¿ES
NECESARIO QUE EL PERIODISTA SEA SENSACIONALISTA?
Gabriela Sunderland
Estudiante de licenciatura
en Psicología de la Universidad Iberoamericana
La
comunicación humana y el cuarto poder
Si
realizáramos un viaje a través del tiempo
podríamos observar que desde la prehistoria,
el hombre siempre ha tenido la necesidad de comunicarse.
Desde sus inicios ha vivido en comunidad y por ello,
no es posible considerarlo como un ente solitario,
sino por el contrario, siempre ha requerido de una
mayor integración.
Quizá
en esos tiempos remotos, la palabra no era la única
forma de lograr la comunicación, pues el uso
de los gestos y miradas siempre han sido instrumentos
de gran valor en la interacción con el otro.
El
gran avance científico y tecnológico
que ha experimentado el mundo en las últimas
décadas, ha revolucionado al hombre y por lo
tanto a las comunicaciones. Así, podemos observar
que el hombre, en un principio primitivo, llegó
màs tarde a la luna y hoy, ha conquistado el
mundo electrónico y por consiguiente el de
la información.
Todo este avance ha originado que la comunicación
y la información estén al alcance de
millones de seres humanos. Aquello que fue inimaginable
para nuestros abuelos, ahora es una realidad contundente.
La caminata del hombre a la luna, las guerras, el
asesinato de políticos, el encuentro de los
grandes líderes mundiales y la imagen de personas
muriendo de hambre en remotos lugares del mundo son
acontecimientos que podemos observar instantáneamente
con sólo apretar un botón o abrir un
periódico.
Este impresionante cúmulo de informaciones
que ataca una y otra vez a todos nuestros sentidos,
acarrea grandes avances y triunfos en la conquista
de la tecnología, sin embargo, a los seres
humanos nos ha causado más angustia, confusión
y soledad.
Esta
profusión de noticias ha permitido la inmersión
del hombre en una especie de cultura universal. Subliminalmente
recibimos una serie de informaciones que no alcanzamos
a procesar y que nos entregan patrones de conducta
muy diferentes a los que se nos han transmitido de
generación en generación. Las películas,
la televisión, revistas y diarios, ofrecen
de contrabando nuevas culturas y costumbres, por lo
que ese hombre que tenía un modo de vivir,
una religión, valores y unas tradiciones propias,
siente que su mundo se tambalea frente a esta nueva
realidad.
En medio de este desarrollo, siempre ha existido una
terrible enfermedad que acecha a todos los seres humanos:
el poder. Durante mucho tiempo se ha sostenido que
la información es sinónimo de poder
y precisamente éste es uno de los motores que
mueven al mundo contemporáneo. En el campo
de la comunicación y la información
también se libra una batalla en donde las principales
armas son la persuasión y la manipulación,
pues todos saben que la persona más informada,
será siempre la que podrá manejar mejor
a los demás.
Del poder creciente de la información ha resultado
que los periodistas y comunicadores sociales hayan
llegado a tener también un aumento de poder,
a tal punto que la prensa ha sido considerada el "Cuarto
poder" de una democracia.
Es
por eso que es de suma importancia hablar acerca de
la ética en los medios de comunicación
y por ello, el presente ensayo tratará de exponer
los puntos más importantes acerca de la ética
en el periodismo, remarcando el origen de la crisis
que se vive actualmente, así como sus repercusiones
y posibles soluciones.
El deber ser en el quehacer
periodístico
"El
pueblo y los individuos tienen el derecho a recibir
una imagen objetiva de la realidad mediante una información
precisa y global, así como a expresarse libremente
a través de diversos medios de cultura y comunicación"
Esta
frase constituye el principio supremo que inspira
las sugerencias formuladas por la UNESCO, las cuales
se encaminan a delimitar el perfil ético del
periodista. En ella, se recalca no sólo la
obligación que tiene el periodista de fundamentar
sus reportajes y de apropiarse de la responsabilidad
social que él desempeña frente a una
sociedad democrática, pluralista y abierta,
sino que también, se pone de manifiesto, la
obligación paralela que tienen los gobernantes
para que esto sea posible (Osorio, 1989).
Otro punto de vista es el que formuló el "Wall
Street Journal" en el año de 1983: "Vamos
a tener que acabar con la ética antes de que
ésta acabe con nosotros". Lo anterior
se debe a que muchos creen que la ética puede
transformarse fácilmente en algo rígido
y ritual y por lo tanto, el código que se desprende
de ella, puede llegar a ser un obstáculo, más
que un medio que fomente la buena conducta. Se llega
apensar pensar en la ética como en una especie
de reflejo que conduce a reacciones que tienen poco
que ver con un alto nivel de ética y sí
con la aniquilación del propio carácter.
Por lo anterior, podemos darnos cuenta que cuando
nos adentramos al campo de la ética periodística,
encontramos un sinnúmero de especulaciones
filosóficas, pues se plantea, entre otras cosas,
el problema de la moralidad de la persona. Esto le
exige al periodista, considerar sus principios básicos,
sus valores y sus obligaciones para consigo mismo
y para con los demás; es decir, lo lleva a
reflexionar y a decidir por sí mismo la manera
como va a manejar sus asuntos periodísticos(Osorio,
1989).
