El proceso de comunicación tiene
la función de generar y sostener el valor del ofrecimiento
en los públicos: transformar datos aislados en un concepto
que permita generar confianza en las relaciones con los diferentes
públicos de la organización.
La organización ofrece una promesa a diferentes actores
sociales con su propuesta o producto. Toda organización,
a través de su actividad, está prometiendo algo
a alguien, consciente o inconscientemente. En el caso de una empresa,
el producto le promete a los clientes la resolución de
una tarea; a los inversores1, les promete rentabilidad;
al público interno, crecimiento; al entorno social, desarrollo,
y así sucede con diferentes sectores del mercado. En el
caso de una organización civil, la situación no
es diferente: cambia la definición de los actores sociales,
cambia el sentido de la propuesta (no tiene fines de lucro), pero
no cambia la concepción del ofrecimiento como una promesa.
En la promesa corporativa radica el valor de la propuesta
para determinados sectores del mercado o comunidad.
La percepción que los públicos tienen de un producto
u ofrecimiento está compuesta por: a) categorías
convencionales, que son definiciones socialmente construidas a
lo largo del tiempo (por ejemplo: una bebida = refresco; hotel
= comodidad; universidad = capacitación) y b) categorías
diferenciales, que son los aspectos que hacen que una propuesta
sea única, especial y atractiva. En estas últimas
categorías está en juego la estrategia corporativa,
porque el ofrecimiento responde a una visión y a una cultura
que da forma a la promesa que una organización construye
para determinados sectores de la sociedad. Los productos son consecuencia
del modelo de organización.2
El rol de la estrategia de comunicación es articular una
promesa corporativa para que tenga valor en diferentes sectores
del mercado o comunidad, lo cual implica desplegar la estrategia
corporativa ampliando las categorías diferenciales del
ofrecimiento, de tal manera que pueda ser percibido y valorado
por diferentes públicos.
En el desarrollo del ofrecimiento interviene la estrategia corporativa
(a través del modelo de negocio o del proyecto de la organización)
que permite un diseño diferencial de la propuesta, y en
la percepción del ofrecimiento está presente la
estrategia de comunicación (a través del concepto,
los mensajes y los soportes), que permite una percepción
diferencial de la propuesta en los diferentes sectores.
Entre el diseño y la percepción surge el valor de
una propuesta, el cual emerge del encuentro entre lo que la organización
promete y lo que perciben los públicos. Por lo tanto, el
valor es dinámico y contingente, no es exclusivo y no se
puede atrapar con estrategias de retención.
La estrategia de comunicación no sólo es cuestión
de mensajes o creatividad en los soportes o en el discurso; comienza
con un ofrecimiento con valor. Si la propuesta no es atractiva
para los públicos, la comunicación no puede generar
en sí misma ese valor. Pero sin comunicación, el
valor de la propuesta no puede ser significado por los públicos
y, por tanto, el producto o la propuesta simplemente es un conjunto
de datos.
Valor
emergente
Para los públicos, el valor es un concepto, no un conjunto
de atributos físicos; lo que las personas eligen no tiene
relación directa con los atributos del producto, sino con
lo que los atributos resuelven en su vida cotidiana.
Ahora bien, ¿cuál es el rol de la comunicación
en la generación de valor? Joan Magreta plantea:
Una buena propuesta de valor es una historia, una trama que
debe tener sentido para todos los actores involucrados.3
Lo que la organización define como producto implica una
promesa, un conjunto de actores involucrados y una modalidad de
participación y relación entre los actores.4
La comunicación aporta valor cuando genera nuevos significados
al diseño de un producto, ampliando el modelo de negocios
o el proyecto estratégico de una organización.
El valor emergente es el campo donde la organización debe
desarrollar su proceso estratégico de comunicación.
La estrategia surge como una interfaz, como un espacio de contacto
funcional entre sistemas, que implica una visión diferente
del proceso de comunicación, el cual ya no está
basado en la transmisión y persuasión, sino en la
gestión de significados, la sincronía de percepciones
y realidades compartidas. Si no hay realidades compartidas entre
la organización y sus públicos, no puede haber valor.
El espacio de injerencia de la comunicación es el lugar
donde se integran los fragmentos de mensajes percibidos y todos
los conceptos toman significación. El valor como percepción
emergente es un espacio común de intercambio dinámico
y complejo; es un espacio virtual que se construye a partir de
la percepción e interacción.
