Se vive una fase clónica de contenidos clasistas y basura

La TV a través de los ojos de Mariano Cebrián

Raúl Parra

Colaborador de RMC. Egresado de la
licenciatura en Comunicación por la ENEP Acatlán

  


 


En lugar de proponer valores positivos para la sociedad, la TV promueve los negativos: busca el morbo, lo llamativo, lo escandaloso, lo conflictivo porque sabe que eso atrae público. Lo peor de todo es que así educa a la audiencia para que ésta, al final, se sienta a gusto con tales contenidos.


Evitemos cazar mariposas. Vámonos por todo el jardín e, incluso, por el bosque entero. Si nos detenemos en ellas será muy difícil ver el paisaje.

Eso dice Mariano Cebrián Herreros, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, quien nos invita a dar un paseo por un bosque diferente: un paisaje lleno de televisiones.

La analogía que utiliza Cebrián Herreros para explicar el fenómeno de la TV, intenta ilustrar la complejidad de un medio que no puede explicarse si no se aborda desde un análisis integral, es decir: ver todo el bosque por medio de lo que él denomina la macrosemiótica.

Porque no es la obra de un sólo autor, como una mariposa en el bosque, lo que nos permitirá conocer las tendencias actuales de la TV. Es la suma de muchas visiones las que construyen el bosque televisivo. Así lo entiende este agudo observador, quien con 20 libros de su autoría bajo el brazo, una amplia experiencia en la investigación y un sinfín de artículos especializados, se aventura entre los árboles mediáticos para explicarnos qué tipo de TV vemos, oímos y escuchamos.

Analiza tres modelos en el siguiente orden: generalista, multitemático y convergente. El primero es la TV de señal abierta, enfocada a las grandes audiencias: se emiten mensajes simplificados para su fácil consumo. La TV multitemática, el segundo modelo, es el que ofrecen las empresas de cable a sus suscriptores o abonados, como les dicen en España. Clasifica los canales por gustos, desde los dedicados a las caricaturas hasta los que tratan temas científicos. Por último tenemos la TV convergente, el modelo televisivo del siglo XXI, que permite interactuar con la programación. Es el híbrido entre la TV convencional, la Internet, la telefonía móvil y la radio digital. En suma: es la convergencia de varios medios.

"En este último modelo se pierde lo masivo, lo grupal y se centra en lo personal, en los consumos de cada usuario", señala Mariano Cebrián en su libro Modelos de Televisión: Generalista, Temática y Convergente con Internet: un título sin slogan, frío y directo como puede ser el objeto de estudio que aborda.

De espectador a agente de cambio

Sentados en el bar de un hotel al sur de la ciudad más contaminada del mundo, según el Récord Guinnes, nos disponemos a caminar por el bosque televisivo. Cebrián, ataviado con un saco café, pantalón oscuro y camisa blanca, sin corbata, tal vez por ser sábado, petrifica su mirada en un solo punto y deconstruye cada pregunta formulada.

-¿Cómo han impactado los diferentes modelos de TV en el ejercicio periodístico?

-En el modelo generalista, al existir mayor competitividad, día con día los contenidos se deterioran hasta llegar a la TV basura, que no respeta los derechos de las personas.

En lugar de proponer valores positivos para la sociedad, la TV promueve los negativos: busca el morbo, lo llamativo, lo escandaloso, lo conflictivo porque sabe que eso atrae público. Lo peor de todo es que así educa a la audiencia para que ésta, al final, se sienta a gusto con tales contenidos.

Sin embargo, los modelos multitemáticos van por otras vías. No tienen que estar pensando en el teleespectador, sino en el suscriptor y, en consecuencia, tratan de satisfacer sus intereses y expectativas. No tienen por qué incurrir en ningún otro sistema de competitividad que repercuta en los contenidos, sino intentar elevarlos al máximo para conseguir mayor calidad.

En el modelo convergente, el internauta tiene otro tipo de capacidad de búsqueda de programación, selección contrastante tanto con unas situaciones como con otras.

