Su desenvolvimiento y maduración

Revisiones y enfoques de
Televisión Mexiquense


Luis Ernesto Pi Orozco


                           Director General del Sistema de
Radio y Televisión Mexiquense




 

Aunque la televisión regional de carácter público tuvo una aparición tardía y su extensión ha llevado una dinámica de cierta parsimonia, lo interesante de su historia reside en la oportunidad y trascendencia de su funcionamiento. En ello es un ejemplo valioso Televisión Mexiquense.

Con el arranque de la televisión estatal a fines de la década de los años cincuenta, se inauguró en México el espacio que ocupan las televisoras que dependen de instituciones públicas, tanto en los niveles federal y estatal.

En su contexto, la aparición de la señal del Instituto Politécnico Nacional obedeció a un interés manifestado en la década anterior y ocurrió cuando ya la televisión comercial contaba varios años de operación. Como lo reseñó Miguel Ángel Granados Chapa:

En ese lapso, sin embargo, se inició la participación del Estado en el manejo de su propia televisión, si bien lo hizo de un modo particularmente tímido. Cuando ya habían iniciado sus operaciones los tres canales comerciales que dieron pie al monopolio privado en esta materia, el 15 de diciembre de 1958 comenzaron las transmisiones de Canal 11, confiado al Instituto Politécnico Nacional.1

Seguramente por la tibieza de la acción, su efecto no irradió como pudiera haber sido. Puesto que en aquel entonces se estudiaron y revisaron los modelos europeo y americano y se tuvo la pretensión de dotar al aparato estatal de un medio audiovisual, la concreción en una televisora ligada a una institución educativa denota un allanamiento para que el dominio de su explotación quedara en manos de los empresarios.

Las profundas raíces y el vigoroso tronco del centralismo en nuestro país parecían que abarcaban todo, pero era evidente que en las transmisiones televisivas originadas por centros de transmisión en el Distrito Federal adolecían de la circunstancia, manifestaciones y el habla de las entidades que conforman la federación. En el caso del Estado de México esto era tan evidente como subestimado. La vecindad territorial y la confluencia de su población con la de la capital de la República fundamentaban la supuesta condición no indispensable de contar con una televisora mexiquense.

Otro factor que arroja el análisis corresponde al hecho de que tampoco la televisión comercial se desenvolvió regionalmente, con la excepción de aquellas plazas en las que el interés económico lo aconsejaba indispensable. Por ello, en la mayoría de las entidades y, sobre todo, en aquellas circunvecinas del Distrito Federal, el asunto se resolvió con unidades de cobertura informativa local para enlazarse al contenido de la repetición programática enviada desde la Ciudad de México.

Luego de décadas de mantener una situación subordinada de las señales que se originaban fuera de su territorio, en 1984 la decisión adoptada para fundar Televisión Mexiquense marca el inicio de una historia que se extiende al presente. Además de que la televisora vino a complementar a la radio nacida un año antes y así constituir un sistema de comunicación, también derrumbó la tesis de que era innecesaria la operación de una televisora en un espacio tan próximo de la ciudad capital.

                          La historia que llega al presente

Televisión Mexiquense tuvo desde el primer día la enorme responsabilidad de atender a una población propia, formar masa crítica y demostrar a propios y extraños que valía la inversión económica efectuada. En forma paralela, justificar el gasto de operación y mantenimiento proveniente de los recursos económicos que administra el gobierno estatal. El contexto del desafío tenía similitud con el del Canal 11, porque el universo de auditorio era el mismo y se compartía el espacio con las señales comerciales.

Aparte de la condición de alguna manera experimental de la señal mexiquense, también gravitaba en sus objetivos y responsabilidades la necesidad de abonar en el campo del servicio público y las materias sobresalientes de la vida: cultura, identidad, historia, educación, política, salud, economía, gobierno y relaciones sociales.

Para el impulso de arranque fue fundamental la conjugación de directivos y personal experimentado, tanto del ámbito público como del privado, con la disposición y talento del recurso humano local que encontraba en esta aventura una razón vital para darle el sustento y la reciedumbre que garantizaran un horizonte dilatado.

