














|
Paradigmas
emergentes aplicados
Nuevas tendencias de
la mercadotecnia política
Andrés
Valdez Zepeda
Doctor
en estudios latinoamericanos
por la Universidad de Nuevo México
|
|
La mercadotecnia electoral, como la propia sociedad,
está experimentando una serie de transformaciones en las
formas de hacer, procesar y entender la política.
De campo especializado en el estudio de los procesos de intercambio
político voluntarios, propio de toda sociedad democrática,
está pasando hacia nuevos desarrollos y enfoques epistémicos.
La mercadotecnia, como todo campo del conocimiento,
está inmersa en un permanente proceso de cambio y desarrollo.
Por un lado, se incorporan nuevos enfoques metodológicos,
diferentes planteamientos teóricos y un innumerable listado
de técnicas y estrategias como parte del hábeas
de conocimiento de esta disciplina. Por el otro, conocimientos y
proposiciones, que en su momento constituyeron el núcleo
epistémico de la mercadotecnia, han dado lugar a nuevas verdades
científicas sobre el proceso de intercambio político
voluntario que se produce en toda sociedad democrática.
De esa forma, la mercadotecnia se ve sujeta al proceso
de falibilidad propio de toda disciplina científica creando,
renovando, mejorando y desarrollando nuevos conocimientos y proposiciones
teóricas y metodológicas.
El nuevo desarrollo de la disciplina ha estado influenciado
por el avance mismo de la mercadotecnia comercial, las ciencias
de la comunicación, la administración y las ciencias
políticas, además de los avances tecnológicos
y la mayor madurez de los mercados electorales. Sin embargo, la
influencia principal viene del campo de la empresa, ya que existe
una tendencia global, denominada neogerencial, de incorporar
prácticas, procesos, métodos y sistemas que surgieron
y se han aplicado en el sector privado y hoy día se están
incorporando a los sectores público y político.
En este escrito se presentan las nuevas tendencias
que se han generado en el campo de la mercadotecnia política,
así como los desarrollos y los nuevos principios epistémicos
sobre los que se sustenta esta disciplina. Se parte de enumerar
los enfoques y explicar de qué manera se están utilizando
en el campo de la política electoral.
a)
Satisfacción del cliente
Una tendencia novedosa y muy importante vigente en el mundo de los
negocios tiene que ver con el cambio de filosofía sobre la
forma de hacer empresa. Anteriormente se generaba un bien o servicio
sin hacer un estudio previo de mercado que determinará las
necesidades y expectativas de los clientes, y después se
pensaba en formas creativas para poderlo ubicar en el mercado. Esto
es: primero se producía el bien y después se buscaba
vender, tratando de convencer al consumidor de las bondades y atributos
del producto o servicio.
Hoy día, las cosas están cambiando ya
que las empresas orientan su producción de bienes y servicios
de acuerdo con lo que demanda el mercado para tratar de satisfacer
al cliente. Es decir, se produce sólo aquello que tiene seguridad
de ser adquirido por el mercado y ya no lo que el productor prefiere
o desea ofrecer.
Esta nueva forma de hacer empresa ha
llegado también al campo de la política electoral
y, más específicamente, a la mercadotecnia política.
Hoy día, los partidos políticos diagnostican el mercado
electoral, indagando sobre los principales problemas que tienen
los electores, sus expectativas y demandas más sentidas,
así como el perfil ideal del candidato y la plataforma electoral
que tendría mayores posibilidades de éxito. En otras
palabras: primero ubican y conocen el mercado y después elaboran
un plan estratégico para tratar de conquistarlo. Esto contrasta
con lo que se hacía en el pasado. Anteriormente, se generaba
una oferta política y posteriormente se trataba de ubicar
en el mercado, tal como se hacia en la empresa tradicional. De cierta
manera, la oferta estaba orientada a generar la demanda y no a satisfacerla.
Hoy día, lo importante es orientar los esfuerzos proselitistas
y persuasivos a atender la demanda de los electores.
b)
Mercadotecnia relacional
Otra tendencia en el campo empresarial y, particularmente,
en el área de la mercadotecnia, tiene que ver con la construcción
de relaciones empresa-cliente en una perspectiva de mediano y largo
plazo. Anteriormente, la preocupación del productor de bienes
o servicios era ubicar sus productos en el mercado, concluyendo
el proceso mediante la venta de dichos bienes o servicios.
