Y
las largas campañas hacia el 2006
El marketing político
que llegó para quedarse
Guillermina
Baena Paz
Profesora
e Investigadora de la Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM
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Las campañas políticas
modernas se caracterizan por apoyarse en los medios de comunicación,
lo cual les da incidencia, frecuencia, cobertura, don de ubicuidad
a los candidatos y posibilidades inmensas de promoción y
de recordación. Si antes los candidatos lanzaban mensajes
como perdigones, hoy las armas deben tener exactitud milimétrica
y penetrar en la mente de los electores.
En México hoy vivimos una situación
inédita. Desde las elecciones del 2000, la lucha y la conquista
del poder político se libra a través de los diferentes
medios de comunicación.
El nuevo gobierno no sólo acabó con
todas las reglas implícitas del sistema político mexicano
vigentes durante más de 70 años en un sólo
partido hegemónico. También, en el nombre de la democracia,
ha interpretado a su manera ese ejercicio, muchas veces como sinónimo
de hagan lo que quieran, o una democracia con libertad de
expresión al estilo Bart Simpson: o sea, la libertad de escupirle
la cara al otro. Tal situación ha originado convulsiones
políticas, alianzas nunca antes formuladas, guerras sucias,
descalificaciones... mientras que el país está en
un permanente andar sobre la espada de dos filos: el hundimiento
o el desgarramiento social.
El
largo camino...
Desde el 2003, cuando Fox dio el banderazo a la carrera
presidencial, la agenda nacional ha estado saturada de candidatos,
de campañas informales y de agresiones. Las arenas políticas
se han vuelto desde entonces el lugar donde todo puede suceder,
a pesar de que cada hecho nos deje en los límites de la capacidad
de asombro. De allí la importancia de apropiarse de los espacios
públicos para conquistar la mente de los posibles electores
y lograr su preferencia vía el voto.
Las campañas políticas modernas se caracterizan
por apoyarse en los medios de comunicación, lo cual les da
incidencia, frecuencia, cobertura, don de ubicuidad a los candidatos
y posibilidades inmensas de promoción y de recordación.
Si antes los candidatos lanzaban mensajes como perdigones, hoy las
armas deben tener exactitud milimétrica y penetrar en la
mente de los electores.
Claro: es que antes no importaba eso de las campañas.
Con un sistema político que tenía todo bajo control,
sabíamos con certeza, hasta con un año de anticipación,
quién sería el próximo Presidente de la República.
Nos reíamos un poco de nuestros vecinos porque ellos presumían
con sus exit pools saber con 24 horas de anticipación
quién sería el ganador.
Al igual que en el mercado, la política se
abrió a la competencia. Ahora cualquier candidato puede aspirar
a la Presidencia. Las campañas tienen una nueva razón
de ser. La mercadotecnia tiene un papel importante y llega para
instalarse en el nuevo panorama político.
Por ello, los gastos más fuertes de las campañas
están reservados casi hasta en 80% para los medios de comunicación,
mientras que los gastos extraoficiales para precampañas -campañas
disimuladas, obras de gobierno que ocultan la campaña presidencial
cada vez menos subliminal- se llevan muchísimo dinero más,
tanto que ni el IFE lo ha podido controlar.
La opinión de los diferentes públicos
que constituyen en la actualidad un mercado político para
los partidos, les permite identificar tanto las necesidades de la
población -es decir, la demanda- como una oportunidad y un
reto para establecer una oferta política.
Hoy más que nunca los espacios públicos
no sólo están en la acción de placear y
pueblear: están en las bardas, en los mítines,
en los anuncios espectaculares, en luchas desiguales y agresivas
que se libran en los medios de comunicación, principalmente
la radio y la televisión, que han hecho de la política
un espectáculo en forma de talk show, reality show
o programas cómicos de conductores-payasos que vuelven la
seriedad de la política en videoescándalos.
De esa manera, la actividad de los comunicadores políticos
es parte esencial de una estrategia de comunicación efectiva:
abrir espacios, generar noticias, proporcionar información
relevante, crear y hasta manipular la opinión pública
para transformarla, reconstruirla o construirla en favor de un partido
y un candidato.
