Apoyar en las políticas
sociales de desarrollo local y responder con diversidad informativa
a las problemáticas de la comunidad son rasgos indispensables
para las radios comunitarias.
Este movimiento se articula
formalmente a nivel mundial en 1983, cuando 600 radialistas de
diversos países crean la Asociación Mundial de Radios
Comunitarias (AMARC). En la actualidad, tal organismo tiene presencia
en 102 naciones de los cinco continentes.
En nuestro país,
la radio comunitaria tiene más de tres décadas,
pero con pocas posibilidades de permanencia: desde el modelo utilizado
para la alfabetización en zonas rurales, mejor conocida
como escuela radiofónica, como sucedió en el Valle
del Mezquital, Hidalgo, pasando por emisoras que reivindicaban
posturas políticas para la democracia en nuestro país,
como Radio Pirata y Televerdad que tuvieron corta vida, hasta
las experiencias más recientes tanto en el campo como en
las ciudades.
Sólo Radio Huayacocotla
y Radio Teocelo, ubicadas en el estado de Veracruz, han podido
transmitir consecutivamente por más de 37 años.
La primera difunde por onda corta y aunque desde 1978 ha solicitado
el permiso para transmitir en señal abierta, sus esfuerzos
han sido infructuosos. La segunda es la única emisora comunitaria
que cuenta con permiso en nuestro país.
El movimiento mundial
de radios comunitarias ha pasado por varias etapas. Empezó
con la modalidad de escuela radiofónica en los años
cuarenta en Sutatenza, Colombia. Después pasó a
reivindicar posturas de lucha social y se llamó radio popular.
En los años ochenta empezó a tener identidad como
radio comunitaria y en los noventa como radio ciudadana.
En los últimos
años se habla cada vez más de radio comunitaria
y ciudadana, que se define así en la medida que su misión
se relaciona directamente con el ejercicio de los derechos ciudadanos:
Las radios comunitarias y ciudadanas son espacios de recomposición
del tejido social: son lugares de representación de diferentes
identidades culturales y de construcción de la democracia,
pues ejercer ciudadanía es dejar de ser neutrales.1
La radio comunitaria
busca mostrar la diversidad y la riqueza de los diferentes sectores
y movimientos sociales; defender la legalidad democrática,
propiciando la focalización de problemáticas específicas;
y erigirse como tribuna abierta para toda sociedad. En suma: se
dirige a sectores concretos de la población: mujeres, niños,
campesinos, indígenas, organizaciones populares, ambientalistas,
jóvenes, sectores barriales, entre otros. Su principal
sello es el servicio público sin fines de lucro: la construcción
de ciudadanía.
La defensa de los derechos
humanos, la promoción de un desarrollo humano sostenible,
la equidad de género, el respeto a las identidades étnicas,
la preservación del medio ambiente, el protagonismo de
los jóvenes y sus propuestas, la protección a la
niñez y a las personas adultas mayores, la educación
y la salud, así como la integración nacional y regional
constituyen prioridades y perfiles de las radios comunitarias.
Las
tres P
Hay una tendencia a pensar
que lo comunitario se refiere al tamaño y/o a un área
geográfica en específico. Para muchas personas radio
comunitaria es sinónimo de radios pequeñas de baja
potencia, recluidas en algún lugar perdido de un pueblo,
de quién sabe dónde. En pocas palabras: se les identifica
con las características de las tres P: pocas, pequeñas
y pobres.
Pocas. En el mundo,
y en especial en América Latina, existen centenas de radios
comunitarias a pesar de las restricciones para acceder a las frecuencias,
de los constantes ataques a sus miembros, y de la incautación
de equipos por parte de las autoridades. Estas emisoras tienen
cada vez mayor presencia debido al descontento social por el papel
que juegan los medios tradicionales, donde la rentabilidad comercial
y política aplastan y casi invisibilizan su verdadera función
social.
Pequeñas.
Ciertamente una radio comunitaria puede ser una emisora de baja
potencia en alguna localidad pequeña, pero también
lo puede ser una estación en una gran ciudad con una potencia
suficiente para cubrirla, ya sea en AM o FM. Lo comunitario se
refiere a una comunidad de intereses. Así, la comunidad
de jóvenes de una ciudad o de una localidad en el campo
puede ser grande o pequeña, pues tal sector está
en todas partes.
Pobres. Existe
la tendencia a creer que una emisora con compromiso social es
un proyecto pobre, con una visión misionera que apenas
si sobrevive con donativos y no tiene publicidad ni venta de espacios.