Hoy día las cosas han cambiado, ya que lo importante
no sólo es vender sino también satisfacer las necesidades
y expectativas de los clientes, de tal forma que los consumidores
establezcan algún tipo de relación futura con los
proveedores o productores de los bienes y servicios. Es decir, lo
que se trata es satisfacer al cliente no sólo en el corto,
sino también en el mediano y largo plazo, de tal forma que
los consumidores generen algún tipo de fidelidad, hábito
de consumo y relación de negocio, más allá
de la venta, producto de la satisfacción de sus expectativas.
De esta manera, surge la mercadotecnia relacional
que es conceptualizada, de acuerdo con Reinares, como las distintas
acciones e iniciativas desarrolladas por una empresa hacia sus diferentes
públicos o hacia un determinado grupo o segmento de los mismos,
dirigidas a conseguir su satisfacción en el tiempo, mediante
la oferta de servicios y productos ajustados a sus necesidades y
expectativas, incluida la creación de canales de relación
estables de intercambio de comunicación y valor añadido,
con el objeto de garantizar un clima de confianza, aceptación
y aportación de ventajas competitivas que impida su fuga
hacia otros competidores.1
En el campo de la política, las instituciones
partidistas han empezado a preocuparse no sólo por ganar
las elecciones y ocupar posiciones de poder, sino por mantener,
en una perspectiva de mediano y largo plazo, esas posiciones tratando
de satisfacer las necesidades, problemas, expectativas y requerimientos
de los electores. De esta manera, se proponen construir lealtades
electorales más duraderas y ampliar el sector de los llamados
votos duros. Es decir, procuran construir una relación
perdurable, ya sea a partir del ejercicio de un gobierno responsable,
eficiente y cercano a la gente o por medio de vínculos y
relaciones políticas clientelistas.
La mercadotecnia relacional en el campo de la política
implica que el partido no sólo se preocupe y ocupe por ganar
una elección, sino por construir una mayoría electoral
en una perspectiva de mediano y largo plazo, estableciendo vínculos
y relaciones permanentes con los electores para crear la fidelidad
y lealtad más allá de la gesta electoral. Esto implica
que toda institución partidista, principalmente aquella que
ha logrado la victoria, construya una base de datos, genere programas
y desarrolle acciones poselectorales para satisfacer o exceder las
expectativas e incidir en la solución de los problemas de
los electores, tratando de cumplir a cabalidad las promesas y compromisos
realizados durante las campañas.
Este tipo de mercadotecnia implica una visión
y perspectiva política de largo plazo, preocupándose
no sólo por los procesos electorales del momento, sino fundamentalmente
por las etapas poselectorales y electorales futuras, donde tradicionalmente
otras fuerzas partidistas no ponen la suficiente atención.
Es decir, la mercadotecnia relacional, como su nombre lo señala,
implica construir y cultivar relaciones con los ciudadanos más
allá de la gesta electoral, tratando de construir lealtades
políticas más intensas y duraderas.
Esto es: la mercadotecnia relacional implica, por
un lado, que los ciudadanos estén satisfechos con el resultado
del ejercicio de gobierno, así como con las atenciones y
acciones del partido gobernante y, por el otro lado, para el caso
de los partidos de oposición, que los electores encuentren
algún tipo de atención y posicionamiento para mantener
el vínculo político e ideológico con las posturas
y acciones partidistas.
c)
Mercadotecnia experiencial
La experiencia que un cliente tiene con un producto
o servicio determina el tipo de relación que puede establecer
en el futuro. Una experiencia negativa seguramente llevará
al consumidor a rechazar o evitar la compra o adquisición
de dicho producto o servicio. Por su parte, una experiencia positiva
seguramente ayudará a que el cliente siga adquiriendo ese
bien o servicio.
De esa forma, la experiencia de consumo que una determinada persona,
amigo, familiar o compañero de trabajo tenga será
suficiente para motivar el rechazo o aceptación futura, de
tal manera que, incluso, esta persona pueda recomendar a un tercero
su compra o su rechazo, haciendo publicidad gratuitamente.2
La mercadotecnia experiencial centra su atención
en la costumbre, de tal forma que trata que la experiencia de compra
de un bien o servicio sea grata y genere la satisfacción
de las expectativas de los clientes. Esto implica no sólo
poner atención en la calidad del producto o servicio, sino
además en la calidez de la atención y en los servicio
y atenciones posventa que se ofrecen. Es decir, de lo que se trata
es de que el cliente tenga una experiencia grata tanto desde que
conoce el producto o servicio, cuando lo adquiere, lo usa o aplica,
así como después de un tiempo de haberlo consumido.
