Las páginas electrónicas
tienen más de una década de vida, y en este poco
tiempo, han registrado un crecimiento acelerado, desordenado,
carente de regulación y estándares de control de
calidad. La búsqueda de calidad ha hecho necesario formular
propuestas para evaluar la información que se distribuyen
vía Internet, que incluyen, además de los criterios
existentes utilizados en medios impresos: contenido, antigüedad,
periodicidad, profundidad del teman, etcétera, elementos
para evaluar algunas particularidades de la información
en línea, tales como: acceso, contenido, navegación
y organización del sitio. Sin embargo, entre los innumerables
trabajos sobre el tema, existen incluso, aquellos en donde el
autor hace caso omiso a los criterios que propone, lo que resulta,
además de contradictorio, desalentador.
Más que una simple innovación tecnológica,
Internet se ha convertido en un cambio cultural que sigue
transformando la forma de comunicar la ciencia, planteando la
necesidad de desarrollar estándares de calidad y evaluación.
Esta metamorfosis de lo tradicional a lo digital,
trajo consigo nuevos métodos para editar, acceder, diseñar,
almacenar y evaluar la información.
Internet fue diseñado para permitir el intercambio ilimitado
de información, por consecuencia cada vez son más
las personas que publican páginas electrónicas de
diversos tópicos sin ser sometidas a una evaluación
previa por parte de editores o profesionales en la materia, problemática
que se ve reflejada directamente en la comunidad académica,
pues complica el determinar si las fuentes de datos son confiables
y de calidad, sumado a esto, estudiantes e investigadores pasan
horas incontables buscando información en la red (Brandt,
1996 y Beck, 1997). Es precisamente el acceso ilimitado al medio
lo que obliga a evaluar todo aquello que allí se expone,
pues se conoce bien, que en Internet se encuentra todo
y de todo, por consiguiente lo importante es saber como
localizar información relevante y de calidad (Gómez
Aguilar, 2005).
Bajo esta perspectiva, el punto clave para enfrentar este problema
es la evaluación de la información en línea,
proceso que se remonta a la evaluación de los medios tradicionales.
En sentido se deben acondicionar todos los elementos que caracterizan
un proceso de evaluación (calidad del contenido, profundidad,
exactitud, objetividad, reconocimiento del autor, actualidad del
tema, etc.), a los correspondientes del medio en línea
(funcionalidad, credibilidad de lo que allí se refleja,
registros de acceso, navegación y organización,
incluso, algo tan sencillo como la actualidad de los enlaces,
etcétera) (López Ornelas, 2003).
Surge entonces la necesidad de ofrecer un instrumento que permita
al académico y en general a todo el usuario de la red,
evaluar la información en línea, partiendo de estándares
establecidos en la evaluación tradicional, que por más
de tres décadas han certificado la calidad de la información
impresa. Las primeras propuestas en materia de evaluación
de páginas web, se generaron a mediados de los años
noventa. Es en esta época cuando Internet deja la exclusividad
del mundo científico y abre sus puertas a un ilimitado
número de usuarios, dando origen a gran diversidad de contenidos
electrónicos. En este contexto, investigadores como Grassian
(1995), Alexander y Tate (1996), Beck (1997) y Smith (1997), dan
a conocer las primeras propuestas sobre la evaluación de
páginas electrónicas, mismas que responden principalmente
a dos fenómenos:
a) Internet al alcance de las masas. A medida que Internet
se iba incorporando a actividades académicas y comerciales,
el acceso a la red era cada vez más sencillo, ya fuera
en el lugar de trabajo o en instituciones educativas, lo que provocó
que el usuario común tuviera un mayor contacto con la red.
Posteriormente la consulta con fines de entretenimiento y de comunicación
a distancia ayudaron a que creciera el número de usuarios.
b) Proliferación de páginas electrónicas
sin regular. El fácil acceso a la red dio origen a
un número incontrolable de páginas electrónicas
con diversos contenidos , donde la falta de regulación
por parte de una autoridad u organismo, así como la debilidad
del sistema al permitir alterar y modificar información
en línea, creó un ambiente de inseguridad para aquellos
que utilizaban Internet como fuente de información para
fines académicos.
Lo anterior comenzó a hacer estragos en la comunidad científica
que seguía utilizando esta vía para difundir sus
investigaciones y consultar otras; es en este grupo de usuarios
donde la necesidad de evaluar las páginas Web empezó
a ser más relevante, la información de la red también
debía de ser confiable y mejor.
Actualmente estudiantes y académicos tienen a su alcance
infinidad de fuentes de información provenientes no sólo
de bibliotecas, sino de revistas y periódicos en línea
con diversos tópicos, portales de difusión e investigación
científica, así como, sitios Web dedicados a una
gran variedad de temas e ideologías. Todo esto gracias
al desarrollo de nuevas tecnologías que han permitido que
las páginas electrónicas cuenten con innovadores
programas de cómputo (software) y soportes multimedia