Espacios
públicos y comunicación política
La democracia en teoría, entendida como el
gobierno para todos, implica igualdad, tolerancia, pluralidad, entre
otros atributos, y también comparte su existencia con otros
fenómenos sociales como la opinión pública,
la comunicación política y el espacio público.
Los asuntos relacionados con la ciudad y, en consecuencia,
con la población, es decir, con los ciudadanos, es lo que
llanamente se entiende por política, y la política
entendida como actividad humana está estrechamente vinculada
con el poder. Éste último se traduce como "consistente
en los medios para obtener una ventaja" (Hobbes) o "conseguir
los efectos deseados" (Russell).
Se pueden distinguir tres tipos de poder: económico,
ideológico y político. El poder político está
basado en la posesión de los instrumentos para ejercer la
coacción física.
El poder político pertenece a la categoría
del poder de un hombre sobre otro hombre. [...] Esta relación
de poder se expresa en muchas formas, en las que se reconocen las
fórmulas típicas del lenguaje político como
relación entre gobernantes y gobernados, entre soberano y
súbditos, entre el Estado y los ciudadanos, entre orden y
obediencia.1
El espacio público, entendido como "el
lugar de una comunicación de las sociedades distintas entre
sí"2 , genera opinión pública.
El carácter democrático de una sociedad se reconoce
por el funcionamiento de estos espacios y se vuelve un indicador
del grado de democracia alcanzada.
A decir de algunos especialistas, la comunicación
política es uno de los elementos más importantes del
espacio público expandido, al contener la confrontación
de los discursos de los tres actores: los políticos, los
periodistas y la opinión pública, quienes tienen legitimidad
para expresarse sobre política.
Al principio, la comunicación política
se refería a la comunicación del gobierno para con
el electorado; más tarde, se vinculaba al intercambio de
discursos entre el poder y la oposición, para incorporar
después el análisis de los medios informativos en
la conformación de la opinión pública y a la
influencia de las encuestas en periodos electorales; actualmente
se refiere al papel de la comunicación en la vida política.
Así, la confrontación entre adversarios en un contexto
democrático se lleva a cabo en el modo comunicacional, recubriendo
al otro.3
La comunicación política constituye
un quehacer permanente de interrelación, un proceso dialógico
entre gobernante y gobernados vinculado con la generación
de información y mensajes políticos transmitidos a
través de los medios de comunicación. En ese sentido
es más amplio el concepto que la mera venta de un producto
político.
Mercado
político
Las plataformas políticas de los partidos no
presentan diferencias sustantivas en lo que se ha dado en llamar
geometría política. La tendencia es identificarse
con el centro, centro izquierda o centro derecha, y todo hace pensar
que los programas son canalizados por la mercadotecnia política
y personalizados en un candidato.
Presenciamos, según parece, la aparición
de actores, más que de políticos en el sentido tradicional,
los cuales deben superar las contradicciones de los electores en
ciertos segmentos que conforman un mercado electoral.
La mercadotecnia política, por tanto, es una
respuesta a la satisfacción de una demanda diversificada,
plural y heterogénea que se han dado en denominar segmentos.4
Con el fin de poder delimitar la demanda y definir
los mercados políticos, se aplican técnicas de mercadeo
comercial, como segmentación sociográfica o de estilos
de vida para administrar un mundo político plural y competitivo.
Al situarse en un espacio competitivo, la comunicación
política no da nada por hecho y supone la construcción
de una imagen que integre la mayor cantidad posible de segmentos
para obtener, si no todos los votos, sí cuando menos el porcentaje
que les permita ganar.
En las elecciones del 2003, el caso de Tlaxcala fue
significativo con 15% de la votación; en las del 2005, el
de Guerrero fue más significativo aún más con
61%. Las elecciones presidenciales calculan obtener un poco más
de 33% de los votos por la división posible que pudiera hacerse
entre los tres partidos.
El mercado político, como la influencia
de múltiples actores políticos que han hecho un río
revuelto de las elecciones presidenciales a ver cuál pescador
gana, en su carácter de ofertante de recursos reales o potenciales,
ha diversificado el espectro de lucha política, ha vuelto
al espacio público más controvertido y, por tanto,
las campañas políticas se tendrán que adaptar
a un clima de mayor pluralidad, competencia5 y
violencia.
