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Hay que ampliar la reivindicación
hacia una comunicación que elimine los terrenos de
la pobreza en pro de una igualdad de acceso y de uso.
En la actualidad se insiste en la concepción
social de la economía frente a la posición del
neoliberalismo, que apuesta por el desarrollo de los países
sin atender la distribución social de la riqueza. Los
foros sociales reivindican la economía social y solidaria
e insisten en la comunicación alternativa, pero llamativamente
dejan de lado el concepto de comunicación social,
quizás por el desgaste y uso abusivo de quienes ejercen
realmente el poder de los medios de comunicación. Pero,
junto al reclamo de una economía social y de una política
social, hay que volver a insistir en una auténtica comunicación
social.
Las cumbres iberoamericanas también han
estado más en la línea del neoliberalismo, del
amparo y de las políticas económicas que de
las sociales, y así se ve cómo en la última
década los desequilibrios sociales se acrecientan.
Posiblemente sea por los malos diseños de las propuestas,
por las corrupciones de los altos mandatarios o por los intereses
de los grupos dominantes que imponen en todo momento sus ideales
frente a las reivindicaciones de los grupos sociales más
desprotegidos y de mayor pobreza. Sin embargo, últimamente,
en especial en la XIII Cumbre celebrada en Bolivia, se ha
producido un giro hacia una mayor atención social,
en contraste con el modelo económico anterior, con
objeto de desarrollar unas políticas públicas
que consigan reducir y eliminar la pobreza e incrementar la
participación ciudadana, incluida la de los sectores
más abandonados. Es la apuesta por una economía
y política sociales.
La Unión Europea ha intentado acercarse
a América Latina, pero siempre con una visión
de ampliación de mercado o de proteccionismo y de subsidios
agrícolas y de productos, y no de integración
y refuerzo mutuo en beneficio económico y social de
los ciudadanos. No es de extrañar que se solicite una
y otra vez un cambio en este enfoque económico y político
con objeto de propiciar una mayor inclusión social
para otros desarrollos equilibrados y repartidos a todos los
grupos sociales, especialmente a aquéllos más
abandonados en la pobreza, frente a la política neoliberal
aplicada.
Es el choque de dos mundos dirigidos por unos
líderes que cada vez alejan más la política
de uno y otro continente. Mientras tanto, los movimientos
sociales buscan otras soluciones con un entendimiento mayor
aunque con menor fuerza decisoria. No obstante, los movimientos
sociales de estos últimos cinco años han obligado
a modificar los enfoques y a que haya una mayor aproximación.
Emergen los foros sociales de un lado y otro
del Atlántico como respuestas paralelas a las reuniones
de los grandes grupos económicos o políticos.
Junto a las cumbres iberoamericanas se han citado los foros
sociales, frente a Davos ha surgido Porto Alegre y frente
a los foros económicos han nacido los foros sociales.
En esta ocasión, junto a la XIII edición de
las Cumbres, se desarrolló el Encuentro Social Alternativo.
Por las mismas fechas en los barrios periféricos de
París se reunía El Foro Social Europeo para
reclamar una economía social y una mayor igualdad de
los pueblos y de los grupos sociales de cada país.
Son foros multitudinarios que cada año se acrecientan
con nuevos grupos procedentes de todos los países y
de todos los sectores de la vida social, para denunciar los
estragos producidos por la ideología y prácticas
neoliberales en los grupos sociales marginados y el enorme
enriquecimiento y abusos de los grupos de poder ya existentes.
La brecha entre unos y otros cada vez es mayor y reclaman
justo todo lo contrario. Se propone un modelo de Europa diferente
al de la Convención que prepara la futura Constitución
y se exige un proyecto de sociedad más justo, solidario
e igualitario en todos los órdenes, entre los cuales
se halla el de la comunicación.
