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¿ES NECESARIO QUE EL PERIODISTA SEA SENSACIONALISTA?

Gabriela Sunderland


Estudiante de licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana

La comunicación humana y el cuarto poder

Si realizáramos un viaje a través del tiempo podríamos observar que desde la prehistoria, el hombre siempre ha tenido la necesidad de comunicarse. Desde sus inicios ha vivido en comunidad y por ello, no es posible considerarlo como un ente solitario, sino por el contrario, siempre ha requerido de una mayor integración.

Quizá en esos tiempos remotos, la palabra no era la única forma de lograr la comunicación, pues el uso de los gestos y miradas siempre han sido instrumentos de gran valor en la interacción con el otro.

El gran avance científico y tecnológico que ha experimentado el mundo en las últimas décadas, ha revolucionado al hombre y por lo tanto a las comunicaciones. Así, podemos observar que el hombre, en un principio primitivo, llegó màs tarde a la luna y hoy, ha conquistado el mundo electrónico y por consiguiente el de la información.

Todo este avance ha originado que la comunicación y la información estén al alcance de millones de seres humanos. Aquello que fue inimaginable para nuestros abuelos, ahora es una realidad contundente. La caminata del hombre a la luna, las guerras, el asesinato de políticos, el encuentro de los grandes líderes mundiales y la imagen de personas muriendo de hambre en remotos lugares del mundo son acontecimientos que podemos observar instantáneamente con sólo apretar un botón o abrir un periódico.

Este impresionante cúmulo de informaciones que ataca una y otra vez a todos nuestros sentidos, acarrea grandes avances y triunfos en la conquista de la tecnología, sin embargo, a los seres humanos nos ha causado más angustia, confusión y soledad.

Esta profusión de noticias ha permitido la inmersión del hombre en una especie de cultura universal. Subliminalmente recibimos una serie de informaciones que no alcanzamos a procesar y que nos entregan patrones de conducta muy diferentes a los que se nos han transmitido de generación en generación. Las películas, la televisión, revistas y diarios, ofrecen de contrabando nuevas culturas y costumbres, por lo que ese hombre que tenía un modo de vivir, una religión, valores y unas tradiciones propias, siente que su mundo se tambalea frente a esta nueva realidad.

En medio de este desarrollo, siempre ha existido una terrible enfermedad que acecha a todos los seres humanos: el poder. Durante mucho tiempo se ha sostenido que la información es sinónimo de poder y precisamente éste es uno de los motores que mueven al mundo contemporáneo. En el campo de la comunicación y la información también se libra una batalla en donde las principales armas son la persuasión y la manipulación, pues todos saben que la persona más informada, será siempre la que podrá manejar mejor a los demás.

Del poder creciente de la información ha resultado que los periodistas y comunicadores sociales hayan llegado a tener también un aumento de poder, a tal punto que la prensa ha sido considerada el "Cuarto poder" de una democracia.

Es por eso que es de suma importancia hablar acerca de la ética en los medios de comunicación y por ello, el presente ensayo tratará de exponer los puntos más importantes acerca de la ética en el periodismo, remarcando el origen de la crisis que se vive actualmente, así como sus repercusiones y posibles soluciones.

El deber ser en el quehacer periodístico

"El pueblo y los individuos tienen el derecho a recibir una imagen objetiva de la realidad mediante una información precisa y global, así como a expresarse libremente a través de diversos medios de cultura y comunicación"

Esta frase constituye el principio supremo que inspira las sugerencias formuladas por la UNESCO, las cuales se encaminan a delimitar el perfil ético del periodista. En ella, se recalca no sólo la obligación que tiene el periodista de fundamentar sus reportajes y de apropiarse de la responsabilidad social que él desempeña frente a una sociedad democrática, pluralista y abierta, sino que también, se pone de manifiesto, la obligación paralela que tienen los gobernantes para que esto sea posible (Osorio, 1989).

Otro punto de vista es el que formuló el "Wall Street Journal" en el año de 1983: "Vamos a tener que acabar con la ética antes de que ésta acabe con nosotros". Lo anterior se debe a que muchos creen que la ética puede transformarse fácilmente en algo rígido y ritual y por lo tanto, el código que se desprende de ella, puede llegar a ser un obstáculo, más que un medio que fomente la buena conducta. Se llega apensar pensar en la ética como en una especie de reflejo que conduce a reacciones que tienen poco que ver con un alto nivel de ética y sí con la aniquilación del propio carácter.

Por lo anterior, podemos darnos cuenta que cuando nos adentramos al campo de la ética periodística, encontramos un sinnúmero de especulaciones filosóficas, pues se plantea, entre otras cosas, el problema de la moralidad de la persona. Esto le exige al periodista, considerar sus principios básicos, sus valores y sus obligaciones para consigo mismo y para con los demás; es decir, lo lleva a reflexionar y a decidir por sí mismo la manera como va a manejar sus asuntos periodísticos(Osorio, 1989).

