Género que demanda tiempo, entrega,
voluntad, investigación y sacrificio


Secretos del reportaje

Luis Velázquez


                                             Periodista y profesor de
periodismo en
la Universidad Veracruzana




 


El reportaje es el género periodístico por excelencia: el más alto desafío para un reportero profesional. En su estructura se conjugan tanto los géneros periodísticos como los literarios. Desde la noticia y la crónica hasta la narración y la descripción. Novela, cuento, poema en prosa, también forman parte de su ingrediente.


No existe una regla para escribir un reportaje. Cada uno exige un tratamiento distinto.
En el reportaje se conoce al reportero con sensibilidad humana y social.

A diferencia de la noticia, que a veces roza la superficie de los sucesos, y de la crónica, que narra a los lectores los hechos simples, el reportaje profundiza en cada uno de los fenómenos descritos. Investiga todos y cada uno de los vericuetos de la información y los da a conocer al lector. Informa de datos que con frecuencia se dejan de conocer en la noticia de todos los días, por falta de tiempo para ahondar en la verdad cotidiana. Documenta la realidad, paso a paso. Es como una novela que va contando a los lectores los entresijos de los acontecimientos, pero al revés. Mientras en la novela se comienza por lo sencillo para llegar a lo extraordinario, en el reportaje se comienza por lo impactante y sobresaliente para alcanzar lo simple, aun cuando también resulta de interés para el lector.

El reportaje implica una alta responsabilidad social. Escrupulosidad a prueba de bomba, para que cada párrafo, frase, dato, sean incuestionablemente ciertos, fundamentados, hasta con pruebas jurídicas, testimonios inapelables.

En la noticia podemos inculpar al entrevistado de una declaración, pero en el reportaje la demostración de los hechos se hace con fundamento jurídico. En la noticia podemos decir que Wenceslao Pérez es presunto culpable de un homicidio. En el reportaje estamos obligados a demostrarlo, de igual manera como el juez dictamina la sentencia.

El reportaje es el género que por su limpieza literaria y profundidad trasciende más allá del diarismo. Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, es clásico ejemplo.

El reportaje es al periodista lo que la novela al escritor. La plenitud en el oficio. La cima. El prestigio.

El periodista que llega a dominar el reportaje se coloca en la antesala de la literatura. Incluso, en tales fronteras, el reportero ha terminado por abandonar el periodismo, con algunas excepciones. Ernest Hemingway volvía al reportaje, como Gabriel García Márquez regresa cada vez que el periodismo se convierte en angustia y recuerdo.

Según el escritor Vicente Leñero, si trasladamos 50% de los recursos literarios al periodismo, ya estamos del otro lado en la conquista de los lectores.

Pocos diarios practican el reportaje. Este género demanda tiempo, entrega, voluntad, investigación, sacrificio, y no todos los periodistas están dispuestos a la lucha. Su observancia requiere de una plantilla de reporteros especiales: con una gran formación humana y civil; constantes para jamás caer en el desencanto y en el desaliento; responsables para nunca llegar a la redacción del periódico diciendo que no hubo noticia.

El reportaje ha ido perdiendo vigencia en el diarismo. A veces se publica un reportaje de agencia informativa. Memorables aquellos tiempos de Julio Scherer García en el diario Excelsior. Todos los días se publicaban reportajes de enviados especiales a una parte de la República o del mundo.

Hoy, el mayor contenido de los diarios es información escueta, noticia resumida y condensada.

Existen reportajes de todo tipo: turísticos, religiosos, artísticos, demográficos, económicos, agrarios, indígenas y otros. Pero el reportaje por excelencia es el social, aquel que recurre al registro público de la propiedad, al notario público, a la consultora jurídica, a la entrevista con expertos, al rastreo de los hechos, a la hoja parroquial, al cruce informativo de datos, a la confrontación de las fuentes, al tip que se investiga, a la información extraoficial doblemente confirmada. Éste, va quedando en la historia. Reservado a las páginas de unos cuantos semanarios informativos. La declaracionitis, terrible enfermedad padecida por reporteros y fuentes informativas, donde la ley es tú me dices y yo te publico, es peor que el cáncer o el sida.

