MIRADOR EUROPEO

Reinventar la comunicación social

Mariano Cebrián Herreros

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

Hay que ampliar la reivindicación hacia una comunicación que elimine los terrenos de la pobreza en pro de una igualdad de acceso y de uso.



En la actualidad se insiste en la concepción social de la economía frente a la posición del neoliberalismo, que apuesta por el desarrollo de los países sin atender la distribución social de la riqueza. Los foros sociales reivindican la economía social y solidaria e insisten en la comunicación alternativa, pero llamativamente dejan de lado el concepto de comunicación social, quizás por el desgaste y uso abusivo de quienes ejercen realmente el poder de los medios de comunicación. Pero, junto al reclamo de una economía social y de una política social, hay que volver a insistir en una auténtica comunicación social.

Las cumbres iberoamericanas también han estado más en la línea del neoliberalismo, del amparo y de las políticas económicas que de las sociales, y así se ve cómo en la última década los desequilibrios sociales se acrecientan. Posiblemente sea por los malos diseños de las propuestas, por las corrupciones de los altos mandatarios o por los intereses de los grupos dominantes que imponen en todo momento sus ideales frente a las reivindicaciones de los grupos sociales más desprotegidos y de mayor pobreza. Sin embargo, últimamente, en especial en la XIII Cumbre celebrada en Bolivia, se ha producido un giro hacia una mayor atención social, en contraste con el modelo económico anterior, con objeto de desarrollar unas políticas públicas que consigan reducir y eliminar la pobreza e incrementar la participación ciudadana, incluida la de los sectores más abandonados. Es la apuesta por una economía y política sociales.

La Unión Europea ha intentado acercarse a América Latina, pero siempre con una visión de ampliación de mercado o de proteccionismo y de subsidios agrícolas y de productos, y no de integración y refuerzo mutuo en beneficio económico y social de los ciudadanos. No es de extrañar que se solicite una y otra vez un cambio en este enfoque económico y político con objeto de propiciar una mayor inclusión social para otros desarrollos equilibrados y repartidos a todos los grupos sociales, especialmente a aquéllos más abandonados en la pobreza, frente a la política neoliberal aplicada.

Es el choque de dos mundos dirigidos por unos líderes que cada vez alejan más la política de uno y otro continente. Mientras tanto, los movimientos sociales buscan otras soluciones con un entendimiento mayor aunque con menor fuerza decisoria. No obstante, los movimientos sociales de estos últimos cinco años han obligado a modificar los enfoques y a que haya una mayor aproximación.

Emergen los foros sociales de un lado y otro del Atlántico como respuestas paralelas a las reuniones de los grandes grupos económicos o políticos. Junto a las cumbres iberoamericanas se han citado los foros sociales, frente a Davos ha surgido Porto Alegre y frente a los foros económicos han nacido los foros sociales. En esta ocasión, junto a la XIII edición de las Cumbres, se desarrolló el Encuentro Social Alternativo. Por las mismas fechas en los barrios periféricos de París se reunía El Foro Social Europeo para reclamar una economía social y una mayor igualdad de los pueblos y de los grupos sociales de cada país. Son foros multitudinarios que cada año se acrecientan con nuevos grupos procedentes de todos los países y de todos los sectores de la vida social, para denunciar los estragos producidos por la ideología y prácticas neoliberales en los grupos sociales marginados y el enorme enriquecimiento y abusos de los grupos de poder ya existentes. La brecha entre unos y otros cada vez es mayor y reclaman justo todo lo contrario. Se propone un modelo de Europa diferente al de la Convención que prepara la futura Constitución y se exige un proyecto de sociedad más justo, solidario e igualitario en todos los órdenes, entre los cuales se halla el de la comunicación.