Las emisoras comunitarias que reciben financiamiento suficiente
para mantenerse al aire son privilegiadas, sin embargo no siempre
existe esa oportunidad. Lo deseable es buscar formas de sostener
y hacer rentable la emisora. No se trata de hacernos ricos, pues
nuestro fin no es el lucrativo, pero sí generar todas aquellas
actividades que permitan entradas económicas para que la
radio pueda cumplir con su función de servicio público
y garantizar la permanencia del proyecto social.
Ataque
frontal
A partir de la celebración
del Quinto Congreso Mundial de AMARC en México, llevado
a cabo en Oaxtepec, Morelos, en agosto de 1992, las experiencias
de radio comunitaria en nuestro país empezaron sus primeras
articulaciones como red. Sin embargo, la sistemática persecución
del Estado hacia estas emisoras -con una política de negación
de permisos, requisitos inalcanzables y cierres- impidió
el crecimiento y permanencia de los proyectos. Además,
en un país donde la normatividad para acceder a frecuencias
por parte de los grupos ciudadanos es prácticamente inexistente,
las salidas legales se veían casi imposibles, porque tal
como están las reglas del juego o se es un medio comercial
o un medio de Estado con subsidio, pobre y raquítico pero
asegurado.
Durante mucho tiempo,
la referencia de la radio comunitaria en México fueron
las radios indigenistas, pertenecientes al extinto Instituto Nacional
Indigenista, hoy Comisión de Desarrollo de los Pueblos
Indígenas. La participación sistemática de
las comunidades indígenas en las emisoras y el servicio
público que prestan se identificó rápidamente
con los principios de la radio comunitaria. De hecho, la red de
AMARC México tenía como mayor número de participantes
a esas radios. Una discusión recurrente era si podía
considerárseles radios comunitarias, pues finalmente la
propiedad del medio es del Estado y respondía más
a las políticas indigenistas. Lo cierto es que tales emisoras
durante 25 años han prestado un servicio público
que se reconoce como de perfil comunitario.
Las experiencias previas
de una radio alternativa llevaron en 1999 y especialmente en 2000
a que diversos proyectos comenzaran a nacer. La posibilidad en
2001 de una reforma integral a la Ley Federal de Radio y Televisión,
en la llamada Mesa de Diálogo que convocó la Secretaría
de Gobernación con la sociedad civil involucrada, y que
más tarde tuviera su triste fin con el decretazo del 10
de octubre de 2002, abrió una pequeña esperanza
de que por fin los medios comunitarios pudieran ser reconocidos.
En agosto de 2002, la
AMARC realizó el primer Festival de los Medios Comunitarios
y Ciudadanos en la Ciudad de México, que convocó
a más de 300 participantes de emisoras comunitarias de
todo el país. El motivo era dar a conocer su trabajo y
pedir una legislación que los contemplara. En ese mismo
tiempo, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT)
cerró la emisora mixe Jen Poj de Santa María Tlahuitoltepec
a denuncia expresa del Ejército Mexicano.
Tanto la convergencia
de los proyectos como los cierres de emisoras, aunado a una campaña
pública por parte de los voceros de los concesionarios
y la noticia de un inminente cierre masivo de radios llamadas
clandestinas, logró una articulación inusitada de
las radios comunitarias, que retomaron su identidad y se deslindaron
de los términos de "radios subversivas y proguerrilleras".
Ante el ataque frontal
del Estado y de los concesionarios a las emisoras comunitarias
que las acusaban de estar en la ilegalidad y la piratería,
emergió un debate público directamente relacionado
con el Derecho a la Información y la Libertad de Expresión.
A través de una campaña nacional e internacional
empezó el apoyo al movimiento de las radios comunitarias.
La denuncia, y poner el tema en la mesa de discusión pública,
llevó a que el Gobierno Federal, a través de la
Secretaría de Gobernación, iniciará una interlocución
con las radios comunitarias integradas en AMARC.
Los primeros encuentros
con los funcionarios federales acusaron un profundo desconocimiento
del fenómeno de los medios comunitarios. Con documentos
en mano demostramos que si las radios transmitían sin las
autorizaciones correspondientes era porque la propia SCT imponía
requisitos tan altos como pedir un millón de pesos para
la creación de un fideicomiso, más 52 mil pesos
como fondo de garantía, así como comprometerse a
no pasar ningún patrocinio en su programación. Lo
anterior se exigía en el mejor de los casos, pues la mayor
parte de las solicitudes ni siquiera eran contestadas.
Así, las autoridades
impiden el derecho a expresar nuestras opiniones y el derecho
de los demás a recibir informaciones e ideas diversas y
plurales.