Es posible conjugar los tres modelos de televisión, dice, pero advierte que cada uno de los sistemas tiene su funcionamiento autónomo. Hay una tendencia importante de integrar los tres modelos para determinadas estrategias en el desarrollo de contenidos. Se busca crear una estrategia multimedia a partir de la TV. Esto repercute ya en el diseño de los programas. Más que programas ahora se diseñan contenidos a partir de la existencia de una buena idea para explotarla por los diversos sistemas: generalista, multitemático y convergente, así como en otros medios.

TV clónica

-Ejemplo claro son los reality shows: Big Brother, La Academia, Operación Triunfo en España (y su intento fallido en México)… e infinidad de formatos que se suman cada semana. Todos tienen en común la improvisación. No hay guión, sólo algunos lineamientos básicos que se modifican según las reacciones del público. Las reglas cambian. Y, ¿cuáles son esas reglas cambiantes? ¡Fácil! Si el producto tiene éxito, se le buscan nuevos desarrollos y aplicaciones. Si fracasa, se cierra. Al estilo belicista, los reality show se rigen por estrategias. Pero, ¿asistimos a contenidos realmente originales o simplemente son copias de productos de éxito probado? ¿Ha perdido la TV creatividad? Cebrián caza la mariposa en forma de pregunta y responde:
-La TV ha entrado en una fase de imitación, lo que denomino la TV clónica. En cuanto se observa que un programa tiene éxito en un país, los canales de los demás países tratan de comprar esa idea o adaptarla a otras situaciones. A partir de ahí se generan contenidos o programas bastante próximos al original. En definitiva: en lugar de apostar por una renovación, por la innovación, se aprovechan de las situaciones de éxito.

Al cubrir tantas horas, la TV pierde creatividad en su programación, pero debe tener más imaginación. No se llegará a una alta calidad en toda la programación, pero al menos deberían existir algunos programas de gran interés y, sobre todo, que activen a la sociedad y que le planteen un horizonte mejor.

-En este caso, ¿quién llevaría la batuta en cuanto a los contenidos, porque deben existir canales que sí innoven?

-La innovación debiera partir de los canales públicos, pues son los que deberían tener un enfoque de mayor servicio a la sociedad. Están libres de condicionamientos (comerciales) para poder experimentar. Y si se fracasa, es cuestión de volver a empezar.

Esto no quiere decir que los canales privados tengan que delegar esa responsabilidad, sin que busquen el cambio de ofertas diferentes para hacer una programación más acorde con las necesidades y las expectativas de cada sociedad.

-¿Cómo lograr que la TV pública no copie los esquemas de la TV privada?

-La TV pública y la privada cumplen funciones diferentes. La pública tiene la función de servir a todos lo ciudadanos. Eso no quiere decir que debe dedicarse únicamente a contenidos educativos y culturales, que son los que no va a ofrecer la TV privada. La TV pública puede ofrecer todo tipo de contenidos, pero con una sensibilidad de aspiración hacia la calidad en la promoción de todo tipo de valores positivos, democráticos, y eliminar todo aquello que vaya en detrimento de la convivencia social.

Si se trata de un programa de concursos, la TV pública no debería ofrecer una situación de competitividad hasta llegar a un punto de enfrentamiento personal, incluso a veces de luchas que lo único que promueven son valores negativos... Dentro de esos programas de concurso se destacarían otro tipo de aspiraciones, de superación, de esfuerzo que pudiera tener la sociedad para mejorar su propia situación.

En tal sentido, la TV pública debe ofrecer entretenimiento y, dentro de él, manejar planteamientos educativos. Debe seguir hacia una sensibilización de la sociedad en torno a esos valores positivos.

TV basura

-¿Cómo lograr dicha sensibilización tomando en cuenta, como usted lo plantea, que los gustos también evolucionan?

-Los gustos evolucionan y se van creando. Cuando hablamos de TV basura, lo que hace es educar la sensibilidad social para que se recree más con el morbo, con el ataque a la dignidad humana, con las situaciones de conflicto. Eso debería desaparecer en un programa de TV pública.

