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La
entrevista periodística o la necesaria intromisión
Mayéutica periodística
María
Jesús Casals
Catedrática
de Periodismo en la Facultad de Ciencias
de
la Información de la Universidad Complutense de Madrid
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Entrevistar es un acto. La entrevista
es un género periodístico, una puesta en escena para
el lector o receptor. Pero entrevista es también el recurso
necesario para toda narración en el periodismo. Por tanto,
hablar de la entrevista de modo general es imposible si no se distingue
cuál es el nivel al que nos referimos.
Nosotros, en Occidente, somos un animal construido
para plantear preguntas y tratar de lograr
respuestas cueste lo que cueste.
George Steiner.1
Desde los años setenta del pasado siglo hasta ahora se han
publicado numerosos manuales o reflexivos capítulos en libros
sobre el arte y la técnica de entrevistar.
Es evidente que el periodista es un ser que pregunta y hasta podríamos
decir que es su tarea profesional más importante. Por lo
tanto, reflexionar sobre ello responde a una lógica que se
amplifica aún más cuando uno descubre que la enseñanza
de los manuales no puede penetrar en el interior de cada entrevistado
ni tampoco de cada entrevistador. Es decir: la entrevista como arte
final, como técnica necesaria, va a ser el resultado de muchos
factores personales: psicológicos, de formación, de
lógica, de viveza intelectual, de percepción, de intuición,
de capacidad de empatía, de inteligencia emocional y práctica,
de inteligencia lógico-discursiva, de seguridad en uno mismo,
y del cultivo de todas aquellas virtudes que hacen sentir al otro
confianza de ser escuchado, de ser entendido, de que verdaderamente
importa lo que dice y el sentido de eso que dice.
Por eso, sin desdeñar en absoluto estas obras de tipo teórico
que intentan enseñar cómo entrevistar y que proponen
consejos muy útiles, pienso que la práctica de la
entrevista queda lejos de los manuales. Es más: por mi experiencia
docente y periodística, creo que saber preguntar exige no
sólo práctica sino también una buena formación
filosófica en la argumentación y en el debate de ideas,
además de un carácter abierto, antidogmático,
racional y equilibrado.
Entrevistar es un acto. La entrevista es un género periodístico,
una puesta en escena para el lector o receptor. Pero entrevista
es también el recurso necesario para toda narración
en el periodismo. Por tanto, hablar de la entrevista de modo general
es imposible si no se distingue cuál es el nivel al que nos
referimos. Existen diversas formas de entrevistar que dependen de
la narración que quiera obtenerse.
Formas
de entrevistas
a) De personalidad: la conversación
con un personaje público. Suele necesitar una percha (motivo
o justificación de su interés general). Ésta
es la única en que el interés total es del entrevistado.
Es la que conforma la entrevista como genuino género periodístico.
La que recrea, dibuja, muestra, la personalidad de alguien mediante
preguntas en un tono de conversación.
b) De declaraciones: son entrevistas necesarias con los representantes
de los poderes públicos, de las instituciones, de la política,
de la cultura, de los deportes, de los mercados y empresas, etcétera,
cuando la información del día así lo exige.
c) Informativas: se trata de recabar un tipo de información
de contexto de ciertas fuentes relacionadas con hechos noticiosos.
d) De divulgación: entrevistas con expertos en los
diversos ámbitos de la ciencia, de la tecnología y
de la cultura para explicar y divulgar realidades y significados
de los diversos campos del conocimiento.
e) Testimoniales: ocasionales. Se busca la respuesta de testigos
de un hecho o de personas que hayan tenido alguna relación
con ciertos protagonistas de las noticias.
f) De cuestionario: no son encuestas. Se prepara un cuestionario
para que sea respondido por varias personas sobre una realidad social
o un hecho problemático. Se trata de establecer un contraste
ideológico. Aquí se incluyen también las entrevistas
de solicitación de opinión.
g) Confidenciales: conversación del periodista con
una fuente con la cual se acuerda el off the record. Sirve
como guía para que el periodista pueda seguir un camino útil
en sus pesquisas y para poder acudir a otras fuentes en busca de
confirmaciones.
h) Ruedas y conferencias de prensa: son protocolos de los
gobiernos, empresas e instituciones para su relación con
los medios de comunicación.
i) Encuestas: entrevistas con un formulario para ser respondido
por numerosas personas con el fin de recabar estados de opinión
de una comunidad o sociedad.
