Las campañas inteligentes son
ejercicios proselitistas propositivos, diseñados y dirigidos
por profesionales, hombres y mujeres que han estudiado el proceso
de intercambio político y que conocen a la perfección
las nuevas estrategias de comunicación y persuasión
electorales.
Las campañas electorales son definidas por
el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales
(Cofipe) como las acciones que realizan los candidatos y partidos
en la búsqueda del voto de los ciudadanos. Comprende todas
las actividades de proselitismo y persuasión política
orientadas a conquistar los mercados electorales. En toda sociedad
democrática, las campañas tienen la finalidad de
cortejar al elector, construir consensos sociales y lograr mayorías
electorales estables.
Las campañas electorales tienen una historia vieja en lo
que hoy se denomina Estados Unidos Mexicanos. La primera elección
para definir a un representante popular se realizó en 1828,
época que coincide con el inicio y la construcción
del Estado Mexicano. A partir de esa fecha, las campañas
empiezan a institucionalizarse en nuestro país como ejercicios
rutinarios para definir el carácter de la representación
pública.
Sin embargo, por muchos años las campañas se transformaron
en meros ritos protocolarios para el acceso al poder político,
ya que debido al predominio de un partido hegemónico de
Estado, las contiendas eran realmente inequitativas y desequilibradas.
A partir del inicio del proceso de transición a la democracia
en nuestro país, que se dio a fines de la década
de los ochenta, las campañas electorales empiezan a ser
más competidas y se transforman en mecanismos legítimos
férreamente disputados por dos o más actores políticos
para acceder al poder público. Así, de meros ritos
protocolarios, las campañas se tornan en verdaderas confrontaciones
de candidatos y partidos por la disputa del poder.
Hoy día, las campañas se han transformado en ejercicios
sofisticados y modernos en los que se involucra e invierten grandes
sumas de dinero, tiempo y recursos humanos para tratar de alcanzar
o conservar el poder.
Tales campañas son ejercicios proselitistas inteligentes
en los que los hombres e instituciones más astutas y capaces
logran conquistar la mente de los electores para ganar el voto.
De esa forma, la inteligencia se ha convertido en un factor estratégico
que permite que los partidos y candidatos obtengan ventajas comparativas
para obtener el poder político.
En el presente artículo se enlistan las características
más importantes de las campañas inteligentes, al
describir, de manera sucinta, sus principales atributos. Se parte
de una descripción conceptual breve de lo que se entiende
por inteligencia y por una campaña electoral perspicaz.
Después se señalan sus características distintivas,
para finalmente realizar una recapitulación sobre la importancia
de desarrollar y profesionalizar ese tipo de ejercicios proselitistas
propios de las democracias modernas.
Concepto
de inteligencia
La inteligencia es un término polisémico definido
de diferente forma. Para unos, es la habilidad que poseemos para
resolver los problemas que enfrentamos. Se dice inteligente a
la persona informada y capaz de aplicar los conocimientos en situaciones
complejas. Una persona inteligente, se señala, es aquella
capacitada para alcanzar metas y objetivos determinados. Piaget
apuntó que la inteligencia es lo que utilizamos cuando
no sabemos qué hacer.
En el campo intelectual, la inteligencia es definida como la capacidad
de razonamiento, reflexión y pensamiento abstracto; de
encontrar respuestas acertadas a las múltiples opciones
que plantea la vida; de aprender, ejercer el juicio, ser imaginativos,
anticipar, resolver problemas, crear e innovar para evolucionar.
En el campo gubernamental, la inteligencia se asocia con el espionaje,
las labores de investigación para obtener información
relevante sobre actores políticos y grupos especiales,
así como con las actividades de cuerpos de seguridad nacional.
En el ámbito político, la inteligencia implica la
astucia, la capacidad y la habilidad para conseguir los objetivos
que se proponen. Por lo tanto, una campaña electoral inteligente
alcanza las metas y objetivos establecidos, enfrenta la adversidad
y convierte las debilidades en fortalezas. Una campaña
inteligente es, sobre todo, capaz de vencer a los adversarios
y lograr un éxito rotundo.
Campañas
de inteligencia
Las campañas inteligentes presentan una serie de características
distintivas y diferentes a las de las campañas tradicionales.