El reportaje, como la nota y la entrevista, pertenece al terreno informativo. Ofrecen a los lectores el hecho.

El artículo y el editorial interpretan el suceso: analizan todos y cada uno de los datos más significativos del fenómeno social que se aborda. El periódico emite su punto de vista, su opinión, su creencia. Trata de orientar a los lectores.

El reportaje, en cambio, informa. Desmenuza los enredos más complejos del hecho social. Documenta, investiga, denuncia, describe, narra. El reportaje es, entonces, el género periodístico que informa de un hecho y esclarece dudas.

Escribir reportajes es la consagración profesional: la más alta satisfacción en el oficio. Para vivir este mágico y alucinante desafío, no basta la formación ni la habilidad técnica. También se requiere de una sólida moral para las horas de desaliento.

A veces transcurren los días sin que el reportero encuentre el hilo de la madeja informativa. Puede, quizá, tener la evidencia de un hecho. Saber con exactitud que un hombre de la administración pública o privada ha cometido un fraude, tener la certidumbre de que existe delito que perseguir, pues el secretario particular, resentido con el jefe, pudo haber cometido una indiscreción y aportar al reportero datos fidedignos. Pero faltará la evidencia jurídica, la prueba irrefutable, el documento aprobatorio. Y entonces, por más seguros que estemos, sin el documento, el reportaje se detiene y frena. De ahí que el espíritu del informador debe inundarse de optimismo para salir airoso en la prueba de fuego. Fe, mucha fe en sí mismo, para jamás decaer. Exigente consigo, seguro de sí, el reportero se habrá de convertir en el detective que olfatea los hechos. El famoso ojo de tigre que nunca pierde la sensibilidad ni el coraje. Entusiasmo sin fin para alcanzar la meta. Vasta cultura, imaginación, talento, para franquear obstáculos.

He aquí la diferencia entre el periodista investigador y el reportero que toda la vida se queda en la simple redacción de una noticia o en la misma fuente informativa, porque así la vida es cómoda.

Cómo se prepara un reportaje

Por principio de cuentas, debemos insistir en un hecho: para informar a los lectores, un reportero necesita estar informado. Nada puede informar quien nada, poco o deficientemente sabe o conoce.

Así como no existe un curso para aprender a besar por correspondencia, que diga cierra los ojos, entresaca la lengua, intercambia saliva, tampoco existe un curso para aprender a escribir o reportear.

Para aprender a besar en sus distintas modalidades, hay que besar. Para aprender a escribir, hay que escribir todos los días, aunque sea una cuartilla.

Para aprender a reportear el género periodístico por excelencia, no basta ser un diarista ejercitado, sino además un profesional en constante renovación, en lucha interna consigo mismo, con una infinita curiosidad con todo y con todos.

Un reportero que domine la entrevista amplia y oportuna. Un hombre cuidadoso y detallista en la investigación. Exigente con su trabajo literario. Abierto a todas las corrientes del pensamiento. Casado con una idea, pero dispuesto a la crítica y a la autocrítica.

Que documente los días, sin pasiones ni rencores personales. Que cada uno de los párrafos escritos sea hijo de la investigación, y nunca de los decires o de la simple opinión de otra gente. De este modo, un trabajador de la información tiene diversas fuentes para organizar un reportaje:

1) De la lectura diaria de periódicos y revistas. A veces, por falta de espacio, por la premura con que se escribe la nota diaria, por la informalidad con que se entrevista para un matutino, la noticia es mal trabajada. El lector queda con dudas. El reportero que lee periódicos con sentido crítico y memoria visual, va detectando noticias incompletas en los hechos, que bien pueden seguirse para un reportaje.

2) Del archivo periodístico. La diferencia de un reportero que vive y va al día y un reportero que puede trascender en su vida profesional es el archivo. El archivo de periódicos, revistas, libros, discursos, documentos, ponencias, declaraciones de personajes, folletos, volantes desplegados, hojas mimeografiadas, biografías, boletines, estudios especiales, entrevistas especiales, publicaciones académicas, técnicas y científicas, significan material valioso para el reportero. Un archivo bien clasificado, por temas, por orden alfabético, por relación intersectorial, por capítulos. De este modo, a veces, sin necesidad de ir a la calle a investigar los vericuetos de un hecho social, atrás del escritorio, interpretando el archivo, relacionando un dato con otro, el periodista puede escribir un gran reportaje. Reportero sin archivo es como un gran barco sin brújula o periódico sin editorial. Julio Scherer y Manuel Buendía tenían celos entre sí: ambos argumentaban poseer el archivo periodístico más completo de todo México.