Diálogo
metódico
Como puede apreciarse, no es posible el ejercicio
del periodismo sin acudir a las fuentes: a esas personas que proporcionan
información y los contextos necesarios para que esa información
tenga sentido y se inserte en la realidad social. En cada modalidad
se exige del periodista preparación y documentación.
Y puede entenderse que el ejercicio del periodismo tiene una especie
de encomienda social plenamente aceptada en las sociedades democráticas
para poder ejercer ese derecho a la pregunta, esa intromisión
en las vidas y quehaceres ajenos con el fin de obtener respuestas
que otorguen significado a los hechos, problemas, realidades y personalidades
que son objeto de atención informativa.
Es cierto, como ya han dicho numerosos filósofos, que nuestra
cultura occidental tiene en el diálogo uno de sus principales
pilares. La forma dialógica como modo de obtener información
y como hábito de adquisición del saber fue enseñada
por los clásicos griegos. Pero ese diálogo lo dirigía
quien más sabía, el maestro, con el fin de que el
discípulo fuera paulatinamente deduciendo, extrayendo, la
verdad. Un diálogo lento, dirigido, metódico, paciente,
en el que cada pregunta derivaba de la anterior respuesta. Esta
mayéutica socrática no se parece a la mayéutica
periodística. En ésta no hay maestro ni discípulo.
Hay dos seres humanos con distintas representaciones sociales, en
el que uno colabora en mayor o menor grado con el otro por ese consagrado
derecho del público a saber. Hay un juego de intereses por
ambas partes que son implícitos y respetables siempre y cuando
se mantengan en la línea del periodismo y no traspasen el
umbral de la publicidad o de la propaganda.
En una de sus últimas obras, el filósofo Isaiah Berlin
reflexionó sobre el sentido de la realidad y afirmó
que los problemas que abordan los filósofos no son de carácter
tecnológico y no pueden ser resueltos con preguntas empíricas
ni formales: Según Berlin, las preguntas en el mundo del
pensamiento aparecen:
Porque ha ocurrido algún tipo de cruce de líneas
intelectuales -algún tipo de colisión, en ocasiones
a una escala grande y paralizante, del trafico de ideas-. Las preguntas
filosóficas tienen una cierta desesperación respecto
a ellas mismas, un ansia por una respuesta cuya naturaleza misma
no está clara, una sensación de urgencia e insolubilidad.
[...] La originalidad en filosofía siempre consistió
en la liberación de aquellos oprimidos por problemas provenientes
de alguna ortodoxia paralizante.2
Esta conexión entre filosofía y libertad, entre capacidad
de pensar y no navegar a la deriva de un conformismo sumiso es lo
que necesita el periodismo, realidad que relata y juzga las realidades
que conocemos. Los periodistas no son filósofos. Sin embargo,
pronto aprenden la formulación de preguntas para poder actuar
en su profesión. Preguntas empíricas, inmediatas,
que permiten saber, ordenar el pensamiento y estructurar un relato
urgente: ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?,
¿dónde?, ¿cómo?, ¿por qué?
Y preguntas formales que plantean la consistencia o la validez de
los hechos, de los dichos, la verificación de lo que se cuenta,
el método de expresión más conveniente, el
para qué se cuenta; que acude a explicarse ante sí
mismo aquello que no entiende para poder a su vez explicarlo a los
receptores de su información.
En realidad, el periodista actúa siempre con preguntas, pero,
a diferencia del filósofo, tiene poco tiempo para hallar
las respuestas y depende de aquellos que le suministran la información
y las diversas opiniones. Aun así, se le exige veracidad
-que es el contraste con las fuentes-, precisión y buen relato.
Con un criterio para cada caso importante. Es imposible demandar
al periodista mayor dedicación, aunque sí mayor amplitud
de miras ante esa realidad que él contribuye a construir.
