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Sus respuestas son cortas, claras, firmes.
Son directas y prontas a responder. Granados Chapa no titubea,
contesta al instante y se muestra atento a la siguiente pregunta.
Se escribe a sí mismo con la claridad de una de sus
columnas.
Azul y blanco. No hay otro color a la vista
en Radio UNAM.
Al terminar su programa Plaza Pública,
Miguel Ángel Granados Chapa sale de la cabina satisfecho.
Trae las manos llenas de papeles, con un dedo sostiene una
taza de café y bajo el brazo aprieta el periódico
Reforma.
La entrevista transcurre en una salita azul
ubicada en la entrada de la radiodifusora
--¿Le gusta su vida?
--Sí, me gusta muchísimo, me gusta
su diversidad, su variedad. Me gusta que mi trabajo sea placentero
como lo es, no obstante que a veces en sus contenidos no lo
es tanto. Me gusta muchísimo ser periodista --dice
todo bajo el mismo tono de voz, suave y lineal.
Antes del programa, Granados Chapa acostumbra
leer ampliamente dos periódicos: el Reforma
y El País. Escucha la programación de
varias estaciones de los noticiarios matutinos. Este ejercicio
de sondeo es su desayuno diario. Dice que es una forma de
actualizar lo que ha preparado para su Plaza Pública
radiofónica.
Su trabajo periodístico es una mezcla
de su vida pública y privada, pero al mismo tiempo
cada una de éstas tiene su propio territorio, aclara.
No acepta ni un boleto para asistir gratis a cualquier espectáculo
por virtud de su trabajo:
--Es una cuestión de ética, no tengo por qué
no pagar el acceso a ciertos espectáculos. Soy una
persona como todas las demás y me atengo a las reglas
comunes.
--El periodismo -compara-- es como las artes o la investigación
científica que reclaman la entrega. Son tareas que
no se cumplen con horarios. Debe existir una búsqueda
de mejoría en la realización del trabajo. El
periodismo es una búsqueda permanente.
--¿Qué gana o pierde el periodista
a lo largo de su ejercicio?
--Se pierden amigos, se pierde privacidad. Y
se ganan también amigos, aunque menos de los que se
pierden. Se gana la posibilidad de contribuir a la ampliación
de los espacios públicos.
--¿Quiénes son los amigos que
le ha heredado el periodismo?
--Fernando Solana, Julio Scherer, que fueron
mis jefes. Manuel Buendía, que ya murió (fue
asesinado). Ellos son los amigos que el periodismo me trajo.
El periodismo no se sufre, sería muy exagerado llamarlo
así -replica--. Me han tocado épocas difíciles
de encarar, particularmente cuando trabajé en Excélsior
y el presidente Echeverría organizó una conjura
para echar al grupo que dirigía el periódico.
Ése fue un momento difícil, quizá lo
más cercano, pero sería pretencioso decir que
fue sufrimiento.
--¿Qué sintió entonces?
--Impotencia, temor, porque teníamos
amenazas de muerte a las que no podíamos ser insensibles.
Desencanto no, porque nunca pensé que el Presidente
fuera lo contrario de lo que estaba haciendo, pero sobre todo
impotencia y temor.
--¿Ha vuelto a sentirlo?
-- No, no en esa medida.
Sus respuestas son cortas, claras, firmes. Son
directas y prontas a responder. Granados Chapa no titubea,
contesta al instante y se muestra atento a la siguiente pregunta.
Se escribe a sí mismo con la claridad de una de sus
columnas.
Miguel Ángel Granados Chapa nació
en Mineral del Monte, en el estado de Hidalgo, el 10 de marzo
de 1941. Estudió dos carreras al mismo tiempo en la
UNAM: derecho por las mañanas, y por las tardes periodismo.
--Porque yo quería ser periodista. Yo
fui el primer miembro de la familia que ingresé a la
universidad, a ellos les parecía un poco riesgoso que
yo cursara una carrera que era nueva entonces. Hubo una presión,
materna sobre todo, y decidí no contrariar a mi madre,
pero tampoco contrariarme a mí mismo. Por esa razón
estudié dos carreras, pero con el ánimo siempre
de ser periodista.
Granados Chapa comienza a escribir en un semanario
dirigido por Manuel Buendía llamado Crucero.
El año de 1964 es el último de su estancia en
la Universidad y en esas fechas consigue también su
primer trabajo periodístico. Buendía lo prueba
asignándole la realización de una biografía
de Ezequiel Padilla, un político que había sido
candidato a la Presidencia de la República, después
se separó del Partido Social, y en aquél año
se volvió candidato a senador.
Mientras escucha música, bebe café
y contesta el teléfono, Granados Chapa escribe cuartillas
que no tienen que ver con la producción inmediata.
En la tarde-noche, entre las siete y nueve, avanza en su tesis
doctoral, pendiente desde su egreso del Departamento de Historia
de la Universidad Iberoamericana en 1992. Se trata de una
biografía de Jesús Reyes Heroles. También
tiene pendiente una biografía de Manuel Buendía
y el esbozo de una novela.
Es un hombre al que el periodismo le sabe a
helado de cajeta, un sabor agradable, fuerte y bien definido.
Es un periodista atormentado por la exactitud de sus palabras,
por la profundidad de sus críticas. Granados Chapa
vive mientras lee y escribe. Lee hasta ocho periódicos
al día -con mayor intensidad La Jornada y El
Universal.
