecimiento de la
garantía del derecho al ejercicio periodístico.
En el caso de la privatización de El Nacional,
éste era un medio que ya no respondía a los
objetivos de la política privatizadora del gobierno
federal. En cuanto al decreto sobre recursos federales, éste
fue aceptado por todos pero, como lo señalaron varios
analistas, en realidad se trató de una medida insuficiente
ya que persistían otras prácticas gubernamentales,
como la entrega de compensaciones, embutes y regalos
que no cambiaba sustancialmente las prebendas para periodistas
y trabajadores de los medios. El caso de PIPSA, aun cuando
en julio de 1989 los directores de varios periódicos
pidieron a Salinas no aplicará la medida, el presidente
cedió y no se cerró PIPSA pero sí permitió
la importación de papel periódico; este hecho
fue significativo porque los directores demostraron su debilidad
ante la autoritaria figura del Presidente y le dieron al gobierno
una herramienta más para su control. En cuanto al tema
de lo salarios para periodistas, el intento de formar un piso
básico fue muy criticado por sectores del gremio; esta
medida trajo como consecuencia despidos en diversos medios,
así como reacomodos en las estructuras, donde algunas
empresa reorganizaron sus políticas de comisiones por
publicidad a reporteros; lo más dramático fue
que la medida no ayudó a empujar hacia arriba el resto
de los salarios ni trajo una mejora general.
A mediados de los años noventa, Raymundo
Riva Palacio subrayaba que algunas características
de la prensa mexicana eran: a) aceptar el patrocinio
político, pues ayuda a los editores y directores a
lograr éxito financiero; b) ser un foro para
una élite educada; c) poseer una falta de exactitud
e imparcialidad; d) no tener fronteras éticas.
Por lo tanto, el concepto del conflicto de intereses es casi
inexistente; e) publicar anuncios o desplegados cuestionables;
f) aceptar fácilmente regalitos y gratificaciones;
g) publicar elogios sobre los funcionarios y políticas
gubernamentales.1
El analista también señalaba con
respecto a los periódico del DF que la mayoría
de ellos habían perdido su capacidad de renovación
interna; el no ofrecer ideas frescas había llevado
a los medios a un punto estático que, si se consideraba
comparativamente el avance de la sociedad, en realidad podría
hablarse de un grado involutivo en la prensa: dudas sobre
los tirajes para ampliar el margen errático de influencia,
marco legal endeble, corrupción generalizada, contubernios
y precariedad en las condiciones laborales del trabajo periodístico
forman el resumen del estado de la prensa al mediar la última
década del siglo pasado.
Cifras y cifras
El tema de los tirajes siempre ha sido objeto
de debate; no es una mera cuestión de números
y cifras, las implicaciones son altísimas porque se
desenmascara el poder y alcance social que la prensa tiene.
Paralelo a ese debate se encuentran el de los hábitos
de lectura y los índices de consumo. Los gobiernos
han optado por seguir anunciándose en publicaciones
de nula calidad y circulación para que sus editores
no se conviertan en sus enemigos políticos.
A mediados de los noventa, el gobierno había
conminado a las empresas editoras a estudiar fórmulas
que permitieran a los lectores saber con exactitud los volúmenes
de circulación y audiencia de los medios; de hecho
Salinas lo comentó en 1989 durante la ceremonia
del Día de la Libertad de Prensa. El conocimiento de
los tirajes siempre ha implicado poner en evidencia la escasa
penetración social que en realidad tenía la
prensa escrita. Tal hecho forma parte de un círculo
vicioso de complicidad mutua: las agencias de publicidad saben
que los diarios mienten al proporcionar sus cifras de circulación,
los editores de los diarios también conocen sobre la
simulación, pero prefieren sostenerla.