Los factores de competencia en este espacio son creencias, valores,
ideas, hábitos y actitudes. Una organización no
compite exclusivamente con otros organismos u organizaciones,
ni con otros productos o marcas; compite esencialmente con otros
significados, con factores de credibilidad, confianza, interpretación
y participación. La organización debe orientar sus
procesos productivos para buscar un lugar en esa trama de significaciones.
Generar
decisiones
El corazón de los vínculos corporativos es la propuesta
que elabora la organización; si lo que ofrece no tiene
valor, no hay vínculos. El ofrecimiento de una organización
(sea físico o conceptual) puede tener diferentes funciones
según el contexto de decisión de cada sector de
públicos. El contexto de decisión se relaciona con
lo que la propuesta ofrece a los diferentes públicos y
lo que les posibilita de manera diferencial si en el mercado o
en la comunidad existen alternativas de elección.
Los productos corporativos deben tener sentido para determinadas
circunstancias de decisión; cuando las circunstancias cambian,
las decisiones también se modifican aun cuando los públicos
mantengan sus atributos personales. Las decisiones de las personas
dependen del contexto o las circunstancias de vida en las que
se encuentran.
Para que los diferentes públicos elijan la propuesta de
la organización es necesaria una decisión. Este
es un proceso complejo que involucra percepciones, creencias,
sentimientos y experiencias. Según el tipo de público
o el sector social, elegir puede significar: invertir, recomendar,
reconocer, participar, apoyar. Por lo tanto, se debe descentralizar
la estrategia de comunicación del punto de vista exclusivo
de la transmisión de datos para orientarlas hacia procesos
de conducta: generar y sostener decisiones.
Todo proceso de comunicación siempre tiene una contrapartida
en procesos conductuales. A través de la comunicación,
las organizaciones manipulan símbolos y gestionan comportamientos.
Lo que la organización diga o haga tiene un impacto en
los vínculos corporativos que se manifiestan en diferentes
conductas. Descuidar tal principio tiene consecuencias en la rentabilidad
(pérdida de clientes, proveedores, alianzas), en la imagen
(pérdida de credibilidad, percepción de riesgo,
actitud negativa) o en la confianza (indiferencia, falta de participación,
inestabilidad de opinión).
Para darle un marco estratégico a las decisiones de comunicación
y articular la propuesta corporativa en distintos grupos es necesario
centrarse en el objeto y los objetivos de las intervenciones más
allá de públicos o espacios (externos o internos).
En diferentes sectores de públicos, conviven acciones de
comunicación que podríamos definir desde tres ámbitos.
Lo importante para las personas que dirigen las acciones de comunicación
es tener en cuenta qué se está comunicando en cada
momento (lo que somos, los modos de hacer o lo que hacemos), y
cuáles son los objetivos de esa intervención en
cada contexto, en cada momento (presencia, integración
o elección).
La articulación de los tres ámbitos en un programa
de acciones estratégicas permite trabajar en diferentes
públicos sobre sus percepciones (lo institucional), actitudes
(lo organizacional) y experiencias (lo productivo). Cuando una
organización puede articular en su estrategia de comunicación
los tres ámbitos comienza a gestionar -nunca a controlar-
determinadas decisiones en los públicos.
Estos ámbitos pueden estar presentes en un mismo mensaje
o pueden tener mensajes diferenciales por públicos o por
soportes. La combinación de ámbitos, mensajes y
soportes depende de los objetivos de la estrategia en cada momento.
NOTAS
1) Esta categoría también
puede tomar el nombre de decisiones cuando está relacionada
con organizaciones gubernamentales o civiles, cuya existencia
no depende de un grupo de financiamiento sino, de decisiones de
personas o grupo de personas que tienen el poder de determinar
el rumbo de la organización.
2) Johnston, Robert, y Douglas, Bate, The power
of strategy innovation: a new way of linking creativity and strategic
planning to discover great business opportunities. Nueva York,
American Management Association, 2003.
3) Magreta, Joan, Why business models matter,
en Hardvard Business Review, mayo, 2002.
4) Manucci, Marcelo, Atrapados en el presente.
La comunicación, una herramienta para construir el futuro
corporativo, Quito, CIESPAL, 2005, p. 68.
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