3) Lectura de libros y revistas especializadas. La lectura de libros y revistas se ha ido convirtiendo en un mercado elitista, en virtud de sus precios. Cada vez los libros se vuelven más caros e inaccesibles para la mayoría de los lectores. En la lectura de libros científicos, técnicos, históricos, económicos, o de otro tipo, y de revistas editadas por organismos privados, desde universidades hasta centros de estudio, el reportero encuentra manantial inagotable para el reportaje. Por lo general, tal tipo de documentos tiene una circulación limitada que no llega a los lectores de diarios. La clave está en saber leerlos e interpretarlos.

4) Los amigos y los lectores. Según el dicho popular, más vale tener amigos que dinero. Y en efecto: el único patrimonio de los hombres son sus amigos. Si así es en la vida, doblemente válido para el periodismo. Amigos personales y lectores que transmiten datos, pistas, puntas de la madeja informativa, tips, son valiosísimos. Desde la secretaria amiga, empleada en una dependencia gubernamental o privada, hasta el mesero de confianza de un restaurante o bar, que escuchan pláticas de los vecinos de escritorio o de mesa, y sirven para hilvanar el principio o secuencia de una información. Desde una mujer que trabaja en un centro nocturno, al cual asisten hombres con responsabilidades sociales y confían secretos en medio de las copas, hasta el chofer resentido, injustamente despedido o desplazado de su trabajo. Temas, hechos, versiones de los cuales todo el mundo comenta, y permanecen ahí, latentes, en espera de un acucioso reportero, para quien la duda (dudar de todo y de todos) es punto de partida.

5) De investigadores privados. Los hombres del poder y la iniciativa privada (cualesquiera sea su naturaleza) tienen investigadores al servicio exclusivo. Detectives que, como sabuesos, hurgan en todo lo que se mueve. Profesionales que con experiencia y disciplina saben investigar. Gente que, en vez de buscar información para la policía organizada, la entrega a un particular. El reportero o el periódico también deben tener su Sherlock Holmes. Así trabaja Jack Anderson, el famoso columnista norteamericano. Así trabajaba Manuel Buendía, el columnista asesinado en el sexenio del presidente Miguel de la Madrid Hurtado.


Ojos y oídos, recursos fundamentales
Diez puntos de John Reed para escribir un reportaje

John Reed, el periodista que viajó a México para entrevistar a Pancho Villa, y a Moscú, para hacer la crónica de la Revolución Rusa; amigo de Lenin, quien le escribiera el prólogo del libro Diez días que conmovieron al mundo (escrito en diez días con intensas jornadas de 18 horas, sentado frente a la máquina de escribir, sin afeitarse); el hombre fallecido de tifo a los 33 años, que viajaba a cualquier parte del mundo donde existiera la noticia, resumía así su vida al servicio del periodismo.

1) Un estilo crudo, directo, sin adornos, es más efectivo que uno retórico.
2) El periodista debe ser un perfecto observador de situaciones y hechos. Ojos y oídos son elementos fundamentales para escribir. Desarrollar el sentido de la observación es otra forma de obtener datos exclusivos.
3) Antes de entrevistar y escribir, documentarse del asunto hasta donde más se pueda.
4) Buscar testimonios de primera mano, no de oídas, con documentos, para evitar aclaraciones.
5) Describir el paisaje y los personajes, como elemento sustancial del ambiente.
6) El detalle en los hechos y en las acciones son básicos para lograr que el lector se sienta protagonista de la historia contada.
7) Buscar el lado humano de las cosas y de la gente, hasta la confrontación de la leyenda.
8) Relatar historias singulares, ilustradas con emoción humana.
9) Sagaz desconfianza en todo. Ser cortés, pero incrédulo. Atento, pero frío.
10) Un periodista cada vez más politizado, con ideas claras sobre la sociedad y su desarrollo. Bien informado para que pueda informar a los lectores.





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