El análisis de las condiciones
que prevalecen en el entorno global nos permiten detectar nuevas
necesidades de las organizaciones, en cuya satisfacción
juega un papel protagónico la comunicación.
Más allá de la consideración genérica
de que la comunicación es un elemento indispensable para
el funcionamiento de las organizaciones -pues haciendo una analogía
con el cuerpo humano ésta equivale al sistema nervioso
de las mismas-, la comunicación se ha integrado formalmente
a las empresas o instituciones como una función con propósitos
bien definidos que responden a necesidades específicas
derivadas de los retos que enfrentan las organizaciones en el
contexto de la globalización.
Las funciones son el agrupamiento de actividades que se llevan
a cabo en la empresa o institución con un fin común,
relacionado siempre con la consecución de los objetivos
de las mismas. La comunicación coadyuva a la integración
de las organizaciones y propicia la sana convivencia entre ellas
y las entidades que constituyen su entorno de relación.
Éste es uno de los retos mayores para empresas e instituciones
que deben desarrollar sus actividades en el contexto de una sociedad
en la que cada vez es más evidente la necesidad de apoyo
por parte de quienes circundan a una organización.
El análisis de las condiciones que prevalecen en el entorno
global nos permiten detectar nuevas necesidades de las organizaciones,
en cuya satisfacción juega un papel protagónico
la comunicación.
El avance de la democracia, a pesar de sus imperfecciones, ha
dejado atrás la toma de decisiones por parte de los miembros
de los partidos políticos en el poder y ahora hace partícipes
en la misma a representantes de diversas tendencias políticas,
que deben ser conscientes de la trascendencia de sus actos. Para
ello se hace necesaria la labor de cabildeo entre quienes inciden
en la toma de decisiones para garantizar que éstas últimas
se basen en un conocimiento profundo de las implicaciones que
tienen tanto para las empresas o instituciones involucradas como
para la sociedad. El comunicador organizacional debe realizar
en forma sistemática una labor de cabildeo con todas aquellas
personas involucradas en los procesos decisorios que afectan a
la empresa o institución con fines esencialmente preventivos.
Cambio
cultural
Otro gran reto que enfrentan las empresas e instituciones de
la globalización es el cambio cultural para encarar un
entorno de competencia mundial. No es lo mismo competir en mercados
domésticos que en los globales. Las organizaciones deben
desarrollar su receptividad a las alianzas y a los procesos de
reconversión y de institucionalización, así
como volcar a cada uno de sus integrantes en un esfuerzo permanente
para la detección y satisfacción de las necesidades
de los clientes, como condición indispensable para preservar
la competitividad de las mismas. Estos cambios deben darse en
toda la organización, no sólo en los niveles directivos.
Para ello es indispensable la labor permanente del comunicador
organizacional.
Pero el cambio cultural que requieren las empresas e instituciones
de la globalización va más allá. Es un imperativo
desarrollar una nueva óptica de las relaciones laborales.
Tanto accionistas como directivos y colaboradores de todos los
niveles deben ver a la organización como una unidad productiva
en la cual todos juegan un papel para preservar su existencia
en un entorno cada vez más competido. Es menester dejar
atrás los enfrentamientos entre patrones y colaboradores
para, en un contexto de equidad, poner como prioridad la competitividad
de la empresa o institución como condición indispensable
para la subsistencia de la misma y obviamente para la preservación
de las fuentes de empleo de quienes en ella participan.
El comunicador organizacional tiene frente a sí el gran
reto de promover el cambio a la nueva cultura laboral y hacer
conciencia en todos los colaboradores sobre la importancia del
uso racional de los recursos de la empresa como condición
indispensable para conservar la competitividad.
Ante la competencia global, la necesidad de posicionamiento para
las empresas e instituciones se hace evidente. Cuando se compite
con organizaciones de todo el orbe es necesario crear una identidad
y construir en torno a ella una reputación corporativa
la cual, por cierto, suele convertirse en una ventaja competitiva
para las empresas, en un contexto en que las ventajas competitivas
tradicionales, como la calidad, el precio y los canales de distribución,
se han convertido en commodities.
El comunicador organizacional debe señalar esa necesidad,
así como desarrollar todos los elementos de identidad institucional,
acordes con la filosofía y cultura de la empresa o institución,
y luego hacer que estos permeen en la misma y se utilicen de manera
sistemática para construir a partir de ellos una personalidad
institucional, que servirá como punta de lanza para la
conformación de la reputación corporativa.
La reputación corporativa se construye a partir de elementos
filosóficos y de identidad institucional que transmitan
eficientemente la personalidad de una organización.