Múltiples
caras de una misma moneda
Lo que actualmente se ha llamado marketing político
comprende un proceso sistemático que nos permite controlar
las diferentes etapas y pasos que implica una estrategia electoral,
una campaña política o social o un ejercicio para
la gestión de las políticas públicas. O sea,
el marketing político es de tres tipos: electoral,
social y de gestión.
A diferencia de la mercadotecnia que vende productos,
el intercambio de servicios y propuestas políticas es mucho
más complejo que el de mercancías. Pese a ello, muchos
entre quienes se autollaman consultores siguen el modelo
de la mercadotecnia comercial y el norteamericano de las campañas
que se caracteriza por el espectáculo, el amarillismo, las
descalificaciones violentas sin medida, generadas por mentes perversas,
pues arguyen que se trata de una guerra y que, por tanto,
es preciso acabar con el adversario.
Dice Arbesú que la campaña política
llega a niveles más profundos, en tanto se ubica en el centro
de las relaciones humanas y en la manera como los seres huma-nos
se vinculan con su entorno.6
Lo cierto es que hacer mercadotecnia política
no es hacer publicidad ni mercadotecnia comercial. Se requiere de
elementos diferentes que trabajan con aspectos intangibles tan importantes
como la credibilidad, la legitimidad, la gobernabilidad, la esperanza
y la honestidad. Se requiere de la sensibilidad para saber en qué
momento se aplica tal o cual mensaje o responder a campañas
negativas o negras.
Por eso todo equipo de campaña se concentra
en el cuartel de guerra (war room) donde se generan las estrategias
que no son públicas: que no se ven.
Así pues, la campaña tiene una cara
pública manejada por la mercadotecnia política, pero
muchas caras ocultas en las que se mueven las fuerzas políticas,
los mensajes cifrados, las estrategias de respuesta inmediata, los
acuerdos explícitos e implícitos, las oscuras vías
de las concertaciones adquiridas que cobrarán facturas
a quien las hayan solicitado.
De aquí en adelante, el lenguaje de la mercadotecnia
permea a la política, ya que, inmersa en una sociedad de
mercado, forma parte de ella. Se trata de vender un producto
político (el candidato) a través de una oferta política
(el programa). Esta oferta ha surgido de las demandas y necesidades
de la población y ha sido definida en función de ellas
y de los principios, estatutos y filosofía que sostiene el
propio partido.
La propuesta política combina imagen y programa
representados en el candidato.
El marketing político se instala con mayor
facilidad donde las condiciones de competencia política son
lo suficientemente elevadas para motivar a los actores políticos
a emplear distintas técnicas encauzadas a convencer al ciudadano
elector.7
Mientras que el marketing lucha por un reconocimiento
específico más allá de la mercadotecnia comercial
y se vuelve cada vez más sistemático, más científico,
nuevas formas de la política van requiriendo atención
en las campañas.
Activismo
político
La estrategia de activismo se vuelve cada vez más
importante en la campaña. Es el monitoreo de los medios,
la respuesta inmediata, la inducción de opinión, la
promoción del voto: el trabajo con la gente de manera directa.
Los activistas se vuelven agentes generadores de una opinión
favorable a los candidatos y a las propuestas en la búsqueda
de voto de los ciudadanos.
Es muy importante que el activista conozca bien:
a) Los documentos básicos del partido (declaración
de principios, bases y estatutos).
b) Un FODA (Técnica que resume Fortalezas y Debilidades,
Oportunidades y Amenazas) sobre los candidatos y los partidos en
la campaña.
c) Finalmente, el mantener un conjunto de actitudes a la hora de
intercambiar puntos de vista con la gente puede ser muy útil:
hablar positivamente, aludir a los valores, enfatizar logros, involucrar
a los demás en la participación, hablar con la verdad,
contar la propia experiencia dentro del partido, aludir a situaciones
que son comunes.
