Ideas para construir mayorías estables

Campañas electorales, comunicación e inteligencia

Andrés Valdez Zepeda


                                           Doctor en estudios latinoamericanos
por la Universidad de Nuevo México




 
Las campañas inteligentes son ejercicios proselitistas propositivos, diseñados y dirigidos por profesionales, hombres y mujeres que han estudiado el proceso de intercambio político y que conocen a la perfección las nuevas estrategias de comunicación y persuasión electorales.

Las campañas electorales son definidas por el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) como las acciones que realizan los candidatos y partidos en la búsqueda del voto de los ciudadanos. Comprende todas las actividades de proselitismo y persuasión política orientadas a conquistar los mercados electorales. En toda sociedad democrática, las campañas tienen la finalidad de cortejar al elector, construir consensos sociales y lograr mayorías electorales estables.

Las campañas electorales tienen una historia vieja en lo que hoy se denomina Estados Unidos Mexicanos. La primera elección para definir a un representante popular se realizó en 1828, época que coincide con el inicio y la construcción del Estado Mexicano. A partir de esa fecha, las campañas empiezan a institucionalizarse en nuestro país como ejercicios rutinarios para definir el carácter de la representación pública.

Sin embargo, por muchos años las campañas se transformaron en meros ritos protocolarios para el acceso al poder político, ya que debido al predominio de un partido hegemónico de Estado, las contiendas eran realmente inequitativas y desequilibradas.

A partir del inicio del proceso de transición a la democracia en nuestro país, que se dio a fines de la década de los ochenta, las campañas electorales empiezan a ser más competidas y se transforman en mecanismos legítimos férreamente disputados por dos o más actores políticos para acceder al poder público. Así, de meros ritos protocolarios, las campañas se tornan en verdaderas confrontaciones de candidatos y partidos por la disputa del poder.

Hoy día, las campañas se han transformado en ejercicios sofisticados y modernos en los que se involucra e invierten grandes sumas de dinero, tiempo y recursos humanos para tratar de alcanzar o conservar el poder.

Tales campañas son ejercicios proselitistas inteligentes en los que los hombres e instituciones más astutas y capaces logran conquistar la mente de los electores para ganar el voto. De esa forma, la inteligencia se ha convertido en un factor estratégico que permite que los partidos y candidatos obtengan ventajas comparativas para obtener el poder político.

En el presente artículo se enlistan las características más importantes de las campañas inteligentes, al describir, de manera sucinta, sus principales atributos. Se parte de una descripción conceptual breve de lo que se entiende por inteligencia y por una campaña electoral perspicaz. Después se señalan sus características distintivas, para finalmente realizar una recapitulación sobre la importancia de desarrollar y profesionalizar ese tipo de ejercicios proselitistas propios de las democracias modernas.


                                    Concepto de inteligencia

La inteligencia es un término polisémico definido de diferente forma. Para unos, es la habilidad que poseemos para resolver los problemas que enfrentamos. Se dice inteligente a la persona informada y capaz de aplicar los conocimientos en situaciones complejas. Una persona inteligente, se señala, es aquella capacitada para alcanzar metas y objetivos determinados. Piaget apuntó que la inteligencia es lo que utilizamos cuando no sabemos qué hacer.

En el campo intelectual, la inteligencia es definida como la capacidad de razonamiento, reflexión y pensamiento abstracto; de encontrar respuestas acertadas a las múltiples opciones que plantea la vida; de aprender, ejercer el juicio, ser imaginativos, anticipar, resolver problemas, crear e innovar para evolucionar.

En el campo gubernamental, la inteligencia se asocia con el espionaje, las labores de investigación para obtener información relevante sobre actores políticos y grupos especiales, así como con las actividades de cuerpos de seguridad nacional.

En el ámbito político, la inteligencia implica la astucia, la capacidad y la habilidad para conseguir los objetivos que se proponen. Por lo tanto, una campaña electoral inteligente alcanza las metas y objetivos establecidos, enfrenta la adversidad y convierte las debilidades en fortalezas. Una campaña inteligente es, sobre todo, capaz de vencer a los adversarios y lograr un éxito rotundo.

