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Del
pasado reciente al contexto actual
Mirada sociológica al
periodismo mexicano
María
Elena Hernández Ramírez
Investigadora
del Departamento de Estudios
de la Comunicación de la Universidad de Guadalajara
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El contexto en el que se desarrolla el periodismo
en México se ha modificado de manera importante en los últimos
30 años. La década de los noventa concentró
acontecimientos trascendentes que generaron expectativas finalmente
no satisfechas. Las perversas relaciones prensa-poder ya no son
la causa principal de los problemas del periodismo. Las críticas
a las prácticas periodísticas prevalecen, pero hay
en escena nuevos arreglos, nuevos actores y nuevas preguntas.
Hablar del contexto del periodismo significa dar cuenta de
las características del entorno social en que se realizan
las prácticas periodísticas. En definición
del diccionario, contexto significa enredo, maraña,
trabazón. En tal sentido, hablaríamos de los factores
que enredan las prácticas, los problemas que las atoran
y las situaciones que las constituyen.
En el caso de México, describir tal contexto
resulta altamente pertinente, pues en los últimos 30 años,
y especialmente durante la década de los noventa, el entorno
del ejercicio periodístico se modificó de manera importante.
El análisis es doblemente necesario si observamos que las
tendencias que ha tomado el periodismo mexicano no parecen satisfacer
las expectativas generadas durante ese periodo crucial, marcado
por cambios económicos, políticos y tecnológicos.
Las críticas a las prácticas prevalecen y las trabas
ya no son todas del poder político: hay en escena nuevos
arreglos, nuevos actores y nuevas preguntas.
Las perversas relaciones prensa-gobierno, así
descritas por Raúl Trejo1 , que predominaron
en México desde el periodo posrevolucionario, se han reconfigurado
y dejaron de ser la causa principal de los problemas del
periodismo. La apertura informativa actual, sin ser total ni perfecta,
es una nueva condición del ejercicio periodístico,
pero no ha sido suficiente motivo para evitar la autocensura y la
simplificación en los tratamientos de una realidad cada vez
más compleja.
El perfil de los periodistas, ahora en un altísimo
porcentaje universitarios, no se ve reflejado en los niveles de
análisis de lo social de los productos periodísticos
(con notables excepciones). Durante décadas, las posiciones
acríticas del periodismo predominante se explicaban principalmente
por la dependencia de los medios del subsidio gubernamental y otros
eficaces mecanismos de control. En los últimos años,
el bajo nivel de compromiso y de manejo técnico del periodismo
obedece a males diferentes. Ante la falta del pretexto... ¿cuáles
son las razones?, ¿cuál es el contexto?
En un artículo anterior publicado en esta misma
revista2 , describí el presente del periodismo
mexicano como:
El del mundo de aperturas, del mundo globalizado, del Estado
mínimo o adelgazado, del neoliberalismo, de las inacabables
novedades tecnológicas, de la tolerancia, de la multiculturalidad,
de la transición democrática, de la vigilancia internacional,
de la creciente participación ciudadana, de las fusiones
de grupos mediáticos, de las alianzas estratégicas,
de las sinergias productivas, del infotainment, de la construcción
de nichos de mercado, del periodismo en línea, del regreso
de los diarios gratuitos, de la proliferación de contratos
basura para los periodistas... entre otras tantas realidades actuales.
Recupero la descripción porque el complejo
presente del periodismo contrasta, en apariencia, con su pasado,
pero inevitablemente sigue atado a él.
Remembranzas
del origen
El periodismo mexicano moderno se desarrolló
en colusión con el sistema político posrevolucionario.
Sus vicios legendarios se explican a la luz de lo que José
Carreño Carlón ha llamado "el modelo estructural
de relación subordinada de los medios al poder público"3:
un modelo económico-proteccionista que se perfecciona y consolida
en los gobiernos posteriores a la Revolución y que funciona
hasta la primera mitad de los años ochenta del siglo XX,
aplicado de manera discrecional. Un modelo sometido desde hace más
de 30 años a un "lento proceso de extinción",4
proceso acentuado por las repercusiones que los fenómenos
recientes de apertura y modernización de la
economía tuvieron en la relación prensa-gobierno (la
vigilancia internacional y el recorte del gasto gubernamental publicitario,
como ejemplos).
El modelo de subordinación se sostenía
gracias a la eficacia de controles amistosos: apoyos y subsidios
que generaron una dependencia económica muy conveniente para
los empresarios, y muy limitante para la libertad de información.
La familiaridad que tenemos con esas prácticas las ha hecho
parecer normales, pero es necesario recordarlas para ubicar
la importancia de los cambios en el presente, pues aunque las prácticas
de colusión no han desaparecido del todo, ya no son vistas
como la regla. Recuperaré algunas para ilustrar el fenómeno.