Dentro de los medios entró tan bienintencionada como irreflexivamente la denominación de comunicación social. Sirvió como ocultación de un modelo unidireccional e impostor por parte del emisor, en el que a los destinatarios de los mensajes nunca se les dio la palabra para convertir las situaciones en algo realmente comunicativo y social. Los medios de comunicación social han propiciado y mantenido una línea de refuerzo del orden económico establecido. La presencia de otros medios propiciadores de los cambios -como ocurrió en Europa en las décadas de los sesenta y setenta con las radios libres, televisiones independientes y medios alternativos, o en América Latina todavía en la actualidad con los medios populares y comunitarios- ha sido residual y con poca eficacia; y cuando han adquirido mayor auge, poco a poco y subrepticiamente los medios tradicionales han deglutido sus planteamientos y los han adaptado y camuflado en la línea que a ellos les interesa.

Pero los medios de comunicación y de información tradicionales han dejado al descubierto que cada vez hay mayores desigualdades comunicativas. No han contribuido a los equilibrios porque la comunicación social pretendida ha sido un mero señuelo pero no una realidad. Han utilizado la careta de los dos términos para hacer justo lo contrario de lo que ambos indican. Ni hay comunicación porque todo va en la dirección que la empresa propietaria quiere, ni es social porque no se ampara a toda la sociedad que la necesita. La información que propagan oculta los movimientos sociales reivindicativos. La pobreza y los grupos marginados sólo aparecen como coartada de atención a todos los temas aunque nunca por igual. Frente a la relevante presencia informativa de los poderes políticos y económicos sobresale la ausencia de los grupos sociales más desprotegidos, y cuando aparecen sólo se hace como conflicto radical, pero no se examinan las causas ni las consecuencias de su situación.

Tal vez el transcurso del tiempo y la perversión con la que se han empleado la expresión comunicación social han frenado la insistencia en la significación profunda de la denominación. Ha quedado muy bien como escaparate, pero no se le ha sacado el jugo que encierra. Parece un contrasentido que se exija ahora una economía social y una política social y que se abandone el concepto de comunicación social. Es en estos momentos cuando puede y debe adquirir un sentido pleno junto a la de economía social, política social, foro social y, en suma, junto a una concepción de lo social como la matriz de los procesos de convivencia y desarrollo de todas las comunidades y pueblos para eliminar la pobreza comunicativa de unos frente a la opulencia de otros y alcanzar mayores equilibrios.

La comunicación social no puede reducirse a la concepción neoliberal de emisores potentes y usuarios consumidores en la que predomina la relación oferta-demanda sobre todo cuando la demanda está orientada y educada para que se soliciten los productos comunicativos de mayor rentabilidad económica. Es preciso reinventar el concepto de comunicación social y solidaria como un proceso de potenciación del intercambio de mensajes y no de imposiciones directas o indirectas, como una participación de todos los usuarios y como una atención a los más desfavorecidos para conseguir los equilibrios de todos los grupos sociales. No puede estar apoyándose en el orden económico un enfoque de eliminación de la pobreza y mantener el predominio de la comunicación para los más favorecidos.

Hay que ampliar la reivindicación hacia una comunicación que elimine los terrenos de la pobreza en pro de una igualdad de acceso y de uso. Se ha hecho hincapié en la capacidad que debe tener todo usuario para elegir lo que quiera siempre dentro de un pluralismo, pero tal exigencia hay que ampliarla también al uso, es decir, a la apropiación, dominio y orientación de los medios para usos comunicativos sociales, culturales y educativos en los que el objetivo sea la dinamización de la comunidad implicada en la cobertura de cada medio. Es el momento de pasar de las concepciones intelectuales a las realidades sociales. El invento de la denominación de comunicación social fue un adelanto en el tiempo. El objetivo es hacerla realidad en nuestros días lo mismo que se pretende con el concepto de economía social o de empresas sociales.

Quiénes somos  Directorio  Anunciate  Criterios editoriales 
Suscripciones  Números anteriores  Sitios de interés Inicio

fundacionbuendia@prodigy.net.mx