|
|
En los últimos días, la escaramuza entre
el periódico La Jornada y el subsecretario de Prevención
y Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad
Pública Federal exhibió la debilidad de un sector
de la prensa mexicana y el oficio de un político tan experimentado
como Miguel Ángel Yunes Linares.
El lunes 24 de enero apareció en el recuadro superior de
la primera plana de La Jornada la siguiente cabeza: "Congelada
en QR, investigación contra Yunes por abuso de menores".
En la página tres se publicó que la Procuraduría
General de Justicia de Quintana Roo "congeló" la
Averiguación Previa 7431/2003, en la que se mencionaba que
el actual responsable de la seguridad de los penales federales sostenía
"relaciones sexuales con menores de edad".
En respuesta, el subsecretario de Seguridad Pública envió
un enérgico desmentido, que él mismo difundió
la tarde del lunes a través de la radio. Aseguró que
la documentación de la Procuraduría General de justicia
de Quintana Roo había sido falsificada para afectarlo. Pagó
una aclaración a media plana, titulada "¿A qué
intereses sirve La Jornada?", que en sus puntos más
relevantes rechazaba su participación en hechos delictivos
y citaba los oficios 654/2004-IV y 826/2004 en donde la Procuraduría
General de la República negaba cualquier implicación
en las actividades pederastas de Succar Kuri; y advertía
que "a la falta de ética profesional, La Jornada,
sus directivos y reporteros agregan una conducta ilícita
que debiera reprochárseles por la vía legal. Sin embargo
no lo haré".
Más adelante precisaba: "será la última
ocasión en que me refiera a estas injurias. No caeré
en su juego sucio".
Y el reproche final:
Hoy, que con valor y decisión se enfrenta a la delincuencia
en todos los órdenes, La Jornada pone sus páginas
a la disposición de quienes mediante injurias y calumnias
pretenden debilitar a quienes tenemos a nuestro cargo esta tarea.
Conmigo no lo van a lograr. Por eso reitero la pregunta: ¿a
qué intereses sirve La Jornada?
En respuesta, el periódico a través de la columna
"Astillero" de Julio Hernández, le dedicó
al ex diputado federal priísta adjetivos como: "perverso",
"políticamente adulterado e ideológicamente degenerado"
y "depravado", y exhibió la verdadera razón
de su encono al recordar que, durante la gestión de Yunes
Linares como secretario de Gobierno en Veracruz, un grupo de travestis
se manifestó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas
durante su segunda campaña presidencial.
En esta escaramuza mediática llama la atención la
reacción de Miguel Ángel Yunes Linares. La misma información
fue divulgada en marzo del 2004 por el periódico AZ
de Veracruz, propiedad de un antiguo enemigo político de
Yunes Linares. En aquella ocasión, en medio de su enfrentamiento
con el entonces Gobernador Miguel Alemán, el otrora diputado
priísta desestimó las acusaciones y dijo que eran
parte de una campaña de ataques del Gobierno de Miguel Alemán
en su contra.
Al poco tiempo la misma información fue publicada en la revista
Proceso. Yunes desestimó la nota y dio a conocer que
la productora Zeta Films, propiedad de uno de los hijos del entonces
Gobernador Miguel Alemán, había sido contratada por
Comunicación Social de Gobierno de Veracruz. En aquella ocasión,
el político veracruzano no reaccionó airadamente ni
pagó desmentidos con recursos propios. Respondió a
una nota informativa con esgrima político.
Ahora, resulta preciso resaltar que La Jornada reprodujo
de manera incompleta la información originalmente divulgada
por AZ y sólo agregó que la investigación
había sido "congelada". Yunes a su vez reaccionó
airadamente contra el diario y en entrevistas radiofónicas.
Desde nuestra perspectiva, queda claro que La Jornada no
ofreció ninguna investigación periodística
seria, pues no consultó a todas las partes involucradas en
el caso. El objetivo de esa nota no era informar ni denunciar un
supuesto delito por parte de un funcionario público, sino
pasar la factura de los agravios ocurridos en 1994 al ingeniero
Cuauhtémoc Cárdenas. No se advierte ningún
compromiso con el lector, ni con la verdad, sino un ajuste de cuentas.
En otras latitudes, en otros periódicos una investigación
incompleta o parcial como la referida habría costado algunas
renuncias, en La Jornada no.
Así, en medio de la cólera del subsecretario y la
memoria de los agravios históricos al perredismo, el lector
se pregunta: ¿cuál es la verdad de los hechos?
|