La subordinación de los medios al poder político
fue resultante de dos tipos de subsidios: los más sencillos,
en apoyo a la economía de los periodistas, y los complejos,
financiando los procesos productivos. Las aportaciones constantes
al salario del periodista a través del llamado sobre,
embute o chayo, y la facilitación en la obtención
de permisos para operar servicios rentables, son las formas más
conocidas del soborno del poder político a los individuos.
Las más oscuras involucraban a las instituciones, y pueden
leerse como arreglos entre poderes (gobierno y empresas periodísticas).
Sobresalen entre esos acuerdos subsidiarios: los precios
preferenciales de insumos y servicios (como papel y electricidad),
la aplicación especial del régimen fiscal, condonación
de deudas por concepto de seguridad social, créditos preferentes
para adquirir bienes, donación de inmuebles, viáticos
de periodistas durante las giras de funcionarios, gratificaciones
y regalos a directivos, y la mayor forma de subsidio -que aún
constituye un medio de control: la asignación de publicidad
oficial en grandes cantidades y pagada por anticipado, que para
muchos medios era (o sigue siendo) la fuente de su supervivencia-.
Estas son sólo algunas de las prácticas perversas
del pasado reciente del periodismo nacional.5
Además de los apoyos amistosos, medios y
periodistas conocieron durante casi 80 años las prácticas
disuasivas: amenazas, agresiones físicas, boicots
publicitarios, vandalismo en las empresas o propiedades personales,
o el simple retiro de la amistad, garantía de quiebra para
muchos. Naturalmente, el periodismo resultante de estos arreglos
era un periodismo con conflicto de intereses. No entrar en los arreglos,
también tenía sus consecuencias.
El
inicio de la transición
Según varios autores, el inicio de la transición
en la historia de las relaciones prensa-Estado se ubica en 1976,
con el llamado Golpe al Excelsior de Julio Scherer y la creación
del semanario Proceso. El contexto económico, político
y cultural es el de la administración de la riqueza
(el espejismo petrolero), de la creciente deuda externa, de la nacionalización
de la banca, de la reforma política del Estado, de la institución
presidencial fuerte y del Estado aún omnipotente, de la gran
devaluación al final del sexenio, y la temprana caída
de nuestros sueños de riqueza. A finales de 1977 aparecería
Unomásuno, como "resultado directo de la reforma
política que legalizó a la izquierda y comenzó
a abrir el ostión autoritario mexicano",6
y tras la escisión de este diario nacería La Jornada
(1984). Los tres medios marcaron una diferencia en las formas tradicionales
de hacer periodismo, en su intento por mantenerse al margen del
financiamiento gubernamental.
La década de los noventa fue el escenario de
notables cambios estructurales en México que tuvieron repercusiones
sobre las prácticas periodísticas.7
En los noventa se gesta y firma el Tratado de Libre Comercio; se
registra la alternancia de partidos en el poder, a los niveles local
y estatal, y se sientan las bases para la alternancia a nivel federal;
el Estado mexicano sigue perdiendo terreno en la dirección
de la economía; se impulsan desde la Presidencia cambios
significativos en las relaciones prensa-gobierno; se crea la Comisión
Nacional de Derechos Humanos (y en ella una Unidad de Protección
para Periodistas)... Todo con el telón de fondo de las exigencias
internacionales para la firma del TLC.
Los cambios en la industria del periodismo, que se
atropellaron durante los noventa, no fueron sólo económicos
y tecnológicos, sino también culturales: los grandes
medios adoptan y adaptan el modelo periodístico que marca
la norma internacional, asimilan (a su estilo) "la forma
moderna del periodismo en el norte".8 Un modelo
basado en las fuerzas del mercado, que privilegia la función
del entretenimiento, por encima de la informativa, con un menor
énfasis en la responsabilidad de vigilar al poder público.
La visión de los medios periodísticos como negocios
se legitima y se justifica: la búsqueda de rentabilidad de
las empresas informativas deja de ser tema tabú, y se convierte
en motor de cambios editoriales que parecen de forma, pero tienen
fondo.
Los años noventa constituyen el periodo en que el periodismo
mexicano pasa paulatinamente de "un modelo de complicidades
y corrupción a un modelo de colusión de intereses,
control corporativo, monopólico mediante inversión
accionaria y publicitaria."9 Son el pasado
reciente del contexto actual del periodismo mexicano: un periodo
crucial que debemos seguir examinando porque, además de conectarnos
con los problemas y tendencias mundiales, nos mantiene arraigados
a las especificidades de nuestra historia política.