Primeramente
debemos entender, que la ética es aquella parte
de la filosofía que norma el orden moral, siendo
su objetivo el determinar "el deber ser".
En su parte general, establece los principios fundamentales
de la moralidad y en su parte especial, trata de aplicar
esos principios a las relaciones más importantes
del hombre en su aspecto individual, familiar, social,
internacional, etc. Es una ciencia normativa de la
conducta, la cual tiene como característica
la voluntad (las acciones voluntarias se definen como
las que un periodista hubiera podido llevar a cabo
de manera diferente, de haberlo querido).
Por lo tanto, la ética, ayuda a los periodistas
a determinar qué es lo correcto en su actividad;
sin embargo, todo periodista antes de elegir una ética
particular debe elegir entre ser una persona ética
o no, siendo ésta la primera y más importante
elección que tiene ante sí (Merril,
1992).
En realidad, según Merril (1992) la ética
profesional se constituye a partir de tres deberes
principales, cada uno de los cuales son interdependientes:
1. Deber de servir a la verdad
2. Deber de la lealtad
3. Deber de mantenerse libre
Estas tres palabras constituyen la síntesis
del contenido de todos los códigos profesionales,
de todas las leyes sobre la prensa y de las exigencias
de nuestra conciencia personal.
¿Qué
papel desempeña el periodista?
A simple vista, el periodismo
es una profesión como cualquier otra; sin embargo,
su principal rasgo distintivo es que sirve al público
(y no a clientes individuales) y por ello, selecciona
la información de acuerdo al interés
de la audiencia, aunque esta no vaya de acuerdo con
los intereses privados del sujeto sobre quien se escribe.
Mientras que otras profesiones tienden a controlar
la información que constituye la base de su
poder, el periodista la divulga y la comparte.
Por lo tanto, los medios de comunicación se
encuentran solos en la tarea de trazar su camino a
través de la frontera de la ética; debiéndose
guiar en todo momento por una reflexión y una
crítica a su propia visión del mundo,
para que así logre actuar con responsabilidad
y como consecuencia, con ética (Leaute, 1966).
Esperar que la responsabilidad provenga del interior
de los individuos, no es una utopía, pues precisamente
el comportamiento ético debe de nacer del propio
interior, como resultado de una profunda reflexión.
Se dice que el periodista que tiene la preocupación
ética, se interesa por las acciones buenas
o malas, por la libertad y por la responsabilidad
personal. También refleja, su deseo por descubrir
normas de acción que le sirvan como principios
o guías y lo lleva a comprometerse en la búsqueda
del "bien supremo", realzando así,
su autenticidad como persona y como periodista (Osario,
1989).
John Merril, en su libro "La prensa y la ética"
(1981), postula que el profesional que se preocupa
por la ética (calidad de sus acciones), busca
alcanzar la virtud moral; por lo tanto, según
él, el periodista virtuoso es aquel que respeta
y trata de vivir de acuerdo a las virtudes cardinales
de Platón:
1.
Sabiduría: brinda una orientación a
la vida y constituye la base racional de cualquier
sistema ético.
2. Coraje: hace que la persona persiga sus objetivos
(planteados por la sabiduría) de manera constante.
En el periodista es sumamente necesario, pues lo ayuda
a resistir las tentaciones que podrían alejarlo
del camino que la sabiduría le ha trazado.
3. Templanza: exige una moderación razonable
o una combinación de la razón con otras
tendencias de la naturaleza humana. Esta virtud, le
infunde armonía a la vida moral y ayuda a evitar
el fanatismo en la prosecución de cualquier
objetivo.
4. Justicia: se refiere a las relaciones sociales
del hombre, en donde se remarca que todo ser humano
debe de ser tomado en cuenta.
En
general, según el autor, las normas optativas
para determinar cuáles son las acciones virtuosas,
se reducen a dos teorías principalmente:
a) Teleológicas: consideran la corrección
o incorrección de una acción en función
del bien que genera, es decir, toman en cuenta las
consecuencias como un elemento determinante.
b) Deontológicas: sostienen que lo que determina
qué acciones son moralmente correctas, es algo
distinto a las consecuencias. Por ejemplo, Kant, afirmaba
que una acción se justifica si las intenciones
de quien la hace son buenas, independientemente de
las consecuencias que puedan resultar de la acción.
Con su principio básico (Imperativo Categórico)
explica que una persona actúa éticamente
si está dispuesta a aceptar que su regla sea
aplicada por toda aquella persona que se encuentre
en una situación similar.
Para los partidarios de esta ética, lo importante
es el principio a partir del cual se ha efectuado
la acción y por lo tanto, el examen que se
hace de la máxima debe ser independiente a
los resultados. Dicho imperativo permite al periodista
examinar y evaluar todas las máximas a partir
de las cuales actúa, es decir, sirve para guiar
el pensamiento respecto de las reglas específicas
que deben aplicarse en campos concretos.