(video, audio, interactividad, etcétera).
Por este motivo, investigadores como Codina (2000), Merlo (2003),
Lugo y Hernández (2004) han retomado trabajos de los llamados
pioneros en el tema (Grassian, 1995; Alexander y Tate, 1996; Beck,
1997; y Smith, 1997), planteando principalmente tres argumentos:
1. Los recursos en línea siguen siendo objeto de estudio;
2. cada vez resulta más necesario establecer parámetros
que permitan la construcción de un instrumento estandarizado;
3. dichos instrumentos deben evolucionar a la par de los cambios
de las tecnologías.
A esta línea se han unido investigadores como Barker (2002),
Burns (2002) y Gómez-Diago (2004), entre otros, que proponen
instrumentos para evaluar páginas electrónicas en
dos modalidades, tales como lista de cotejo y cuestionario exploratorios:
· Lista de cotejo. Se presenta
como un listado de indicadores, agrupados en bloques llamados
criterios que en su conjunto funcionan como guía para que
el usuario conozca lo que debe encontrar en el documento que consulta
y así evaluar su calidad. En su mayoría los indicadores
se presentan como preguntas concretas.
· Cuestionario exploratorio.
Se componen de una serie de preguntas abiertas que evalúan
de manera general la información en línea, en su
mayoría este tipo de preguntas carecen de clasificación
por criterio.
Para fines de este trabajo, se tomaron en cuenta sólo las
listas de cotejo pues, son instrumentos confiables, que ofrecen
criterios e indicadores más estandarizados siendo su aplicación
cómoda e ideal para optimizar tiempos de consulta. En cambio,
los cuestionarios exploratorios pueden ser, más que una
ventaja, una desventaja para el usuario que no está del
todo relacionado con los términos que se utilizan en el
campo cibernético, provocando confusión o pérdida
de tiempo en las consultas.
Propuestas
de instrumentos de evaluación de páginas web
Una vez definido el objeto de estudio se buscó en línea
artículos que abordaran el tema de la evaluación
de páginas en Internet. Debido a que se había contemplado
que la mayoría de estos datos se encuentran en el idioma
inglés, las palabras claves que auxiliaron este proceso
de búsqueda fueron: evaluation, check list, critical,
guide, Internet, Web Sites; y en el idioma español:
calidad, criterios, sitios Web, evaluación, fuentes de
información, Internet, listas de cotejo, listas de criterios
y recursos digitales, entre otras. El buscador Google arrojó
aproximadamente 25 millones de páginas electrónicas.
Esta cifra lejos de resultar alentadora, sustenta la necesidad
de aplicar criterios más específicos para seleccionar
información de calidad entre la alta cifra de basura existente
en Internet, ya que en el 2003 Google había sobrepasado
los dos mil millones de documentos (Merlo, 2003).
Bajo esta circunstancia, fue necesario identificar, definir y
establecer parámetros para la selección de artículos
de la mayor calidad posible, por lo que se formularon los siguientes
criterios:
I. Los datos proporcionados por los autores debían
ser respaldados por una institución, organismo o asociación
educativa.
En línea existen artículos que pertenecen a páginas
electrónicas personales, los que podrían interpretarse
como documentos carentes de evaluación y respaldo por parte
de alguna institución u organismo educativo, esto no significa
poner entre dicho su grado de confiabilidad, en cambio, de ser
incluidos en la selección se incurriría en una contradicción
sobre los criterios que más adelante se definirán,
según la información de cada autor.
II. El artículo deberían proponer un instrumento
para evaluar páginas electrónicas.
Son varios los académicos que consideran necesario evaluar
los contenidos en línea, sin embargo, son pocos los que
ofrecen criterios e indicadores definidos y estructurados en un
instrumento. Durante la selección se observaron ensayos
que abordan el tema, en ocasiones carentes de una metodología
y de un resultado claro y definido.
III. Los criterios a los cuales el autor hace referencia en
su artículo, deberían ser incluidos en el propio
documento.
En esta búsqueda se encontraron estudios donde el autor
lista o enumera la serie de criterios que dan fundamento a su
propuesta, sin embargo, en algunas ocasiones estos criterios no
son aplicados en el propio documento, es decir, no se visualizan
los indicadores que propone el autor para determinar el grado
de calidad de otras fuentes de información.
Características
generales de los autores seleccionados
Tal como se muestra en la Figura 1, de los 19 autores, 13 son
de origen estadounidense, tres españoles, un mexicano,
un colombiano y un neozelandés. Se observa que Estados
Unidos es el más prolíficos en materia de la evaluación
de páginas electrónicas, sin embargo, Nueva Zelanda
con una sola propuesta generada por Smith (1997), sigue vigente
entre los investigadores actuales que intentan indagar en el campo
de la evaluación de páginas electrónicas.
Figura 1. Nacionalidad de los autores
seleccionados
Respecto al idioma, se encontró que el 74% de los artículos
se encontraban idioma inglés, mientras que el 28% restante
en castellano. Ver Figura 2.