¿En que se convierte la importante conquista de la libertad
de expresión como un derecho humano de todas las personas,
si no tenemos la misma libertad para fundar una radio o utilizar
un canal de televisión como lo hacen quienes detentan el
poder económico?
El interés de
la ciudadanía por impulsar espacios de radiodifusión
comunitaria habla de un real avance democrático en nuestro
país, de un entendimiento acerca de la importancia del
desarrollo social integral, equitativo y justo, y de una promoción
de una cultura política de respeto, tolerancia, donde la
sociedad participa, opina y genera propuestas corresponsables.
Así, por ejemplo,
La Voladora Radio, ubicada en Amecameca, Estado de México,
atiende la contingencia volcánica que desde hace años
tiene la zona a través de programas que ayudan a sensibilizar
acerca de la protección civil. Su barra incluye un perfil
dirigido a los jóvenes suburbanos, en un lugar en el que
difícilmente hay opciones para tal sector. En esta emisora
participan numerosos grupos sociales: artistas locales, organizaciones
ambientalistas y filantrópicas. Incluso muchos de los ingresos
por concepto de actividades artísticas que la radio realiza
se destinan no solamente para cubrir sus gastos, sino también
para apoyar a organismos de ayuda social como casas especializadas
en discapacidad visual.
Camino
tortuoso
De acuerdo con la palabra comunidad que "designa la unidad
básica de la organización social y horizontal",
la radio comunitaria "usualmente es considerada como complemento
de las operaciones de los medios tradicionales, y como un modelo
participativo de administración y producción de
medios"[...] La necesidad creciente de expresión de
las mayorías y minorías sin acceso a medios de comunicación,
y su reivindicación del derecho de comunicación,
de libre expresión de ideas, de difusión de información
hace imperante la necesidad de buscar bienes y servicios que les
aseguren condiciones básicas de dignidad, seguridad, subsistencia
y desarrollo.2
México, país
firmante de la Convención Americana de Derechos Humanos,
está obligado a cumplir con lo establecido por la Relatoría
en materia de Libertad de Expresión y generar las condiciones
para que los ciudadanos accedamos a las frecuencias radioeléctricas.
Sin embargo, la actual Ley Federal de Radio y Televisión
deja a total discrecionalidad del Poder Ejecutivo, en este caso
a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, determinar
quién puede o no acceder a un permiso o una concesión.
De esa suerte se maneja el espectro radioeléctrico -propiedad
de todos los mexicanos- con poca transparencia, contraviniendo
así los mínimos estándares internacionales
en la materia.
Por toda esa situación,
el Relator Especial de Libertad de Expresión de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), estableció en
su informe de 2003 lo siguiente:
Dada la importancia que pueden tener estos canales de ejercicio
de la libertad de expresión comunitaria, resulta inadmisible
el establecimiento de marcos legales discriminatorios que obstaculizan
la adjudicación de frecuencias a radios comunitarias [...]
Por lo expresado, la Relatoría entiende que el Estado Mexicano,
en su función de administrador de las ondas del espectro
radioeléctrico, debería promover las reglamentaciones
que permitan asignarlas de acuerdo con criterios democráticos
que garanticen una igualdad de oportunidades a todos los individuos
en el acceso a los mismos.3
También en su
diagnóstico sobre México, el Alto Comisionado de
la Naciones Unidas para los Derechos Humanos estableció,
entre los puntos prioritarios, facilitar los permisos para las
emisoras comunitarias. Dicho diagnóstico fue entregado
al Presidente de la República en diciembre de 2003.
Después de mucho
insistir, finalmente en noviembre pasado, autoridades de la Unidad
de Derechos Humanos y de la Dirección de Radio Televisión
y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación
realizaron una gira para conocer qué son y qué hacen
las radios comunitarias. En cada una de ellas encontraron una
amplia base social que trabaja y beneficia a su comunidad. Las
organizaciones sociales, instituciones estatales, federales y
los ciudadanos comunes testimóniaron cómo la radio
ha sido fundamental para que sus comunidades tengan información
útil y puedan discutir y construir propuestas corresponsables
para la resolución de sus problemas.
En Radio Calenda "La
Voz del Valle", ubicada en San Antonino Castillo de Velasco,
Oaxaca, el pintor oaxaqueño Francisco Toledo señaló
a las autoridades de Gobernación que la radio es indispensable
para 55 comunidades que reciben su señal. Allí mismo,
junto con otras 30 personas, representantes de organizaciones
e instituciones, la encargada de comunicación del Consejo
Estatal para el Sida afirmó que la radio presta un servicio
fundamental para dar información a la gente en su propio
idioma (el zapoteco), ya que los graves procesos de migración
han provocado el incremento del número de infecciones por
VIH.
