R E F U G I O S  P E R I O D Í S T I C O S

Óscar González y Antonio Caram

Dos compañeros de viaje profundo


Jorge Meléndez Preciado


                            Periodista de El Financiero, El Universal, Radio Educacion, entre otros medios

      

 





































































































Las pláticas se van espaciando por exceso de trabajo. Los recuerdos se agolpan en la memoria y existen nostalgia y ¡ayes! La vida cambia vertiginosamente, los ideales muchas veces se pierden y, con todo, hay posibilidades de ir a los refugios donde logramos el contacto con algunos que van dejando el mundo y por diversas razones son poco evocados.

Con Óscar González viví momentos polares. Lo mismo buenos tragos y aventuras sin par que alejamientos y situaciones terribles. Siempre lo consideré un hombre que llevó en alto la bandera del cambio y alguien de gran congruencia en su vida. Incluso en sus últimos días, supe, asistió a una reunión de Cuauhtémoc Cárdenas, no obstante que su estado de salud estaba muy deteriorado. A ese encuentro con el aspirante por cuarta ocasión a la candidatura presidencial, fue acompañado por el amor de su vida, Eloísa Godiner, quien era un artista fuera de serie y prefirió el papel de esposa. Supo que su tarea fue tanto o más importante que la actuación.

Óscar González fue profesor, militante de diversos movimientos, destacadamente los que encabezaron Rafael Galván y Cuauhtémoc Cárdenas. Pero ocasionalmente trabajó en otras posiciones. Como jefe de prensa en Fertimex, cuando la dirigió David Gustavo Gutiérrez, quien llegó a ser gobernador designado de Quintana Roo, pues el hoy estado todavía era territorio. Entonces Óscar me llamó en una ocasión. Yo era reportero del semanario Oposición, órgano del Partido Comunista Mexicano (PCM). Me propuso algo inquietante: darme una cantidad mensual mientras durara en su cargo, con el objeto de que ese sobre fuera para la publicación que hacíamos "los rojos". Consulté en el PCM y me dijeron: "Adelante". Cada mes acudía a las oficinas que estaban en la calle de Cuauhtémoc y se me daba un paquete sin dar recibo alguno, que entregaba sin abrir al director del impreso.

El asunto no duró mucho tiempo, pero siempre agradeceré que alguien diera la mano a un periódico que mal vivía y pagaba a unos cuantos de sus hacedores. Desgraciadamente, cuando Óscar y yo estuvimos juntos en Excelsior, hubo un diferendo que nos alejó definitivamente. No obstante que yo intenté entrevistarlo para mi programa radiofónico, Después de la letra… la palabra, al recibir González el Premio Nacional de Periodismo, él no aceptó y mandó a mi enviado con cajas destempladas. No obstante ello, lo recuerdo con gratitud. Bien por este compañero que lejos de la prepotencia supo ser firme en lo que creyó.

Otro caso no menos importante fue el de Antonio Caram Mafud. A este hijo de árabes lo traté primordialmente en la célula Froylán C. Manjarrez, del PCM. Eramos militantes de la misma Pedro Reyner Vamos -de ascendencia húngara y entonces yerno del ex presidente mexicano Emilio Portes Gil-, Hugo Tulio Meléndez -mi entrañable hermano y fallecido igual que Toño y Pedrito-, Humberto Musacchio, Eduardo Ibarra y este refugiado.

Caram era el más veterano en las tareas periodísticas y partidarias. Había actuado en la Asociación Mexicana de Periodistas (AMP) al lado de Renato Leduc, Juan Duch, Edmundo Jardón Arzate y muchos otros, que aglutinaron a los tundemáquinas por sus derechos profesionales y posibilitaron que la libertad de expresión fuera algo real, auténtico, sin tutelas gubernamentales. En los años sesenta y setenta resultaba francamente no sólo una audacia, sino exponerse a la cárcel o algo peor.
Caram era un tipo singular: calmado, buen jugador de ajedrez, puntual en sus citas, con un sarcasmo muy especial que a veces dejaba atolondrados a muchos.

En un momento nos propuso -previo acuerdo con la dirección comunista- organizar la Unión de Periodistas Democráticos (UPD). Es decir: la hija de la AMP. Para la creación de ésta participamos con entusiasmo todos los miembros de la célula Froylán C. Manjarrez. Convencimos sin muchas dificultades a Renato Leduc para que le entrara nuevamente al combate. Hicimos contacto con varios notables, la mayoría de Excelsior: Froylán López Narváez, Miguel Ángel Granados Chapa, Ángeles Mastretta y el inolvidable Carlos Pereyra, uno de los politólogos más serios, prestigiados y con gran poder de convocatoria, el cual tenía un sentido del humor magnífico.

Se dieron los pasos necesarios y la primera directiva la encabezó Renato. Como secretario general estuvo, lógicamente Toño Caram. Una de las primeras acciones importantes fue censurar el golpe a Excélsior del 8 de julio de 1976. La directiva encabezada por los dos mencionados más Hugo Tulio Meléndez, Humberto Musacchio, Dolores Cordero y otros, más unos 40 periodistas condenamos la agresión. El desplegado únicamente se publicó en la revista Siempre!

Antonio Caram estuvo, también, en las tres etapas de una revista que fue todo un acontecimiento: La Garrapata. En su último periodo fue su director y pudo conjugar a jóvenes de entonces como Emiliano Pérez Cruz y Armando Ramírez con veteranos cartonistas como AB, Vadillo y Dzib.
Las colaboraciones de Caram en Ovaciones, de Fernando González Parra, son recordadas por todos aquellos que vieron en su pluma un estilete para las autopsias de un priísmo que era ya un cadáver insepulto.

Cafetómano increíble. Se le veía siempre al lado de Nayat, su compañera.
Óscar González y Antonio Caram merecen no sólo ser recordados, sino estudiados por las generaciones actuales de periodistas con el objeto de ver cómo evolucionó este gremio y cuáles fueron las aventuras para llegar a donde estamos.