Dentro de los medios entró tan bienintencionada
como irreflexivamente la denominación de comunicación
social. Sirvió como ocultación de un modelo
unidireccional e impostor por parte del emisor, en el que
a los destinatarios de los mensajes nunca se les dio la palabra
para convertir las situaciones en algo realmente comunicativo
y social. Los medios de comunicación social han propiciado
y mantenido una línea de refuerzo del orden económico
establecido. La presencia de otros medios propiciadores de
los cambios -como ocurrió en Europa en las décadas
de los sesenta y setenta con las radios libres, televisiones
independientes y medios alternativos, o en América
Latina todavía en la actualidad con los medios populares
y comunitarios- ha sido residual y con poca eficacia; y cuando
han adquirido mayor auge, poco a poco y subrepticiamente los
medios tradicionales han deglutido sus planteamientos y los
han adaptado y camuflado en la línea que a ellos les
interesa.
Pero los medios de comunicación y de
información tradicionales han dejado al descubierto
que cada vez hay mayores desigualdades comunicativas. No han
contribuido a los equilibrios porque la comunicación
social pretendida ha sido un mero señuelo pero no una
realidad. Han utilizado la careta de los dos términos
para hacer justo lo contrario de lo que ambos indican. Ni
hay comunicación porque todo va en la dirección
que la empresa propietaria quiere, ni es social porque no
se ampara a toda la sociedad que la necesita. La información
que propagan oculta los movimientos sociales reivindicativos.
La pobreza y los grupos marginados sólo aparecen como
coartada de atención a todos los temas aunque nunca
por igual. Frente a la relevante presencia informativa de
los poderes políticos y económicos sobresale
la ausencia de los grupos sociales más desprotegidos,
y cuando aparecen sólo se hace como conflicto radical,
pero no se examinan las causas ni las consecuencias de su
situación.
Tal vez el transcurso del tiempo y la perversión
con la que se han empleado la expresión comunicación
social han frenado la insistencia en la significación
profunda de la denominación. Ha quedado muy bien como
escaparate, pero no se le ha sacado el jugo que encierra.
Parece un contrasentido que se exija ahora una economía
social y una política social y que se abandone el concepto
de comunicación social. Es en estos momentos
cuando puede y debe adquirir un sentido pleno junto a la de
economía social, política social, foro social
y, en suma, junto a una concepción de lo social como
la matriz de los procesos de convivencia y desarrollo de todas
las comunidades y pueblos para eliminar la pobreza comunicativa
de unos frente a la opulencia de otros y alcanzar mayores
equilibrios.
La comunicación social no puede
reducirse a la concepción neoliberal de emisores potentes
y usuarios consumidores en la que predomina la relación
oferta-demanda sobre todo cuando la demanda está orientada
y educada para que se soliciten los productos comunicativos
de mayor rentabilidad económica. Es preciso reinventar
el concepto de comunicación social y solidaria
como un proceso de potenciación del intercambio de
mensajes y no de imposiciones directas o indirectas, como
una participación de todos los usuarios y como una
atención a los más desfavorecidos para conseguir
los equilibrios de todos los grupos sociales. No puede estar
apoyándose en el orden económico un enfoque
de eliminación de la pobreza y mantener el predominio
de la comunicación para los más favorecidos.
Hay que ampliar la reivindicación
hacia una comunicación que elimine los terrenos de
la pobreza en pro de una igualdad de acceso y de uso. Se ha
hecho hincapié en la capacidad que debe tener todo
usuario para elegir lo que quiera siempre dentro de un pluralismo,
pero tal exigencia hay que ampliarla también al uso,
es decir, a la apropiación, dominio y orientación
de los medios para usos comunicativos sociales, culturales
y educativos en los que el objetivo sea la dinamización
de la comunidad implicada en la cobertura de cada medio. Es
el momento de pasar de las concepciones intelectuales a las
realidades sociales. El invento de la denominación
de comunicación social fue un adelanto en el
tiempo. El objetivo es hacerla realidad en nuestros días
lo mismo que se pretende con el concepto de economía
social o de empresas sociales.
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