Aunque la filosofía kantiana influyó
profundamente sobre el pensamiento occidental, ha
perdido bastante atractivo y fuerza entre los intelectuales
modernos, por lo que ahora (en lugar de la ética
del deber), domina una especie de relativismo o situacionismo
(también llamado antinomianismo), en donde
se rechazan todos los principios, preceptos, códigos,
pautas y leyes básicas que podrían guiar
la conducta, presentando por lo tanto, una moralidad
abierta. Es así, que el legalista tiende al
absolutismo, mientras que el antinomianista tiende
a la anarquía o nihilismo ético, por
lo que formula sus juicios y decisiones éticas
de manera intuitiva, espontánea y emocional.
Merril (1981) explica que a partir del choque entre
estos dos extremos éticos, se ha desarrollado
una "ética de la situación",
que es la síntesis de ambas orientaciones.
El periodista que practica este modelo ético,
cree que su principio básico es decir la verdad,
sin embargo, si la situación en la que se encuentra
lo lleva a distorsionar el relato y lo puede hacer;
es decir, toma en consideración las situaciones
especiales al formular sus decisiones éticas,
por lo que se podría argumentar que es un relativista
racional, pues piensa antes de quebrantar una regla
ética básica.
Una variante de esta ética de la situación,
es lo que podría denominarse la "ética
maquiavélica". Maquiavelo creía
que las personas no deben permitir que sus relaciones
con otros estados, sean gobernadas siempre por los
mismos escrúpulos éticos que gobiernan
su trato con las personas privadas. Él aceptaba
como válida una sola moralidad, aunque reconocía
que en ocasiones era conveniente dejarla a un lado;
por lo tanto, las cosas malas deben hacerse sólo
ocasionalmente y de la manera más encubierta
posible.
En la actualidad, a los periodistas les agrada denunciar
el maquiavelismo de los otros(especialmente el de
los funcionarios de gobierno), pero con mucha frecuencia,
son ellos mismos los que aplican este tipo de ética,
pues aunque reconocen la necesidad de informar al
pueblo, establecen innumerables excepciones a este
principio (Merril, 1981).
Por
su parte, Whale (citado por Merril, 1981) sostiene
que la base de la ética periodística
es una entrega a la verdad, siendo la autenticidad
de la información contenida en el relato, lo
que constituye la principal preocupación del
periodista; ahora bien, ¿qué métodos
tiene que emplear un periodista en la obtención
de esa verdad?. Whale responde: "sólo
aquellos métodos que el periodista estaría
dispuesto a incluir como parte de su relato".
Sin duda, lo anterior se opone a mantener la confidencialidad
de la fuente que informa, pues ésta también
es parte de la verdad del relato y por lo tanto de
la virtud del periodismo.
En realidad, la mayoría de los estudiosos del
tema creen que ocultar la identidad de las fuentes
daña la credibilidad, pues debilita la confiabilidad
de los artículos. Rivers (1992) remarca que
la línea principal de lealtad de los reporteros
que tratan de comunicar la verdad, va hacia el público,
no al publicista o a la fuente; por lo tanto, la clave
del comportamiento ético es transmitir la historia
en forma exacta y efectiva.
Es importante mencionar que el periodista no sólo
escribe para el otro, pues también lo hace
para autoexpresarse y así, deposita todo su
ser en la actividad periodística. Lo que hace
para vivir de acuerdo a alguna norma interior no sólo
afecta las actividades y creencias de los otros, sino
también la esencia misma de su propia vida.
En 1947, la Comisión Norteamericana sobre la
Libertad de Información, postuló cinco
exigencias particulares para el periodista:
1. La prensa debe de hacer una exposición exacta
de los hechos sucedidos en el día, colocándolos
en su lugar correspondiente dentro del contexto de
las 24 horas, pues ya no es suficiente publicar un
hecho verdadero, sino que hay que ser sumamente exacto,
tomando en cuenta las circunstancias que lo rodean;
de lo contrario, si se presenta el hecho de manera
aislada al contexto, se corre el riesgo de cambiar
su significado.
2. Los periódicos deben constituirse en tribunas,
donde el público pueda intercambiar comentarios
y críticas, pues es necesario que exista una
confrontación de opiniones.
3. Se exige que los grupos sociales y étnicos
sean descritos de manera exacta, evitándose
en todo momento un tono peyorativo.
4. Hay que explicar al público los fines y
valores fundamentales de la sociedad, pues el periodista
debe de realizar un papel de educador, al lograr que
sus lectores comprendan las razones de los diferentes
regímenes sociales en los distintos países.
5. Se le debe de dar al público, la mayor información
posible, mostrando una gama de noticias y perspectivas
muy variadas.
El
Código Norteamericano de la Sociedad de Periódicos
Norteamericanos, declaró en el año de
1923 que el periodista debe tener conciencia de su
responsabilidad, de lo contrario, traiciona a su profesión;
asimismo, es necesario que sea sincero, exacto y leal.
Menciona que es un derecho reconocido de los periodistas
el poder tratar todos los temas que se presentan en
la vida de un país, excepto cuando se trata
de temas reservados o expresamente prohibidos. Dice
que no se puede violar la intimidad de las personas
con el fin de obtener informaciones sensacionales,
pues se debe respetar la moral. Dicho código
en realidad no precisa lo que un periodista debe o
no debe hacer en casos específicos y aún
cuando su elaboración es sumamente antigua,
no es demasiado diferente a los códigos actuales.