En el campo de la política, la mercadotecnia
experiencial empieza a ser retomada por algunos partidos políticos,
quienes como parte de sus estrategias buscan que la experiencia
de los ciudadanos con sus candidatos, gobernantes y dirigentes sea
placentera, de tal forma que se genere un tipo de relación
de confianza, credibilidad y cercanía entre ellos. Esto es:
en la medida que la experiencia de los electores con los políticos
de un determinado sello partidista sea buena, en esa medida se podrá
cultivar una relación duradera que se pueda traducir en lealtad
perdurable benéfica para la propia institución partidista.
Por el contrario, una experiencia negativa de los
ciudadanos con los políticos y partidos generará una
mayor deslealtad, desconfianza y alejamiento con la clase política
o con un determinado instituto o personaje de la política.
De esta forma, el futuro de la política y de las elecciones,
en lo particular, de una u otra forma, estará determinado
por la experiencia que los ciudadanos tengan en su relación
con los políticos (gobernantes, dirigentes, partidos, candidatos,
etcétera) a lo largo de los años.
Al respecto, hay un adagio popular que señala
que "la burra no era arisca, sino que la hicieron", para
referirse a las actitudes y posiciones que la gente tradicionalmente
toma, producto de la experiencia negativa, así como de los
aprendizajes que han adquirido históricamente. En ese orden
de ideas, los dirigentes de las instituciones partidistas y gubernamentales
deben abonar para que la experiencia que los ciudadanos tengan en
materia política sea aceptable, tratando de ser lo más
realistas y sobrios posibles, evitando la demagogia, el engaño
y la manipulación de los ciudadanos en tiempos electorales.
Recuérdese que si la experiencia presente es negativa, la
percepción futura de la gente será negativa, entrando
a un círculo vicioso difícil de detener y revertir.
d)
Mercadotecnia de las emociones
Si tuviéramos que definir al ser humano, desde
la perspectiva psicológica, bien pudiéramos decir
que es un puñado o cúmulo de emociones. Es decir,
es un ser emocional (un animal emocional), dominado por sus sentimientos
y emociones, más que por sus razones.3 De
hecho, de todas las criaturas de la Tierra, los seres humanos son
las más emocionales. Estas emociones determinan la forma
de desenvolverse, actuar y percibir el mundo por parte de la gente.
Si conociéramos a profundidad las emociones que mueven al
ser humano, podríamos mover el mundo. Esto es lo que hace,
en gran parte, la mercadotecnia comercial, quien se especializa
en el estudio de la conducta del consumidor para poder movilizar
sus emociones y así lograr sus fines comerciales.
La mercadotecnia de las emociones busca conocer las
emociones y cuerdas sensibles del ser humano para poderlas
movilizar en su favor. Manipulando una emoción se puede lograr
que un individuo sienta placer al consumir compulsivamente un producto
o servicio y que asocie al consumo con la delicia y el goce. De
esta forma, observamos individuos deprimidos en el hogar y el trabajo
que al entrar a un supermercado cambian repentinamente de actitud.
De desdichados se tornan felices, de amargados se muestran contentos.
De acuerdo con Lazaruz, las principales emociones que experimenta
el ser humano son el enojo, la ansiedad, el miedo, la vergüenza,
la alegría, el amor, la tristeza, la culpa, la envidia, los
celos, el orgullo, el alivio, la esperanza, la gratitud y la compasión.
Por su parte, Evans señala que hay dos tipos de emociones:
las innatas o básicas y las cognoscitivas superiores. Las
primeras son la alegría, la aflicción, la ira, el
miedo, la sorpresa y la repugnancia. Las segundas, que son tanto
aprendidas y transmitidas culturalmente, así como producto
de nuestra naturaleza humana y genética, son el amor, la
culpabilidad, la vergüenza, el desconcierto, el orgullo, la
envidia y los celos.
La política es un campo dominado más
por la emoción y los sentimientos, que por la razón.
El elector es un ser emocional. Los electores votan más
bien con el hígado o el corazón que con el cerebro.