En un artículo en 1998, Trejo Delabre
proporcionaba estimaciones del tiraje real de los medios,
las cuales confrontaba con las versiones ofrecidas por los
periódicos. Por ejemplo Excelsior declaraba
un tiraje de 200 mil, cuando en realidad no sobrepasan los
100 mil; Novedades hablaba de 210 mil pero no sobrepasaba
los 10 mil; El Heraldo refería 209 mil pero
tira 15 mil, etcétera. Las desproporciones eran enormes,
y en todo momento la actitud de los medios fue evitar un debate
que permitiera circunscribir la influencia real de la prensa
en la sociedad: de hecho, los medios soslayaron la propuesta
de crear un Consejo Nacional de Opinión Pública
con representación de varios sectores, que entre otras
funciones avalaría y mediría las audiencias
y tirajes.
En varias entidades del país han surgido
o se han consolidado publicaciones con arraigo en sus respectivas
localidades, algunas de ellas afiliadas a cadenas encabezadas
por periódicos de la capital, o como en el caso de
Reforma, de un importante grupo de la capital neoleonesa.
Hoy día en la Ciudad de México
hay 26 diarios, casi 10% de los 307 que hay en el resto del
país. Si tomamos los diarios más relevantes
de la ciudad (Reforma, El Universal, La Jornada,
La Prensa, Esto, Excelsior, El Financiero,
El Economista, La Crónica, Milenio)
no llegan a los 800 mil ejemplares (no su venta real). La
cantidad nunca ha sido sinónimo de democratización
ni mucho menos para echar a vuelo las campanas. Algunos apologistas
del sistema suelen usar estos argumentos para argüir
una inexistente democratización de la prensa y la comunicación
de masas en general.
El índice de lectura es de un lector
de diario por cada 20 habitantes. A pesar de que pocas ciudades
en el mundo tiene tal cantidad de diarios, en la Ciudad de
México sus índices de lectura son de los más
bajos a nivel mundial. Cabe añadir que la Ciudad de
México tiene un alto índice de alfabetización
por lo que las razones de estos hábitos hay que buscarlas
en otras causas.
Prensa y Derechos Humanos
En términos generales, de acuerdo con
datos de la Federación Latinoamericana de Periodistas,
entre 1970 y 1990 Colombia y México fueron los países
con más actos contra las libertades informativas, por
encima de Chile, El Salvador y Paraguay. Según la organización
Article 19, en el gobierno de Echeverría fueron asesinados
seis periodistas, 12 en el sexenio de López Portillo,
33 durante el periodo delamadrista y 46 en sexenio de Salinas.
Es decir, poco menos de 100 periodistas en un periodo de 24
años, primer lugar en América latina. La Fundación
Manuel Buendía (FMB) y otras organizaciones se han
dado a la tarea de hacer recuentos detallados sobre los distintos
rubros de violación de las garantías informativas
de periodistas.
La tendencia represiva contra la prensa y los
trabajadores de los medios ha sido una constante que preocupa
al analizar el estado de la democracia en México, sobre
todo si consideramos el estado de las libertades de expresión
como un indicador importante; en México éste
es muy endeble, aun cuando ha habido en los último
años notables avances. En el sexenio de Salinas, en
contraparte a las buenas intenciones de modernizar,
encontramos un lamentable deterioro de las libertades de expresión
e información. En el sexenio pulularon las noticias
de periodistas golpeados por la policía antimotines.
En materia de derecho de información, el gobierno salinista
no sólo no registró avances sino francos retrocesos.2
El sexenio salinista ha sido uno de los más violentos
en la historia reciente mexicana con un registro de casi 650
incidentes detectados; por desgracia el sexenio de Zedillo
fue todavía más agresivo (746). En el actual
sexenio ha habido una disminución notable, pero se
siguen presentando muchos casos.
