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El esquema docente expone / alumno
toma nota, va quedando muy limitado en el contexto actual
de las nuevas tecnologías. Comienzan a tomar mayor
relevancia roles de relación como asesorar y hacer
tutoría y seguimiento del proceso de aprendizaje, diseñar
contenidos y materiales en espacios interactivos, promover
un aprendizaje crítico con una lógica cooperativa,
diagnosticar necesidades de formación específicas
de cada alumno, etc; o sea, se pasa de ser expositores a gestores
del conocimiento. Menos aprendizaje de memoria y más
rutas de autoaprendizaje y valores basados en la flexibilidad
y el esfuerzo propio.
Un concepto utópico para empezar el artículo
con más ilusión.
"Si acabamos produciendo una estructura
en el hiperespacio que nos permita trabajar juntos armoniosamente,
eso sería una metamorfosis. Aunque, espero, tendría
lugar de manera incremental, tendría como resultado
una gran reestructuración de la sociedad. Una sociedad
que pudiera avanzar gracias a la intercreatividad y la intuición
de grupo, en lugar del conflicto como mecanismo básico,
sería un cambio muy importante".1
Parece complicado aprovechar la experiencia
que nos ofrece el desarrollo de Internet para modificar las
formas de enseñar en las instituciones educativas.
Leí hace unos días en Clarín Digital
que casi el 50 % del plantel docente de la Universidad de
Buenos Aires trabajaban gratis, y profesores doctores, con
más de 20 años de antigüedad cobraban como
máximo 700 dólares. En estas condiciones parece
aún más difícil pedir transformaciones,
por lo que queda claro que si no comienza a resolverse el
problema global de financiamiento, cualquier análisis
se ve empañado por la crisis, y en Argentina todo parece
una enorme falta de respeto y degradación al ejercicio
de la docencia universitaria. A pesar de ser uno de los países
que peores salarios docentes pagan en Iberomérica,
no somos los únicos que percibimos que la universidad
está en crisis. México paga buenas remuneraciones
a tono con el prestigio de su universidad pública,
sin embargo también se sabe en crisis. Aquí
en España un salario mínimo en educación
universitaria no baja de los 1000 dólares, aún
siendo uno de los países mas rezagados de la eurozona.
Su sistema universitario crece en paralelo a su desarrollo
como país, pero se autoevalúa con un tono muy
crítico;
"La Universidad en nuestro país
representa, como pocos, un arquetipo de institución
fragmentada, jerárquica, desestructurada y con una
escasa implicación de sus públicos internos
en la gestión de su propio futuro, características
que se ven salpicadas con la necesidad del cambio, imprescindible
para garantizar su propia supervivencia".2
Haciendo notar estas diferencias salariales,
la mayoría de universidades sienten que están
en deuda aún con su adaptación pedagógica
a la revolución tecnológica que significó
Internet y las redes. La UNESCO viene proponiendo desde su
Conferencia Mundial de Educación Superior de1998 en
París, que "se debe aprovechar al máximo
el potencial de las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación para renovarse, ampliando y diversificando
la transmisión del saber. Y haciendo llegar el conocimiento
y la información a un público más amplio".
Es imposible hoy leer nuevas recetas pedagógicas
que no contengan el concepto de formación continua,
la idea de aprender toda la vida como superadora del aprender
de por vida al que estamos acostumbrados. En este mundo globalizado
e hípercompetitivo, la graduación universitaria
es sólo el comienzo de un vasto proceso de formación
que finaliza con nuestra jubilación.
Claro que en ese contexto, no sólo debemos
aprender de por vida, sino que es necesario modificar la forma
de hacerlo. Es obvio que ya no se trata de memorizar, sino
de aprender a obtener buena información, asociarla
entre sí, a comprender conceptos. El estudiante debe
aprender a aprender. Asimismo los docentes universitarios
deben autopromover el uso de las tecnologías para su
propia experiencia educativa, claro que para eso necesitan
ellos mismos aprender a utilizarlas con eficiencia, y esto
está aún lejos de suceder, tanto en España
como en Argentina. La inversión en formación
de profesores y en la contratación de expertos en tecnología
está muy limitada y experiencias como educ.ar son referenciales,
paradigmas de cómo se puede abordar el problema de
los contenidos en red.