Primeramente debemos entender, que la ética es aquella parte de la filosofía que norma el orden moral, siendo su objetivo el determinar "el deber ser". En su parte general, establece los principios fundamentales de la moralidad y en su parte especial, trata de aplicar esos principios a las relaciones más importantes del hombre en su aspecto individual, familiar, social, internacional, etc. Es una ciencia normativa de la conducta, la cual tiene como característica la voluntad (las acciones voluntarias se definen como las que un periodista hubiera podido llevar a cabo de manera diferente, de haberlo querido).

Por lo tanto, la ética, ayuda a los periodistas a determinar qué es lo correcto en su actividad; sin embargo, todo periodista antes de elegir una ética particular debe elegir entre ser una persona ética o no, siendo ésta la primera y más importante elección que tiene ante sí (Merril, 1992).
En realidad, según Merril (1992) la ética profesional se constituye a partir de tres deberes principales, cada uno de los cuales son interdependientes:

1. Deber de servir a la verdad
2. Deber de la lealtad
3. Deber de mantenerse libre

Estas tres palabras constituyen la síntesis del contenido de todos los códigos profesionales, de todas las leyes sobre la prensa y de las exigencias de nuestra conciencia personal.

¿Qué papel desempeña el periodista?

A simple vista, el periodismo es una profesión como cualquier otra; sin embargo, su principal rasgo distintivo es que sirve al público (y no a clientes individuales) y por ello, selecciona la información de acuerdo al interés de la audiencia, aunque esta no vaya de acuerdo con los intereses privados del sujeto sobre quien se escribe. Mientras que otras profesiones tienden a controlar la información que constituye la base de su poder, el periodista la divulga y la comparte.

Por lo tanto, los medios de comunicación se encuentran solos en la tarea de trazar su camino a través de la frontera de la ética; debiéndose guiar en todo momento por una reflexión y una crítica a su propia visión del mundo, para que así logre actuar con responsabilidad y como consecuencia, con ética (Leaute, 1966).

Esperar que la responsabilidad provenga del interior de los individuos, no es una utopía, pues precisamente el comportamiento ético debe de nacer del propio interior, como resultado de una profunda reflexión.

Se dice que el periodista que tiene la preocupación ética, se interesa por las acciones buenas o malas, por la libertad y por la responsabilidad personal. También refleja, su deseo por descubrir normas de acción que le sirvan como principios o guías y lo lleva a comprometerse en la búsqueda del "bien supremo", realzando así, su autenticidad como persona y como periodista (Osario, 1989).

John Merril, en su libro "La prensa y la ética" (1981), postula que el profesional que se preocupa por la ética (calidad de sus acciones), busca alcanzar la virtud moral; por lo tanto, según él, el periodista virtuoso es aquel que respeta y trata de vivir de acuerdo a las virtudes cardinales de Platón:

1. Sabiduría: brinda una orientación a la vida y constituye la base racional de cualquier sistema ético.
2. Coraje: hace que la persona persiga sus objetivos (planteados por la sabiduría) de manera constante. En el periodista es sumamente necesario, pues lo ayuda a resistir las tentaciones que podrían alejarlo del camino que la sabiduría le ha trazado.
3. Templanza: exige una moderación razonable o una combinación de la razón con otras tendencias de la naturaleza humana. Esta virtud, le infunde armonía a la vida moral y ayuda a evitar el fanatismo en la prosecución de cualquier objetivo.
4. Justicia: se refiere a las relaciones sociales del hombre, en donde se remarca que todo ser humano debe de ser tomado en cuenta.

En general, según el autor, las normas optativas para determinar cuáles son las acciones virtuosas, se reducen a dos teorías principalmente:

a) Teleológicas: consideran la corrección o incorrección de una acción en función del bien que genera, es decir, toman en cuenta las consecuencias como un elemento determinante.

b) Deontológicas: sostienen que lo que determina qué acciones son moralmente correctas, es algo distinto a las consecuencias. Por ejemplo, Kant, afirmaba que una acción se justifica si las intenciones de quien la hace son buenas, independientemente de las consecuencias que puedan resultar de la acción. Con su principio básico (Imperativo Categórico) explica que una persona actúa éticamente si está dispuesta a aceptar que su regla sea aplicada por toda aquella persona que se encuentre en una situación similar.

Para los partidarios de esta ética, lo importante es el principio a partir del cual se ha efectuado la acción y por lo tanto, el examen que se hace de la máxima debe ser independiente a los resultados. Dicho imperativo permite al periodista examinar y evaluar todas las máximas a partir de las cuales actúa, es decir, sirve para guiar el pensamiento respecto de las reglas específicas que deben aplicarse en campos concretos.

Aunque la filosofía kantiana influyó profundamente sobre el pensamiento occidental, ha perdido bastante atractivo y fuerza entre los intelectuales modernos, por lo que ahora (en lugar de la ética del deber), domina una especie de relativismo o situacionismo (también llamado antinomianismo), en donde se rechazan todos los principios, preceptos, códigos, pautas y leyes básicas que podrían guiar la conducta, presentando por lo tanto, una moralidad abierta. Es así, que el legalista tiende al absolutismo, mientras que el antinomianista tiende a la anarquía o nihilismo ético, por lo que formula sus juicios y decisiones éticas de manera intuitiva, espontánea y emocional.