Figura 2. Idioma de los artículos seleccionados.
Posterior a Smith (1997), surgieron otros autores, tales Jim
Kapoun (1998), Delhousie University Libraries (1999) y Iowa State
University Library (1999), todos de origen estadounidense. Fue
hasta el año 2000, que España comenzó a figurar
en este campo, con artículos de Pere Marqués (2000),
José Antonio Merlo (2003), entre otros.
Por otro lado, según los resultados de la búsqueda
en Google, México es otro país de habla hispana
que cuenta con estudios relacionados a la evaluación de
información digital; considerando que España cuenta
con mayor desarrollo tecnológico y educativo, el rezago
de este tipo de investigación en México no es sorprendente.
El primer trabajo ubicado en el país, con estas características,
se remonta a la propuesta de Gloria Gómez (2004). Bajo
esta circunstancia se encuentra Colombia, pues, fue hasta el año
2002 que Ramírez da a conocer su propuesta de evaluación.
Retomando el caso de México, lo anterior no significa que
el país carezca de académicos preocupados por el
desarrollo de las tecnologías de la información,
actualmente existen varias investigaciones orientadas a la creación
y validación de revistas académicas electrónicas,
investigaciones que van dirigidas a audiencias específicas.
También existen artículos que atienden la problemática
con que se enfrentan estudiantes y académicos al evaluar
la calidad de la información en línea, tales es
el caso de José Duarte (2003), sin embrago, según
el resultado de la búsqueda y de la aplicación de
los tres criterios explicados en el apartado anterior, sólo
se identificó un artículo con tales características.
Con esto queda al descubierto, que si bien existen pocas propuestas
de instrumentos de evaluación en idioma castellano, en
México aún la investigación en este tema
es incipiente, es ahí donde radica la importancia de este
trabajo:
· Un análisis comparativo de las propuestas existentes,
con el fin de brindarle a estudiantes y académicos la oportunidad
de seleccionar un instrumento de evaluación confiable,
claro y sencillo de aplicar, avalado por una institución
educativa.
Descripción
de criterios e indicadores
para evaluar páginas electrónicas
El siguiente apartado muestra la descripción de los criterios
propuestos por los 19 autores previamente seleccionados en este
trabajo (ver Tabla I), es importante no perder de vista que dicha
selección se llevó a cabo, a través de corroborar
que:
I) los datos proporcionados por el autor deben estar respaldados
por una institución, organismo o asociación educativa;
II) el artículo necesita proponer un instrumento para evaluar
páginas electrónicas; y
III) los criterios a los cuales el autor hace referencia en su
artículo, deben ser incluidos e identificables en el propio
documento.
Dado que este trabajo presenta un análisis sobre los antecedentes
de la evaluación de páginas electrónicas,
así como, su evolución con respecto a los avances
tecnológicos, los autores se describen cronológicamente,
en este sentido se podrá observar la diversidad de tendencias
entre cada autor, aún cuando sus investigaciones hayan
sido propuestas en mismo año.
Esther Grassian
La primera propuesta para evaluar información en línea,
corresponde a la lista de cotejo de Grassian (1995), expuesta
en el artículo Thinking Critically about World Wide
Web Resources, donde comenta que la World Wide Web (WWW) tiene
mucho que ofrecer; sin embrago, puntualiza que no todos los resultados
son confiables. Ver Tabla II.
Tabla II. Criterios para evaluar páginas electrónicas,
Grassian (1996)