El esquema docente expone / alumno toma nota,
va quedando muy limitado en el contexto actual de las nuevas
tecnologías. Comienzan a tomar mayor relevancia roles
de relación como asesorar y hacer tutoría y
seguimiento del proceso de aprendizaje, diseñar contenidos
y materiales en espacios interactivos, promover un aprendizaje
crítico con una lógica cooperativa, diagnosticar
necesidades de formación específicas de cada
alumno, etc; o sea, se pasa de ser expositores a gestores
del conocimiento. Menos aprendizaje de memoria y más
rutas de autoaprendizaje y valores basados en la flexibilidad
y el esfuerzo propio.
"En el aprendizaje, la memorización
no es la estrategia más adecuada. Sin embargo, otras
capacidades, como saber buscar información pertinente,
saber enjuiciarla críticamente, producirla o aplicarla,
comienzan a tener gran relevancia".3
Es imprescindible que el docente se familiarice
con las herramientas informáticas y, en el caso de
los docentes universitarios, con la forma de subir contenidos
en Internet, No estamos hablando de técnicas de una
universidad a distancia, sino de una herramienta complementaria
deseable, para que el docente proponga algún tipo de
formación en línea. Lo que no debe suceder -y
aún sucede en demasiadas ocasiones- es que la tecnología
sea más un obstáculo que un facilitador.
"El profesor no es quien dirige por entero
la experiencia educativa, sino que es más bien el encargado
de establecer y mantener un entorno que favorece el aprendizaje
de los alumnos participantes. (...). El profesor no es un
funcionario dentro de un sistema educativo reglamentado, sino
que es un "intermediario del conocimiento", que
actúa como tal entre los alumnos y los datos que buscan
para satisfacer sus necesidades de información individual".4
Según el autor, los 7 pilares de una
integración tecnológica satisfactoria son;
1. Es necesario que haya un apoyo activo desde
la dirección y gestión de los centros.
2. Un enfoque no autoritario es siempre el mejor.
3. Cada escuela debe tener su colectivo de profesores informatizados.
4. Los profesores deben ser los primeros en el compromiso
del proceso.
5. Tanto padres como alumnos deben participar en el proceso.
6. Es necesario desarrollar un programa permanente en capacitación
tecnológica.
7. Los profesores deben tener tiempo y libertad para reestructurar
su currículum en torno a la tecnología.
Es cierto que muchos aún pueden reclamar
para sus universidades mejores salarios, aulas en condiciones,
bibliotecas de calidad, y otras carencias significativas.
Estas demandas siguen siendo más prioritarias que la
informatización del colectivo de profesores. A esta
altura del debate, sabemos que universidades que no ofrecen
esas condiciones básicas están sumergidas en
un lento pero irremediable retroceso en la puja educativa.
Esto es lo que le está pasando, por ejemplo, a la Universidad
de Buenos Aires. Un prestigio histórico que se está
diluyendo en la incapacidad de ofrecer condiciones de calidad
en las infraestructuras, en los procesos y en el propio cuerpo
docente, cada vez menos competitivo y de menor formación
académica y profesional.
Cuando hablamos de una nueva pedagogía
basada en rutas de autoaprendizaje y contenidos en espacios
interactivos, damos por descontado que necesitamos condiciones
normales de las estructuras universitarias y crisis leves
que permitan iniciar esta transformación sin pensar
en problemas mayores. Si un profesor debe compartir ordenador
con 5 docentes más, si los alumnos no tienen posibilidades
de acceder a una infraestructura en tecnología, si
no existe personal técnico capacitado para cubrir las
mínimas necesidades de rutina, es imposible elaborar
agendas con contenidos interactivos. Pero en un entorno apto,
las posibilidades son enormes. Según Cabero5,
estas son las aportaciones de las nuevas tecnologías
de la información y comunicación a la enseñanza.