El contexto del periodismo mexicano puede analizarse
considerando: los indicadores de libertad de expresión, los
mecanismos de control gubernamental en las relaciones prensa-gobierno,
la legislación vigente en materia de medios, las condiciones
laborales de los periodistas, los perfiles predominantes de los
informadores, los recursos de apoyo al trabajo informativo y las
discusiones en torno a la ética del ejercicio periodístico.
Hay, además, nuevos problemas: la creciente disminución
de lectores de diarios, la abundancia de opinión que contrasta
con la escasa presencia del periodismo de investigación,
la imposición de estándares del periodismo televisivo
a medios impresos, la inviabilidad económica del periodismo
independiente... Caracterizaré algunos de los puntos señalados.
Libertad
de expresión
Una de las condiciones del contexto que ha cambiado
de manera importante tiene que ver con los controles gubernamentales,
sutiles y menos sutiles, que inhiben la libertad informativa. Ante
los organismos internacionales que vigilan el respeto a la libre
expresión, México dejó de aparecer entre los
peores lugares del mundo para ejercer el periodismo, por el número
de agresiones físicas contra periodistas; no obstante, prevalecen
las dificultades de acceso a los documentos públicos.10
El ejemplo más extremo de las agresiones es el asesinato.
De acuerdo con los reportes de las organizaciones Artículo
19 y el Comité Canadiense para la Protección de los
Periodistas (CCPJ)11 , durante el gobierno de
Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) fueron asesinados
seis periodistas; con José López Portillo (1976-1982),
12; con Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), 34. Por su parte,
la Fundación Manuel Buendía da cuenta de 46 periodistas
victimados durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari12
, y en el régimen de Ernesto Zedillo, 22.
Con Zedillo el número general de agresiones,
según las clasificaciones de estos organismos, fue mayor
que con Salinas, pero los asesinatos disminuyeron en casi 50%. En
el último año del gobierno zedillista13
ya se percibía la tendencia que ha sido clara en lo que va
del periodo de Vicente Fox: menos agresiones físicas -incluyendo
asesinatos- y mayor número de "demandas, citas a comparecer
y detenciones" a periodistas, como una forma novedosa en México
de inhibir la libre expresión, que se intenta justificar
mediante la ambigua legislación mexicana en materia de medios.
En el primer semestre de Fox se registraron 45 incidentes
contra la libertad de prensa, de los que 9% fueron asesinatos; 5%,
detenciones; 14%, citas a comparecer, y 16%, demandas contra periodistas.14
Esta buena noticia (la disminución en el número
de agresiones físicas) no debe leerse festivamente. Formamos
ya parte de un mundo globalizado, con parámetros de vigilancia
internacional que nos muestran el nuevo reto en la conquista por
el respeto a las libertades informativas, un reto de índole
política y cultural: el de procurar la justa aplicación
de las leyes vigentes y pugnar por su pertinente modificación.
Otro seguimiento hemerográfico y documental
de actos contra informadores elaborado por la Fundación Manuel
Buendía, señala que al finalizar el primer año
del gobierno de Fox, los actos contra el quehacer periodístico
sumaron 126, de los cuales 11% correspondió a citatorios
a comparecer frente a las autoridades. En el 2002 fueron 100
los actos inhibitorios, y de ellos, 8% de citatorios a comparecer.
Y si bien, 2003 quedará marcado como el año con menores
registros de actos contra las libertades informativas en México
(sólo 76 casos, es decir, 40% menos que en 2001), también
se trata del año en que se presentó:
El más alto índice porcentual de que se tenga memoria
en la última década -18%- en el rubro de citatorios
a comparecer frente a las autoridades, la mayor parte de ellos con
el fin de solicitar a los periodistas la revelación de sus
fuentes.15
Más allá de las agresiones, no se puede
negar que la década de los noventa ha sido el escenario de
una gran apertura informativa en México, al grado de que
los medios han pasado de la sumisión a la impunidad,
como lo afirma Raúl Trejo:
Los medios se han convertido ya no en el quinto poder que alguna
vez dijo Manuel Buendía acerca de TELEVISA, ni en el cuarto
poder que afirma la tradición política estadunidense.
Los medios, específicamente las grandes empresas de comunicación,
se han vuelto el poder para muchos de los efectos prácticos
y estratégicos en la decisión de los grandes asuntos
públicos, y a veces también privados.16
En medio de la evidente apertura, hoy es casi anecdótico
citar que antes del sexenio de Zedillo (apenas hace 10 años),
hablar del Presidente en turno, de las instituciones religiosas
o cuestionar al Ejército mexicano era motivo natural de censura
o de atenerse a las consecuencias.