En Europa existen consejos de alta autoridad que dependen de las necesidades de cada uno de los países. Estos consejos se encargan de supervisar los contenidos de los medios existentes en todos los países, menos en España. Estos organismos tratan de promover los valores constitucionales y democráticos, además de vigilar que se cumplan las leyes. En algunos países tienen la capacidad de resolver conflictos e incluso penalizar a las empresas que no cumplan la normativa vigente en cada caso.

No se trata de instituciones de censura, sino de instituciones que están al servicio democrático de las sociedad, y por lo tanto buscan el fomento de contenidos de más calidad acordes con los valores constitucionales.

-Hablando de censura ante los tiempos bélicos que vivimos y la situación política, ¿cómo evitar la censura desde las plataformas tecnológicas que en cierta forma son una especie de mediación?

-En los procesos de elaboración y producción de programas son muchos los sectores involucrados. Por lo tanto, la autoría se hace cada vez más compleja, ya que el productor puede pertenecer a la propia empresa o sólo prestar sus servicios profesionales. Surgen productoras independientes que venden sus productos a los diseñadores de programación, que a su vez pueden difundir por medios diferentes. A la vez ese operador puede estar dentro de una plataforma, otra puede ofrecerlo por satélite o por cable, o por ondas terrestres. Ahí entra en operación no sólo el canal tradicional, sino que además se suma el propio sistema operativo de la plataforma. En ese sentido, cada actor involucrado va dejando su sello, su mediación. En consecuencia tenemos un sistema superior de mediaciones en todos los procesos antes de que el mensaje llegue al teleespectador.

Al haber tantos mediadores, cabe la posibilidad de que alguno de ellos se niegue a difundir determinados contenidos. En unos casos puede ser censura, en otros puede ser responsabilidad social pública. Hay imágenes cuya presentación debe cuidarse. Existen derechos de imagen, derecho de intimidad de otras personas. Se deben ofrecer imágenes que aporten información y que no traten de insistir en el morbo o en otros elementos negativos para esa gente.

-¿En este sentido, dónde queda el periodista?

-Hay que potenciar al máximo la ética profesional, la deontología profesional: llegar a acuerdos entre todos los profesionales en relación con la sociedad, para que ésta pueda valorar lo que es y no es correcto en la profesión. Si alguien no cumple con esa normativa, que el propio sector profesional le haga ver su actitud, para que al menos el periodista quede un tanto avergonzado por no haber cumplido con lo que los demás compañeros piensan debe ser el comportamiento de cada uno.

La ética y la responsabilidad tienen que estar muy presentes en cada uno de estos hechos en los cuales la información es el tema central. Esto no debe suponer mayor censura, sino buscar una calidad de información, pluralismo, creatividad y objetividad.

TV para ricos y pobres

-Para todos los gustos y todos los bolsillos, las empresas provedoras de TV por cable ofrecen sus paquetes de canales, desde los básicos hasta el distinguido club de los paquetes platino plus.

El costo se estipula no sólo por las cantidad de canales, sino por el tipo de señal, análoga o digital, y los aparatos decodificadores que también causan una renta mensual, según la sofisticación tecnológica. ¿Estamos entrando, en cierto a modo, a una TV clasista?

-Estos modelos de TV que van en un proceso creciente, están provocando una brecha, una división social en cuanto a que hay personas que tienen capacidad económica para consumir los canales temáticos o los convergentes con Internet. A otros grupos sociales les resulta muy gravoso poder acceder a ellos.

Si realmente se quiere acudir a contenidos de interés y de calidad en los canales temáticos, hay que incrementar la cantidad de suscriptores. Ello supone ciertamente una gran división. Por ese motivo va emergiendo una TV para ricos y otra para pobres. En otras palabras: la TV generalista quedará para los pobres y la temática para los ricos.

Allí es donde los servicios del Estado deben entrar para efecto de que esa división social no se produzca y, en consecuencia, que esos canales públicos sean también de oferta generalizada y oferta temática, de manera gratuita o pagando unas cantidades mínimas para efecto de que todos lo puedan consumir. Con el fin de dar un servicio auténtico y democrático a toda la sociedad y a todos los componentes de esa sociedad sin divisón alguna.