- eliminar las barreras espacio-temporales entre
el profesor y el estudiante.
- flexibilización de la enseñanza.
- ampliación de la oferta educativa para el estudiante.
- favorecer tanto el aprendizaje cooperativo como el autoaprendizaje.
- individualización de la enseñanza.
- potenciación del aprendizaje cooperativo como el
autoaprendizaje.
- individualización de la enseñanza.
- potenciación del aprendizaje a lo largo de toda la
vida.
- interactividad e interconexión de los participantes
de la oferta educativa.
- adaptación de los medios y las necesidades y características
del sujeto.
- ayudar a comunicarse e interaccionar con su entorno a los
sujetos con necesidades educativas especiales.
Alumnos e investigadores suelen trabajar en
solitario o en pequeños equipos y sus producciones
no son accesibles por muchas personas, siendo esto muy poco
estimulante en el proceso de formación y/o investigación.
Las redes permiten un mayor y más fácil acceso
a nuestras producciones y a la posibilidades de conocer nuevas
visiones y lecturas de fenómenos que ya conocemos.
Hablo de la conectividad, principio básico de la evolución
científica y del conocimiento. Es esta conexión
(con el entorno, con nuestros pares, con la comunidad científica,
con la sociedad, con el mundo) la que otorga significado al
proceso de aprendizaje. Y aunque algunos propugnen desarrollos
autónonos, no-tecnológicos, esto resulta sólo
un componente más de marginación en la inevitable
sociedad red.
"Es poco previsible que muchas sociedades
del mundo aborden por cuenta propia formas de desarrollo no
tecnológicas, entre otras razones porque los intereses
y la ideología de sus elites están profundamente
arraigadas en el actual modelo de desarrollo".6
Sólo luego de haber superado esta etapa
previa de la conectividad y de la reformulación de
un proceso de aprendizaje estático de por vida a una
dinámico toda la vida, podremos empezar a hablar de
la gestión del conocimiento de las instituciones universitarias.
Según Burbules y Callister, el más
importante de los cambios necesarios consta de dos partes:
pasar del enfoque de consumidor de la lectura a otro más
crítico, y modificar nuestro modo de concebir la obtención
de conocimientos, de una recepción pasiva de hechos,
a una construcción activa de la comprensión
por medio de la búsqueda, la selección y la
resolución de problemas.
NOTAS
1) Berners Lee, 2000:191
2) Losada Díaz, 2002: 19
3) Segura, en Martínez Sanchez. 2003:
122
4) Poole, 1997: 265
5) 200; 24
6) Castells, 2001: 298
Bibliografía
-BERNERS-LEE, Tim. 2000. Tejiendo la red. El
inventor del World Wide Web nos descubre su origen. Siglo
XXI. Madrid. Versión original en 1999.
-BURBULES, Nicholas C. CALLISTER, Thomas A
(h). 2001.
Educación: Riesgos y promesas de las nuevas tecnologías
de la información. Granica. Barcelona. Versión
original en 2000.
-CABERO Julio (editor). Nuevas tecnologías
aplicadas a la educación. Editorial Síntesis.
Madrid. No figura año de edición.
-CASTELLS, Manuel. 2001. La galaxia Internet,
reflexiones sobre internet, empresa y sociedad. Areté.
Barcelona.
-CORNELLA, Alfons. Hacia la empresa en red.
2003. Ediciones Gestión 2000. Barcelona.
LOSADA DIAZ, José Carlos. 2002. Prensa
e imagen corporativa en la Universidad. Fundación Universitaria
San Antonio. Murcia.
-MARTINEZ SANCHEZ, Francisco (compilador).
2003. Redes de Comunicación en la enseñanza.
Las nuevas perspectivas del trabajo corporativo.
Paidós. Barcelona.
-POOLE, Bernard. 1999. Tecnología educativa.
Educar para la sociocultura de la comunicación y del
conocimiento. Segunda edición. Mc Graww Hill. Versión
original en 1997.
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