A diferencia de Radio Mexiquense que encontró sus nutrientes de manera directa en Radio Educación y la emisora de la UNAM, la televisora asentada en Metepec tuvo una línea de modelos menos inmediata y cabal. Por un lado Canal 11, con su contenido educativo y cultural que aún no despuntaba; en otra perspectiva Canal 13 -primero de Televisión de la República Mexicana (TRM) y luego de Imevisión--, con una programación oscilante entre lo diferente y similar de la oferta comercial, y los derroteros seguidos en sus primeros años de existencia de las televisoras regionales que habían sido creadas unos años antes derivadas de los centros de producción regional de TRM, como las de Veracruz y Guanajuato. Desde luego, también, el influjo aceptado o incontenible del monopolio privado de aquella época.

Puestas todas las sandías en el carro en marcha de Televisión Mexiquense, el movimiento fue acomodando las cosas en su lugar, aunque es elemental reconocer que este tránsito continúa, es permanente. En los testimonios y pareceres que registra la historia de la ruta seguida se encuentran diversas opiniones que inclinan la orientación hacia alguna de las influencias y hasta otras extremas que señalan que no ha habido un perfil, sino una oferta de comunicación ecléctica. Concediendo razón en parte a unas y otras percepciones, también es justo aceptar que en cada año de las dos décadas transcurridas se ha acreditado un empeño por constituir una opción televisiva sustentada en la identidad estatal.

Como consignó Héctor Parker, promotor de la televisión de servicio público, en torno a los orígenes y las líneas generales descentralizadoras que introdujeron los medios electrónicos que operan con cargo al erario de la entidades de país:

Los sistemas estatales de radio y televisión surgieron como respuesta a la necesidad social de informar sobre los aspectos fundamentales de la vida regional para estrechar vínculos de comunicación entre las poblaciones del interior del país. (...) Los objetivos de los sistemas estatales desde sus inicios fueron: transmitir las fiestas populares, tradiciones, culturas, lenguas, arte; dar a conocer los lugares y grupos étnicos de la región; fomentar el mercado interno; atender necesidades específicas de educación, salud, deporte amateur, servicios a la comunidad, desarrollo regional, medio ambiente, entre otros.2

En cualquier realización concreta tales directrices han determinado el perfil y sustancia de la impronta que en el tiempo han patentizado estos medios. La valoración sobre ellos debe hacerse a partir de los factores de eficacia, talento y calidad con la que han podido concretar sus metas y responsabilidades. La calificación que plasma la aprobación o rechazo de su funcionamiento, es correlativa al interés y servicio social que brinde la opción televisiva que ofrezcan a sus audiencias. En síntesis: lo que siempre debe ponderarse es la utilidad que dan a la comunidad que con sus impuestos sufraga los gastos de su operación.

Con el interés de aportar algo en la apreciación de la historia y la realidad de la televisora mexiquense, sostenemos que a lo largo de su existencia ha perseverado en el camino y en su cotidiana búsqueda de vinculación con los habitantes de todos los municipios de la entidad. En estos afanes la experiencia adquirida por el recurso humano, el crecimiento de la infraestructura de producción y transmisión, y la extensión de la cobertura han propiciado, dentro de los márgenes de los medios no comerciales, un sostenido ascenso en el auditorio que sintoniza su programación. Siempre se esgrimirán y pueden ser justificados los juicios ponderados que advierten insuficiencias en el pasado y defectos del ahora; sin embargo, referimos el ayer como bueno y lo actual entrelazado con el empeño por conjugar todos los factores posibles para entregar un servicio de televisión digno, inteligente y fundado en principios sociales.

             Entre las denominaciones estatal, pública y cultural

Mientras que en el caso de la televisión manejada por particulares a través de concesiones sus diversas denominaciones confluyen en el mismo ente conceptual, no ocurre semejante cuadro para las televisoras que operan bajo permiso y que están adscritas a instituciones de gobierno. A las primeras se les llama empresas, comerciales, privadas, entre otras referencias que indican la finalidad de operar un negocio y generar utilidades económicas. En cambio, a las segundas se les ubica como estatales, públicas, culturales, como principales menciones que sólo confluyen en el perfil, pero sin la armonía suficiente.