A continuación se enlistan y explican brevemente tales
características. Se presenta el modelo ideal de una campaña
inteligente, con particularidades más importantes. Sin
embargo, no toda campaña exitosa reúne la totalidad
de los atributos distintivos de las campañas inteligentes,
pero cualquier campaña que congregue la mayor parte de
las características aquí señaladas será,
sin duda, una campaña triunfadora.
a)
Sustento informativo
Sun Tzu señalaba en su libro El Arte de la Guerra,
escrito en el siglo V AC: "Conócete a ti mismo y conoce
al enemigo y no perderás en mil batallas". Desde entonces,
la información se ha considerado como parte esencial del
poder. En las sociedades modernas, la información y el
conocimiento se han constituido, también, en factores reales
de poder. En esas sociedades, la información juega un papel
importante como insumo estratégico para la toma de decisiones
y como sustento de las acciones de comunicación y persuasión
política que se desarrollan en las campañas electorales.
La primera característica de una campaña inteligente
es que se sustenta en la información veraz y oportuna.
Para obtenerla se debe investigar y diagnosticar el mercado electoral,
conocer a la gente, sus principales problemas, preocupaciones,
expectativas y necesidades. De igual forma, hay que investigar
a la oposición, saber de sus fortalezas, sus debilidades,
estrategias utilizadas y apoyos con los que cuenta.
La información de calidad refleja la realidad política
objetiva de una determinada circunscripción electoral,
así como las percepciones de los ciudadanos constituidos
en mercado electoral.
La información oportuna se proporciona en tiempo y forma,
de acuerdo con lo que demanda la coyuntura o circunstancia política
del momento. De nada sirve tener información veraz si ésta
llega demasiado tarde y no puede ser utilizada para tomar decisiones
oportunas.
La investigación debe realizarse antes, durante e incluso
después del proceso electoral, de manera profesional, con
métodos cuantitativos y cualitativos. A partir del conocimiento
de la gente y del adversario, se obtiene información que,
bien utilizada, se transforma en una ventaja competitiva en la
lucha por alcanzar y conservar el poder.
Para obtener información se deben destinar los recursos
económicos, materiales y humanos necesarios que la actividad
reclame. En toda campaña electoral nunca se debe desestimar
la importancia de la información, ya que ésta es
una fuente de poder.
b)
Tecnología de vanguardia
Una campaña inteligente, además de sustentarse
en información veraz y oportuna, debe usar tecnología
de punta que le permita obtener ventajas comparativas respecto
de la oposición. Hoy día, la tecnología aplicada
a las campañas electorales está altamente desarrollada.
Comprende desde instrumentos para procesar información
sobre las características del mercado electoral hasta dispositivos
tecnológicos digitales para la transmisión de imágenes,
impresos y la elaboración de todo tipo de objetos propagandísticos.
El uso de las nuevas tecnologías de la información,
como el diseño de páginas Web y la Internet
para conocer, segmentar el mercado y persuadir a la gente, forman
parte de los nuevos desarrollos tecnológicos que utilizan
partidos y candidatos. De hecho, las nuevas campañas electorales
son, en realidad, paquetes tecnológicos usados por partidos
y candidatos para obtener o conservar el poder.
c)
Estructura organizacional flexible
Las campañas inteligentes presentan organigramas
flexibles y adaptables, de acuerdo con la circunstancia y coyuntura
que se vive. Por su parte, una campaña tradicional generalmente
utiliza organigramas rígidos, que imposibilitan cambios
rápidos y oportunos para responder a las necesidades y
contingencias que se presentan en toda contienda electoral.
Los organigramas más eficaces son aquellos que se diseñan
por función, por sector social a atender y por circunscripción
territorial. Por función, de acuerdo con las tareas que
se requieren realizar en la campaña, como pueden ser las
coordinaciones de prensa y medios; de imagen y opinión
pública; la electoral o la de giras y actividades de campaña,
por señalar algunas. Por sector social se refiere a las
estructuras creadas para atender a los grupos de electores importantes
en la campaña, entre ellas las coordinaciones de asuntos
juveniles; del sector obrero; de mujeres; de asuntos agrarios;
y de asuntos universitarios. La circunscripción electoral
se refiere a las estructuras creadas para realizar las actividades
proselitistas en los barrios, colonias, municipios, secciones
electorales, distritos o estados de la República.
Las campañas inteligentes diseñan los organigramas
de acuerdo con el tipo de elección que se trate, los recursos
humanos y materiales con los que se cuente, la coyuntura política
que se vive y, sobre todo, las necesidades propias de la campaña.
Una campaña inteligente incorpora, además, talentos
agregándolos a las estructuras organizacionales de acuerdo
con su perfil y su experiencia para desempeñar la función.
d)
Evolutiva
Una campaña inteligente avanza hacia el futuro, no se
detiene a contemplar el pasado. En tal sentido es evolutiva: cambia
y mejora sus procesos, prácticas y estructuras organizacionales
de acuerdo con la coyuntura política y con los tiempos
que se viven.