Sus decisiones son producto más de las emociones que les
generan los partidos y candidatos que por sus propuestas. La emoción
se impone a la razón, producto de las filias o fobias que
se han forjado en el pasado y de lo que se ha generado continuamente
como parte de la mediación social.
En la medida que la institución partidista
conozca a profundidad las emociones de los ciudadanos y sepa como
movilizarlos, en esa medida puede alcanzar un mayor número
de sufragios para asegurar el triunfo en los comicios electorales.
Como dice Lazarus: si conocemos la trama, podemos predecir la emoción
que la gente puede experimentar. Y si conocemos la emoción
que la gente está experimentando, podemos comprender la trama.
Lo importante aquí es sacar el máximo provecho político
en el manejo de las emociones de los electores.
De esa forma, la disputa interpartidista ya no es
por la mente del elector, como planteaba la mercadotecnia tradicional,
sino por la conquista del corazón y las emociones y sentimientos
de la gente. Ahora, la batalla se da a nivel sensorial más
que a nivel mental. Conociendo los canales de comunicación
sensorial se pueden movilizar los sentimientos benévolos
del elector y generar las pasiones propias de la vida política
según el interés partidista. De hecho, la contienda
electoral puede ser conceptualizada como un choque de pasiones,
más que una confrontación de razones.
La estrategia de varios partidos políticos
modernos está centrada en la movilización de las pasiones
y emociones de los electores. El eslogan o lema de campaña,
por ejemplo, está más bien dirigido a generar emociones
más que razones. Los spots propagandísticos, como
el usado en el estado de Nuevo León por el actual gobernador
(¡Trini Va!) no dan razones, sino que apelan a la emoción
de la gente y buscan crear sentimientos e impresiones favorables.
Para movilizar las emociones del elector, se
requiere, además del conocimiento técnico del proceso
de la gestación y desarrollo de la emoción, una gran
sensibilidad social, capacidad de comunicación sensorial
y creatividad en el diseño de los mensajes persuasivos. De
lo que se trata es de responder, entre otras, las siguientes interrogantes:
¿cuáles son los patrones emocionales de los electores?,
¿cómo generar animadversión y rechazo para
nuestros opositores?, ¿cómo crear identidades y aceptación
para nuestros candidatos y partidos?, ¿qué emociones
debemos movilizar a nuestro a favor y cuáles en contra de
los adversarios políticos?
NOTAS
1) Esto es parte de la propuesta de calidad del
modelo Deming, quien en la década de los cincuenta sostuvo
que había que exceder las expectativas de los clientes para
crear lealtad.
2) De acuerdo con las investigaciones que se han
hecho sobre los hábitos del consumo, se ha demostrado que
un cliente satisfecho comunica su satisfacción a un promedio
de cuatro personas. En cambio, un cliente insatisfecho comunica
su insatisfacción a ocho y 16 personas. De ahí lo
dañino que resulta la insatisfacción del cliente.
Esto también se aplica a los partidos políticos en
sus relación con los ciudadanos durante las elecciones.
3) Esto no significa que las emociones son irracionales.
Tanto las emociones como la inteligencia son procesos racionales.
En la política, lo adecuado es una mezcla de emoción
y razón.
Bibliografía
-Evans, Dylan, Emoción: La ciencia del
sentimiento, Taurus, Buenos Aires, 2001.
-Lazaruz R. y B. Lazaruz, Pasión y Razón: La Comprensión
de las Emociones, Paidós, Barcelona, 2000.
-Mckenna, Regis, Marketing de Relaciones: Cómo crear y mantener
un vínculo permanente entre empresas y sus clientes, Paidós,
Barcelona, 1995.
-Reinares Lara, Pedro, y José Manuel Ponzoa Casado, Marketing
Relacional: Un Nuevo Enfoque para la Seducción y Fidelización
del Cliente, Prentice Hall, Madrid, 2002.
-Valdez Zepeda, Andrés, Teoría y Práctica del
Marketing Político, Universidad de Guadalajara, México,
2002.
--,Mercadotecnia Gubernamental, Universidad de Guadalajara, México,
2004.
Puede leer el artículo
completo en la versión impresa. Adquiérala por sólo
25 pesos (más IVA), o suscríbase por 275 pesos. También
puede obtenerlo por medio de la Base de Datos www.mexicanadecomunicacion.info
Mayores informes: fundacionbuendia@prodigy.net.mx
|