La condición de que todas las televisoras permisionadas pertenezcan a instituciones del Estado, en los niveles de la federación y sus entidades, naturaliza su denominación como estatales. En todo el espectro de estos medios es un lugar común que sus reglamentos y objetivos que los rigen contemplen cumplir tareas afines a esa adscripción. Aún más: en tiempos pasados esa fue la tarea central de algunos a través de la recreación de un abierto oficialismo. Sin embargo, aquello fue superándose y con la apertura democrática iniciada en la década de los ochenta, en el presente es claro, con las excepciones que se puedan señalar, el deslinde entre las tareas de divulgación estatal y la operación como entes de comunicación bajo los mismos cánones que las empresas.

Tenemos entonces que está justificada la referencia de televisora estatal, o paraestatal si nos atenemos a su estatus legal, pero no en tanto que su función única o principal sea la de transmitir los contenidos e ideología del régimen gobernante. Tal es el caso de Televisión Mexiquense que invariablemente informa y divulga de las tareas que llevan a cabo los poderes de la entidad y, en la medida de lo posible, de los municipios. Asimismo, coadyuva al diálogo entre la población y las autoridades, pero la gama de su oferta de comunicación trasciende a todos los intereses de la sociedad.

La tradicional dicotomía entre lo privado y público, derivó en el señalamiento de que los medios electrónicos ajenos al manejo de particulares corresponden a la esfera pública. Esta sencilla clasificación es cierta puesto que todas las televisoras del ámbito operan fundamentalmente con presupuesto fiscal. No obstante, cuando esta codificación se contrasta con la esencia de los medios de derecho público en el mundo, se advierte que las realizaciones mexicanas no son equiparables precisamente, entre otros factores, porque carecen de reglas de autonomía frente a las estructuras de gobierno que proveen los recursos que amparan su funcionamiento.

Advertimos también en esta modalidad hasta contradicción. Televisión Mexiquense es comúnmente un medio público, pero en el fondo no lo es en razón de su dependencia relativa de criterios institucionales y políticos ajenos a los procesos estrictos y propios de la comunicación. En tal virtud, esta formulación es aceptable como algo convencional y ha servido para que comunicólogos y analistas esgriman comparaciones entre los llamados medios públicos mexicanos y los realmente de derecho público europeos y de América del norte. La categoría de medios auténticamente públicos en México resulta ser una asignatura por cumplir; en tanto, seguiremos usufructuando la denominación para aquellos que no forman parte de la industria.

El término cultural con el que también en forma genérica se les nombra, deriva de la ley que rige la operación de los medios electrónicos y, por igual, forma parte del distingo para las radios y televisoras que no son comerciales. Como en los casos de las denominaciones anteriores, también se trata de una etiqueta inexacta porque es válida únicamente para los canales 11 y 22, este último organismo adscrito al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y que fue creado con la misión de difundir esencialmente las manifestaciones creativas y artísticas. A los medios regionales la caracterización sólo se convalida con una parte, grande o pequeña, de la programación que transmiten. Por otro lado, ya que el adjetivo es de mérito, todos de una u otra forma tienen preferencia y cierto derecho para asumirse como tales.

Una definición para ubicar el asunto, indica:
Un canal cultural, entonces, no es sólo una fuente de entretenimiento o esparcimiento, sino un referente de la información en general, orientación pública, educación informal y de expresión de los valores y la ética de todo un país, esto es, promotor de tolerancia, respeto y comprensión de la diversidad e integrador de los diferentes grupos socioeconómicos y étnicos que normalmente configuran una formación social determinada.3

Televisión Mexiquense y otras muchas de sus congéneres en el país tienen rasgos marcados que las acreditan como canales culturales. A pesar de ese perfil incontrastable, el juicio crítico debe conjuntar a esa condición las funciones paraestatales que cumplen y que forman parte insoslayable de su peculiaridad. Para complementar el cuadro, decimos que la televisora de Metepec es un canal cultural con funciones de servicio público y divulgación de programas y obras de gobierno.

Creemos que la ponderación de las caracterizaciones principales de las televisoras de índole permisionario puede abonar en la comprensión y el aprecio del trabajo que realizan y la función que cumplen. Además, que también sirva para resaltar la cohabitación y vertiente complementaria que guardan con relación a los medios concesionarios de las empresas.