El estudio del tema comunicativo desde los DH
ha sido abordado por varias organizaciones sociales como la
Academia Mexicana de Derechos Humanos, el Centro Nacional
de Comunicación Social (CENCOS) y la Fundación
Manuel Buendía a realizar reportes anuales como miembros
fundadores de la Red Mexicana de Protección a Periodistas
y Medios de Comunicación. Este hecho nos parece muy
importante ya que es la primera vez que la articulación
de organizaciones civiles es capaz de producir un material
de gran valor para medir y ponderar el estado de la represión
contra periodistas y comunicadores en nuestro país
y difundir nacional e internacionalmente tales seguimientos.
Esta red se ha instituido como fuente reconocida por algunos
medios y agencias informativa que citan y están atentas
a la publicación de estos informes.
Durante el sexenio zedillista siguió
la espiral de la violencia contra periodistas. Se cometieron
cerca de 800 agresiones contra ellos. El dato es preocupante
si se considera que a lo largo del gobierno de Salinas se
registraron 645 casos. Entre las causas que explican ese aumento
se encuentran las características sociopolíticas
de profunda inestabilidad, la formulación inacabada
de las reglas políticas.3 En el sexenio
en su conjunto hubo un ensanchamiento de las libertades públicas;
sin embargo, los golpes y violaciones de DH siguieron aconteciendo
en el marco de descomposición de las instituciones
de procuración de justicia, el incremento de la inseguridad
en ciudades y vías. El año más difícil
en materia de libertades de expresión, de acuerdo con
los informes de la Fundación Buendía fue 1998.
Si bien la administración de Zedillo cerró su
sexenio con una disminución importante de actos contra
el ejercicio periodístico, globalmente se caracterizó
como el sexenio más peligroso y difícil para
el ejercicio periodístico. En total hubo 865 actos
contra trabajadores de los medios, lo que significó
un aumentó de 25% con respecto al periodo de Salinas
que se había perfilado como la etapa con el mayor número
de actos contra los medios.4
Durante el periodo de Zedillo algunos diarios
presentaron conflictos con el poder. Uno de los casos más
importantes fue la querella contra el periódico El
Universal y su director Juan Francisco Healy Ortiz por
defraudación fiscal. El 12 de septiembre de 1996 a
las afueras del diario se dio un gran despliegue con varios
decenas de agentes judiciales. Al día siguiente, Healy
Ortiz se presentó ante las autoridades y después
de una extensa declaratoria depositó una fianza. Ello
desencadenó una gran polémica: El Universal
consideró el acto como terrorismo fiscal. La
Sociedad Interamericana de Prensa y el Comité de Proyección
a Periodistas denunciaron los abusos de poder; sin embargo,
la irregularidad fiscal no era una invención. El acto
contra Healy fue selectivo y discrecional ya que no se procedió
igualmente con otros diarios que tenía problemas fiscales,
como el caso de Excelsior. El incidente contra El
Universal concluyó en agosto de 1997 cuando un
juez cerró el caso e impuso una multa de 24 mil pesos,
en lugar de la cárcel.5 Este diario
asumió una actitud inusitadamente crítica en
sus más de 80 años de vida y un corto periodo
de apertura.
En el año 2001 los reportes de la Fundación
Manuel Buendía y la Red Mexicana de Protección
a Periodistas registraron 126 incidentes contra periodistas
en todos los medios; la prensa escrita fue la más afectada
contra la libertades informativas. De los cerca de 260 registrados
hasta en el actual sexenio, 43% han sido demandas, 15% citas
a comparecer, 7% detenciones y 3% anuncios de demandas entre
otros. Pareciera con tales cifras que los mecanismos de coerción
se han sofisticado, pues ciertamente -como señala Omar
Raúl Martínez6-, hay cada vez
menos garrote o soborno, pero a cambio se recurre al aprovechamiento
de un marco jurídico que posibilita una discrecional,
parcial y condicionada aplicación de la ley. Las estimaciones
que hacen las organizaciones que producen anualmente el Recuento
de daños hablan que de seguir la tendencia actual,
en cuanto al porcentaje de actos inhibitorios, se podrían
alcanzar poco menos de los 800 incidentes que se presentaron
en el sexenio precedente, lo que en su conjunto revelaría
la incapacidad del régimen para garantizar el ejercicio
del trabajo periodístico.