Dentro de las características observadas en la lista de
cotejo de Grassian (1995), se puede señalar que la autora
delimita los criterios por medio de indicadores (preguntas), sin
embargo, no ofrece una descripción conceptual de cada uno.
Por otra parte, en la información general que ofrece el
artículo, no menciona la importancia de evaluar la información
en línea, así como, los beneficios que brinda la
aplicación de su propuesta.
Jan
Alexander y Marsha Ann Tate, Susan Beck, y Jim Kapoun
Alexander y Tate (1996), Beck (1997) y Kapoun (1998) presentan
características similares en sus propuestas, todas se componen
de cinco criterios, y al igual que el caso anterior no hay una
descripción ni de sus criterios ni de los indicadores,
los cuales se encuentran delimitados por preguntas abiertas, tal
como se observa en la Tabla III.
Tabla III. Criterios para evaluar páginas electrónicas,
Alexander y Tate (1996), Beck (1997) y Kopoun (1998)

A diferencia de Alexander y Tate (1996), Beck (1997) y Kapoun
(1998) otorgan mayor importancia al criterio exactitud, colocándolo
a la cabeza de los demás, aún con esta diferencia
se consideró oportuno seguir el orden de la propuesta de
Alexander y Tate, ya que además de ser pioneros en la materia,
su trabajo es uno de los más citados en el tema. Cabe resaltar
que aún con la diferencia de orden que presentaron estos
autores los cinco criterios evalúan la misma información
en los tres casos.
Alastair
Smith
Smith (1997), en su artículo Criteria for evaluation
of Internet Information Resources, define su instrumento como
una caja de herramientas (traducción literal de tollbox),
que permite evaluar información en línea orientada
a bibliotecas y a sus usuarios que pretenden consultar fuentes
de información confiables.
El autor pone a disposición del usuario siete criterios
con sus respectivos indicadores delimitados por preguntas, mismos
que no son descritos. Dentro de las particularidades de la propuesta
de Smith, se puede observar que algunos criterios contienen sus
propias preguntas, las cuales brindan al usuario un panorama general
de lo que evalúa cada uno, en este sentido y a diferencia
de otros autores, los indicadores realizan una evaluación
más específica del contenido. Debido a esta complejidad,
se presenta en primer lugar, un esquema del instrumento y posteriormente
se describen los criterios con sus indicadores, tal como lo muestra
el Figura 3.
Figura 3. Esquema general de los criterios e indicadores de
Smith (1997)
En la Tabla IV, se observa que el criterio
alcance, esta compuesto por cuatro indicadores con preguntas abiertas.
Tabla IV. Criterio: alcance/Smith (1997)