En todo caso, el periodista tiene un compromiso social insoslayable
y esa es su principal característica profesional: pensar
en el ciudadano, en el receptor, cuando seleccione su información,
cuando formule sus preguntas, cuando decida los contextos, cuando
persiga asuntos de verdadero interés social, o cuando haya
de sujetarse a la agenda política.
Pensar en el receptor-ciudadano es tener la conciencia de que el
periodismo es una actividad integradora en las responsabilidades,
derechos y deberes de una sociedad democrática. Esto no debería
ser una utopía sino las señas de identidad de lo que
encierra el concepto del periodismo. Es lo que reivindica Tomás
Eloy Martínez:
El periodista está obligado a pensar todo el tiempo en
su lector, porque si no supiera cómo es ese lector, ¿de
qué manera podría responder a sus preguntas? En el
periodista, entonces, hay una alianza de fidelidades: fidelidad
a la propia conciencia, fidelidad al lector y fidelidad a la verdad.
El lector es siempre un factor mucho más activo y exigente
de lo que algunos empresarios suelen suponer. A la avidez de conocimiento
del lector no se le sacia con el escándalo sino con la investigación
honesta, no se le aplaca con golpes de efecto sino con la narración
de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector
no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas
que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta
con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja
leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando
con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo
no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar,
para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida
más digna y menos injusta.3
En realidad, el problema de las entrevistas a las diversas fuentes
radica en este trípode: la formación del periodista,
su concepto de periodismo y su capacidad intelectual y de comunicación.
En España hay demasiados periodistas que se conforman con
la primera respuesta de la fuente. No preguntan más una vez
obtenida la primera respuesta, no refutan, no argumentan, no oponen,
aceptan cualquier razonamiento aunque sea falaz, no piensan que
el lector sí lo haría. Ése es, a mi modo de
ver, uno de los grandes problemas que existen en el periodismo español,
aparte de la excesiva ideologización o posturas políticas
tendenciosas por parte de bastantes medios de comunicación.
La labor del periodista queda así reducida a una especie
de correa de transmisión de ciertos intereses ideológicos,
económicos o empresariales que no son, desde luego, los mismos
intereses del receptor-ciudadano. Es decir: el concepto de entrevista
está desvirtuado, se ha convertido en algo rutinario en el
mejor de los casos, cómplice o complaciente en el peor. Hay,
desgraciadamente, numerosos periodistas -mejor diríamos que
numerosos medios- que han confundido el periodismo con la profesión
del mensajero.
Existen periódicos que intentan aparentar mucho esfuerzo
informativo practicando un polifuentismo, o sea llenando
los textos de diversas atribuciones de fuentes para dar la sensación
de pluralidad y de mucho esmero profesional cuando en realidad esas
fuentes sólo dicen obviedades que el propio periodista debería
haber sintetizado o sabido. La función de literalidad de
las comillas debería servir para seleccionar lo más
importante dicho por una fuente, ya sean datos, emociones, juicios
valorativos o testimonios. En todo caso no es el número de
fuentes lo que hace mejor un relato informativo sino las preguntas
y su tratamiento posterior en la narración.
A diferencia del periodismo anglosajón, más independiente
y exigente a la hora de entrevistar y de formular preguntas oportunas,
el periodismo español está falto de una buena autocrítica
tanto por sus profesionales como por sus receptores.
NOTAS
1) Steiner, George: "¿Tiene
futuro la verdad?", en Nostalgia de lo absoluto, p.
30
2) Berlin, Isaiah: El sentido de la realidad,
pp.116-120.
3) Martínez, Tomás Eloy: "Defensa
de la utopía", en el sitio web de la Fundación
para un Nuevo Periodismo Iberoamericano.
Bibliografía
Berlin, Isaiah, El sentido de la realidad. Taurus, Madrid,
1998
Colombo, Furio, Últimas noticias sobre periodismo.
Anagrama, Barcelona, 1997
Kundera, Milan, El arte de la novela. Barcelona, Tusquets
Editores, Barcelona, 1987.
Morin, Edgar, La identidad humana. El Método V.
La humanidad de la humanidad. Círculo de Lectores, Barcelona,
2004.También en Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A.),
Madrid, 2003.
Steiner, George, Nostalgia del absoluto. Siruela, Madrid,
2001.
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