Merril (1981) explica que a partir del choque entre estos dos extremos éticos, se ha desarrollado una "ética de la situación", que es la síntesis de ambas orientaciones. El periodista que practica este modelo ético, cree que su principio básico es decir la verdad, sin embargo, si la situación en la que se encuentra lo lleva a distorsionar el relato y lo puede hacer; es decir, toma en consideración las situaciones especiales al formular sus decisiones éticas, por lo que se podría argumentar que es un relativista racional, pues piensa antes de quebrantar una regla ética básica.

Una variante de esta ética de la situación, es lo que podría denominarse la "ética maquiavélica". Maquiavelo creía que las personas no deben permitir que sus relaciones con otros estados, sean gobernadas siempre por los mismos escrúpulos éticos que gobiernan su trato con las personas privadas. Él aceptaba como válida una sola moralidad, aunque reconocía que en ocasiones era conveniente dejarla a un lado; por lo tanto, las cosas malas deben hacerse sólo ocasionalmente y de la manera más encubierta posible.

En la actualidad, a los periodistas les agrada denunciar el maquiavelismo de los otros(especialmente el de los funcionarios de gobierno), pero con mucha frecuencia, son ellos mismos los que aplican este tipo de ética, pues aunque reconocen la necesidad de informar al pueblo, establecen innumerables excepciones a este principio (Merril, 1981).

Por su parte, Whale (citado por Merril, 1981) sostiene que la base de la ética periodística es una entrega a la verdad, siendo la autenticidad de la información contenida en el relato, lo que constituye la principal preocupación del periodista; ahora bien, ¿qué métodos tiene que emplear un periodista en la obtención de esa verdad?. Whale responde: "sólo aquellos métodos que el periodista estaría dispuesto a incluir como parte de su relato". Sin duda, lo anterior se opone a mantener la confidencialidad de la fuente que informa, pues ésta también es parte de la verdad del relato y por lo tanto de la virtud del periodismo.

En realidad, la mayoría de los estudiosos del tema creen que ocultar la identidad de las fuentes daña la credibilidad, pues debilita la confiabilidad de los artículos. Rivers (1992) remarca que la línea principal de lealtad de los reporteros que tratan de comunicar la verdad, va hacia el público, no al publicista o a la fuente; por lo tanto, la clave del comportamiento ético es transmitir la historia en forma exacta y efectiva.

Es importante mencionar que el periodista no sólo escribe para el otro, pues también lo hace para autoexpresarse y así, deposita todo su ser en la actividad periodística. Lo que hace para vivir de acuerdo a alguna norma interior no sólo afecta las actividades y creencias de los otros, sino también la esencia misma de su propia vida.

En 1947, la Comisión Norteamericana sobre la Libertad de Información, postuló cinco exigencias particulares para el periodista:

1. La prensa debe de hacer una exposición exacta de los hechos sucedidos en el día, colocándolos en su lugar correspondiente dentro del contexto de las 24 horas, pues ya no es suficiente publicar un hecho verdadero, sino que hay que ser sumamente exacto, tomando en cuenta las circunstancias que lo rodean; de lo contrario, si se presenta el hecho de manera aislada al contexto, se corre el riesgo de cambiar su significado.

2. Los periódicos deben constituirse en tribunas, donde el público pueda intercambiar comentarios y críticas, pues es necesario que exista una confrontación de opiniones.

3. Se exige que los grupos sociales y étnicos sean descritos de manera exacta, evitándose en todo momento un tono peyorativo.

4. Hay que explicar al público los fines y valores fundamentales de la sociedad, pues el periodista debe de realizar un papel de educador, al lograr que sus lectores comprendan las razones de los diferentes regímenes sociales en los distintos países.

5. Se le debe de dar al público, la mayor información posible, mostrando una gama de noticias y perspectivas muy variadas.

El Código Norteamericano de la Sociedad de Periódicos Norteamericanos, declaró en el año de 1923 que el periodista debe tener conciencia de su responsabilidad, de lo contrario, traiciona a su profesión; asimismo, es necesario que sea sincero, exacto y leal. Menciona que es un derecho reconocido de los periodistas el poder tratar todos los temas que se presentan en la vida de un país, excepto cuando se trata de temas reservados o expresamente prohibidos. Dice que no se puede violar la intimidad de las personas con el fin de obtener informaciones sensacionales, pues se debe respetar la moral. Dicho código en realidad no precisa lo que un periodista debe o no debe hacer en casos específicos y aún cuando su elaboración es sumamente antigua, no es demasiado diferente a los códigos actuales.