En la Voladora Radio,
los más de 20 voluntarios reafirmaron que su presencia
en Amecameca, Estado de México, orienta y protege la vida
de la gente ante la contingencia volcánica.
En esa misma coyuntura,
la Cámara de Diputados aprobó un punto de acuerdo
político a fin de pedir al Gobierno Federal el cese al
hostigamiento a las radios comunitarias y legislar para el reconocimiento
de estos medios. No llegó a ser más que eso, un
punto de acuerdo, pues el propio presidente de la Comisión
de Radio, Televisión y Cinematografía, Javier Orozco,
en declaraciones públicas ha puesto en claro que no apoyará
ni atenderá el tema.
Aun con un proceso de
diálogo en Gobernación, en septiembre del año
pasado, la SCT intentó cerrar La Voladora Radio, acción
que no se pudo concretar por la defensa de los propios trabajadores
y gente que apoya esa emisora. Más tarde, en diciembre,
la SCT nuevamente inició los hostigamientos y cerró
tres emisoras campesinas en Jalisco.
Sin
avance
Ante la falta de garantías
para continuar en pláticas con el Gobierno Federal, la
CIDH aceptó la petición que hiciéramos la
AMARC, la Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción
de los Derechos Humanos (CMDPDH) y el Centro por la Justicia y
el Derecho Internacional (CEJIL), para que supiera de los nulos,
avances en el tema. Ante ello dicho organismo internacional pidió
la presencia del gobierno mexicano para conocer su postura. La
audiencia se llevó a cabo el 3 de marzo de 2004 en Washington.
En ella, las organizaciones establecimos que la constante contradicción
interna del Gobierno Federal ha impedido avanzar en el tema, pues
mientras por un lado la Secretaría de Gobernación
había abierto algunos canales de diálogo, la SCT
no respetaba tal proceso.
El Gobierno Federal,
representado por el director de Derechos Humanos de la Secretaría
de Relaciones Exteriores, afirmó que en nuestro país
había garantías plenas para ejercer la libertad
de expresión y una prueba contundente era el reglamento
emitido el 10 de octubre. En la réplica, las organizaciones
peticionarias aseguramos que el documento sobre tiempos oficiales
referido, había pasado por encima del diálogo con
todos los actores sociales y no respondía de ninguna manera
a la demanda de acotar la discrecionalidad del Poder Ejecutivo
para otorgar concesiones y permisos.
Ante los cuestionamientos
de los comisionados del organismo internacional, el representante
del gobierno mexicano se comprometió a buscar los mecanismos
de diálogo y solución a fin de que la normatividad
interna en la materia se adecue a los estándares internacionales
del derecho a la libertad de expresión.
La AMARC ha entregado
algunos expedientes de las radios a fin de que la SCT tenga elementos
para determinar los posibles criterios por aplicar para la emisión
de permisos. Sin embargo, el pasado 28 de mayo, la SCT notificó
a los representantes legales de La Voladora Radio de Amecameca,
Estado de México; Radio Calenda de San Antonino, Oaxaca,
y a Radio Bemba, de Hermosillo, Sonora, que debido a que están
en transmisiones no es posible atender a sus solicitudes de permiso.
Además, la SCT establece que de no dejar de operar inmediatamente
procederá al aseguramiento de las emisóras, incluyendo
sus bienes inmuebles.
Estas respuestas fueron
una clara violación al compromiso del Estado mexicano ante
la CIDH y al acuerdo político al que habían llegado
el secretario de Gobernación, Santiago Creel, y el secretario
de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, el 14 de abril
pasado. En tal convenio se había establecido revisar caso
por caso a fin de facilitar el otorgamiento de permisos para la
operación de las radios, como parte de la solución
a una demanda social creciente en nuestro país orientada
a que los grupos ciudadanos, respaldados por un proyecto social,
operen sus propias frecuencias para ejercer su libertad de expresión
a través del soporte técnico de la radiodifusión.
Criterios
claros
Durante más de
año y medio en espera de una solución para las radios
comunitarias, la AMARC no ha dejado de reiterar en que se deben
emitir criterios públicos claros y transparentes para otorgar
permisos, como una obligación del Estado, pues la discrecionalidad
genera incertidumbre jurídica y legaliza la exclusión.
