El periodista debe tener siempre como lema
la búsqueda de la verdad, sin anteponer sus prejuicios
ni valoraciones propias, consciente de que el error es tolerable
pero jamás la mala fe en la distorsión o parcialidad
de las noticias con la intención de quedar bien con
sus convicciones personales o con la fuente informativa.
1. Amarás la verdad sobre todas
las cosas
Ben Okri, uno de los mejores escritores nigerianos contemporáneos,
ganador en 1991 del principal galardón literario de
Gran Bretaña, el Boker Prize, al ser entrevistado
por Silvia Lemus expresó en forma contundente:
Yo di con la literatura a través de Platón.
Esa división platónica del mundo real y el mundo
ideal, y esas formas ideales, creo que hasta cierto punto
se pueden ver subliminadas en The fami-shed Road".1
Creo --continúa el ilustre africano-
que la gran imagen de metáfora que ha tenido un
gran impacto en mi imaginación es la historia de
Platón sobre la caverna, que es muy famosa; pero
para mí, descubrir eso a los 14 o 15 años
de edad significó un impacto enorme.
Quiero decir que después de eso,
no pude creer eternamente, ni confiar en lo que se describe
como realidad ortodoxa; después de ese encuentro
con Platón no podías aceptar que lo dicho
por los demás eran real. Se instalaba esa duda en
tu cabeza: que la realidad es mucho más de lo que
percibimos, de lo que de hecho vemos...
El escritor, formado en Londres, nos recuerda
el episodio de Platón que tanto nos debe servir a
los periodistas para no engañarnos con las sombras
que no son más que atisbos de la realidad, pero que
distan mucho de ser la verdad auténtica.
José Saramago, Premio Nóbel
de Literatura en 1998, escribió con el mismo título
una de sus magistrales obras, La Caverna, que es
una versión actual del mito platónico, donde
los hombres, encerrados en una caverna, creen que las sombras
que vienen del exterior y se reflejan en la pared son la
realidad, y no lo que pasa afuera.
Yo os pregunto -indica el escritor portugués-
si no os parece que, a lo largo de estos miles de años
desde Platón, jamás en la historia de la humanidad
estuvimos tan en la caverna de Platón como ahora.2
El mensaje, obviamente, no va dirigido en
forma exclusiva a los periodistas, pero es a ellos a quienes
más directamente impacta por los riesgos que se corren
al ser combativos en la búsqueda de la noticia o
en el enfoque de un comentario y creer que están
retratando nítidamente la realidad a fin de orientar
a la opinión pública en cuanta decisión
le imponen los acontecimientos sobresalientes.
Albert L. Hester, en su libro Manual para
periodistas del tercer mundo, refiere lo que Paul Watzalawick
advirtió en su libro How Real Is Real?:
El error más peligroso de todos consiste en creer
que sólo existe una realidad; de hecho existen muchas
versiones diferentes de la realidad, algunas de las cuales
son contradictorias, pero todas son resultado de la comunicación
y no reflejos de verdades eternas y objetivas.
Y agrega Hester:
Lo que es un hecho para una persona, es ficción
para otra. E incluso, cuando pensamos en hechos tan elementales
como que el fuego inevitablemente quema, debemos recordar
también que los caminantes sobre fuego en el Pacífico
sur caminan sobre lechos de carbones calientes con toda
facilidad, negando nuestra realidad con una propia que es
completamente diferente.3
Sin embargo, el periodista debe tener siempre
como lema la búsqueda de la verdad, sin anteponer
sus prejuicios ni valoraciones propias, consciente de que
el error es tolerable pero jamás la mala fe en la
distorsión o parcialidad de las noticias con la intención
de quedar bien con sus convicciones personales o con la
fuente informativa.
Berttolt Brecht, poeta y dramaturgo nacido
en Alemania en 1898 y fallecido en 1956, dejó Las
cinco verdades para recomendar lo conducente a quien
pretende combatir la mentira y la ignorancia:
Debe tener el valor de escribir la verdad, aunque en
todas partes la sofoquen; la sagacidad de reconocerla, aunque
en todas partes la desfiguren; el arte de hacerla manejable
como arma; el juicio de escoger a aquellos en cuyas manos
resultará más eficaz; y la maña de
propagarla entre los destinatarios.
2. No jurarás
el nombre de la ética en vano
La ética no siempre forma parte explícita
del conjunto de pautas y valores en el periodismo, sostiene
Raúl Trejo Delarbre. O dicho de otra manera: los
principios que pudieran considerarse como éticos
no son traducidos de las mismas formas, con los mismos códigos,
por todos los que practican el oficio periodístico.