Un par de décadas después, las Naciones Unidas (1952), remarcó la necesidad de que el periodista aspire a ser veraz en la exposición, explicación y comentario del hecho bruto. Así mismo, menciona que el periodista debe ante todo servir a la verdad, rectificar espontáneamente sus errores, reconocer el derecho de respuesta a las personas que han sido acusadas o mencionadas en su artículo y reservarse el derecho a opinar cuando no conoce con exactitud el tema del que se debate. Este código condena la calumnia, difamación y el atentado contra la vida privada (siempre que no sea impuesto por el interés del público) y recalca que es el mismo periodista quien debe establecer las reglas de su profesión y no el gobierno (Leaute, 1966).

De esta manera, podemos darnos cuenta que el periodismo democrático debe someterse a las exigencias de la ética profesional y por lo mismo, a las exigencias del bien común de la sociedad en lo que se refiere a la veracidad y objetividad de la información; destacando que las opiniones del periodista y del propietario de un medio pueden ser aceptables como interpretación de un hecho social y como significación del mismo, pero no como su lectura, ni como visión del dato informativo (Osorio, 1989).

La exactitud de un hecho, es la forma clásica del deber de la veracidad, es decir, es la responsabilidad jurídica de los periodistas, que puede ser violada de tres formas:

a) Por acción: es la noticia falsa
b) Por omisión: cuando se guarda silencio acerca de un hecho
c) Por aproximación: es la noticia tendenciosa (Leaute, 1966)

Rivers (1964)remarca que la función primordial de los periódicos es comunicar lo que hacen, sienten y piensan los hombres; por lo tanto, el ejercicio del periodismo exige un gran conocimiento, experiencia, capacidad de observación y razonamiento de parte de quienes los practiquen. El mismo autor, publica en su libro "Periodismo, Prensa, Radio y Televisión", los cánones del periodismo:

I. RESPONSABILIDAD: se refiere al derecho que tienen los periódicos por atraer y retener a sus lectores, siempre y cuando no se dañe o se traspase el bienestar público. Se debe contar con un criterio maduro y razonado al seleccionar, editar y presentar las noticias; tomando como base su significación y su verdadera utilidad para el público. Igualmente, se debe intentar destacar las noticias que ilustren y acentúen los valores de la compasión, el sacrificio, heroísmo, civismo y el patriotismo.

II. LIBERTAD DE PRENSA: debe ser defendida como uno de los derechos vitales de la humanidad; pues encierra en su esencia la oportunidad por discutir todo aquello que no este explícitamente prohibido por la ley.

III. INDEPENDENCIA: la mayor obligación del periodista es serle fiel a su público; por lo que promover cualquier interés particular contrario al bienestar general, constituiría una falta al periodismo honesto. Así mismo, el partidismo en los comentarios editoriales, destruye la posibilidad de construir un periodismo democrático.

IV. SINCERIDAD, VERACIDAD Y FIDELIDAD: La buena fe para con sus lectores, obliga a los periódicos a ser veraces; evitando en todo momento la falta de minuciosidad o de fidelidad. Es necesario que se evite el descuido, prejuicio o la desinformación; corrigiendo inmediatamente todos los errores que sean su responsabilidad.

V. IMPARCIALIDAD: La regla práctica establece distinciones muy precisas entre los artículos informativos y los de opinión; ya que el primero de ellos debe de estar libre de interpretaciones o prejuicios. Esta norma no se aplica a los artículos especiales, cuyo fin inequívoco es abogar por algo, o a los que tienen como característica la firma del autor para autorizar sus propias conclusiones e interpretaciones.

VI. TRATO JUSTO: Se debe evitar el publicar cargos oficiales que afecten la reputación de un individuo, sin darle oportunidad de hacerse oír. Ningún periódico debe invadir los derechos o sentimientos individuales, sin tener motivos de índole pública y si llegará a publicar información errónea, deberá rectificarse pronta y cabalmente.

VII. DECENCIA: A un periódico se le puede acusar de indecente e incongruente, si hace alardes de elevados propósitos morales; mientras que estimula el comportamiento bajo, al dar ciertos detalles del crimen y del vicio que no son justificables a la luz del bien general.

VIII. INTEGRIDAD: El periódico debe mantener normas vigorosas de honestidad y de trato justo en la selección y edición de su contenido, así como en todas sus relaciones con las fuentes informativas y con el público. También, debe presentar desapasionadamente las cuestiones controvertidas, al tratar con imparcialidad los problemas en disputa.

Del mismo modo, el periodista requiere de humildad y tolerancia ante los choques o desacuerdos de opinión buscando en todo momento la creación de un foro de intercambio de comentarios y críticas; diferenciando sus propias opiniones de las expresiones editoriales.

IX. DIRECCIÓN: El periódico debe obrar con valor cuando se trate de servir a la audiencia; estimulando y apoyando a los funcionarios públicos, grupos privados e individuos en cruzadas y campañas, para aumentar lo bueno y eliminar lo malo de la comunidad.

Debe ayudar a proteger los derechos y privilegios garantizados por la ley; criticando de manera constructiva las reformas del gobierno y denunciando los abusos e ilegalidades.