Un par de décadas después, las Naciones
Unidas (1952), remarcó la necesidad de que
el periodista aspire a ser veraz en la exposición,
explicación y comentario del hecho bruto. Así
mismo, menciona que el periodista debe ante todo servir
a la verdad, rectificar espontáneamente sus
errores, reconocer el derecho de respuesta a las personas
que han sido acusadas o mencionadas en su artículo
y reservarse el derecho a opinar cuando no conoce
con exactitud el tema del que se debate. Este código
condena la calumnia, difamación y el atentado
contra la vida privada (siempre que no sea impuesto
por el interés del público) y recalca
que es el mismo periodista quien debe establecer las
reglas de su profesión y no el gobierno (Leaute,
1966).
De esta manera, podemos darnos cuenta que el periodismo
democrático debe someterse a las exigencias
de la ética profesional y por lo mismo, a las
exigencias del bien común de la sociedad en
lo que se refiere a la veracidad y objetividad de
la información; destacando que las opiniones
del periodista y del propietario de un medio pueden
ser aceptables como interpretación de un hecho
social y como significación del mismo, pero
no como su lectura, ni como visión del dato
informativo (Osorio, 1989).
La exactitud de un hecho, es la forma clásica
del deber de la veracidad, es decir, es la responsabilidad
jurídica de los periodistas, que puede ser
violada de tres formas:
a) Por acción: es la noticia falsa
b) Por omisión: cuando se guarda silencio acerca
de un hecho
c) Por aproximación: es la noticia tendenciosa
(Leaute, 1966)
Rivers
(1964)remarca que la función primordial de
los periódicos es comunicar lo que hacen, sienten
y piensan los hombres; por lo tanto, el ejercicio
del periodismo exige un gran conocimiento, experiencia,
capacidad de observación y razonamiento de
parte de quienes los practiquen. El mismo autor, publica
en su libro "Periodismo, Prensa, Radio y Televisión",
los cánones del periodismo:
I. RESPONSABILIDAD: se refiere al derecho que tienen
los periódicos por atraer y retener a sus lectores,
siempre y cuando no se dañe o se traspase el
bienestar público. Se debe contar con un criterio
maduro y razonado al seleccionar, editar y presentar
las noticias; tomando como base su significación
y su verdadera utilidad para el público. Igualmente,
se debe intentar destacar las noticias que ilustren
y acentúen los valores de la compasión,
el sacrificio, heroísmo, civismo y el patriotismo.
II. LIBERTAD DE PRENSA: debe ser defendida como uno
de los derechos vitales de la humanidad; pues encierra
en su esencia la oportunidad por discutir todo aquello
que no este explícitamente prohibido por la
ley.
III. INDEPENDENCIA: la mayor obligación del
periodista es serle fiel a su público; por
lo que promover cualquier interés particular
contrario al bienestar general, constituiría
una falta al periodismo honesto. Así mismo,
el partidismo en los comentarios editoriales, destruye
la posibilidad de construir un periodismo democrático.
IV. SINCERIDAD, VERACIDAD Y FIDELIDAD: La buena fe
para con sus lectores, obliga a los periódicos
a ser veraces; evitando en todo momento la falta de
minuciosidad o de fidelidad. Es necesario que se evite
el descuido, prejuicio o la desinformación;
corrigiendo inmediatamente todos los errores que sean
su responsabilidad.
V. IMPARCIALIDAD: La regla práctica establece
distinciones muy precisas entre los artículos
informativos y los de opinión; ya que el primero
de ellos debe de estar libre de interpretaciones o
prejuicios. Esta norma no se aplica a los artículos
especiales, cuyo fin inequívoco es abogar por
algo, o a los que tienen como característica
la firma del autor para autorizar sus propias conclusiones
e interpretaciones.
VI. TRATO JUSTO: Se debe evitar el publicar cargos
oficiales que afecten la reputación de un individuo,
sin darle oportunidad de hacerse oír. Ningún
periódico debe invadir los derechos o sentimientos
individuales, sin tener motivos de índole pública
y si llegará a publicar información
errónea, deberá rectificarse pronta
y cabalmente.
VII. DECENCIA: A un periódico se le puede acusar
de indecente e incongruente, si hace alardes de elevados
propósitos morales; mientras que estimula el
comportamiento bajo, al dar ciertos detalles del crimen
y del vicio que no son justificables a la luz del
bien general.
VIII. INTEGRIDAD: El periódico debe mantener
normas vigorosas de honestidad y de trato justo en
la selección y edición de su contenido,
así como en todas sus relaciones con las fuentes
informativas y con el público. También,
debe presentar desapasionadamente las cuestiones controvertidas,
al tratar con imparcialidad los problemas en disputa.
Del
mismo modo, el periodista requiere de humildad y tolerancia
ante los choques o desacuerdos de opinión buscando
en todo momento la creación de un foro de intercambio
de comentarios y críticas; diferenciando sus
propias opiniones de las expresiones editoriales.
IX. DIRECCIÓN: El periódico debe obrar
con valor cuando se trate de servir a la audiencia;
estimulando y apoyando a los funcionarios públicos,
grupos privados e individuos en cruzadas y campañas,
para aumentar lo bueno y eliminar lo malo de la comunidad.