"Cada quien su ética", llega a pensarse,
en esa mezcla de complacencia y desfachatez con la que,
más a menudo de lo deseable, se ejerce el periodismo.4
No por nada la ética es el punto nodal
del periodismo. Y el respeto a la misma debe ser insoslayable
en todas las profesiones y en cualquier actividad humana.
Pero a fuerza de manosear tanto este concepto y definir
cada quien a su manera y según su conveniencia el
término ancestral que nos legaron los griegos aristotélicos,
hemos llegado a hacer a un lado los principios básicos
del periodismo, en algunos casos, con tal de ganar una primicia
o llamar la atención con titulares estridentes, escándalos
al por mayor y la invasión de la vida privada de
los personajes públicos, lo cual no contribuye a
documentar una cultura política más civilizada
y enterada, sino a produndizar en la incultura del chisme
y la murmuración, y que está apostando a un
sistema informativo muy barato o muy ligth.
3. Santificarás
las honras
La honra propia y la honra ajena deben ser punto de referencia
del periodista para mantener su buen nombre en los medios
de comunicación y para guardar respeto a los demás.
Que nuestra ligereza no provoque más
la ironía de los humoristas como Georges de la Fourchadiére,
quien en 1920 escribió:
En el mundo hay dos actividades que no requieren preparación
alguna: la actividad de los banqueros, quienes juegan con
el dinero de los demás, y la actividad de los perodistas,
quienes juegan con la honra de sus conciudadanos.5
Recuérdese que la mancha de tinta de
la prensa no se limpia ni con todo el detergente del mundo.
4. Amarás a
tu jefe y a tu empresa
Respetar y obedecer a quien representa la autoridad es un
importante precepto. Sin embargo, hay que distinguir entre
la sumisión ciega y la disposición razonada,
sobre todo en estos tiempos de diálogo franco y de
pluralidad de pensamientos y voces.
El que paga manda, aunque a veces no sepa
mandar. Eso no lo olvide el periodista ni nadie que quiera
sobrevivir en cualquier centro de trabajo. Pero no es lo
mismo la lealtad y la entrega laboral que el fatalismo o
la ceguera ante la realidad, pues siempre es una falla de
las relaciones humanas no hacerse escuchar como subordinados
y cerrarse a expresar los propios puntos de vista, con ecuanimidad
y aseo.
La lealtad, en fin, no es despojarnos de nuestra
libertad, ni mucho menos arrastrarse y pasarla en un mundo
de explotación y esclavitud.
5. No difamarás
Pedro Ferriz de Con es un locutor que sabe lo que es pagar
caro difamar a Julio Scherrer García, entre otros,
pues al locutor del Grupo Imagen se le hizo fácil
el 25 de septiembre de 1995 decir a través del micrófono
en su programa Para Empezar que contaba con las pruebas
de que él fundador del semanario Proceso había
depositado cinco millones de dólares en un banco
estadunidense.
Scherer puso la demanda el 27 de septiembre
por difamación y calumnias:
La credibilidad de un periodista -dijo don Julio-,
en este caso la mía, depende de su integridad
personal y de una fama pública limpia. [...] Manifiesto
que nunca he depositado alguna cantidad en el extranjero
ni he tenido relación de ninguna especie con ningún
banco de Estados Unidos.
La respuesta de Ferriz de Con fue muy burda:
Me extraña que Scherer me demande por lo que él
practica todas las semanas. Ésta sería una
por las 20 mil que ha hecho como periodista y, si es así,
lo contrademandaré.6
Este caso se definió con un perdón
ofrecido por el conductor a Scherer, pero dejó la
gran lección de lo que significa el atrevimiento
de lanzar al aire acusaciones sin pruebas, lo que jamás
debe ocurrir en el medio periodístico honesto y serio.
6. No invadirás
la vida privada
Una vertiente del sensacionalismo es la intromisión
en la vida privada de los personajes públicos, que
a últimas fechas ha sido la constante en los medios
televisivos e impresos, especialmente cuando a las figuras
del espectáculo les interesa que se hable de ellas,
aunque a costa de su intimidad, y filtran datos que sirvan
de pista a los informadores profesionales.
Pareciera que el tema es pan de cada día
en programas de reality show y en otros televisivos
en México como Ventaneando o La Oreja,
sólo con fines de rating, pero la prensa no se ha
querido quedar atrás y su despliegue no tiene límites
en torno al morbo sobre la muerte de la princesa Diana.