                                           Solvencia ganada

Al principio los contenidos propios de la programación correspondieron a una empeñosa mezcla de emisiones de entrevistas, concursos, vinculación gubernamental, mesas redondas, orientación, patrimonio cultural e información. En todos ellos quedó plasmada una sencillez que se anteponía a la simpleza y una voluntad que buscaba desplazar a la improvisación. Desde ese arranque quedó establecida la convicción de hacer una televisión de servicio y amable compañía para su auditorio.

Con el paso de los años la natural carga de eclecticismo que conjugaba las ideas de quienes vinieron de instituciones de la ciudad de México con los planteamientos de aquéllos que se capacitaron o concluyeron su formación en Metepec, comenzó a generar productos originales de calidad. En este desenvolvimiento se registraron muchas experiencias que desembocaron en la consolidación de un perfil diverso de las demás televisoras.

A la solvencia alcanzada para realizar programas y conformar una programación miscelánea digna y atractiva --que para cualquier televisora pública local o estatal puede representar la meta- se le tuvo sólo como la consecución de una etapa estratégica. Faltaba lograr el objetivo central: abarcar la sintonía abierta en todo el territorio estatal y, desde luego, llegar al Distrito Federal. Entonces, y únicamente entonces, se podría decir que la maduración era cabal.

Ya que por esquemas del centralismo nacional la radiodifusora mexiquense, al igual que las de los estados colindantes con la Ciudad de México, no puede traspasar con sus frecuencias el espacio aéreo de la capital del país, la posibilidad que lo hiciera la televisora hermana era un objetivo preciado. En términos llanos se trataba de la primera acción de federalismo en que la metrópoli recibiera, en vivo y en directo, una señal abierta de un medio electrónico de comunicación que transmitía fuera de sus límites territoriales. La provincia llegaría a la urbe federal.

                                  Expansión de la cobertura

En sus primeros 15 años Televisión Mexiquense fue por su cobertura un medio estrictamente local. Apenas en Metepec y Toluca, más algunas otras zonas colindantes, era posible captar la señal. Hubo épocas difíciles en que el ámbito descrito, inclusive, fue menor.

El corto alcance fungió también como obstáculo para que apoyos necesarios para la producción y el desarrollo técnico, así como planes de superación, no se materializaran. Era indispensable ampliar la capacidad de transmisión que permitiera mostrar el desenvolvimiento alcanzado y sirviera como plataforma para conseguir los respaldos gubernamentales pospuestos y estar en condiciones de concretar proyectos de contenidos de mayor envergadura y maduración.

La instalación en 1999 de la antena de transmisión en el cerro Pico de Tres Padres, para que la señal aérea llegara al Valle Cuautitlán Texcoco y al Distrito Federal, marcó el inicio del despliegue que de manera sostenida hasta el presente ha tenido la cobertura de la televisora. En 2002, con la puesta en operación de una antena en el cerro de Jocotitlán, ocurrió la acción complementaria para alcanzar la transmisión a todo el Valle de Toluca. Con esta dimensión se contaba ya con una emisora de audio y video que trascendía el reducto local, conciliaba su condición estatal y pasaba a convertirse en una entidad regional.

Complementarios e indispensables para la dimensión actual de Televisión Mexiquense han sido su incorporación a sistemas y medios de transmisión de su señal. En este campo, el movimiento se inició en 2001, cuando su señal fue incorporada al menú de SKY. Dos años más tarde y en el mismo canal 134 de sintonía, Cablevisión la ubicó en su plataforma digital, otorgando por vez primera ese reconocimiento a un medio público y regional y, desde luego, beneficiándose con esa acción.

También a partir de 1999, tanto para sus procedimientos de enlace como para su recepción mediante decodificador, la señal emitida en Metepec fue subida al satélite Solidaridad II, equipo que proyectaba una huella nacional y alcances al sur de Estados Unidos y Centroamérica. Durante seis años se mantuvo esta vinculación hasta en enero de 2004, cuando mediante acuerdo con la empresa se efectuó la mudanza al satélite Satmex V, ampliando la cobertura a casi todo el Continente Americano y con una mejoría en fuerza y calidad de la transmisión.

En junio siguiente se ubicó en línea la programación, a través de la página electrónica del gobierno del estado. Con este enlace de Internet, la transmisión de Televisión Mexiquense abarca ahora una gama importante de posibilidades de recepción, similares en nuestro contexto geográfico a las de las grandes empresas y las televisoras federales 11 y 22.

