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A
20 años de su asesinato
Buendía
y la columna política
Guillermina
Baena Paz
Profesora de la Facultad de Ciencia Políticas
y Sociales de la UNAM.
Tomado de: Revista Mexicana de Comunicación,
Núm. 86, abril - mayo 2004.
La muerte de Manuel Buendía se constituye en
un parteaguas para la columna política en México.
Desde entonces han sido muy escasos los columnistas
políticos con su perfil. Su columna “Red
Privada” era indiscutiblemente pública
y orientaba en torno a situaciones de la vida nacional
que requerían comprenderse.
Mucho
influye la columna política tanto en la orientación
pública como en el respeto a los valores y las
libertades garantizadas por nuestra Constitución.
En ese sentido, la columna contribuye a cimentar la
madurez de un pueblo.
Así,
“Red Privada” significa un ejercicio y un
ejemplo de la libertad de expresión, que gana
mayor realce entre el gobierno de José López
Portillo y el inicio del de Miguel de la Madrid, cuando
se presentan múltiples amenazas al quehacer informativo.
Algunos ejemplos son los ataques a periodistas críticos
como Paco Huerta y a instituciones como el Centro Nacional
de Comunicación Social. En tal contexto además
surgen las radios populares como Radio Universidad Pueblo
y Radio Ayuntamiento de Juchitán, avanza la eterna
lucha de las izquierdas por su integración, se
crea el Foro de Comunicación Popular intelectual
orgánico de los medios críticos y de las
izquierdas y movimientos populares en el país.
Todo ello ocurre en el marco de una ley mordaza para
la prensa y una supuesta renovación moral que
parecían invitar al silencio. Ambas fueron derrotadas.
Esos
movimientos auguraban el fin de un modelo económico,
y de alguna forma, la muerte de Buendía fue la
metáfora del inicio de un nuevo esquema neoliberal
que arrasaría con todo lo anterior, incluyendo
a sus críticos.
Buendía
además escribía en un momento de plenitud
de la columna política. Muchos periodistas ejercían
esa actividad con relevancia desde la década
de los sesenta. Pero Buendía destacaba entre
ellos.
Las
manos que condujeron a la que jaló el gatillo
acallaron una labor necesaria para la madurez de un
pueblo y el miedo cimbró al periodismo. Un columnista
es como cualquier periodista, sólo que la adrenalina
le fluye más rápido cuando tiene el valor
de denunciar y señalar los abusos del poder.
La columna política
“Red
Privada” reunió las virtudes de lo que
una columna política debe ser. Descubrimos en
ella tres elementos:
La
forma
La
columna política como un espacio fijo, con periodicidad
específica, identificada por un nombre genérico
y que aborda temas políticos basados en la investigación
y el análisis.
Tiene
como característica el discurso argumentativo
cuyo fin es persuadir o convencer acerca de una idea,
curso de acción o postura ideológica.
Esto depende de las intenciones del emisor que no siempre
son claras a los lectores. A veces, entre la lectura
de algunos textos se pueden descubrir: compromisos con
gente del poder, manipulación, lealtades clientelares
ajenas al bienestar de la sociedad, autocensura, vocerías
políticas, oficiosas, acciones tendenciosas,
manejos falaces, argumentos planeados como parte de
estrategias perversas, informaciones pagadas.
Pero
el buen columnista también se identifica y gana
el respeto de la gente por su honestidad, valentía
y constancia.
El
lector precisa identificar la intención del periodista
entre las formas discursivas que puede presentar la
columna: encubiertas, tendenciosas, densas, confusas,
difusas, crípticas, de doble discurso, anecdóticas,
humorísticas, lineales, complejas, superficiales,
dramáticas, patéticas. Aquéllas
que le ofrezcan la expresión sencilla, clara,
breve, donde puedan entenderse y explicarse los fenómenos
políticos además de ubicarse las dimensiones
del poder. Para ser un columnista que toque fondo y
cimbre las estructuras se requiere de preparación
e inteligencia, como fue el caso del autor de “Red
privada”.
El
fondo
El
quid de la columna política está en el
fondo, en el tema que se aborda, en qué se dice
y cómo se dice, en llegar a los porqués
del suceso, en denunciar a quiénes se involucran
y en fundamentar todo aquello que se afirma.
Esto
es lo que hace la gran diferencia entre los columnistas.
No
es lo mismo ser columnista ligero —irresponsable
en sus juicios, que no se compromete— a ser columnista
que enfrenta los problemas sin prejuicios, con valentía,
con transparencia, sin lesionar la integridad de otras
personas, ni siquiera en el nombre del “interes
público”.
El
buen columnista es el de la vocación política,
el del recio y lento taladrar de duras tablas, diría
Weber.
Para
el fondo, los archivos. Manuel Buendía fundamentaba
sus pesquisas y denuncias en la riqueza de sus archivos,
los cuales clasificaban el tortuoso entramado de situaciones
inéditas, de lados oscuros, de estercoleros ocultos,
de las intrigas del poder.
La
ética
Elemento
clave en el columnista: su responsabilidad social, su
compromiso, el respeto a sus principios, sus convicciones,
la defensa de la sociedad. El periodista que conoce
los riesgos y decide asumirlos, que ejerce su libertad
de expresión sin autocensurarse… a pesar
de todo.
Para
la ética, don Manuel tenía la honestidad,
la congruencia con sus principios, el ejemplo de lo
que un periodista debe hacer por su compromiso social,
aguda perspicacia y pluma firme, con la conciencia clara
de que eso puede pagarse con un alto costo: la vida
misma.
De
esa manera, “Red Privada” era un conjunto
de combinaciones de palabras que seguían a la
investigación profunda, unidades de comunicación
que penetraban tratando de desenmarañar el enigmático
arte de la política, con el objetivo de formar
la conciencia social.
De
aquí en adelante, si alguien pretende ser columnista
político, deberá continuar con el perfil
de la columna política que dejó asentado
don Manuel Buendía. No podrá hacer menos.
La sociedad necesita más.
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