Por su parte, el periodista Raymundo Riva Palacio, menciona en su libro "Más allá de los límites: ensayos para un nuevo periodismo" (1998) ciertos puntos de interés para el presente ensayo; pues postula que las técnicas utilizadas en el periodismo mexicano tienden a colocar como adversarios a los interlocutores, provocando una relación de sospechas y de reservas mutuas; en lugar de establecer relaciones profesionales serias.

Por ello, el autor hace un llamado a prestar atención a los estándares morales y a la conducta en el periodismo; pues antes que nada, la prensa debe de ser un instrumento de servicio público, no un medio para manejar a la gente. Riva Palacio, menciona que los medios deben de ser guiados por los principios de objetividad, imparcialidad y competitividad.

En cuanto a la ética periodística, el autor retoma ciertos puntos del libro "Media ethics" y menciona dos normas morales como preceptos o guías del comportamiento:

a) El comportamiento moral debe ubicarse a la mitad de los excesos o de la inactividad, es decir, se debe de adoptar una posición moderada y actuar de manera responsable
b) John Stuart Mill postuló que la acción moralmente correcta es la que beneficia a un gran número de personas

Así mismo, remarca que el papel primordial de la prensa debe ser el reportar los acontecimientos y decirle a la sociedad lo que significan; por ello, los periodistas deben observar, informar y vigilar; para que en caso de incurrir en faltas éticas, sean ellos mismos los que las reporten, pues de lo contrario, serán cómplices y constructores de su propio desprestigio.

De manera global, se podría decir que los periodistas deben buscar la verdad como parte del derecho público a conocerla; claro está, lo cual implica un sinnúmero de responsabilidades que lo obligan a comportarse con inteligencia, objetividad, veracidad y justicia.

Riva Palacio subraya el hecho de que la libertad de prensa es un derecho inalienable de toda sociedad libre y, por lo tanto, si se incurren en faltas éticas se empañará por completo el comportamiento profesional; siendo una de las más comunes las que se refieren a los llamados "conflictos de interés" y que precisamente en nuestro país son un concepto inexistente; provocando de esta manera, la colusión de la prensa y el poder, la construcción de cadenas de corrupción y de compromisos que despedazan el quehacer periodístico.

Este defecto, según el autor, se manifiesta de distintas maneras, pues no sólo abarca intereses y beneficios de carácter económico, sino también políticos, lo que ocasiona ciertos arreglos que influyen y distorsionan la información.

Señala que un periodista no puede valerse del engaño para obtener información, pues sus técnicas deben ser honestas. El problema en México es que las fuentes de información son muy cerradas y por ello, es necesario que el periodista destruya esas barreras que le impiden ser un agente activo e independiente del gobierno.

Riva Palacio, retoma algunos de los postulados del libro "Una prensa libre y responsable", en donde se enumeran los deberes principales de la prensa:

1. Dar un recuento verdadero y completo del acontecer diario, en un contexto que aporte significado
2. Proveer un foro para el intercambio de opinión
3. Proteger una imagen representativa de los grupos constituidos en la sociedad
4. Presentar y clarificar las metas y los valores de la sociedad
5. Facilitar el acceso a la información.

Lamentablemente, tal y como lo menciona el autor, en México aún no se ha logrado constituir un foro plural y real, pues la prensa continua (existiendo algunas excepciones) supeditada al gobierno; sin reflejar de manera verdadera la realidad del país. Esto se debe en gran parte, a la inexistencia de los conflictos de interés, ya que suele presentarse una sola cara de la realidad, lo que ha provocado que los medios de comunicación se devalúen ante los ojos del público.

Al respecto del tema de la privacidad, la Comisión de Quejas contra la Prensa de Inglaterra (citado por Riva Palacio, 1998), elaboró un código que establece que las investigaciones o intrusiones a la vida privada de una persona sin su consentimiento, no son aceptadas y su publicación sólo se justifica si prevalece el interés público.

Puntualizando, Riva Palacio (1998) propone modificar los patrones de comportamiento y regular la conducta profesional de medios y periodistas, para que así se logre recuperar el prestigio de la profesión; basándonos en los siguientes principios generales:

*Evitar todo conflicto de interés, en donde el periodista participe de manera voluntaria en una actividad que no tiene objetivos periodísticos, sino personales.
*Comprender que el único compromiso que tiene el periodista es con la verdad.
*Tomar conciencia que no todos los medios de comunicación tienen códigos de ética escritos; sin embargo, es preciso determinar de manera transparente, los parámetros de comportamiento moral y de relación con las fuentes de información.

Parecería una contradicción que a pesar de que los códigos le dan una enorme importancia a los comportamientos que promueven la credibilidad, en la actualidad es muy frecuente que los medios de comunicación enfaticen los problemas, al mismo tiempo que los matizan con un cierto amarillismo y sensacionalismo, en donde el objetivo no es decir la verdad, sino atraer la atención del mayor número de personas.

Algunos dicen, que esto se debe a cuestiones económicas y a la famosa conquista del "rating", sin embargo, es necesario cuestionarnos más a fondo, el por qué al público le gusta tanto este tipo de noticias.