El segundo criterio contenido, como se muestra en la Tabla V,
sigue la naturaleza del anterior, ofrece la posibilidad de una
evaluación específica o general, según lo
requiera el usuario y la finalidad con que se consulta la información.
Tabla V. Criterio: contenido/Smith (1997)

Diseño gráfico y multimedia es el tercer criterio
propuesto por Smith (1997), a diferencia de los anteriores evalúa
de manera general la información en línea, aplicando
preguntas que tienen la función de indicadores, los cuales
no se definen a mayor detalle. Lo anterior se puede observar en
la Tabla VI.
Tabla VI. Criterio: diseño gráfico y multimedia/Smith
(1997)

El cuarto criterio propósito, se compone por un sólo
indicador audiencia, ilustrado en la Tabla VII.
Tabla VII. Criterio: propósito/Smith (1997)

En quinto lugar, como lo ilustra la
Tabla VIII, el autor propone el criterio revisores, al igual que
diseño gráfico y multimedia no hay una definición
específica del indicador.
Tabla VIII. Criterio: revisores/Smith (1997)
El sexto criterio de Smith (1997) es funcionalidad, como se observa
en la Tabla IX, se constituye por seis indicadores con preguntas
específicas.
Tabla IX. Criterio: funcionamiento/Smith (1997)

Por último, el séptimo criterio que conforma el
instrumento de evaluación de Smith (1997) es costo; como
se aprecia en la Tabla X, los indicadores no se exponen como preguntas,
ya que este criterio no pretende evaluar el contenido, pero si
considerar como factor importante al conservar o rechazar una
fuente de información en línea, el hecho de tener
que pagar por acceder a ella.
Tabla X. Criterio: costo/Smith (1997)

Al analizar la propuesta de Smith, se identificó que a
diferencia de otros académicos, el autor no tiene un formato
definido en cuanto a la presentación de su instrumento,
lo que no demerita la calidad de su trabajo, pues sus aportaciones,
son consideradas dentro de las más importantes y confiables
en el área.
Dalhousie
University Libraries
Dalhousie University Libraries en su artículo Criteria
for Evaluating Web Resources (1999b), presenta una serie de
criterios para evaluar la calidad de páginas electrónicas
similares a los que utilizan Alexander y Tate (1996), Beck (1997)
y Kapoun (1998), agregando uno más propuse (propósito),
cumpliendo así la serie de seis criterios que integran
el instrumento: authority (autoridad), propuse (propósito),
y coverage (cobertura), currency (actualidad), objectivity (objetividad)
y accuracy (exactitud).
A diferencia del conjunto de autores antes mencionado, Dalhousie
University Libraries (1999a), ofrece al usuario la descripción
de cada criterio, así como, una Lista de cotejo para evaluar
sitios Web (1999a), misma que se caracteriza por presentar los
indicadores en preguntas abiertas, tal como se observa en la Tabla
XI.
Tabla XI. Lista de cotejo para evaluar páginas electrónicas,
Dalhousie University Libraries (1999a)
Título del sitio Web: ______________________________________________
URL: __________________________________________________________
Fecha de la evaluación: ____________________________________________

Hasta este punto, se puede considerar que el instrumento de Dalhousie
University Libraries (1999a) es una de las mejores propuestas,
ya que ofrece al usuario las herramientas necesarias para realizar
una evaluación rápida y sencilla, evitando confusiones
y pérdidas de tiempo al consultar y seleccionar fuentes
de información en línea. Podría pensarse
que existe una contradicción cuando se ha mencionado, que
trabajos de Alexander y Tate (1995) y Smith (1997) son de los
más importantes y relevantes, y lo siguen siendo, sin embargo,
la tecnología ofrece cada día nuevos recursos y
avances, de la misma manera los instrumentos de evaluación
han evolucionado. Lo que indica que actualmente se cuenta con
autores que han superado a los anteriores.
Iowa
State University
Una de las características particulares de Iowa State University
(1999), es la presentación de su trabajo en dos idiomas,
inglés y español. Por otra parte, en la actualización
que realizó a su artículo en el 2004, menciona que
en estos tiempos, la evaluación de páginas electrónicas
se ha convertido en una función necesaria de todo proceso
de investigación, lo que permite incrementar la habilidad
crítica del investigador para seleccionar con mayor rigor
su información. Los criterios que propone se pueden observar
en la Tabla XII.
Tabla XII. Criterios para evaluar páginas electrónicas,
Iowa State University (1999)
Al analizar esta propuesta, se observa que la universidad ofrece
al usuario una clara descripción de sus criterios, en donde
los indicadores, aún planteados con preguntas abiertas
ameritan una respuesta concreta, es decir, su aplicación
no requiere de mayor conocimiento de la red, sólo el necesario
para navegar en ella.