Campañas de inteligencia

Las campañas inteligentes presentan una serie de características distintivas y diferentes a las de las campañas tradicionales. A continuación se enlistan y explican brevemente tales características. Se presenta el modelo ideal de una campaña inteligente, con particularidades más importantes. Sin embargo, no toda campaña exitosa reúne la totalidad de los atributos distintivos de las campañas inteligentes, pero cualquier campaña que congregue la mayor parte de las características aquí señaladas será, sin duda, una campaña triunfadora.

a) Sustento informativo

Sun Tzu señalaba en su libro El Arte de la Guerra, escrito en el siglo V AC: "Conócete a ti mismo y conoce al enemigo y no perderás en mil batallas". Desde entonces, la información se ha considerado como parte esencial del poder. En las sociedades modernas, la información y el conocimiento se han constituido, también, en factores reales de poder. En esas sociedades, la información juega un papel importante como insumo estratégico para la toma de decisiones y como sustento de las acciones de comunicación y persuasión política que se desarrollan en las campañas electorales.

La primera característica de una campaña inteligente es que se sustenta en la información veraz y oportuna. Para obtenerla se debe investigar y diagnosticar el mercado electoral, conocer a la gente, sus principales problemas, preocupaciones, expectativas y necesidades. De igual forma, hay que investigar a la oposición, saber de sus fortalezas, sus debilidades, estrategias utilizadas y apoyos con los que cuenta.

La información de calidad refleja la realidad política objetiva de una determinada circunscripción electoral, así como las percepciones de los ciudadanos constituidos en mercado electoral.

La información oportuna se proporciona en tiempo y forma, de acuerdo con lo que demanda la coyuntura o circunstancia política del momento. De nada sirve tener información veraz si ésta llega demasiado tarde y no puede ser utilizada para tomar decisiones oportunas.

La investigación debe realizarse antes, durante e incluso después del proceso electoral, de manera profesional, con métodos cuantitativos y cualitativos. A partir del conocimiento de la gente y del adversario, se obtiene información que, bien utilizada, se transforma en una ventaja competitiva en la lucha por alcanzar y conservar el poder.

Para obtener información se deben destinar los recursos económicos, materiales y humanos necesarios que la actividad reclame. En toda campaña electoral nunca se debe desestimar la importancia de la información, ya que ésta es una fuente de poder.

b) Tecnología de vanguardia

Una campaña inteligente, además de sustentarse en información veraz y oportuna, debe usar tecnología de punta que le permita obtener ventajas comparativas respecto de la oposición. Hoy día, la tecnología aplicada a las campañas electorales está altamente desarrollada. Comprende desde instrumentos para procesar información sobre las características del mercado electoral hasta dispositivos tecnológicos digitales para la transmisión de imágenes, impresos y la elaboración de todo tipo de objetos propagandísticos.

El uso de las nuevas tecnologías de la información, como el diseño de páginas Web y la Internet para conocer, segmentar el mercado y persuadir a la gente, forman parte de los nuevos desarrollos tecnológicos que utilizan partidos y candidatos. De hecho, las nuevas campañas electorales son, en realidad, paquetes tecnológicos usados por partidos y candidatos para obtener o conservar el poder.

c) Estructura organizacional flexible

Las campañas inteligentes presentan organigramas flexibles y adaptables, de acuerdo con la circunstancia y coyuntura que se vive. Por su parte, una campaña tradicional generalmente utiliza organigramas rígidos, que imposibilitan cambios rápidos y oportunos para responder a las necesidades y contingencias que se presentan en toda contienda electoral.

Los organigramas más eficaces son aquellos que se diseñan por función, por sector social a atender y por circunscripción territorial. Por función, de acuerdo con las tareas que se requieren realizar en la campaña, como pueden ser las coordinaciones de prensa y medios; de imagen y opinión pública; la electoral o la de giras y actividades de campaña, por señalar algunas. Por sector social se refiere a las estructuras creadas para atender a los grupos de electores importantes en la campaña, entre ellas las coordinaciones de asuntos juveniles; del sector obrero; de mujeres; de asuntos agrarios; y de asuntos universitarios. La circunscripción electoral se refiere a las estructuras creadas para realizar las actividades proselitistas en los barrios, colonias, municipios, secciones electorales, distritos o estados de la República.

Las campañas inteligentes diseñan los organigramas de acuerdo con el tipo de elección que se trate, los recursos humanos y materiales con los que se cuente, la coyuntura política que se vive y, sobre todo, las necesidades propias de la campaña. Una campaña inteligente incorpora, además, talentos agregándolos a las estructuras organizacionales de acuerdo con su perfil y su experiencia para desempeñar la función.


                                               d) Evolutiva

Una campaña inteligente avanza hacia el futuro, no se detiene a contemplar el pasado. En tal sentido es evolutiva: cambia y mejora sus procesos, prácticas y estructuras organizacionales de acuerdo con la coyuntura política y con los tiempos que se viven.