Sin embargo, estos mecanismos de comunicación sólo
son parte de los elementos perceptibles de una entidad. La reputación
corporativa se construye permanentemente mediante la interacción
cotidiana entre los integrantes del organismo y sus interlocutores:
clientes, proveedores, autoridades gubernamentales, vecinos de
la zona, etcétera. La reputación corporativa es
producto de las acciones de los miembros de una organización
y de los mensajes que difunde a través de sistema de su
comunicación institucional.
Los dos componentes de la reputación corporativa son la
comunicación y la conducta organizacional. De allí
que la labor de comunicación organizacional no se limite
al manejo eficiente del sistema de comunicación institucional,
sino que incida en forma importante en la conducta organizacional,
principal generador de percepciones.
El comunicador organizacional no sólo tiene la tarea de
elaborar y transmitir mensajes eficientemente a las diferentes
audiencias, sino la de incidir en el cambio conductual en la organización
para que el actuar de la misma responda a las necesidades y expectativas
de sus interlocutores. Lo anterior representa una condición
indispensable para conseguir actitudes y opiniones favorables
que se traduzcan en apoyo para que la organización consiga
una relación armónica con su entorno.
Un aspecto fundamental para construir la reputación corporativa
es hacer que la empresa o institución cumpla con su responsabilidad
ante la sociedad; esto es: corresponda con acciones de contribución
social a los beneficios que recibe de la comunidad, para que ésta
la perciba como un corporativo responsable, dispuesto a participar
en programas de desarrollo comunitario y por lo tanto comprometido
con el desarrollo de los integrantes de esa comunidad.
La función de comunicación organizacional debe aportar
un profundo conocimiento retrospectivo, presente y prospectivo
del entorno en el cual se desempeña la organización,
con el propósito de identificar amenazas y oportunidades
que potencialmente han obstaculizado u obstaculizarán su
desarrollo, o bien condiciones para crear ventajas competitivas
a partir de las cuales la empresa o institución pueda preservar
o incrementar su participación en el mercado.
Discusión
racional
A partir del diagnóstico de la percepción que los
diferentes interlocutores tienen de la entidad, la tarea de comunicación
es asesorar sobre el diseño o modificación de políticas
institucionales que posibiliten la percepción acertada
de la empresa ante sus audiencias clave, para que éstas
respondan a sus necesidades y expectativas, así como desarrollar
un sistema de comunicación institucional que transmita
eficientemente la esencia de la misma ante sus públicos
para obtener su apoyo y solidaridad. Esto incluye el desarrollo
de mecanismos para manejar la comunicación en situaciones
contingentes y proteger la reputación de la empresa o institución,
un activo cada día más apreciado y que per se puede
constituirse en una ventaja competitiva para la misma.
En ese contexto, destaca la llamada administración
de la controversia pública, mediante la cual se
identifiquen los asuntos críticos en la vinculación
entre la empresa o institución y sus diferentes audiencias,
con el fin de promover una discusión racional para resolver
conjuntamente problemas comunes, con lo cual se preserve la buena
relación entre la empresa y sus interlocutores. En tales
casos, el comunicador deberá integrar audiencias con el
afán de tener interlocutores para la solución de
problemas.
Un aspecto que cada vez adquiere más relevancia en la función
de comunicación, como contribuyente para la competitividad
de las empresas o instituciones, es el respaldo a los programas
de mercadotecnia mediante la difusión de información
entre los clientes potenciales o actuales, en espacios editoriales
de los medios de comunicación colectiva, en relación
con las necesidades que satisfacen los productos que ofrece la
empresa, o bien referente a la forma de utilizar o sacar provecho
de un producto, o también para reforzar la labor de la
publicidad informando sobre las características de un producto
o servicio.
Estas actividades contribuyen para que la empresa o institución
preserve o mejore su participación en el mercado.
Otro aporte de la comunicación para la consecución
de los objetivos mercadotécnicos es la implantación
de programas de postmercadeo, también llamados marketing
de relaciones, mediante los cuales se detectan necesidades
y niveles de satisfacción de los consumidores para implantar
programas de comunicación y de incentivo tendientes a conservar
la clientela.
El quehacer de la comunicación en las organizaciones ha
evolucionado notoriamente. Antes, el comunicador organizacional
fungía como facilitador o gestor, cuya tarea consistía
en optimar los procesos comunicativos entre una organización
y sus interlocutores para incrementar la eficiencia organizacional.
Hoy día, el comunicador organizacional en la sociedad global
propicia la integración de las organizaciones a su entorno
y de esa manera busca desarrollarse o al menos preservar su existencia
en un contexto de competencia intensa en mercados conformados
por individuos con mayor acceso a la información y, por
tanto, más participativos y exigentes.