En realidad, las relaciones con la prensa no
han sido del todo límpidas y sin fricciones. Desde
los primeros meses de su administración, el presidente
Fox etiquetó a los sectores críticos de la prensa
como el círculo rojo, y aunque en un principio
manifestó respeto por la contribución de la
prensa y los periodistas a la democracia, lo cierto es que
durante el último bimestre de 2001 no pudo contener
controversiales expresiones descalificatorias contra medios
y periodistas. Analistas y asociaciones civiles manifestaron
su preocupación por estas declaraciones, como la Red
Mexicana de Protección a Periodistas que manifestó
su inquietud frente a estas declaraciones por las acciones
implícitas que podría sugerir. El columnista
Carlos Ramírez, del periódico El Financiero,
presentó una queja ante la Comisión Nacional
de Derechos Humanos (CNDH) en la que cuestionó las
acusaciones vertidas por el presidente Fox contra sus críticos
y su intromisión en la política editorial de
los medios de comunicación, al recomendar que
se difundan más los hechos positivos del gobierno.
En general el presidente Fox no ha sabido responder a la crítica
y mediante comentarios chuscos o irónicos evade el
debate.
La prensa y sus crisis estructurales
La evolución de la economía se
ha caracterizado en estos 15 años por la volatilidad
y inestabilidad y las crisis recurrentes. La prensa mexicana,
como la de todo el mundo, depende de la venta de publicidad.
En el viejo modelo de subordinación medios-gobierno
existían complicidades entre estos actores para subsanar
los problemas económicos y resolver, sin importar la
falta o no de lectores o el estado de las crisis estructurales,
la situación financiera de los diarios.
Hoy día muchos diarios siguen manteniéndose
por el apoyo oficial o inserciones pagadas; además,
los sistemas de favores y gratificaciones no han terminado.
En algunos casos, los dueños de los periódicos
continúan dando entre 5% y 12% de comisión a
los reporteros por publicidad que interesa al diario. Las
viejas formas para otorgar gratificaciones como el embute
o el chayo son una práctica todavía en
uso. Desde el punto de vista formal han desaparecido las técnicas
o los procedimiento cuasi-oficiosos que siguen, pero las rutinas
y sistemas para producir, seleccionar y orientar la información
no han traspasado a todos los niveles de la industria, ni
mucho menos a todos los propietarios o reporteros.
En el inicio de los noventa, varios medios estatales
comenzaron a registrar algunos cambios, tanto en su estructura
y personal directivo como en sus estrategias de desarrollo
y contenido, presionados por el fin de la era de los subsidios
y por la necesidad de permanecer y crecer en un escenario
crecientemente competitivo. En ese sentido, uno de los temas
que movilizó la reflexión de especialistas y
dueños de los medios fue, ante la inminente firma de
un acuerdo comercial trilateral entre los gobiernos de Estados
Unidos Canadá y México, la consideración
de las implicaciones económicas, administrativas, sociales
y culturales que atraería este Tratado.
La industria de la prensa se ha visto muy castigada
por las constantes crisis económicas. El Efecto
Tequila tuvo grandes repercusiones en los medios de información,
lo que inevitablemente incidió en las relaciones de
mutua conveniencia entre prensa y gobierno. El primer elemento
que resintió la crisis financiera y económica,
se reflejó en el aumento al costo del papel hasta en
140%. Algunos medios que surgieron en esa época tuvieron
muy escasa vida como Summa -de la casa Ovaciones, especializado
en cuestiones financieras- que circuló menos de un
año. La revista El Impresor7
registró el cierre de más de 30 diarios y casi
50 semanarios y quincenarios en 1995.