Es importante que el periodista y todos los que gobiernan los medios de comunicación se den cuenta de una vez por todas, que la exactitud contiene detalles los suficientemente interesantes como para atraer al público y que el mismo comportamiento ético, también puede ser un factor importante para conservar una audiencia (Rivers, 1992).

Situación actual en los medios electrónicos

Lamentablemente, la desconfianza y la fascinación es la actitud que define al periodista contemporáneo y precisamente es en estas dos características donde radica la crisis ética que actualmente vive la prensa. Esta comienza en su forma más incipiente con la dificultad de ser verídico y objetivo; después, en una etapa más avanzada, se cree casi imposible encontrar y reconocer la verdad y para su fase más radical, sustenta la incapacidad de encontrar siquiera una parte de la verdad.

Cuando se parte de la base de que es imposible encontrar la verdad, se propone la verosimilitud como sustituto. Con este pensamiento, parece válido presentar como verdadero lo que no es, es decir, se opta por mostrar un mundo verosímil y por lo mismo irreal y falso, negando así, la realidad misma (Osorio, 1989).

Al abandonar todos los esfuerzos para lograr la objetividad, surgen las malas formas periodísticas y por ende, antiéticas, las cuales se han legitimado por esta actitud de desconfianza del periodista en sí mismo. Ya no interesa más dar la noticia de lo que sucede o sucedió, pues ahora se dice lo que el periodista querría que pasara. Esto origina que la prensa se haga autorreferida, quien a su vez, produce el mismo fenómeno en el público.

El hombre actual desconfía de su capacidad para conocer la realidad (física y espiritual), es decir, duda de su propia razón y voluntad. Por ello, si la realidad se presenta como incognoscible, el hombre se niega a hablar del bien y del mal, pues estos conceptos no existen por sí solos, sino que se dan en las cosas o seres que no se pueden conocer. Aquí radica el origen del conflicto ético, pues si la ética se centra en las acciones libres de los hombres, al momento de eliminar la oportunidad de conocer, se niega también toda posibilidad de juicio ético y por lo tanto, se establece lo subjetivo como norma.

Del mismo modo, si no se conoce lo que las cosas y las acciones son y no se puede afirmar la bondad o maldad de ellas; se termina por desconocer el propio sentido de la vida, ya que la interrogante de por qué elegir esto o lo otro, no tiene respuesta. Frente a una vida sin sentido, se pueden tomar dos caminos: vivir la vida, dejándose llevar por los acontecimientos sin ser capaz de tomar las propias riendas, o bien, darle arbitrariamente a la vida un sentido, el cual al ser inventado jamás será verdadero.

Estas dos actitudes son las que provocan desconfianza en las personas, pues ambas nos hacen vivir al margen de la realidad; se crea un efecto inmediato en nuestra propia persona ya que no sólo se duda de la capacidad de conocer, sino también de la de querer (lo que produce personas abstencionistas, apáticas y gobernadas por el desánimo). Por lo tanto, al perder la confianza se disminuye también la capacidad de compromiso, dejando de existir la palabra dada y por consiguiente se interrumpe el diálogo.

Lo anterior se relaciona directamente con el periodista, ya que si él desconfía de su capacidad de conocer y de hacer, también reniega del compromiso de transmitir la realidad verídicamente, pues ésta es vista como incognoscible. Así, nos encontramos frente a una crisis de enormes proporciones, en donde la única solución es revertir el proceso, es decir, plantearnos como una exigencia de tipo ético el recuperar la fe en la propia razón y en la propia voluntad.
Sólo de esta manera es que se podrá hacer honestamente la afirmación de que el periodista es un profesional que es capaz de transmitir información, ya que se compromete a ello y cumple con la palabra dada(Osorio, 1989).

¿A qué conclusiones podemos llegar?

Primeramente, debemos reconocer que se ha escrito muy poco acerca de la ética periodística; tal vez esto se deba a la enorme devaluación que ha sufrido la ética en todos sus aspectos, pues ahora el hombre moderno ha preferido adoptar una postura relativista, en donde la palabra ética se define como la manera en que actúa cada persona o en nuestro caso particular, cada periodista.

Por ello, debemos reconocer que estamos inmersos en la época del subjetivismo, del relativismo y del situacionismo; incluso hoy en día, se puede considerar incivilizado expresar juicios de valor, asumir posiciones o tener un sentimiento firme del deber. Vivimos en una época donde se piensa que cualquier opinión o norma moral, vale tanto como cualquier otra. Esto trae resultados sumamente peligrosos, pues si cada caso es diferente, si cada situación exige una norma distinta, si no existen absolutos…entonces, acabaríamos por enterrar a la filosofía moral. Sin embargo, la solución no se vislumbra nada sencilla, pues la línea que separa a la propia ética del relativismo es tan delgada, que traspasar los propios límites de la reflexión, sólo requiere de un segundo.