Cuando todo hacía suponer que el ciclo de expansión de la cobertura había alcanzado su máximo en la administración que concluye en septiembre de 2005, una atractiva propuesta llegó con el arranque del año.

El proyecto inalcanzable de años atrás consistente en contar con un segundo master y una programación disponible de 18 horas propias para proyectar la señal de Metepec en territorio estadunidense a través de un sistema de televisión restringida, derivó en la opción de integrar contenidos de televisoras regionales públicas, en su mayoría, y algunas privadas. Como principal pantalla de este ámbito, Televisión Mexiquense contribuirá con una cuota diaria de horas para la ecléctica programación.

Al tiempo de concluir está líneas es bueno el avance de las gestiones para convenir los términos de participación en el lanzamiento del Mexicanal, nuevo espacio de la oferta de DirecTV para Norteamérica. Este plan incluye a la empresa Satmex y representa la proyección internacional de las producciones de Televisión Mexiquense por medio de un distribuidor local para las audiencias de Estados Unidos y Canadá. Las transmisiones arrancarán el 1º de junio de este 2005.

                                       A los veinte años

Al cumplirse dos décadas de su existencia, sus antecedentes, las acepciones de su definición y el desarrollo registrado ofrecen unos rasgos objetivos para delinear su actualidad.

El sustento del perfil programático descansa en una producción inteligente y de sentido común que busca la calidad en todas sus propuestas, y que mantiene un atento interés por el respeto del auditorio. Con base en la experiencia fecunda y su reciente vinculación con públicos nuevos, se realiza una profesional producción televisiva cuyo contenido está fundamentalmente constituido por temáticas y asuntos de índole estatal.

De las 18 horas que dura la programación de cada jornada, el balance general indica que en promedio el 43% corresponde a producción propia y el resto se compone de películas, series, documentales e informativos, materiales mayormente extranjeros y algunos nacionales. En los programas que se hacen en los estudios de Metepec se abarca un amplio espectro de contenidos, destacando la revista familiar, las barras infantil y juvenil, los servicios informativos, las entrevistas, las series temáticas y, entre otros, las emisiones de reportajes en municipios, pueblos y lugares de la geografía estatal.

En el núcleo de todos los programas de casa está la recreación y el mantenimiento de los elementos de la identidad mexiquense. Tal composición es un asunto rector, lógico y natural. La concepción, contexto y sustrato humano de las emisiones corresponde a sensibilidades y vivencias locales. Además, desde un principio se asumió plenamente que la principal oportunidad de ser una opción para el público televidente consistía en mostrar a los seres humanos que pueblan la entidad, su entorno y circunstancias. El quid del asunto ha estribado en componer un discurso universal e interesante para cualquier auditorio. Sobre ello siempre ha habido una respuesta positiva del trabajo realizado.

La participación de la gente de todos los estratos y lugares es un factor estratégico que se ha cumplido en la medida de las posibilidades. Ciertamente quienes han gozado de mayor atención han sido los pobladores de los municipios cercanos a las instalaciones de la televisora, pero ha sido una tarea regular la cobertura informativa, las grabaciones de programas en locaciones y la presencia como invitados de habitantes de todos los municipios. A nivel de un medio de extracción local, es premisa que los habitantes de esa colectividad aparezcan y se logre el vínculo primordial de identificación.

Como vehículo de vinculación y socialización del quehacer gubernamental, la televisora ha acreditado una aportación sobresaliente. En todo momento se ha buscado que la información brindada y la divulgación de asuntos tengan un tratamiento claro y concreto. Con base en este tradicional manejo, en el presente se ha redoblado el rigor para que el auditorio tenga invariablemente los elementos que le permitan distinguir entre los contenidos gubernamentales que se transmiten y la comunicación ajena a ese propósito.

Es apreciable que el equilibrio observado en la actualidad permite cumplir con las dos misiones que se conjugan: el servicio al público de informar y comunicar a la población en forma libre y profesional, y la divulgación institucional sin subterfugios y de manera auténtica a la sociedad. Ambas tareas siguen rutas naturales de movimiento y no generan conflicto porque están bien armonizados sus intereses.