Debe ayudar a proteger los derechos y privilegios
garantizados por la ley; criticando de manera constructiva
las reformas del gobierno y denunciando los abusos
e ilegalidades.
Por
su parte, el periodista Raymundo Riva Palacio, menciona
en su libro "Más allá de los límites:
ensayos para un nuevo periodismo" (1998) ciertos
puntos de interés para el presente ensayo;
pues postula que las técnicas utilizadas en
el periodismo mexicano tienden a colocar como adversarios
a los interlocutores, provocando una relación
de sospechas y de reservas mutuas; en lugar de establecer
relaciones profesionales serias.
Por ello, el autor hace un llamado a prestar atención
a los estándares morales y a la conducta en
el periodismo; pues antes que nada, la prensa debe
de ser un instrumento de servicio público,
no un medio para manejar a la gente. Riva Palacio,
menciona que los medios deben de ser guiados por los
principios de objetividad, imparcialidad y competitividad.
En cuanto a la ética periodística, el
autor retoma ciertos puntos del libro "Media
ethics" y menciona dos normas morales como preceptos
o guías del comportamiento:
a) El comportamiento moral debe ubicarse a la mitad
de los excesos o de la inactividad, es decir, se debe
de adoptar una posición moderada y actuar de
manera responsable
b) John Stuart Mill postuló que la acción
moralmente correcta es la que beneficia a un gran
número de personas
Así
mismo, remarca que el papel primordial de la prensa
debe ser el reportar los acontecimientos y decirle
a la sociedad lo que significan; por ello, los periodistas
deben observar, informar y vigilar; para que en caso
de incurrir en faltas éticas, sean ellos mismos
los que las reporten, pues de lo contrario, serán
cómplices y constructores de su propio desprestigio.
De manera global, se podría decir que los periodistas
deben buscar la verdad como parte del derecho público
a conocerla; claro está, lo cual implica un
sinnúmero de responsabilidades que lo obligan
a comportarse con inteligencia, objetividad, veracidad
y justicia.
Riva Palacio subraya el hecho de que la libertad de
prensa es un derecho inalienable de toda sociedad
libre y, por lo tanto, si se incurren en faltas éticas
se empañará por completo el comportamiento
profesional; siendo una de las más comunes
las que se refieren a los llamados "conflictos
de interés" y que precisamente en nuestro
país son un concepto inexistente; provocando
de esta manera, la colusión de la prensa y
el poder, la construcción de cadenas de corrupción
y de compromisos que despedazan el quehacer periodístico.
Este defecto, según el autor, se manifiesta
de distintas maneras, pues no sólo abarca intereses
y beneficios de carácter económico,
sino también políticos, lo que ocasiona
ciertos arreglos que influyen y distorsionan la información.
Señala que un periodista no puede valerse del
engaño para obtener información, pues
sus técnicas deben ser honestas. El problema
en México es que las fuentes de información
son muy cerradas y por ello, es necesario que el periodista
destruya esas barreras que le impiden ser un agente
activo e independiente del gobierno.
Riva Palacio, retoma algunos de los postulados del
libro "Una prensa libre y responsable",
en donde se enumeran los deberes principales de la
prensa:
1.
Dar un recuento verdadero y completo del acontecer
diario, en un contexto que aporte significado
2. Proveer un foro para el intercambio de opinión
3. Proteger una imagen representativa de los grupos
constituidos en la sociedad
4. Presentar y clarificar las metas y los valores
de la sociedad
5. Facilitar el acceso a la información.
Lamentablemente, tal y como lo menciona el autor,
en México aún no se ha logrado constituir
un foro plural y real, pues la prensa continua (existiendo
algunas excepciones) supeditada al gobierno; sin reflejar
de manera verdadera la realidad del país. Esto
se debe en gran parte, a la inexistencia de los conflictos
de interés, ya que suele presentarse una sola
cara de la realidad, lo que ha provocado que los medios
de comunicación se devalúen ante los
ojos del público.
Al respecto del tema de la privacidad, la Comisión
de Quejas contra la Prensa de Inglaterra (citado por
Riva Palacio, 1998), elaboró un código
que establece que las investigaciones o intrusiones
a la vida privada de una persona sin su consentimiento,
no son aceptadas y su publicación sólo
se justifica si prevalece el interés público.
Puntualizando, Riva Palacio (1998) propone modificar
los patrones de comportamiento y regular la conducta
profesional de medios y periodistas, para que así
se logre recuperar el prestigio de la profesión;
basándonos en los siguientes principios generales:
*Evitar todo conflicto de interés, en donde
el periodista participe de manera voluntaria en una
actividad que no tiene objetivos periodísticos,
sino personales.
*Comprender que el único compromiso que tiene
el periodista es con la verdad.
*Tomar conciencia que no todos los medios de comunicación
tienen códigos de ética escritos; sin
embargo, es preciso determinar de manera transparente,
los parámetros de comportamiento moral y de
relación con las fuentes de información.
Parecería
una contradicción que a pesar de que los códigos
le dan una enorme importancia a los comportamientos
que promueven la credibilidad, en la actualidad es
muy frecuente que los medios de comunicación
enfaticen los problemas, al mismo tiempo que los matizan
con un cierto amarillismo y sensacionalismo, en donde
el objetivo no es decir la verdad, sino atraer la
atención del mayor número de personas.
