El ciberperiodismo, una variante del viejo oficio
de informador de actualidad que emplea las técnicas digitales
y las redes de ordenadores -de la que la World Wide Web
de Internet es, hoy por hoy, el exponente por antonomasia-, tiene
apenas una década de existencia.
Se trata de una forma de hacer periodismo en plena etapa de emancipación
de los modelos precedentes -impresos y audiovisuales- y en plena
búsqueda de un lenguaje propio. A pesar de ello, podemos
ya hablar de un nuevo paradigma comunicativo, con características
propias, que se pueden resumir en estas cuatro:
1) Hipertexto: Posibilidad de unir, mediante vínculos,
diversos documentos, lo que da al lector la opción de escoger
entre varios itinerarios posibles, y escapar así de una
linealidad impuesta por la limitación técnica de
los medios precedentes, bien los que se derivan de la imprenta,
bien los audiovisuales, cuyos relatos son igualmente lineales,
en este caso en el tiempo.
2) Multimedialidad: La conversión de todo tipo de
información a código binario -es decir, a digital
de toda información hasta ahora analógica- permite
integrar en un mismo discurso diferentes componentes: textuales,
audiovisuales, gráficos interactivos (Flash ha aportado
una herramienta inmejorable).
3) Interactividad y participación: El viejo paradigma
de la comunicación de masas, con un emisor único
y un receptor igualmente -e idealmente- único, aunque compuesto
por múltiples personas con diferentes gustos, intereses
o aficiones, a quienes se ofrecía necesariamente un único
producto, se sustituye por el de la información personalizada,
donde el usuario puede ya manifestarse en su singularidad y participar
con voz propia en la configuración del discurso informativo.
Bien eligiendo aquella información que más le interesa,
a través de bases de datos gestionadas por formularios
donde encontrar ítems ya no aislados sino relacionados
entre sí por tema, autor, fecha o cualquier otro campo;
o bien dirigiéndose al medio, los periodistas u otros miembros
del público mediante herramientas como el correo electrónico,
los foros o los chats.
4) Una nueva dimensión temporal: Porque al no estar
limitados por la distribución de ejemplares o la comunicación
pública de emisiones audiovisuales a un determinado ámbito
geográfico y temporal, y al contar con un enorme repositorio
de información, está cambiando la forma del discurso.
¿Un
nuevo periodista?
¿Quiere ésto decir que estamos frente al surgimiento
de una nueva profesión? ¿O se trata de la misma
profesión de reportero de siempre, sólo que adaptada
al nuevo medio? Sin ánimo de resultar conservador, y de
que, como decía aquel viejo Gatopardo de la novela de Lampedusa,
todo cambie para que todo siga igual, nos inclinamos por la segunda
opción.
Si hay un género que se beneficia de las nuevas características
de la comunicación digital, ése es el reportaje
interpretativo. El que permite, por ejemplo, que se expongan las
diferentes versiones de un mismo acontecimiento noticioso, ahora
no integradas en un único relato lineal, monolítico
sino ofrecido en sucesivos senderos que se bifurcan, y que pueden
confluir de nuevo en un relato; una estructura hipertextual arbórea,
abierta, plural. También puede beneficiarse de la inclusión
de imágenes y sonidos; de motores de búsqueda; de
informaciones relacionadas de otros días; del ofrecimiento
al lector de los documentos que se mencionen, o de la remisión,
mediante hipervínculos, a la fuente original. Un reportaje
que permite explicar las cosas con gráficos multimedia
e interactivos, donde el lector se ponga en lugar de los protagonistas
de la historia, un modo inmersito, y lúdico si se quiere,
de comprender la información. Un nuevo género que
permite al lector comunicarse con el autor o autores de ese reportaje,
que hace posible, mediante un foro, entablar un diálogo
con el medio, con los periodistas y con otras personas del público.
Un reportaje que no muere al acabar la emisión del noticiario
o al terminar el día -el breve plazo que duran las noticias
del periódico- sino que forma parte de una estructura modular,
reticular, de informaciones sucesivas; el reportaje de hoy es
el complemento, la información relacionada del futuro reportaje.
Ya nada se tira, la información de hoy no envuelve el pescado
de mañana; forma parte de una base de datos a partir de
la cual el lector decidirá qué informaciones recupera
y cómo las vincula entre sí.
Se plantea, por tanto, un nuevo reto para el reportero digital,
que necesitará trabajar en equipo, tener visión
de conjunto, pensar en diversos lenguajes que integrarán
el mensaje -y que no se yuxtapondrán meramente-, que deberá
concebir la información más que como un relato lineal,
como un guión, un diagrama de flujos que una de forma lógica
las diferentes partes, o nodos, que conformarán el relato,
un mapa conceptual por el que navegará, más libre
que nunca, un lector emancipado.
Un lector cuyas demandas habrán de satisfacer informadores
profesionales, que conozcan las herramientas, técnicas
y retórica del relato de actualidad, que sepan detectar
lo interesante, conseguir la información, elaborarla y
servirla: un lector que dialogará, por ende, con periodistas.