Con estas directrices, los contenidos dedicados a la orientación, cultura, entretenimiento, educación e información son producto de un proceso de trabajo comunicativo libre y cuya autonomía se refrenda todos los días. La cuota de emisiones que difunden las acciones, obras y servicios del gobierno central y de los municipios, tiene siempre una identificación y tratamiento correlativo a su procedencia. Se actúa invariablemente bajo reglas de pluralidad y principios democráticos.

                            Aspectos relevantes del presente

En paralelo a la expansión de la cobertura y modalidades de sintonía de las transmisiones, es menester destacar la labor para evaluar y renovar la programación. A partir del último trimestre de 2003 se ha auspiciado un mecanismo más participativo, consistente en la apertura hacia todos los integrantes que colaboran en su realización para proponer e instrumentar cambios. Se trata de aprovechar la experiencia, capacidad e inventiva de los integrantes en la búsqueda de un enriquecimiento de la oferta de comunicación de la televisora. La condiciones son que la propuesta convenza al equipo de productores y autoridades que gravitan en la toma de decisiones, y que amalgame lo mexiquense con la realidad nacional y, cuando amerite, del mundo. En este tenor es que en marzo de 2004 se adoptó un nuevo lema institucional para la pantalla: "Cultura e identidad sin fronteras".

El interés y la conveniencia de aprovechar el segmento de la programación distinto de la producción propia con material nacional, ha fundamentado una amplia gestión ante instituciones educativas y culturales para que, de común acuerdo, generen programas que se transmitan por Televisión Mexiquense. Hasta ahora, la voluntad manifestada no ha dado los frutos ambicionados, pero se sigue porfiando el objetivo con la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Iberoamericana y el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, en sus campus Atizapán y Toluca.

Un acuerdo sobresaliente fue el alcanzado en julio de 2004 con Televisión Universitaria, consistente en una colaboración de interés mutuo que ubica a la televisora de Metepec como ventana privilegiada para la transmisión en primicia de sus materiales. La productora de la UNAM se beneficia con la programación adecuada y regular de sus realizaciones. En esta condición hay varias series involucradas y lo mismo sucede con los programas especiales unitarios. Además, la relación incluye coproducciones, como la que ambas instituciones llevan a cabo con la editorial de discos Pentagrama cuyo producto es La Victrola, emisión de entrevistas y conciertos de creadores de música. Consideramos que esta es la más importante contribución de materiales nacionales que ha tenido Televisión Mexiquense a lo largo de su historia.

La disposición de recibir producciones externas no se limita a universidades, sino que está abierta para que despachos de comunicación y cine, asociaciones civiles y organismos no gubernamentales presenten proyectos o directamente los materiales objeto de su interés por transmitir. Los requisitos son una calidad suficiente, la congruencia con el perfil cultural y de servicio público de la televisora, el respeto de su condición no comercial, y la consideración de su adscripción gubernamental. Tenemos la convicción que todos los materiales que se consigan por esta vía vendrán a enriquecer el menú de opciones que se ofrece al auditorio.

En materia del financiamiento de la televisora y del Sistema en su conjunto, se ha puesto énfasis en las dos vertientes generales. Por el lado de la principal que corresponde a los recursos fiscales, la política es patentizar el alto nivel del quehacer comunicacional y la mejor ejecución de los procesos administrativos. Sobre estos rieles se transita en la exposición de la conveniencia de incrementar el gasto público por los beneficios que reporta a la sociedad y al quehacer del gobierno.

Con relación al campo de los dineros generados o alternos, nuestra experiencia de muchos años en Radio Educación4 y la persistencia del anacrónico esquema legal que impide prácticas económicas para los medios permisionarios, hace que persistamos estrictamente en las coproducciones, los patrocinios, las cuotas por transmisión de mensajes sociales de entidades públicas federales y la repartición de costos con los organismos que solicitan la realización de cápsulas, videos o programas. Llevar a cabo acciones de índole comercial y publicitario, tal vez abone algunos recursos pero es objeto de observaciones y sanciones; también, sirve de artificioso argumento a los empresarios para demostrar que los medios de adscripción gubernamental no cumplen con las leyes y, en consecuencia, carece de razón el cambio normativo que demandan. Además, aunque el fin lo justificara, estamos convencidos que cualquier inobservancia del marco normativo contribuye al deterioro de nuestro tejido social.