Algunos dicen, que esto se debe a cuestiones económicas
y a la famosa conquista del "rating", sin
embargo, es necesario cuestionarnos más a fondo,
el por qué al público le gusta tanto
este tipo de noticias.
Es importante que el periodista y todos los que gobiernan
los medios de comunicación se den cuenta de
una vez por todas, que la exactitud contiene detalles
los suficientemente interesantes como para atraer
al público y que el mismo comportamiento ético,
también puede ser un factor importante para
conservar una audiencia (Rivers, 1992).
Situación
actual en los medios electrónicos
Lamentablemente, la desconfianza y la fascinación
es la actitud que define al periodista contemporáneo
y precisamente es en estas dos características
donde radica la crisis ética que actualmente
vive la prensa. Esta comienza en su forma más
incipiente con la dificultad de ser verídico
y objetivo; después, en una etapa más
avanzada, se cree casi imposible encontrar y reconocer
la verdad y para su fase más radical, sustenta
la incapacidad de encontrar siquiera una parte de
la verdad.
Cuando se parte de la base de que es imposible encontrar
la verdad, se propone la verosimilitud como sustituto.
Con este pensamiento, parece válido presentar
como verdadero lo que no es, es decir, se opta por
mostrar un mundo verosímil y por lo mismo irreal
y falso, negando así, la realidad misma (Osorio,
1989).
Al abandonar todos los esfuerzos para lograr la objetividad,
surgen las malas formas periodísticas y por
ende, antiéticas, las cuales se han legitimado
por esta actitud de desconfianza del periodista en
sí mismo. Ya no interesa más dar la
noticia de lo que sucede o sucedió, pues ahora
se dice lo que el periodista querría que pasara.
Esto origina que la prensa se haga autorreferida,
quien a su vez, produce el mismo fenómeno en
el público.
El hombre actual desconfía de su capacidad
para conocer la realidad (física y espiritual),
es decir, duda de su propia razón y voluntad.
Por ello, si la realidad se presenta como incognoscible,
el hombre se niega a hablar del bien y del mal, pues
estos conceptos no existen por sí solos, sino
que se dan en las cosas o seres que no se pueden conocer.
Aquí radica el origen del conflicto ético,
pues si la ética se centra en las acciones
libres de los hombres, al momento de eliminar la oportunidad
de conocer, se niega también toda posibilidad
de juicio ético y por lo tanto, se establece
lo subjetivo como norma.
Del
mismo modo, si no se conoce lo que las cosas y las
acciones son y no se puede afirmar la bondad o maldad
de ellas; se termina por desconocer el propio sentido
de la vida, ya que la interrogante de por qué
elegir esto o lo otro, no tiene respuesta. Frente
a una vida sin sentido, se pueden tomar dos caminos:
vivir la vida, dejándose llevar por los acontecimientos
sin ser capaz de tomar las propias riendas, o bien,
darle arbitrariamente a la vida un sentido, el cual
al ser inventado jamás será verdadero.
Estas dos actitudes son las que provocan desconfianza
en las personas, pues ambas nos hacen vivir al margen
de la realidad; se crea un efecto inmediato en nuestra
propia persona ya que no sólo se duda de la
capacidad de conocer, sino también de la de
querer (lo que produce personas abstencionistas, apáticas
y gobernadas por el desánimo). Por lo tanto,
al perder la confianza se disminuye también
la capacidad de compromiso, dejando de existir la
palabra dada y por consiguiente se interrumpe el diálogo.
Lo anterior se relaciona directamente con el periodista,
ya que si él desconfía de su capacidad
de conocer y de hacer, también reniega del
compromiso de transmitir la realidad verídicamente,
pues ésta es vista como incognoscible. Así,
nos encontramos frente a una crisis de enormes proporciones,
en donde la única solución es revertir
el proceso, es decir, plantearnos como una exigencia
de tipo ético el recuperar la fe en la propia
razón y en la propia voluntad.
Sólo de esta manera es que se podrá
hacer honestamente la afirmación de que el
periodista es un profesional que es capaz de transmitir
información, ya que se compromete a ello y
cumple con la palabra dada(Osorio, 1989).
¿A
qué conclusiones podemos llegar?
Primeramente,
debemos reconocer que se ha escrito muy poco acerca
de la ética periodística; tal vez esto
se deba a la enorme devaluación que ha sufrido
la ética en todos sus aspectos, pues ahora
el hombre moderno ha preferido adoptar una postura
relativista, en donde la palabra ética se define
como la manera en que actúa cada persona o
en nuestro caso particular, cada periodista.
Por ello, debemos reconocer que estamos inmersos en
la época del subjetivismo, del relativismo
y del situacionismo; incluso hoy en día, se
puede considerar incivilizado expresar juicios de
valor, asumir posiciones o tener un sentimiento firme
del deber. Vivimos en una época donde se piensa
que cualquier opinión o norma moral, vale tanto
como cualquier otra. Esto trae resultados sumamente
peligrosos, pues si cada caso es diferente, si cada
situación exige una norma distinta, si no existen
absolutos
entonces, acabaríamos por enterrar
a la filosofía moral. Sin embargo, la solución
no se vislumbra nada sencilla, pues la línea
que separa a la propia ética del relativismo
es tan delgada, que traspasar los propios límites
de la reflexión, sólo requiere de un
segundo.