Las campañas inteligentes retoman del pasado las experiencias,
enseñanzas y aprendizajes, pero siempre con la idea de
progresar, de incorporar nuevas enseñanzas y fijar nuevos
derroteros para alcanzar los objetivos políticos buscados.
En ese sentido son campañas con visión de futuro,
capaces de dilucidar entre lo importante y lo urgente, así
como entre lo estratégico y lo coyuntural.
e)
Evaluación y retroalimentación
Toda campaña inteligente incorpora la evaluación
como parte de sus procesos para tomar decisiones y, de ser necesario,
corregir el rumbo. La evaluación puede ser interna o externa,
dependiendo de quién la realice. La primera suele ser más
objetiva, mientras que la segunda genera más sospechas
al interior de los equipos de campaña.
La evaluación debe realizarse no sólo al final de
la elección, sino también durante ella, además
de proporcionar un diagnóstico. El objetivo no es castigar
o señalar a nadie, sino evaluar avances, problemas e insuficiencias
para hacer los cambios que se requieran.
Las campañas inteligentes tienen la humildad para reconocer
errores, carencias y limitaciones, pero son capaces de retroalimentarse
y recomponerse para alcanzar los objetivos organizacionales propuestos.
f)
Sensitiva al cambio del entorno
Una campaña inteligente es sensitiva a los cambios del
ambiente. Tiene la capacidad de detectar desde las más
mínimas hasta las grandes transformaciones en el mercado
electoral, los cambios en las estrategias de los adversarios y,
sobre todo, en gustos, emociones, necesidades y expectativas de
los electores.
El cambio del medio ambiente puede implicar desde modificaciones
en la legislación electoral, las reglas novedosas de la
competencia política, los temas nuevos de interés
de los ciudadanos, hasta los sucesos a nivel internacional, como
pueden ser las grandes transformaciones sociopolíticas
de carácter democrático en el mundo.
g)
Prospectiva propositiva y práctica
Toda campaña inteligente debe planear escenarios futuros,
definir la agenda y el debate central de la contienda, evitar
que la oposición tome el liderazgo y la iniciativa sobre
los temas y asuntos que se tratarán como relevantes durante
la campaña.
Las campañas inteligentes, además, son propositivas,
sustentadas en propuestas y ofertas electorales atractivas para
los ciudadanos. Por medio de las propuestas, los candidatos y
partidos deben dar a los electores las razones y motivos suficientes
para que les confíen su voto y la alta responsabilidad
de gobernar. Estas propuestas deben presentarse en lenguaje accesible
para la mayoría de los electores, en un formato breve y
conciso y, sobre todo, adecuadas a lo que la ciudadanía
requiere y espera de los candidatos y partidos.
Una campaña inteligente es, también, proactiva,
porque genera una fuerte inercia de trabajo, energía y
dinamismo en todos los integrantes del equipo de colaboradores,
principalmente en el candidato. Ser proactivo implica poseer una
actitud positiva ante la adversidad, buscar la solución
práctica de los problemas y la enmienda autocrítica
de los errores.
h)
Regida por la administración científica
Una campaña inteligente se rige por los principios
de la administración científica. Es decir, utiliza
la planeación, la dirección, la organización,
la evaluación y el control, de manera tal que hace eficientes
sus procesos para alcanzar sus objetivos.
Como parte de la planeación, el esfuerzo proselitista se
rige por un plan de campaña que le da direccionalidad y
rumbo. La dirección implica un liderazgo dinámico,
incluyente y sensitivo. La organización involucra el diseño
y la creación de estructuras políticas operativas,
que suman voluntades para ganar votos. La evaluación permite
conocer avances y detectar insuficiencias e ineficiencias. El
control ayuda a evitar errores, desviaciones y excesos en las
acciones realizadas, a la vez que permite una mejor fiscalización
de los recursos utilizados.
i)
Uso racional de los recursos
Una campaña inteligente usa racionalmente los recursos
disponibles, sean humanos, materiales, económicos o el
tiempo.
Al usar racionalmente el capital humano, incorpora talentos, asigna
responsabilidades de acuerdo con perfiles y usa las capacidades
y conocimientos de sus activistas y simpatizantes para alcanzar
los objetivos propuestos, además de evitar despilfarro
y gastos innecesarios.
La racionalización del tiempo implica jerarquizar acciones
de la campaña, priorizar actividades del candidato y el
equipo de campaña, así como determinar las áreas
geográficas que serán sujetas de especial atención
para el proselitismo electoral.