Biblioteca
de la Universidad de Sevilla
En el sitio web de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla
(2000), se ofrece al usuario una guía para evaluar la información
en línea. Esta guía también ofrece aspectos
generales de la red ¿qué es Internet?, ¿cómo
funciona?, ¿qué tipo de información se puede
encontrar dentro?, ¿cómo se puede buscar información
en la Web?, entre otros. Sobre la importancia de evaluar la información
en la universidad, argumenta que los datos de la red no están
sometidos a ninguna revisión previa por parte de editores
o profesionales, como consecuencia, tampoco a normas de calidad.
Ver Tabla XIII.
Tabla XIII. Criterios para evaluar páginas electrónicas,
Universidad de Sevilla (2000)
En este caso el instrumento es dirigido a estudiantes y académicos,
no por contar con términos o conceptos especialmente orientados
a esta audiencia, sino por tratarse de los usuarios potenciales
del sitio Web. Lo anterior, no interfiere con la posibilidad de
aplicar esta propuesta a cualquier tipo de contenido.
Retomando la composición del instrumento, la institución
no realiza la descripción conceptual de cada criterio,
los indicadores se encuentran bien delimitados y presentados de
una manera clara y sencilla. Algunos de los criterios de esta
propuesta han sido incluidos en trabajos de autores ya revisados,
tales como: Alexander y Tate (1996), Beck (1997), Smith (1997),
Kopoun (1998), Dalhousie University Libraries (1999) y Iowa State
University (1999).
En el caso de legibilidad y audiencia son propios de la universidad,
aunque este último criterio Smith (1997) lo considera un
indicador, pero la aportación más importante de
la Biblioteca de la Universidad de Sevilla (2000), hace referencia
al interés que el usuario pueda tener por incorporar la
página evaluada dentro de sus sitios favoritos.
Sarah Burns
Esta autora cuenta con dos artículos sobre el tema, Evaluating
Resources (2002) y Web Site Evaluation Worksheet (2000).
En el primero, expone al usuario la importancia de evaluar la
información que proviene de la red, ya sea impresa o electrónica,
especialmente si fue seleccionada desde un buscador. También
puntualiza que tradicionalmente la información impresa
ha sido evaluada por cinco criterios: accuracy (exactitud), authority
(autoridad), objectivity (objetividad), currency (actualidad)
y coverage (cobertura)
En base a esto, Burns (2002) considera adecuado realizar una adaptación
de estos cinco criterios tradiciones para la evaluación
de la información impresa a criterios para evaluar documentos
Web (Ver Tabla XIV).
Tabla XIV. Adaptación de los cincos tradicionales de
evaluación impresa a documentos Web/Burns (2002)

De manera adicional a la descripción de lo que evalúa
cada criterio, Burns en el 2000 pone a disposición del
usuario una Hoja de evaluación de sitios web, presentada
en la Tabla XV, compuesta por 15 preguntas abiertas.
Tabla XV. Hoja de evaluación de sitios Web/Burns (2000)

En Burns (2002), se encuentran dos grandes aportaciones importantes:
a) La autora es la primera dentro del grupo de académicos
analizados, en contemplar que los criterios para evaluar información
en línea, son una evolución de los criterios tradicionales
para evaluar información impresa. Es decir, los investigadores
que han realizados trabajos en la materia, debieron basar sus
estudios en instrumentos de evaluación ya existentes, adaptando
lo establecido a las nuevas necesidades.
b) De una manera adecuada, antes de la presentación de
su propuesta, Burns realizar una clara descripción de cada
criterio al exponer sus indicadores no como preguntas, sino como
factores que el usuario deberá identificar, guiándolo
durante el proceso de la evaluación.
Estas aportaciones hacen que la propuesta de la autora sea una
de las más relevantes que se ha analizado durante el desarrollo
de este trabajo. La autora ofrece una herramienta sencilla de
comprender y aplicar, sin importar cuánto conozca el usuario
de la red. Finalmente el artículo argumenta que Internet
es sólo una fuente de información, y sugiere que
sería de gran utilidad consultar adicionalmente, según
el tópico, otras fuentes como libros, revistas, periódicos,
entrevistas, etc.
Paola Andrea Ramírez Pérez
Ramírez, presenta en el artículo Pautas de evaluación
de recursos de información bibliotecológica en la
Word Wide Web (2002), el resultado de un estudio realizado por
el sitio Web El Faro, cuyo objetivo es reunir los enlaces más
importantes y representativos del área.
Como se muestra en la figura siguiente, la propuesta de Ramírez
(2002) se compone por tres aspectos generales a evaluar, cada
uno dividido en aspectos particulares, su instrumento completo
se observa en la Tabla XVI.
Tabla XVI. Aspectos generales y particulares /Ramírez
(2002)

A primera instancia, se puede observar que el trabajo de la autora
aborda el tema ampliamente, aunque inicialmente la propuesta se
elaboró para evaluar sitios Web relacionados a la información
bibliotecológica, a diferencia de otras que no están
dirigidas a contenidos específicos, la bien delimitada
y sencilla manera de plantear el tema permite ser utilizada para
evaluar cualquier tipo de recursos en línea.
Ramírez (2002), describe cada aspecto que evalúa,
tanto general como particular, proporciona un contexto de los
datos que se requieren evaluar por medio de preguntas específicas.
Al analizar el documento, podría pensarse que la autora
proporciona demasiada información, cuando la intención
es simplificar la tarea de evaluar, por el contrario, esa información
es la que permitirá que el usuario se familiarice con aspectos
que determinarán la calidad de una referencia, hasta lograr
la evaluación de manera automática.
Pere Marqués Graells
Marqués participa en esta investigación con dos
trabajos: Criterios de calidad para los espacios Web de interés
educativo (2000) y Plantilla para catalogación y evaluación
multimedia (2001). El autor denomina sitios Web de interés
educativos a aquellos que brindan algún tipo de apoyo didáctico,
por consecuencia los criterios de calidad que evalúan
contemplan una perspectiva pedagógica. En la Figura 4,
se exponen los criterios del autor.
Figura 4. Criterios de calidad, Marqués (2002)
Tabla XVII. Criterios de calidad: aspectos funcionales/Marqués
(2000)

