A diferencia de algunos problemas específicos
que las ciencias de la comunicación tienen en Iberoamérica,
como la falta de presencia (invisibilidad diría) de nuestras
investigaciones en las publicaciones científicas internacionales1,
la pérdida de un discurso coherente de interrelación
común entre los investigadores de comunicación es
una crítica común del campo en todo el mundo.
La realización en noviembre próximo de la Conferencia
"Fifty Years of Communication Research in Europe: Past and
Future", realizado por la Universidad de Ámsterdam
(http://www.ecc2005.nl/index.php?go=start),
me despertó la necesidad de realizar este brevísimo
ensayo.
Si bien desde que comencé a fines de los
años ochenta a estudiar Comunicación en la Universidad
de Buenos Aires, se hablaba de la falta de una identidad definida
de nuestra ciencia, la masificación del uso de las tecnologías
digitales y la aparición y consolidación de Internet
generaron nuevos rumbos de trabajo y abrieron el campo investigable
a casi todo los aspectos de las ciencias sociales.
La situación no parece ser sólo un problema regional,
y eso nos tranquiliza un poco.
Hasta mediados de los años noventa, los espacios
de trabajo estaban bien limitados y, aunque el mercado de las
ideas no terminaba de abrirnos sus puertas y presentarnos como
ciencia, todos hablábamos el mismo idioma.
Las teorías generadas en los setenta, la mayoría
en Estados Unidos, dominaban la discusión: Cultivation
Theory (original de 1969), Agenda Setting (1972), Social
Learning (1973) y Media Dependency (1976) centraban
la atención junto a las clásicas discusiones transdisciplinarias
marxistas (la cultura como un modo de reproducción ideológica
y dominación política) de la teoría crítica
de la Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer y Marcuse, entre
otros) y los estudios culturales británicos o Escuela de
Birmingham (Richard Hoggart, Stuar Hall, Raymond Williams). Ambas,
Frankfurt y Birmingham, fueron lecturas muy populares en las aulas
latinoamericanas y funcionaron como prólogo a los teóricos
de la dependencia. En menor grado, lucían también
en el universo discursivo y bibliográfico el positivista
Círculo de Viena (Moritz Schlick, Karl Popper, Ludwig Wittgenstein)
y el interaccionismo simbólico de la Escuela de Chicago
(George Mead, Robert Parker y Charles Morris).
Con el riesgo de excluir otras lecturas relevantes, podemos sumar
otras antiguas teorías como Mc Luhan's Sense-extension
(1964), Uses and gratifications (1959) y Cybernetics
(1948). Los límites eran precisos antes que el digitalismo
y la comunicación reinaran entre las ciencias sociales,
con su estallido triunfal a finales de los noventa. No es un mal
panorama si pensamos que hasta los años treinta del siglo
XX las ciencias de la comunicación no existían en
ninguna universidad del mundo.
Un trabajo de Keith Roe2 publicado
en el volumen de enero de 2003 en The European Journal of Communication
Research, trata sobre la cuestión. El académico
señala que la investigación en comunicación,
con su profunda expansión en los años noventa, sufre
problemas de pérdida de cohesión, control de calidad
y una concentración en aspectos descriptivos, mucho más
que en dar una respuesta analítica a las grandes cuestiones
sociales de nuestro tiempo. Opina Roe que, por suerte, el desarrollo
tecnológico colocó a nuestra disciplina en el centro
del cambio social, pero ello mismo le hizo perder especificidad
y ganar en ambigüedad, con la lógica consecuencia
de no compartir ni un conjunto de conocimientos ni un corpus metodológico
común.
Con todo eso, se agrega una nueva dificultad. En
Iberoamérica, la experiencia indica que el problema se
agrava cuando uno expone sus trabajos en algún congreso
del campo. Allí, la sensación de aislamiento es
grande. Se hace difícil encontrar colegas que hablen el
mismo idioma teórico y sumado al escaso control de exigencia
de las investigaciones y ponencias3 y su consecuente
baja calidad y escasa investigación metodológica,
la coherencia se transforma en falta de identidad colectiva.
Sumado a todo ello se percibe una escasa voluntad de aprender
del otro y una actitud constante de mirarse el ombligo a pesar
de nuestro marginal (invisible, insisto) espacio en el mundo de
la investigación científica en comunicación.
En tono con el trabajo de Keith Roe, la sensación
compartida es que la comunicación se ha vuelto un concepto
demasiado generalizado. Roe habla de "un proceso de fragmentación
ecléctica", producto, señala también,
de cierto oportunismo para ingresar en el mercado de los fondos
públicos a la investigación y aceptar trabajar en
casi todas las áreas.
NOTAS
1) Estoy a punto de
finalizar el ensayo: "La investigación en comunicación
en Iberoamérica. Un cuadro alarmante sobre la distribución
nacional de los papers en los Journals internacionales del campo."
Un adelanto en www.digitalismo.com
2) Keith Roe es profesor
del Department of Communication. University of Leuven. Belgium.
Keith.Roe@soc.kuleuven.ac.be
3) Carlos Scolari
escribió en www.digitalismo.com un post sobre el tema.
Generador de artículos y congresos fantasmas. Ver en digitalistas.blogspot.com/2005/
04/generador-de-artculos-y-congresos.html
Bibliografía
Bryant, Jennings y Miron, Dorina.
Diciembre 2004. "Theory and research in Mass communication".
Journal of Communication. Oxford University Press.
Galindo Caceres, Jesús. "Apuntes
de historia de una Comunicología posible. Hipótesis
de configuración y trayectoria", leído en http://www.geocities.com/arewara/galindo119.htm
Mattelart, Armand.1997. Historia
de las teorías de la comunicación. Piados. Barcelona
Roe Keith. Enero de 2003. "Communication
Science: where have we been?. Where are we now?. Where are we
going? Or media versus communication research?" The European
Jornal of Communication Research. Mouton de Gruyter.