La realidad demostró
el uso de estas facultades discrecionales cuando la SCT prefirió
darle a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los
Pueblos Indígenas (CDI), en marzo pasado, permisos para
tres emisoras en Michoacán, bajo el modelo de que la institución
tiene la titularidad de los permisos y un grupo de ciudadanos
en las comunidades operen emisoras de baja potencia, tal como
lo ha hecho esta institución en Yucatán. La SCT
otorgó los permisos a la CDI en tres meses, mientras que
a las emisoras comunitarias les respondió con una negativa
siete meses después, ante la demanda pública de
que diera respuestas a peticiones concretas.
En la entrega de esos
permisos, la SCT a través de su titular, Pedro Cerisola,
declaró que los solicitantes de permiso para una emisora
comunitaria deberán acercarse a la CDI. Ello es una respuesta
poco institucional a una demanda ciudadana. La SCT prefiere dialogar
con entidades gubernamentales, y transfiere atribuciones legales
a una institución que no tiene competencia en el tema.
Por más que hemos buscado en la Ley Federal de Radio y
Televisión, no existe artículo alguno que diga que
para obtener un permiso sea preciso dirigirse a la CDI. La SCT
esgrime todo el tiempo el cumplimiento de la ley para poder cerrar
las radios comunitarias, pero ella misma no cumple con la legalidad.
No se trata de que las
instituciones le den permisos a otras instituciones, tutelando
a grupos ciudadanos. Tal visión paternalista está
rebasada. El punto es que la SCT debe dar criterios públicos
claros y transparentes para otorgar permisos a grupos ciudadanos
con el fin de que operen sus propios medios de comunicación.
Es un derecho que las autoridades están obligadas a cumplir.
Con argucias técnicas
también, la SCT ha notificado formalmente a Neza Radio,
ubicada en el Estado de México y Radio Guadalupe, de la
Ciudad de México, que no es posible otorgarles el permiso
en virtud de la saturación del espectro radioeléctrico,
de acuerdo con lo que se establece en la Norma Oficial Mexicana
que opera con criterios de hace 30 años.
Según los avances
tecnológicos, la distancia entre frecuencia y frecuencia
puede ser menor, tal como es posible verificar en las normas de
la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y todos
los países latinoamericanos. Es claro que el Gobierno Federal
está limitando la buena administración del espectro
radioeléctrico, que pertenece a todos los mexicanos, para
hacer un uso político de una norma técnica y evitar
que otros sectores de la sociedad accedan a las frecuencias. De
esa forma se viola el artículo 13, numeral 3, de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos (de la cual México es
parte desde 1982), que a la letra establece:
No se puede restringir el derecho de expresión por vías
o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales
o particulares de papel para periódicos, de frecuencias
radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión
de información o por cualesquiera otros medios encaminados
a impedir la comunicación y la circulación de ideas
y opiniones.
El panorama es incierto.
Los concesionarios presionan para que estos medios desaparezcan.
Miestras, las radios comunitarias viven de las donaciones de la
audiencia, de patrocinios y del desarrollo de proyectos con diversas
instituciones municipales, estatales y nacionales.
Cada vez son más
los sectores que marcan la necesidad de dar solución a
esta demanda social. En una carta dirigida a Vicente Fox, el pintor
Francisco Toledo y los escritores Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis
y Juan Goytisolo apuntan:
Los medios de comunicación electrónicos y la
forma en que son concesionados y permisionados constituyen uno
de los lastres más antidemocráticos de nuestra vida
política. Es por ello que instamos a las autoridades gubernamentales
a reconocer el derecho de los pueblos a tener sus propias radios,
a validar legalmente la labor social que estos proyectos de comunicación
realizan [...] Rechazar en la actualidad los permisos a las radios
comunitarias es igual a mandar quemar y destruir las maquinarias
de las imprentas de los periódicos en el siglo XIX y XX.
Los medios comunitarios
son una realidad en el mundo. En los países democráticos
se les reconoce y tienen una sana convivencia con los sectores
de los medios públicos y privados, pues con ello se fomenta
la pluralidad informativa.
Para que un proyecto
social pueda brindar el mejor servicio a su comunidad necesita
de certeza jurídica para desarrollarse: una prueba contundente
es el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de
servicio a la sociedad otorgado este año a Radio Teocelo,
que por más de 37 años ha cumplido con su responsabilidad
social en una propuesta ciudadana de comunicación cuyo
espíritu enaltece el ejercicio campesino de la libertad
de expresión y el derecho a la información.
NOTAS
1) La radio popular frente
al nuevo siglo: estudio de vigencia e incidencia, ALER, Lima,
Perú, 2001.
2) Informe Anual del Relator Especial para la
Libertad de Expresión 2002, Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH), párrafos 40 y 41.
3) Observaciones Preliminares del Relator Especial
para la Libertad de Expresión al finalizar su visita oficial
a México, 26 de agosto de 2003.