Las campañas inteligentes retoman del pasado las experiencias, enseñanzas y aprendizajes, pero siempre con la idea de progresar, de incorporar nuevas enseñanzas y fijar nuevos derroteros para alcanzar los objetivos políticos buscados. En ese sentido son campañas con visión de futuro, capaces de dilucidar entre lo importante y lo urgente, así como entre lo estratégico y lo coyuntural.

e) Evaluación y retroalimentación

Toda campaña inteligente incorpora la evaluación como parte de sus procesos para tomar decisiones y, de ser necesario, corregir el rumbo. La evaluación puede ser interna o externa, dependiendo de quién la realice. La primera suele ser más objetiva, mientras que la segunda genera más sospechas al interior de los equipos de campaña.

La evaluación debe realizarse no sólo al final de la elección, sino también durante ella, además de proporcionar un diagnóstico. El objetivo no es castigar o señalar a nadie, sino evaluar avances, problemas e insuficiencias para hacer los cambios que se requieran.

Las campañas inteligentes tienen la humildad para reconocer errores, carencias y limitaciones, pero son capaces de retroalimentarse y recomponerse para alcanzar los objetivos organizacionales propuestos.

f) Sensitiva al cambio del entorno

Una campaña inteligente es sensitiva a los cambios del ambiente. Tiene la capacidad de detectar desde las más mínimas hasta las grandes transformaciones en el mercado electoral, los cambios en las estrategias de los adversarios y, sobre todo, en gustos, emociones, necesidades y expectativas de los electores.

El cambio del medio ambiente puede implicar desde modificaciones en la legislación electoral, las reglas novedosas de la competencia política, los temas nuevos de interés de los ciudadanos, hasta los sucesos a nivel internacional, como pueden ser las grandes transformaciones sociopolíticas de carácter democrático en el mundo.

g) Prospectiva propositiva y práctica

Toda campaña inteligente debe planear escenarios futuros, definir la agenda y el debate central de la contienda, evitar que la oposición tome el liderazgo y la iniciativa sobre los temas y asuntos que se tratarán como relevantes durante la campaña.

Las campañas inteligentes, además, son propositivas, sustentadas en propuestas y ofertas electorales atractivas para los ciudadanos. Por medio de las propuestas, los candidatos y partidos deben dar a los electores las razones y motivos suficientes para que les confíen su voto y la alta responsabilidad de gobernar. Estas propuestas deben presentarse en lenguaje accesible para la mayoría de los electores, en un formato breve y conciso y, sobre todo, adecuadas a lo que la ciudadanía requiere y espera de los candidatos y partidos.

Una campaña inteligente es, también, proactiva, porque genera una fuerte inercia de trabajo, energía y dinamismo en todos los integrantes del equipo de colaboradores, principalmente en el candidato. Ser proactivo implica poseer una actitud positiva ante la adversidad, buscar la solución práctica de los problemas y la enmienda autocrítica de los errores.

h) Regida por la administración científica

Una campaña inteligente se rige por los principios de la administración científica. Es decir, utiliza la planeación, la dirección, la organización, la evaluación y el control, de manera tal que hace eficientes sus procesos para alcanzar sus objetivos.

Como parte de la planeación, el esfuerzo proselitista se rige por un plan de campaña que le da direccionalidad y rumbo. La dirección implica un liderazgo dinámico, incluyente y sensitivo. La organización involucra el diseño y la creación de estructuras políticas operativas, que suman voluntades para ganar votos. La evaluación permite conocer avances y detectar insuficiencias e ineficiencias. El control ayuda a evitar errores, desviaciones y excesos en las acciones realizadas, a la vez que permite una mejor fiscalización de los recursos utilizados.


                               i) Uso racional de los recursos

Una campaña inteligente usa racionalmente los recursos disponibles, sean humanos, materiales, económicos o el tiempo.

Al usar racionalmente el capital humano, incorpora talentos, asigna responsabilidades de acuerdo con perfiles y usa las capacidades y conocimientos de sus activistas y simpatizantes para alcanzar los objetivos propuestos, además de evitar despilfarro y gastos innecesarios.

La racionalización del tiempo implica jerarquizar acciones de la campaña, priorizar actividades del candidato y el equipo de campaña, así como determinar las áreas geográficas que serán sujetas de especial atención para el proselitismo electoral.



                            


























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