Tabla XVIII. Criterios de calidad: aspectos técnico-estéticos/Marqués
(2000)
Tabla XIX. Criterios de calidad: aspectos psicológicos/Marqués
(2000)
El
instrumento de evaluación de Marqués (2000), presenta
una descripción compleja de cada criterio de calidad,
de los cuales se puede resaltar que algunos son semejantes a los
propuestos en otros instrumentos, por ejemplo, Smith (1997) utiliza
el criterio user friendliness (uso amigable), evaluando
la misma información que facilidad de uso, mientras que
el criterio créditos representa lo que Alexander y Tate
(1996), Beck (1997) y Kopoun (1998) plantean como authority (autoridad)
y currency (actualidad).
Por otro lado, al principio de la descripción del trabajo
de Marqués, se mencionó que dentro de sus estudios
realizó una Plantilla para la catalogación y evaluación
multimedia (2001) y, es así como sus trabajos se relacionan
a la evaluación de apoyos didácticos en línea.
Sin embargo, como el autor menciona, los criterios pedagógicos
antes expuestos pueden aplicarse en materiales que no sean específicamente
didácticos (Marqués, 2000).
Si bien, estos criterios no cuentan con indicadores representados
por preguntas, la información a considerar que el autor
aporta es suficiente para que el usuario tenga herramientas para
realizar una evaluación sobre contenidos de interés
general. En base a esto se consideró que, aunque los indicadores
que se aplican en la Plantilla para la catalogación y evaluación
multimedia (2001), son los mismos que se han descrito, el instrumento
de evaluación es más complejo, pues incluye otros
con funciones pedagógicas, lo que puede distraer al usuario
y complicar la aplicación.
Es importante recordar que uno de los objetivos
principales de este trabajo es brindar al usuario un instrumento
de evaluación práctico y sencillo, que le permita
evitar pérdidas de tiempo al momento de la búsqueda
y selección de materiales en línea. No obstante,
aunque no se presenta una descripción de la Plantilla para
la catalogación y evaluación multimedia (2001),
se reconoce que es un apoyo útil para investigadores, académicos
y profesores que incluyen recursos de Internet en la práctica
docente.
Owens
Library, Northwest Missouri State University
En el artículo Evaluating Web sites: Part of the Research
Process (2001), la universidad expone que la evaluación,
seriedad y credibilidad de una fuente de información son
parte fundamental de cualquier proceso de investigación,
así mismo, propone cuatro factores que permiten evaluar
la información que se consulta en Internet, los cuales
se muestran en la Tabla XX.
Tabla XX. Evaluando sitios Web: parte del
proceso de investigación/ Owens Library, Northwest Missouri
State University (2001)
Título
de la página Web: ________________________ URL: __________________
Cabe señalar, que Owens Library, Northwest
Missouri State University (2001), al igual que Dalhousie University
Libraries (1999) y Burns (2000), consideran importante conocer
el URL o dirección de la que proviene la página
Web, ya que en ellos se pueden encontrar indicadores importantes
para determinar si se conserva o desecha la información
(institución u organización que la respalda, tipo
de página, país de origen, etc.).
Por otro lado, analizando el resto de la propuesta, no se ofrece
al usuario mayor información que la expuesta, es decir,
no se presenta descripción de los factores ni mayor
introducción que plante la importancia de evaluar la información
que se encuentra en línea.
North
Harris Collage Library
Esta institución académica, propone una Rápida
guía para evaluar sitios Web (traducción de Evaluating
Web Sites-Quick Guide, 2003), la cual se compone por cinco
criterios que se describen la Tabla XXI:
Tabla XXI. Rápida guía para evaluar sitios Web/North
Harris Collage Library (2003)
En
la propuesta de North Harris Collage Library (2003), la institución
presenta la descripción cada criterio, permite que el usuario
contextualice la información que va a evaluar. Por otro
lado, los indicadores están delimitados y representados
por preguntas específicas.
Gloria
Gómez Diago
Gómez Diago en el artículo Una perspectiva evaluadora
de documentos Web desde la ciencia de la comunicación (2004),
manifiesta que en la actualidad la evaluación Web es aplicada
principalmente por consultoras, empresas dedicadas al desarrollo
tecnológico y por profesionales de la documentación.
Normalmente la evaluación se desarrolla en dos formas:
evaluación por expertos y test de usuarios, este último
suele usarse para identificar fallos que en la evaluación
de expertos han pasado inadvertidos.
La autora menciona que los indicadores de una lista de cotejo,
aportan datos referentes al nivel de calidad con que se presenta
una página. A lo que agrega, que aún contando con
una lista de criterios es necesario conservar un poco de incertidumbre
en el proceso evaluador.
Gómez, realiza una propuesta de criterios basada en las
características que deben tener los documentos Web con
respecto a la satisfacción del usuario. El método
que utilizó para designar los indicadores a los criterios
propuestos es el de cart sorting, sistema que consiste
en asociar términos en común con alguna perspectiva
o por disociación.
A continuación, en la Tabla XXIII, se muestran los 10 criterios
para evaluar la calidad comunicativa Web, propuestos por Gómez
Diago (2004).
Tabla XXIII. 10 criterios para evaluar
la calidad comunicativa Web/Gómez (2004).