En los tres años del foxismo han seguido los serios
problemas económicos, entre otras causas porque el
proceso de globalización y el libre mercado han elevado
los costos de la producción. También han contribuido
el retiro paulatino de los recursos que los gobiernos destinaban
a la prensa, la incapacidad de las empresas para adaptarse
a estos cambios, las nuevas correlaciones de fuerzas políticas
que impide a algunos diarios mantener el sistema de alianzas
o complicidad que sostenían, la modificación
de hábitos de lectura, la contracción en la
inversión publicitaria gubernamental y privada, la
reestructuración del mercado de lectores (mayor segmentación
en las audiencias). Todo ello parte un largo y complejo etcétera
no reducible a uno de los componentes8 que
da cuenta del fenómeno multicausal. El problema no
es menor. Según Ernesto Villanueva de los 150 diarios
que circulan en México, casi un centenar estarían
en riesgo de desaparecer.
En algunos medios ha operado la tendencia desesperada
por dar prioridad a los lineamientos del mercado para mantener
su estabilidad económica. Prácticamente son
pocos los medios que han podido resistir los embates de las
consecuencias arriba señaladas. De los casos que han
atraído recientemente la atención y resumen
la crisis que referimos, podemos mencionar el caso de El
Día (fundado en 1962) que hoy languidece antes
las disputas internas entre cooperativistas y sus problemas
financieros. Excelsior se encuentra ahogado materialmente
entre los problemas financieros y laborales, las riñas
callejeras y la violencia entre sus trabajadores. Novedades
primero disminuyó su tiraje y con ello sus ventas
de publicidad y luego dejó de circular. El Unomásuno
nunca pudo desligarse totalmente del subsidio gubernamental
y atraviesa por difíciles problemas entre su nuevo
propietario y los trabajadores.
Conclusión preliminar
Esta rápida mirada a algunos aspectos
de la historia reciente de la prensa nos permite concluir
que aun cuando han cambiado algunos aspectos de lo que José
Carreño llamaba "el modelo de subordinación"
de los medios al gobierno, no significa que la prensa mexicana
se haya transformado significativamente. Los enfoques de los
medios impresos hoy día son más variados y se
puede escribir sobre más cosas o asumir una actitud
distinta hacia el Presidente de la República u otras
figuras de autoridad, pero la mayoría de los diarios
siguen siendo políticamente ambiguos. El rigor analítico,
la veta informativa y hasta las de opiniones dejan mucho que
desear; el gobierno no presiona a la prensa, más por
temor al escándalo denunciatorio que por carecer de
recursos para ello; muy pocos diarios y prácticamente
ninguna revista han conseguido que en sus finanzas, la principal
fuente de ingreso haya dejado de ser la publicidad gubernamental.
Si bien muchos periodistas jóvenes han escuchado ciertos
vicios y mitos que no les tocaron padecer o disfrutar, no
por ello se ha generalizado un periodismo de investigación,
con capacidad autocrítica ni ética profesional.
El 2 de julio de 2000 significó la alternancia
al poder y el desmoronamiento del priísmo tras 70 años
de dominio. Lo cierto es que en materia de comunicación,
los avances reconocibles -respecto al ejercicio de las libertades
de expresión, por ejemplo- han sido más resultado
de una inercia histórica que de una iniciativa y un
aliento gubernamental. En términos generales, lo que
se ha observado es una tonalidad continuista. Como el senador
panista Javier Corral ha señalado: "Fox se ha
colocado en la fácil actitud de usar los medios más
que transformar la dañina relación de rentables
privilegios".
En el caso de la prensa en el inicio del sexenio
de Fox, prácticamente todos los diarios nacionales
(al menos de los editados en Ciudad de México) tienen
una presencia en Internet.
En el campo específico de los medios
impresos, el gobierno no ha formulado un diagnóstico
razonable. Las acciones gubernamentales en materia de comunicación
muchas veces se han reducido a comportamientos reactivos y
funcionalistas. Ha relegado los medios impresos y en algún
sentido ha incluido una campaña para que no se lean.
