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Las pláticas se van
espaciando por exceso de trabajo. Los recuerdos se agolpan en la
memoria y existen nostalgia y ¡ayes! La vida cambia vertiginosamente,
los ideales muchas veces se pierden y, con todo, hay posibilidades
de ir a los refugios donde logramos el contacto con algunos que
van dejando el mundo y por diversas razones son poco evocados.
Con Óscar González viví
momentos polares. Lo mismo buenos tragos y aventuras sin par que
alejamientos y situaciones terribles. Siempre lo consideré
un hombre que llevó en alto la bandera del cambio y alguien
de gran congruencia en su vida. Incluso en sus últimos días,
supe, asistió a una reunión de Cuauhtémoc Cárdenas,
no obstante que su estado de salud estaba muy deteriorado. A ese
encuentro con el aspirante por cuarta ocasión a la candidatura
presidencial, fue acompañado por el amor de su vida, Eloísa
Godiner, quien era un artista fuera de serie y prefirió el
papel de esposa. Supo que su tarea fue tanto o más importante
que la actuación.
Óscar González fue profesor, militante de diversos
movimientos, destacadamente los que encabezaron Rafael Galván
y Cuauhtémoc Cárdenas. Pero ocasionalmente trabajó
en otras posiciones. Como jefe de prensa en Fertimex, cuando la
dirigió David Gustavo Gutiérrez, quien llegó
a ser gobernador designado de Quintana Roo, pues el hoy estado todavía
era territorio. Entonces Óscar me llamó en una ocasión.
Yo era reportero del semanario Oposición, órgano
del Partido Comunista Mexicano (PCM). Me propuso algo inquietante:
darme una cantidad mensual mientras durara en su cargo, con el objeto
de que ese sobre fuera para la publicación que hacíamos
"los rojos". Consulté en el PCM y me dijeron: "Adelante".
Cada mes acudía a las oficinas que estaban en la calle de
Cuauhtémoc y se me daba un paquete sin dar recibo alguno,
que entregaba sin abrir al director del impreso.
El asunto no duró mucho tiempo, pero siempre agradeceré
que alguien diera la mano a un periódico que mal vivía
y pagaba a unos cuantos de sus hacedores. Desgraciadamente, cuando
Óscar y yo estuvimos juntos en Excelsior, hubo un
diferendo que nos alejó definitivamente. No obstante que
yo intenté entrevistarlo para mi programa radiofónico,
Después de la letra
la palabra, al recibir González
el Premio Nacional de Periodismo, él no aceptó y mandó
a mi enviado con cajas destempladas. No obstante ello, lo recuerdo
con gratitud. Bien por este compañero que lejos de la prepotencia
supo ser firme en lo que creyó.
Otro caso no menos importante fue el de Antonio Caram Mafud. A este
hijo de árabes lo traté primordialmente en la célula
Froylán C. Manjarrez, del PCM. Eramos militantes de
la misma Pedro Reyner Vamos -de ascendencia húngara y entonces
yerno del ex presidente mexicano Emilio Portes Gil-, Hugo Tulio
Meléndez -mi entrañable hermano y fallecido igual
que Toño y Pedrito-, Humberto Musacchio, Eduardo Ibarra y
este refugiado.
Caram era el más veterano en las tareas periodísticas
y partidarias. Había actuado en la Asociación Mexicana
de Periodistas (AMP) al lado de Renato Leduc, Juan Duch, Edmundo
Jardón Arzate y muchos otros, que aglutinaron a los tundemáquinas
por sus derechos profesionales y posibilitaron que la libertad de
expresión fuera algo real, auténtico, sin tutelas
gubernamentales. En los años sesenta y setenta resultaba
francamente no sólo una audacia, sino exponerse a la cárcel
o algo peor.
Caram era un tipo singular: calmado, buen jugador de ajedrez, puntual
en sus citas, con un sarcasmo muy especial que a veces dejaba atolondrados
a muchos.
En un momento nos propuso -previo acuerdo con la dirección
comunista- organizar la Unión de Periodistas Democráticos
(UPD). Es decir: la hija de la AMP. Para la creación de ésta
participamos con entusiasmo todos los miembros de la célula
Froylán C. Manjarrez. Convencimos sin muchas dificultades
a Renato Leduc para que le entrara nuevamente al combate. Hicimos
contacto con varios notables, la mayoría de Excelsior:
Froylán López Narváez, Miguel Ángel
Granados Chapa, Ángeles Mastretta y el inolvidable Carlos
Pereyra, uno de los politólogos más serios, prestigiados
y con gran poder de convocatoria, el cual tenía un sentido
del humor magnífico.
Se dieron los pasos necesarios y la primera directiva la encabezó
Renato. Como secretario general estuvo, lógicamente Toño
Caram. Una de las primeras acciones importantes fue censurar el
golpe a Excélsior del 8 de julio de 1976. La directiva encabezada
por los dos mencionados más Hugo Tulio Meléndez, Humberto
Musacchio, Dolores Cordero y otros, más unos 40 periodistas
condenamos la agresión. El desplegado únicamente se
publicó en la revista Siempre!
Antonio Caram estuvo, también, en las tres etapas de una
revista que fue todo un acontecimiento: La Garrapata. En
su último periodo fue su director y pudo conjugar a jóvenes
de entonces como Emiliano Pérez Cruz y Armando Ramírez
con veteranos cartonistas como AB, Vadillo y Dzib.
Las colaboraciones de Caram en Ovaciones, de Fernando González
Parra, son recordadas por todos aquellos que vieron en su pluma
un estilete para las autopsias de un priísmo que era ya un
cadáver insepulto.
Cafetómano increíble. Se le veía siempre al
lado de Nayat, su compañera.
Óscar González y Antonio Caram merecen no sólo
ser recordados, sino estudiados por las generaciones actuales de
periodistas con el objeto de ver cómo evolucionó este
gremio y cuáles fueron las aventuras para llegar a donde
estamos.
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