Gómez (2004), hace referencia en su artículo a la
necesidad de contar con criterios para evaluar la calidad comunicativa
de sitios Web y describe cada uno por medio de indicadores, los
cuales no son representados por preguntas, sino por aspectos a
evaluar. Aunque esta información podría sustentar
la calidad del instrumento, se observó que los indicadores
no están bien delimitados entre sí, lo que podría
provocar confusión en el usuario. Por otro lado, siendo
una propuesta de carácter profesional, la presentación
no se encuentra entre las más óptimas, resulta poco
atractiva y motivadora para el usuario.
Libraries
& Media Services, Kent State University
Libraries & Media Services, Kent State University (2003),
en el documento Criteria for Evaluating Web Resources,
propone cinco criterios para evaluar información en línea,
mismo que se ilustran en la Tabla XIV.
Tabla XIV. Criterios para evaluar páginas electrónicas
propuestos por Libraries & Media Services, Kent State University
(2003)
La propuesta de Libraries & Media Services, Kent State University,
es similar a la que manejan algunos de los autores ya revisados
en esta investigación, tales como: Alexander y Tate (1996),
Beck (1997), Kopoun (1998), Dalhousie University Libraries (1999b)
y Burns (2002). La diferencia radica en que el grupo de investigadores
contemplan el criterio coverage (cobertura), y Libraries &
Media Services, Kent State University lo sustituye con usability
(usabilidad).
La universidad, aunque no realiza una descripción de cada
criterio, toma en cuenta el tipo de dominio de la página
Web, este indicador puede brindar al usuario una mayor seguridad
al utilizar la información que consulta, ya que cuenta
con un dato importante para conocer, a primera instancia, el origen
y clasificación del sitio.
Josie
Tong
Tong en el artículo Critical Evaluation of Resources
on the Internet (2004), afirma, refiriéndose a la evaluación
de recursos en línea, que muchos de los métodos
utilizados para evaluar fuentes de información impresa,
son los mismos que se aplican a recursos de Internet, sin embargo,
existen criterios específicos para documentos en línea.
La finalidad de su propuesta es asistir en el proceso de evaluación
de recursos en Internet, donde a diferencia de libros y artículos
de revistas, los cuales se someten a previos procesos de revisión
antes de su publicación, en Internet cualquier persona
puede publicar, es por esta razón que Tong (2004), cree
fundamental evaluar de manera crítica toda la información
que se obtiene de la red. A continuación en la Tabla XXV,
se describe la propuesta de la autora.
Tabla XXV. Criterios para evaluar recursos en Internet/Tong
(2004)
Tong (2004), es una de las pocas autoras, al igual que Sarah Burns
(2002), que menciona la importancia de establecer métodos
y criterios de evaluación adecuados a las características
que Internet presenta, ya que algunos de los aspectos que se evalúan
en fuentes de información impresa no satisfacen del todo
los requerimientos de la red.
A pesar de su atinada afirmación, la autora no ofrece la
descripción de los criterios, en cambio, fundamenta su
propuesta con los indicadores que son representados por preguntas
fáciles de comprender. De contar con información
complementaria, con respecto a los criterios, la propuesta de
Tong, podría ser una de las más significativas de
esta investigación.
Otras tendencias en la
evaluación de páginas electrónicas. El caso
de cuatro autores.
A diferencia de los 15 autores expuestos en el desarrollo de
este trabajo, los que a continuación se presentan, cumplen
rigurosamente los tres criterios básicos ya antes mencionados,
abordan la evaluación de recursos electrónicos con
un análisis más profundo; si bien es cierto, ofrecen
alternativas sobre el tema, también resulta claro, que
el usuario requiere conocimientos previos para utilizar este tipo
de herramientas, particularmente en la aplicación de casos
específicos. A continuación se describen.
Anderson,
Grove, Allee y Hill
Como se observa, Anderson et al (2001), utilizan criterios e indicadores
que ya han sido analizados anteriormente. A diferencia de otros
autores, estos criterios están orientados particularmente
a la evaluación de páginas electrónicas del
área de medicina, lo que amerita, debido al tópico,
una propuesta rigurosa y exhaustiva.
Una de las características más significativas de
esta propuesta, a demás de considerar sólo dos criterios,
es la exigencia de sus preguntas, por ejemplo, mientras un instrumento
general evalúa un criterio a través de cinco preguntas
(indicadores), este grupo de investigadores, plantean que dicho
criterio sea sometido a un proceso de hasta 45 preguntas. A simple
vista, resulta una propuesta idónea para evaluar cualquier
contenido, sin embargo, son precisamente estas características
las que hacen que dicha propuesta resulte impractica, si se busca
un instrumento para este trabajo.
La profundidad con la que se realiza la evaluación de información
en línea, depende en gran medida de la importancia de su
contenido, entonces, es fundamental, que el usuario tenga presente
el tópico de interés al momento de seleccionar el
instrumento de evaluación (López Ornelas 2004).
Joe
Barker
Barker, cuenta con tres artículos en este apartado: Web
Page Evaluation Checklist (2002), Critical Evaluation of
Resources (2003) y Evaluating Web Page: Techniques to Apply
& Question to Ask (2004), los cuales van desde una propuesta
de instrumento de evaluación, la definición de los
criterios utilizados en su propuesta y una serie de preguntas
para aplicar al momento de evaluar una página electrónica,
respectivamente.
En general, sus artículos presentan una evolución
en el área, sin embargo, cada uno, por si sólo,
deja ver carencias en cuanto a la descripción y clasificación
sus de criterios e indicadores. En este sentido, el material resulta
adecuado sólo para aquellos usuarios con conocimientos
previos en el tema.
José
Antonio Merlo
Merlo, en el artículo La evaluación de la calidad
de la información Web: aportaciones teóricas y experiencias
prácticas (2003), ofrece al usuario una compilación
de los primeros trabajos realizados sobre el tema, donde autores
como Alexander y Tate (1996), Smith (1997) y Codina (2001), son
analizados. En el documento, el autor expone al usuario la necesidad
e importancia de evaluar la información que se encuentra
en línea. Así mismo, realiza un análisis
de los criterios e indicadores que integran los trabajos revisados
y que desde su punto de vista, son los más relevantes.
Merlo (2003), presenta al usuario, información que le ayuda
a familiarizarse con varias propuestas de evaluación, permitiéndole
observar la evolución de las mismas, así como elegir
libremente una propuesta.
Juan
Carlos Ocaña
En el documento La evaluación de los sitios Web (2003),
el autor dirige sus estudios a profesores internautas,
quienes utilizan como apoyo los recursos de Internet, argumentando
que el mayor problema con que se encuentran es fijar criterios
que permitan valorar la utilidad pedagógica de una página.
Los criterios propuestos por el autor son: aspectos generales,
utilización en el aula, aspectos curriculares, aspectos
gráficos y aspectos técnicos.
Los cinco criterios presentados, contemplan la evaluación
de la información, enfocada específicamente a valorar
la utilidad pedagógica de la misma, atendiendo aspectos
como, el nivel de escolaridad (primaria, secundaria, bachillerato
o universidad) de la audiencia que consulta la página,
la temporalización, es decir, el tiempo que se va a necesitar
para realizar las actividades programadas por el profesorado en
el propio sitio, si la página electrónica permite
descargar actividades y prácticas para utilizarse en línea
o en el aula tradicional, entre otras.
A manera de conclusión, resulta preciso enfatizar que Internet
ha transformado el ámbito de los productores y/o consumidores
del conocimiento, es decir, autores, lectores, editores, bibliotecarios,
investigadores, académicos y estudiantes, que de una u
otra forma han sido partícipes conciente e inconcientemente
de los cambios que las nuevas tecnologías y la comunicación
han desarrollado a partir de la generalización de la red
de redes.
Entre esos grandes cambios, la comunidad académica se ha
preocupado particularmente por ¿cómo acceder al
conocimiento?, y por consiguiente, ¿cómo evaluarlo?
Antonio Gómez (2005), comenta en su artículo Unir,
Compartir, Distribuir: la Búsqueda de Información
en la Red, que Internet no es una fuente de información,
es un canal por donde navega una gran cantidad de contenidos,
cuya veracidad depende en general de su procedencia: ¿quién
respalda el documento?, ¿a qué institución
pertenece?, por otra parte, afirma que una de las claves del éxito
en World Wide Web (WWW), estriba en la producción, gestión
y acceso a los contenidos de calidad.
En este contexto, se han realizado grandes esfuerzos por parte
de investigadores de países como Nueva Zelanda, Estados
Unidos, España y recientemente en México y Colombia,
quienes concientes de la importancia de este problema, han elaborado
trabajos en materia de evaluación de páginas electrónicas,
sin embargo, y sin dejar de resaltar su esfuerzo y aportaciones,
el trabajo en este campo resulta incipiente, pues la mayoría
de la propuestas, son planteadas en listas de cotejo, careciendo
de definición del propio instrumento, así como,
de los criterios e indicadores que lo identifican.
Por otra parte, se ha descuidado la relación que todo proceso
de evaluación debe considerar, remitirse al fondo y no
sólo a la forma, es decir, darse a la tarea de evaluar
lo sustancial y significativo del contenido, su profundidad, actualidad,
exactitud, etc., y no únicamente las propiedades del medio,
tales como la versatilidad, la inclusión de imágenes,
animación, sonido, diseño gráfico, etc.
Finalmente, cabe recordar que los autores seleccionados para esta
investigación, obedecen a un proceso de búsqueda
establecido por palabras claves, posteriormente a la aplicación
de tres criterio: el organismo que respaldó su artículo,
su propuesta como instrumento de evaluación y la inclusión
de los criterios en su trabajo.