No existe una prensa como tal en favor
del presidente Fox. La prensa se ha visto castigada por las
crisis económicas y también ha privado una nueva
condición del mercado editorial. La actitud de los
medios en su conjunto es crítica (más en la
prensa y la radio, menos en la TV), y esto no se debe a la
bondad de los propios medios; sencillamente la verdad informativa
y la crítica se hicieron rentables y los medios aprovechan
una grado de libertad al que no estaban acostumbrados y que
les permite sin reparo ir tras las audiencias, los raiting
mediante la explotación del descontento o el malestar
social. Los tabúes contra la figura presidencial prácticamente
desaparecieron e incluso algunas de las estrategias de la
prensa sensacionalista o prensa del corazón
(el famoso escándalo del toalla-gate, la boda con su
vocera Marta Sahagún) han funcionado en el tratamiento
de la fuente presidencial.
El estado de la prensa y los medios goza de
mejor salud, pero todavía muestra vicios. La necesidad
de una sociedad más participativa en materia de comunicación,
la creación de políticas de comunicación
de los partidos políticos, la promoción de un
periodismo de investigación, la creación de
más opciones de información pública siguen
siendo temas pendientes en una agenda social más amplia
en un país que con muchísimos rezagos camina
tímidamente hacia la construcción de un nuevo
modelo de relación prensa-sociedad-gobierno.
NOTAS
1) Riva Palacio, "La
prensa en México. Una aproximación crítica",
en Comunicación y Sociedad núm. 25-26, septiembre/abril,
Universidad de Guadalajara, Departamento de Estudios de la
comunicación, 1995-1996, pp.11-13.
2) Sintetizando las cuestiones y preocupaciones
en torno al derecho a la información, Álvarez-Icaza
en una ponencia presentada en el "Foro Democracia y Medios
de comunicación. Hacia una Ley General de Medios de
Comunicación" el 20 marzo de 1992 se interrogaba:
"¿Qué quedó de casi 60 años
de preocupación gubernamental por la promoción
del derecho a la información. Sólo quedan las
ocho palabras incrustadas en el Artículo sexto constitucional
por JLP [..] sin precisar cómo, cuando, dónde,
para quiénes, un impresionante volumen de papeles,
ponencias, proyectos legislativos, editoriales, comentarios,
sobre el "derecho a la información" que a
la postre no han tenido ninguna aplicación práctica,
pero queda también un anhelo de llegar a encontrar
la famosa cuadratura "(expresión utilizada por
el exdiputado priísta y luego empresario de la radiodifusión
privada Luis M. Farías en los foros de consulta pública
sobre la reglamentación del derecho a la información).
3) Cf. Verónica Martínez, Angélica
Pineda y Omar Martínez, "Recuento de daños
a las libertades de expresión de información
en 1999" en RMC. núm. 64, 2000, pp. 22-27.
4) Verónica Martinez et al (2001) "Recuento
de daños a las libertades de expresión e información
durante el 2000" en RMC núm. 69, 2001, pp. 38-40.
5) Omar Raúl Martínez, "Vaivenes,
sorpresas y conflictos en los medios impresos" en RMC
núm. 47, 1997, p.20.
6) Omar Raúl Martínez, "Libertades
informativas en México durante 2000-2003" en revista
electrónica Razón y Palabra, septiembre 2003
en línea, fecha de consulta 20 de septiembre de 2003,
Disponible en www.cem.itesm.mx/dacs/publicaciones/logos/apuntes/2003/septiembre.html
7) Citado por OR Martínez, en RMC núm.
43, 1996, pp.19.
8) Cf. Carlos Gómez Valero, "Los
diarios en la crisis, la crisis de los diarios" en Revista
Etcétera núm. 22, 2002, pp. 65-75.
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