En
la actualidad, los códigos periodísticos
no deben perder demasiado tiempo en hablar acerca
de la decencia y la moral, más bien deben llenar
sus páginas de conceptos como la responsabilidad,
libertad, independencia, veracidad, imparcialidad
y exactitud; pues como presupone la ética misma,
existe en los seres humanos un proceso libre, auto-controlable,
en donde el público (y el propio periodista)
después de reflexionar, será capaz de
distinguir entre lo bueno y lo malo, la verdad y el
error. Por ello, las leyes existentes sobre la prensa,
son únicamente elementos secundarios frente
a la moral individual de la persona, pues no se podría
decir que los códigos de honor son esenciales
para la buena conducta de los hombres de alta calidad
moral y ética. Estas leyes son únicamente
un inventario global de la conducta a seguir, a diferencia
de los códigos éticos, a través
de los cuales los hombres se forjan a sí mismos
al marcar sus propios límites.
Así,
podemos decir que un periodista verdaderamente ético,
no tiene necesidad de otras reglas fuera de las que
su propia conciencia le dicta; de ahí la importancia
de forjar una conciencia individual, en donde se reflexione
y se elija de manera individual lo que es bueno, permitido
o correcto. Los periodistas deben cumplir con su misión
de dar noticias a tiempo, en forma exacta y efectiva,
de manera que la imagen del mundo que existe en las
cabezas del público, se haga más específica
después de la exposición de los mensajes
periodísticos. Sólo de esta manera podremos
decir, que no es una mera frase hecha aquello de que
el primer compromiso del periodista es con la verdad,
aunque debemos tomar conciencia de que esto no implica
que se publique todo lo que uno sabe, pues debe existir
un equilibrio entre conciliar la obligación
de informar al público y el respeto que merece
la dignidad de cada persona. Asimismo, el periodista
debe tener cuidado para no convertirse en un simple
instrumento de manipulación en favor de las
clases que ostentan el poder.
Lamentablemente, en la actualidad sucede todo lo contrario,
pues la característica esencial del periodista
moderno es la falta de compromiso y coherencia. Por
tal motivo, la responsabilidad y la ética de
la que se ha hablado a lo largo del presente análisis,
ve destrozada en nuestro país de diferentes
formas siendo las más frecuentes, la manipulación
que ejercen los periodistas a través de sus
opiniones (supuestamente imparciales y objetivas)
y la invasión del espacio privado en favor
de la publicidad y de la remuneración económica.
Esto último nos lleva a un nuevo cuestionamiento,
¿hasta dónde puede y debe llegar el
periodista? o mejor dicho, ¿qué es lo
que realmente nos interesa a nosotros como receptores
de los medios de comunicación y qué
es un añadido que lejos de interesarnos, únicamente
daña a los protagonistas de la información?
Primeramente debemos reconocer que los periodistas
tienen un rol preponderante en la formación
del ámbito de la discusión pública
(pues su visión al ser expuesta, se convierte
en un hecho público) y precisamente de este
punto, se deriva la enorme importancia de la creación
de la propia visión individual en el público
consumidor, pues es necesario que el público
adopte una postura crítica, responsable y ética
ante el cúmulo de información que le
es entregada segundo a segundo.
Tristemente en la época actual, la voz de todos
nosotros se dispersa en la monstruosidad de la tecnología
llegando a convertirse en un simple eco que nadie
escucha, el cual está a punto de morir, lo
que dará lugar al pueblo que no habla
al pueblo sin voz. Es así, que nos perdemos
en este mundo de información, pues no sabemos
que hacer con ella mientras nos enfrentamos al sentimiento
de vacío y frialdad que despierta nuestra propia
existencia. Otro gran problema es la enorme desigualdad
y corrupción que ejercen las personas que ostentan
el poder, pues ellas tienen la autoridad para decidir
que tipo de publicidad se maneja en el país;
por ello, los individuos que se encuentran fuera de
esta elite (que es la mayoría), no tiene ni
voz ni voto y así, pareciera que el destino
de la mayoría depende de una serie de hombres
que se escudan detrás de sus emporios, entre
los que figuran, Emilio Azcárraga, Ricardo
Salinas Pliego, Juan Francisco Ealy y otros, que se
han convertido en los dioses de la sociedad. Los culpables
de la falta de ética en el periodismo, no sólo
son los medios, pues sin receptor no se lograría
la comunicación; por ello, se podría
decir que existe una especie de "compadrazgo"
entre ambos (medios/público). Por lo tanto,
los medios seguirán produciendo información
falsa y sensacionalista hasta que la gente lo permita.
Como hemos podido constatar a lo largo del presente
ensayo, se dice que cuando se ha invadido el derecho
a la intimidad (o privacidad) en detrimento de otro,
lo que queda en los medios como recurso es el derecho
de réplica. Dicho derecho le da al afectado
la posibilidad de exponer su punto de vista sobre
el tema en el que está envuelto. El problema
básico, además de la falta de reglamentación
para este derecho a réplica, es que la vida
privada del otro ha sido afectada de forma permanente.