En la actualidad, los códigos periodísticos no deben perder demasiado tiempo en hablar acerca de la decencia y la moral, más bien deben llenar sus páginas de conceptos como la responsabilidad, libertad, independencia, veracidad, imparcialidad y exactitud; pues como presupone la ética misma, existe en los seres humanos un proceso libre, auto-controlable, en donde el público (y el propio periodista) después de reflexionar, será capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo, la verdad y el error. Por ello, las leyes existentes sobre la prensa, son únicamente elementos secundarios frente a la moral individual de la persona, pues no se podría decir que los códigos de honor son esenciales para la buena conducta de los hombres de alta calidad moral y ética. Estas leyes son únicamente un inventario global de la conducta a seguir, a diferencia de los códigos éticos, a través de los cuales los hombres se forjan a sí mismos al marcar sus propios límites.

Así, podemos decir que un periodista verdaderamente ético, no tiene necesidad de otras reglas fuera de las que su propia conciencia le dicta; de ahí la importancia de forjar una conciencia individual, en donde se reflexione y se elija de manera individual lo que es bueno, permitido o correcto. Los periodistas deben cumplir con su misión de dar noticias a tiempo, en forma exacta y efectiva, de manera que la imagen del mundo que existe en las cabezas del público, se haga más específica después de la exposición de los mensajes periodísticos. Sólo de esta manera podremos decir, que no es una mera frase hecha aquello de que el primer compromiso del periodista es con la verdad, aunque debemos tomar conciencia de que esto no implica que se publique todo lo que uno sabe, pues debe existir un equilibrio entre conciliar la obligación de informar al público y el respeto que merece la dignidad de cada persona. Asimismo, el periodista debe tener cuidado para no convertirse en un simple instrumento de manipulación en favor de las clases que ostentan el poder.

Lamentablemente, en la actualidad sucede todo lo contrario, pues la característica esencial del periodista moderno es la falta de compromiso y coherencia. Por tal motivo, la responsabilidad y la ética de la que se ha hablado a lo largo del presente análisis, ve destrozada en nuestro país de diferentes formas siendo las más frecuentes, la manipulación que ejercen los periodistas a través de sus opiniones (supuestamente imparciales y objetivas) y la invasión del espacio privado en favor de la publicidad y de la remuneración económica. Esto último nos lleva a un nuevo cuestionamiento, ¿hasta dónde puede y debe llegar el periodista? o mejor dicho, ¿qué es lo que realmente nos interesa a nosotros como receptores de los medios de comunicación y qué es un añadido que lejos de interesarnos, únicamente daña a los protagonistas de la información? Primeramente debemos reconocer que los periodistas tienen un rol preponderante en la formación del ámbito de la discusión pública (pues su visión al ser expuesta, se convierte en un hecho público) y precisamente de este punto, se deriva la enorme importancia de la creación de la propia visión individual en el público consumidor, pues es necesario que el público adopte una postura crítica, responsable y ética ante el cúmulo de información que le es entregada segundo a segundo.

Tristemente en la época actual, la voz de todos nosotros se dispersa en la monstruosidad de la tecnología llegando a convertirse en un simple eco que nadie escucha, el cual está a punto de morir, lo que dará lugar al pueblo que no habla … al pueblo sin voz. Es así, que nos perdemos en este mundo de información, pues no sabemos que hacer con ella mientras nos enfrentamos al sentimiento de vacío y frialdad que despierta nuestra propia existencia. Otro gran problema es la enorme desigualdad y corrupción que ejercen las personas que ostentan el poder, pues ellas tienen la autoridad para decidir que tipo de publicidad se maneja en el país; por ello, los individuos que se encuentran fuera de esta elite (que es la mayoría), no tiene ni voz ni voto y así, pareciera que el destino de la mayoría depende de una serie de hombres que se escudan detrás de sus emporios, entre los que figuran, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego, Juan Francisco Ealy y otros, que se han convertido en los dioses de la sociedad. Los culpables de la falta de ética en el periodismo, no sólo son los medios, pues sin receptor no se lograría la comunicación; por ello, se podría decir que existe una especie de "compadrazgo" entre ambos (medios/público). Por lo tanto, los medios seguirán produciendo información falsa y sensacionalista hasta que la gente lo permita.

Como hemos podido constatar a lo largo del presente ensayo, se dice que cuando se ha invadido el derecho a la intimidad (o privacidad) en detrimento de otro, lo que queda en los medios como recurso es el derecho de réplica. Dicho derecho le da al afectado la posibilidad de exponer su punto de vista sobre el tema en el que está envuelto. El problema básico, además de la falta de reglamentación para este derecho a réplica, es que la vida privada del otro ha sido afectada de forma permanente. Entonces, ¿de qué sirve decir que un periodista está equivocado, cuando ya han sido vulneradas las prácticas privadas de un ser humano? ¿De qué sirve corregirlas, si a lo mucho el periodista pedirá disculpas, mientras que el sujeto en cuestión estará en boca de toda la sociedad? El gran problema, es que se restringe la libertad de actuar y así, lejos de tomar decisiones éticas basadas en la propia reflexión, se realizan en base al temor que despierta el juicio ajeno.