Simple y sencillamente lo privado que no afecta
a la actividad pública de los protagonistas de una
nota ni trasciende el entorno de su intimidad, ha de quedarse
guardado discretamente, resistiendo la tentación
del escándalo y la ligereza de todo periodista que
se precie de respetar su profesión.
7. No hurtarás
Dice Trejo Delarbre que la prensa que sólo sirve
para vender planas de publicidad, es negocio pero no servicio.
Pero es peor cuando en muchas publicaciones la publicidad
se confunde con la información y al lector se le
brindan anuncios disfrazados de noticias.7
Sin embargo, cuando se tiene como prioritario
el criterio financiero no se está rompiendo el principio
de la honestidad, el cual sí cae por los suelos cuando
se lucra al callar las noticias que los poderosos no quieren
que trasciendan o al vender la pluma al que mejor
paga, a costa de la imparcialidad.
No hurtar es también no robarle a la
opinión pública su sagrado derecho a saber
lo que tiene que saber ni regatearle todos los datos que
merece conocer.
8. No levantarás
falso testimonio ni mentirás
La primera de todas las fuerzas que dirigen al mundo actual
es la mentira. Aun así, la verdad seguirá
siendo un valor fundamental del derecho a informar y a ser
informado. Sin embargo, los que recogen la información
parecen tener como preocupación dominante el falsificarla,
y los que la reciben, la de eludirla.8
La realidad apabullante y contradictoria para
muchos periodistas de hoy es que podrán ser muy populares
y famosos, ni duda cabe, pero gozan de poca credibilidad,
sobre todo aquellos que ocultan sus mentiras en muletillas
de la profesión: "una fuente bien informada",
"un vocero que pidió omitir su nombre"
o en los "se dice", "se comenta", etcétera.
9. No insultarás
Lugar especial en la comunicación humana merece el
lenguaje. Se trata del sistema de signos hablados o escritos
que es fruto de una larga tradición que interpreta
el mundo de una manera peculiar. El lenguaje es un medio
integral de comunicación que atrae los espíritus
y logra acercarlos o distanciarlos afectivamente. Gran parte
de la vida de los hombres, en lo personal y en lo social,
gira en torno a este sistema esencial de comunicación
que está al alcance de todos... Y puede generar amor,
vida y comunión, o convertirse en fuerza de odio,
muerte y ruptura.9
El periodista que no respeta el uso de sus
palabras puede ofender con el significado que despierta
en el receptor y crear casos de racismo, inclusive. Porque
una cosa es el estilo desparpajado o irónico, producto
del humor fino, y otra muy distinta la injuria y la maledicencia,
que a veces raya en lo vulgar y corriente en los medios.
10. No prejuzgarás
Prejuzgar es adelantarse a las conclusiones en torno a las
personas y a los hechos sin conocerlos cabalmente, como
ocurre cuando se descalifica a alguien sin haber cruzado
palabra con él o cuando se le mira con desprecio
sólo porque ostenta el color de un partido político
o de un signo religioso, sin darle oportunidad a revelarse
por sí mismo en su forma de ser.
Prejuzgar en el periodismo es tan riesgoso
como generalizar, pues el profesional de la noticia que
se deja llevar por mitos o referencia infundadas o no comprobadas,
puede terminar en una vergonzosa cerrazón que le
impide valorar con justicia la conducta de las personas
públicas.
NOTAS
1) Silvia Lemus en el
mensuario Nexos, julio de 1995, pp. 55-56.
2) José Saramago, entrevista en El
País, Madrid, España, 10 de octubre de 1998.
3) Albert L. Hester, Manual para periodistas
del tercer mundo, Trillas, México, 1990, p. 18.
4) Raúl Trejo Delarbre, "Periodismo:
la ética elástica", en Nexos, México,
julio de 1995, p. 67.
5) L. Arroyo, La vida en un chip, Madrid,
1985, p. 201.
6) Reforma/El Norte, 28 de septiembre de
1995, primera plana.
7) Raúl Trejo Delarbre, "Periodismo:
la ética elástica", en Nexos, México,
julio de 1995, p. 70.
8) Jean-François Revel, "La
connaissance inutile" (El conocimiento inútil),
Planeta, Barcelona, 1989.
9) Hacia una Teología de la Comunicación,
Consejo Episcopal Latinoamericano, Publicaciones Paulinas,
México, 1998, p. 35.