Entonces, ¿de qué sirve decir que un
periodista está equivocado, cuando ya han sido
vulneradas las prácticas privadas de un ser
humano? ¿De qué sirve corregirlas, si
a lo mucho el periodista pedirá disculpas,
mientras que el sujeto en cuestión estará
en boca de toda la sociedad? El gran problema, es
que se restringe la libertad de actuar y así,
lejos de tomar decisiones éticas basadas en
la propia reflexión, se realizan en base al
temor que despierta el juicio ajeno.
Como un ejemplo palpable de la incoherencia de la
reglamentación jurídica del derecho
a réplica y de la inoperancia de las leyes
mexicanas, encontramos la "Ley de Imprenta"
(el artículo 27):
"Los periódicos tendrán la obligación
de publicar las rectificaciones o respuestas que la
autoridades, empleados o particulares quieran dar
a las alusiones que se les hagan en artículos,
editoriales, párrafos, reportados o entrevistas,
siempre que la respuesta se dé dentro de los
ocho días siguientes a la publicación,
la infracción de esta disposición se
castigará con una pena que no baje de un mes
ni exceda de once, sin perjuicio de exigir al culpable
la publicación correspondiente, aplicando,
en caso de desobediencia, la pena del artículo
904 del Código Penal del Distrito Federal"
(Villanueva, 1988).
A simple vista, es una buena opción para limitar
el posible perjuicio que se nos pueda causar en un
artículo (aún y cuando no se restituya
completamente el daño sufrido). Pero, ¿qué
pasaría si analizáramos un poco más
el artículo antes citado?, simplemente nos
encontraríamos que nuestro "Código
Penal del Distrito Federal" fue modificado en
1931, quedándose con un total de 413 artículos.
Entonces ¿dónde está el artículo
904 que sería la aplicación del castigo?.
Pues, sencillamente ya no está, desapareció;
por lo tanto, los infractores al artículo 27
de la "Ley de Imprenta" quedan impunes.
Otra
pregunta que indudablemente surge es: ¿ por
qué se dan los malos manejos en la información?
La única respuesta que podríamos encontrar
es que en nuestro país hay una carencia total
de ética periodística. La gente que
se dedica a esta profesión lo hace por el sueldo
(que en México no es una razón) o por
el poder que engendra en sí misma y así,
sólo unos cuantos lo hacen movidos por una
verdadera vocación de servicio. De hecho, algunos
comunicadores procuran comportarse en forma ética,
pero las diversas orientaciones y caminos que siguen
los conducen a resultados sumamente diferentes, siendo
aquí, donde se observa la controversia sobre
la importancia y posibilidad de lograr un tratamiento
ético en la información que se difunde
a la sociedad.
Cuando se informa sobre un tema es necesario que se
incluyan todos los personajes y puntos de vista involucrados;
igualmente, se deben de proporcionar los antecedentes
de los datos que día con día aparecen
en las noticias; también se tienen que dar
las mismas posibilidades de expresión a los
diferentes grupos sociales y brindar una información
sin matices ni adornos; pues de lo contrario sólo
se marcan diferencias y favoritismos por parte de
la empresa comunicadora, anulando así, toda
posibilidad de realizar una aportación notable
a los medios de comunicación y sobre todo,
al público receptor (Leaute, 1966).
Ahora bien, ¿cómo podemos combatir todo
esto? Sin duda, la respuesta se encuentra muy lejos
de la reglamentación existente para los medios,
pues ésta además de ser obsoleta es
muy flexible y poco precisa. Sin embargo, existe un
problema aún mayor: la mayoría de los
países tienen un código de ética
para el ejercicio del periodismo
lamentablemente
México no está entre ellos, por lo que
solamente contamos con el "Código Internacional
de Ética Periodística"; pero si
las leyes de nuestra nación son burladas con
frecuencia, ¿qué podemos esperar de
aquellas que son internacionales?, pero más
aún, resulta incongruente asumir un código
extranjero, pues su ideología nos es totalmente
ajena y por lo tanto inaplicable. Lo anterior no quiere
decir que debemos cruzar los brazos y pensar que el
cambio es una utopía, sino por el contrario,
es un llamado a replantearnos las cuestiones más
fundamentales del periodismo mexicano.
Por
lo tanto, la ética y el periodismo no son incompatibles,
pero debemos comprender que no basta con dictar normas
de conducta; es necesario traducir esos lineamientos
en un comportamiento ético al momento de ejercer
la profesión. En la medida que se cumpla este
objetivo, la sociedad civil estará en posibilidades
de analizar críticamente la información
que se difunde y en consecuencia, hacer válido
el derecho a la información. En otras palabras,
no basta con observar la letra del código
es
necesario sentir su propio espíritu.
BIBLIOGRAFÍA
-
Gerald, E (1993). LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE
LA PRENSA. México: Libreros Mexicanos unidos.
- Leaute, L (1966). ÉTICA Y RESPONSABILIDAD
DEL PERIODISTA. Ecuador: CIESPAL.
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Fundación Konrad Adenauer.
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México: Fundación Manuel Buendía.
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- Villanueva, E (1990). CÓDIGOS EUROPEOS
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DE LAS LIBERTADES DE EXPRESIÓN. México:
Fundación Manuel Buendía.