Como un ejemplo palpable de la incoherencia de la reglamentación jurídica del derecho a réplica y de la inoperancia de las leyes mexicanas, encontramos la "Ley de Imprenta" (el artículo 27):

"Los periódicos tendrán la obligación de publicar las rectificaciones o respuestas que la autoridades, empleados o particulares quieran dar a las alusiones que se les hagan en artículos, editoriales, párrafos, reportados o entrevistas, siempre que la respuesta se dé dentro de los ocho días siguientes a la publicación, la infracción de esta disposición se castigará con una pena que no baje de un mes ni exceda de once, sin perjuicio de exigir al culpable la publicación correspondiente, aplicando, en caso de desobediencia, la pena del artículo 904 del Código Penal del Distrito Federal" (Villanueva, 1988).

A simple vista, es una buena opción para limitar el posible perjuicio que se nos pueda causar en un artículo (aún y cuando no se restituya completamente el daño sufrido). Pero, ¿qué pasaría si analizáramos un poco más el artículo antes citado?, simplemente nos encontraríamos que nuestro "Código Penal del Distrito Federal" fue modificado en 1931, quedándose con un total de 413 artículos. Entonces ¿dónde está el artículo 904 que sería la aplicación del castigo?. Pues, sencillamente ya no está, desapareció; por lo tanto, los infractores al artículo 27 de la "Ley de Imprenta" quedan impunes.

Otra pregunta que indudablemente surge es: ¿ por qué se dan los malos manejos en la información? La única respuesta que podríamos encontrar es que en nuestro país hay una carencia total de ética periodística. La gente que se dedica a esta profesión lo hace por el sueldo (que en México no es una razón) o por el poder que engendra en sí misma y así, sólo unos cuantos lo hacen movidos por una verdadera vocación de servicio. De hecho, algunos comunicadores procuran comportarse en forma ética, pero las diversas orientaciones y caminos que siguen los conducen a resultados sumamente diferentes, siendo aquí, donde se observa la controversia sobre la importancia y posibilidad de lograr un tratamiento ético en la información que se difunde a la sociedad.

Cuando se informa sobre un tema es necesario que se incluyan todos los personajes y puntos de vista involucrados; igualmente, se deben de proporcionar los antecedentes de los datos que día con día aparecen en las noticias; también se tienen que dar las mismas posibilidades de expresión a los diferentes grupos sociales y brindar una información sin matices ni adornos; pues de lo contrario sólo se marcan diferencias y favoritismos por parte de la empresa comunicadora, anulando así, toda posibilidad de realizar una aportación notable a los medios de comunicación y sobre todo, al público receptor (Leaute, 1966).

Ahora bien, ¿cómo podemos combatir todo esto? Sin duda, la respuesta se encuentra muy lejos de la reglamentación existente para los medios, pues ésta además de ser obsoleta es muy flexible y poco precisa. Sin embargo, existe un problema aún mayor: la mayoría de los países tienen un código de ética para el ejercicio del periodismo…lamentablemente México no está entre ellos, por lo que solamente contamos con el "Código Internacional de Ética Periodística"; pero si las leyes de nuestra nación son burladas con frecuencia, ¿qué podemos esperar de aquellas que son internacionales?, pero más aún, resulta incongruente asumir un código extranjero, pues su ideología nos es totalmente ajena y por lo tanto inaplicable. Lo anterior no quiere decir que debemos cruzar los brazos y pensar que el cambio es una utopía, sino por el contrario, es un llamado a replantearnos las cuestiones más fundamentales del periodismo mexicano.

Por lo tanto, la ética y el periodismo no son incompatibles, pero debemos comprender que no basta con dictar normas de conducta; es necesario traducir esos lineamientos en un comportamiento ético al momento de ejercer la profesión. En la medida que se cumpla este objetivo, la sociedad civil estará en posibilidades de analizar críticamente la información que se difunde y en consecuencia, hacer válido el derecho a la información. En otras palabras, no basta con observar la letra del código…es necesario sentir su propio espíritu.

BIBLIOGRAFÍA

- Gerald, E (1993). LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA PRENSA. México: Libreros Mexicanos unidos.

- Leaute, L (1966). ÉTICA Y RESPONSABILIDAD DEL PERIODISTA. Ecuador: CIESPAL.

- Merril, J. (1981). LA PRENSA Y LA ÉTICA. Argentina: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

- Osorio, H (1989). ÉTICA Y COMPROMISO DEL PERIODISTA Y DEL COMUNICADOR SOCIAL. Argentina: Fundación Konrad Adenauer.

- Riva Palacio, R (1998). MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES: ENSAYOS PARA UN NUEVO PERIODISMO. México: Fundación Manuel Buendía.

- Rivers, W (1964). PRENSA, RADIO Y TELEVISIÓN. México: Pax.

- Rivers, W (1992). LA ÉTICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. México: Gernika.

- Villanueva, E (1990). CÓDIGOS EUROPEOS DE ÉTICA PERIODÍSTICA. México: Fundación Manuel Buendía.

- Villanueva, E. (1988). RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS LIBERTADES DE EXPRESIÓN. México: Fundación Manuel Buendía.

 

 

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