Marketing
electoral
Con el marketing político se fortalece
una nueva forma de gobernar:
El ejercicio del poder público abunda en los espacios
de la clandestinidad y de la razón de Estado ante la publicidad
de su influencia y de sus actos [...] pasa de los oscuros callejones
de su configuración y ejercicio a los grandes espacios de
la publicidad [...] Hoy los pasos del hombre político son
seguidos de cerca por el gobernado a través de los medios
de comunicación.8
El marketing electoral es una de las dimensiones
globales de aplicación del marketing político, la
otra es el de gestión de gobierno.
El marketing político se instala ahí
donde las condiciones de competencia política son los suficientemente
elevadas para motivar a los actores políticos a emplear distintas
técnicas encauzadas a convencer al ciudadano-elector como
entidad pensante.
El marketing político requiere de una
acción multidisciplinaria que trabaje dos aspectos primordiales:
a) Las encuestas electorales (cultura demoscópica)
b) La estrategia electoral.
Los usos que se hacen de las encuestas son: predecir los resultados
de la votación, influir en la discusión del voto,
aumentar la participación de la ciudadanía en los
procesos electorales, generar credibilidad en torno a ellos, orientar
la selección interna de candidatos, canalizar recursos para
financiar campañas y motivar a los equipos de campaña.9
Marketing
público
El segundo gran ámbito global de aplicación
del marketing político es el de gestión política
o de gobierno, cuyos objetivos fundamentales son:
a) Consolidar las políticas públicas.
b) Conservar un contacto dinámico entre gobernantes y gobernados.
Se precisa asociar el juego de la imagen del ahora funcionario con
la riqueza y sinceridad de un programa de gobierno.10
Una o varias acciones en la comunidad que permitan
distinguir el trabajo del gobierno, sus intenciones, aspiraciones
o intereses será el resultado de un trabajo promocional que
faculte a las personas tanto a identificar a la institución
gubernamental, como a conocer las propuestas que plantea.
Por ejemplo, si tomamos el caso de los servicios públicos,
éstos van a enfrentar un tipo particular de competencia en
la cual los competidores no son otras dependencias, entidades, instancias
o niveles de gobierno, sino la oposición política
a la administración responsable de la gestión pública.
Así, el concepto de influencia en el mercado se entenderá
en términos de gobernabilidad, y el de posicionamiento en
términos de legitimación.11
Una vez que el candidato resulta triunfador,
la tarea del marketing político se traslada a la esfera
de la gestión:
a) Las demandas se han incluido en la agenda política de
la campaña.
b) De allí pasan a conformar las grandes líneas programáticas
del Proyecto de Gobierno.
c) Luego se conforman como políticas públicas. De
esa forma se reconocen las demandas para elevarlas al nivel de prioridades.
d) Tales políticas públicas deben transformarse en
hechos, que otorguen un beneficio efectivo a la comunidad al involucrarla
e informarla a partir de la apropiación recíproca
de los espacios públicos.
e) Lo que hace con ello el gobernante es la construcción
de consensos, esto es: el ejercicio de la democracia; en tal situación
administrativo-política, el liderazgo es social y se centra
en la tarea, ya no es el individuo. Es decir: es la tarea lo que
nos une.
El manejo de la comunicación y la política se vuelven
un binomio inseparable en los tiempos actuales.
NOTAS
1) Norberto Bobbio, Diccionario
de política, T. 2, p. 124.
2) Jean Marc Ferry, Las transformaciones de
la publicidad política, en El nuevo espacio público,
p. 26.
3) Dominique Wolton, La comunicación
política: construcción de un modelo, en El
nuevo espacio público, p. 31.
4) Giles Achache, El marketing político,
en El nuevo espacio público, p. 112.
5) Gabino Vázquez Robles, Comunicación
y marketing político, Notas sobre su asimulación
en el contexto mexicano, p. 4.
6) Arbesú, op. cit., p. 27.
7) Gabino Vázquez Robles, op.cit.,
p. 5.
8) Gabino Vázquez, op. cit., p. 1.
9) Fernando Solís, cit. pos., Gabino Vázquez,
op. cit., p. 6.
10) Gabino Vázquez, op., cit. pp.
5, 10.
11) Luis Ignacio Arbesú; Mercadotecnia
política, p. 22.
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