Como razón estructural para el mantenimiento de la ruta de la televisora ajena a manejos mercantiles, está el pleno convencimiento de que su sostén principal es una obligación del aparato gubernamental. Cambiar las reglas del juego bajo el contexto prevaleciente conduciría a repetir el modelo que llevó a la privatización de la red Imevisión. Más vale funcionar en condiciones austeras, manteniendo el perfil de real servicio público, y contribuir a la renovación legal que considere adecuadamente a los medios no lucrativos.

                                               Conclusiones

En el inicio del año 21 de Televisión Mexiquense, sus signos vitales y el desenvolvimiento de sus funciones indican un estado saludable. Aún más: la valoración de sus fortalezas y debilidades patentizadas en su trayectoria reporta un equilibrio favorable.

Con el fruto del ensayo y la experiencia, además del talento joven que periódicamente se incorpora, se proyecta una producción propia llena de esencias y realidades de la identidad mexiquense. La geografía y sus características; la valoración histórica y sus protagonistas; el patrimonio arqueológico y su horizonte urbano; la población y su problemática social, y el arte, la cultura y sus creadores.

En su contexto, la creación de Televisión Mexiquense correspondió a la voluntad de reivindicación de las expresiones provinciales frente a la metrópoli y su inveterado centralismo. Mediante esta posibilidad de comunicación y expresión, la presencia y cultura de los habitantes del Estado de México se concretan cotidianamente en la pantalla. Su significado corresponde a una integración auténtica del mosaico cultural de esta parte territorial del país.

Una televisora que tiene como intención primordial el servicio público es una propuesta complementaria y con derecho natural de existencia y cohabitación con los medios de las empresas. A pesar de no tener la espectacularidad ni las capacidades de atracción de las televisoras comerciales, la señal permisionaria es una austera y digna presencia que, cuando menos, es cordial y respetuosa del público. En un mundo donde la agresividad tiene en la televisión de negocio un soporte formidable, la programación ajena a tal exceso es benévola en todo sentido.

Televisión Mexiquense emite un contenido de calidad que cumple con eficacia y buen equilibrio las tres vertientes de su composición: el servicio público, la difusión cultural y la vinculación de la sociedad con la acción gubernamental. Estos factores descansan en el trabajo profesional y plural que rige los procesos de producción, programación y transmisión.

La cobertura actual de la televisora acredita un desenvolvimiento firme. La anécdota del medio público caracterizado por una corta y mala transmisión forma parte de una vieja memoria superada. La sintonía y calidad de su imagen es ahora una constante a la vista de todos.

Como un parteaguas, el vigésimo aniversario del organismo tiene necesariamente connotación celebratoria. La suma de todos los episodios de su historia y el trabajo efectuado por sus diversos colaboradores y directivos indican un saldo positivo. Sin embargo, de igual manera esta fecha del calendario plantea el reto de consolidar lo alcanzado y desplegar acciones de mejora y superación.

Entre los desafíos del presente y el mañana, destacan:

a) Incremento de la calidad en sus emisiones.

b) Acercamiento más amplio con la gente.

c) Renovación de su infraestructura.

d) Consolidación de la participación en el Mexicanal de DirecTV.

e) Seguimiento del proceso de digitalización.

f) Plena apertura a propuestas de jóvenes y, en su conjunto, de la sociedad.

g) Mantenimiento de la consistencia como una opción de servicio y cultura frente a poderoso aparato de las señales comerciales.

A estas obligaciones, principalmente, y a otras demandas tendrán que corresponder con su mejor participación quienes conduzcan a Televisión Mexiquense en su tercera década de existencia. Historia obliga.

NOTAS

1) Granados Chapa, Miguel Ángel "La Televisión de Estado" en Examen de la Comunicación en México, Ediciones El Caballito, 1981, P. 39

2) Parker, Héctor, "Sistemas estatales de televisión" en Sánchez de Armas, Miguel Ángel (Coord.), Apuntes para una historia de la televisión mexicana, México, Revista Mexicana de Comunicación y Televisa, 1998, pp. 350-1.

3) López Veneroni, Felipe, "Aproximaciones a la televisión cultural" en Sánchez de Armas, Miguel Ángel, op. cit., p. 299.

4) Véase el capítulo "Financiamiento" de mi libro Dimensiones de la radio pública en México, México, Fundación Manuel Buendía-Gobierno del Estado de Chiapas, 2001, pp. 53-78.