--¿Qué se autocritica como
periodista?
--La falta de tiempo para una reflexión
y una búsqueda de información. Puedo pasar hasta
dos horas buscando un dato y ya en el momento mismo de escribir,
a veces con más frecuencia de lo deseable, incurro
en una inexactitud, en una interpretación insuficiente.
¡Eso me irrita y sin embargo está ahí,
es parte de mí mismo!
--¿Cuándo tiempo le dedica
a su columna?
--Buena parte del día. La escritura misma
es más o menos breve, una hora y media o dos. Pero
para llegar a ese momento hay mucho tiempo antes empleado
en la búsqueda de información, en la reflexión,
en las referencias.
--¿Por qué nombra "Plaza
Pública" a su columna?
--Porque es la idea que yo tengo del periodismo:
un lugar de encuentro con la gente como ocurre en el Zócalo.
--¿Qué detesta del periodismo?
--Ciertas prácticas del gremio, ciertos
comportamientos del poder. Por ejemplo, le platico: hace unas
semanas fui invitado por el periódico Síntesis
de Puebla, que también tiene ediciones en Tlaxcala
e Hidalgo. Fui invitado para ser una especie de ombusman
de los periodistas frente a eventuales agresiones, sobre
todo del poder público.
Se realizó una ceremonia muy rumbosa en el Palacio
Virreinal de Puebla. Fueron el gobernador, el presidente municipal,
los líderes del gabinete del gobernador. Se pronunciaron
varios discursos, todos lo cuales subrayaban la independencia
de los medios frente a los gobiernos, la necesidad de establecer
una distancia que evite la corrupción entre los medios
y el gobierno.
Y al terminar la ceremonia un miembro del gabinete, el secretario
de turismo del estado, me invita a que vaya yo con todo pagado
a visitar Puebla. Le dije: "oiga usted, no puedo oír
siquiera lo que me acaba de decir". Es deplorable. Ese
tipo de cosas me disgustan de este oficio.
La actual -señala-- es una época de retos y
oportunidades, hay una expansión de los medios que
no había hace 25 años. El campo de trabajo se
ha ensanchado, pero al mismo tiempo se ha angostado, porque
hay una gran cantidad de egresados de las escuelas de periodismo.
Los periodistas se enfrentan a un oficio mal pagado.
A los periodistas les pasa lo que a los maestros de primaria:
son oficios reconocidos socialmente, pero ese reconocimiento
no se refleja en buenas remuneraciones.
Cuenta que había un periódico
vespertino, Avance, en donde el dueño se ufanaba
de que no les pagaba a sus reporteros, es decir les daba credencial
y manos libres para que chantajearan, para que sacaran
dinero por donde fuera, a través del soborno.
--¿Y los periodistas jóvenes?
--Son poseedores de destrezas, son capaces de
emplear instrumentos muy novedosos. Los percibo más
curiosos, pero también los percibo a veces menos vehementes,
menos ganosos de hacer el trabajo, como más proclives
a la rutina.
Hace cuarenta años había una gana de construir
el horizonte, de vivir en sociedad --relata con nostalgia
y por fin eleva la voz entusiasmado por el recuerdo--. Hoy
es una época en que la juventud tiene menos alicientes,
no hay estímulos históricos, digamos que no
hay utopías que construir, se ha perdido la gana de
construir mundos nuevos, hay un cierto conformismo, hay una
búsqueda de salvación individual más
que social.
--¿Cuál es su opinión
sobre la forma de hacer periodismo hoy?
--Tiene claroscuros. Es un periodismo más
amplio, más libre, pero también tiende más
al amarillismo, a lo superficial, a tocar muy circunstancialmente
temas que luego abandona.
--¿El periodismo en un gobierno foxista?
Una risita discretamente burlona precede su
respuesta:
--Dice Carlos Monsiváis que antes se requería
valor para atacar al Presidente. Ahora se requiere valor para
defenderlo. Hay una gran apertura de crítica hacia
su gobierno, que es sana y útil pues permitirá
la consolidación de la democracia electoral.
Granados Chapa suele ser solemne cuando habla
y escribe. No le gusta la presentación de un lenguaje
chabacano, demasiado coloquial ni en los espacios políticos
ni en lo medios de comunicación:
--Dice el Presidente de la República:
"hay que echarle ganas". Esas expresiones me parecen
impropias de un espacio compartible.
--¿Qué se espera en el periodismo
para los siguientes años?
--El periodismo impreso va a poner mayor énfasis
en el análisis, porque la información va estar
disponible cada vez más de modo directo a través
de Internet para todos. Entonces, los periódicos van
a informar menos. Lo que se va requerir es una interpretación
de datos.
--¿A dónde va, qué hace después
de su programa?
--Suelo desayunar con personas con quien tengo
algún contacto profesional, gente que me va a ofrecer
alguna información que yo después conjunto para
tener criterio sobre ciertos temas. Luego leo los periódicos
y escribo.
Miguel Ángel Granados Chapa saluda al bajar las escaleras.
Sale acompañado, atraviesa la avenida Xola, luego la
lateral de Rafael Dondé y en la esquina de Adolfo Prieto
entra al Sanborn´s tienda-restaurante. Ahí, el
columnista desayunará. En su casa o en su oficina de
Pitágoras 1143 revisará los periódicos.
Después escribirá.
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