Agresiones
a periodistas
Es difícil separar las acciones que inhiben
el ejercicio periodístico de acuerdo con su procedencia,
pues definitivamente no es sólo el poder político
el responsable de los ataques. He sugerido que las agresiones a
periodistas desde este ámbito han tomado un giro legal:
el de las demandas, detenciones y amenazas de procesos judiciales,
sin ignorar las amenazas indirectas y otro tipo de acciones disuasivas.
Sobre ello hay muchos datos. Un ejemplo más es el informe
2002 de la organización internacional Periodistas Frente
a la Corrupción, que sitúa a México en primer
lugar en cuanto a violación del secreto profesional, en segundo
en número de demandas a periodistas, y en segundo también
en cuanto al total de agresiones por cobertura de asuntos relacionados
con la corrupción.17 Según el informe
2002 de la SIP18 , durante ese año no se
registró ningún asesinato contra periodistas en México,
y el número de agresiones físicas disminuyó
considerablemente. Pero en 2003 comenzamos a retroceder: hasta el
30 de abril de ese año nos situábamos en el primer
lugar a nivel latinoamericano en total de agresiones, primer lugar
en demandas y también primer lugar en violencia física
y ataques verbales (que incluyen las amenazas de muerte).
Una realidad abrumadora en el contexto del ejercicio
periodístico mexicano es el constante riesgo para los periodistas
que abordan temas relacionados con el narcotráfico, con los
sectores de ultraderecha o con sus protegidos. En lo que va del
2004 ya son tres los periodistas asesinados, cuya muerte podría
estar relacionada con el seguimiento periodístico de esos
grupos de poder.
NOTAS
1) Raúl Trejo Delarbre,
"Prensa y gobierno: Las relaciones perversas. Los medios, espacios
y actores de la política en México", en Comunicación
y Sociedad, Núms. 25-26, Universidad de Guadalajara, México,
1996.
2) "Repensar el periodismo mexicano",
en Revista Mexicana de Comunicación, Núm. 82, julio-agosto
2003, pp. 29-32.
3) José Carreño Carlón, "Cien
años de subordinación. Un modelo histórico
de la relación entre prensa y poder en México en el
siglo XX", en Sala de Prensa, Núm.16, [http://saladepren
sa.org/art102.htm], 2000.
4) Ibidem.
5) Sobre este tema son muchos los periodistas que
han escrito (Miguel Ángel Granados Chapa, Rafael Rodríguez
Castañeda, Raymundo Riva Palacio), pero me apoyo en el documento
ya citado de José Carreño Carlón, que sintetiza
adecuadamente las prácticas mencionadas.
6) Cfr. Raymundo Riva Palacio, La Prensa de los
Jardines, Plaza y Janés, México, 2004, p. 61.
7) Retomo, nuevamente, varios de los argumentos
enunciados en mi artículo "Repensar el periodismo mexicano",
op. cit.
8) François Demers, ALENA, Democratisation
du Mexique et Journalisme fonctionnel. Le cas du Quotidien Siglo
21 de Guadalajara 1991-1998, tesis doctoral, Univesidad Laval, 2000,
p. 99.
9) José Carreño Carlón, exposición
"Cambios en la comunicación política, cambios
en el periodismo", Seminario "El cambio en la comunicación,
los medios y la política", UIA, 13 de noviembre de 2001.
10) Todavía a principios de los noventa
la FELAP consideraba a México como "territorio peligroso
para la práctica del periodismo". Cfr. "Periodistas
en crisis", en Revista Mexicana de Comunicación, Núm.
76, julio-agosto 2002.
11) Cfr. Ellen Saenger, "The Press and the
Perfect Dictatorship. An investigation of press freedoms in México,"
en CCPJ; Article 19 Report, July 1989, pp.83-89, y Pen Canada &
CCPJ, April 8, 1993.
12) Análisis de los casos 1988-1994, Fundación
Manuel Buendía, [http://www.fundación buendía.org.mx].
13) Cfr. Revista Mexicana de Comunicación,
Núm. 64, julio-agosto, 2000.
14) Revista Mexicana de Comunicación, Núm.
70, julio-agosto, 2001.
15) Verónica Trinidad Martínez/Martha
Soto/Omar Raúl Martínez, "Libertades informativas
en el México de 2003", en Revista Mexicana de Comunicación,
Núm. 87, consultada en línea.
16) Raúl Trejo Delarbre, "Veinte años
de prensa. Cronología mínima", consultado en
línea [http://raultrejo.tripod.com/ensayosmedios/Veinteanosdeprensacronología.hm].
17) [http://www.portal-pfc.org.]
18) Informe de la SIP 2002 sobre México,
en [http://www.sip.com]
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