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El
columnismo de Manuel Buendía
Perfiles
de "Red Privada"
Omar
Raúl Martínez
Director de la Revista Mexicana de Comunicación
y Presidente de la Fundación Manuel Buendía
A. C.
Tomado de: Revista Mexicana de Comunicación,
Núm. 86, abril - mayo 2004.
La historia del columnismo mexicano no es tan añeja.
Aunque algunos estudiosos sostienen que el primer texto
a manera de columna apareció en el periódico
La abeja poblana en 1820 con el título
de “Colmena de abejas”, lo cierto es que
el género no empezó a popularizarse sino
hasta los años treinta del siglo XX, quizás
por influencia del periodismo norteamericano donde ya
había ganado cierta aceptación. Uno de
los primeros en aprovechar las vetas de la columna fue
Salvador Novo al publicar sus crónicas y comentarios
sobre las circunstancias sociales y políticas
en “La semana pasada”, que aparecía
dentro de la revista Hoy.
A
mitad de la cuarta década, en sus tres ediciones,
Excelsior comenzó a publicar la columna
“A mañana, tarde y noche”, escrita
por Jorge Piñó Sandoval, quien en cierta
forma indujo cambios en el género al grado de
que, para Mario Ezcurdia, puede considerarse un pionero
del columnismo nacional. 1
Con
breves noticias e informaciones exclusivas combinadas
con un ágil manejo estilístico, Piñó
resaltó la importancia y particularidad de la
columna dedicada a los asuntos del poder. Aunque con
una presencia de menor magnitud, durante los inicios
de los cincuenta también conviene recordar la
aparición de “Perlas japonesas”,
donde su autor Nikito Nipongo –seudónimo
de Raúl Prieto– criticaba con desenfado
y puntillosa ironía declaraciones de políticos.
Por
esos mismos años surge otro columnista que hizo
desplegar las posibilidades del género: Carlos
Denegri. Era un autor tan incansable como buen negociante
de sus palabras impresas. De lunes a viernes publicaba
“Buenos días”; los sábados,
“Miscelánea de la República”,
y los domingos, “Miscelánea semanal”
en la que incluía secciones como “Fichero
político” –opiniones breves–,
“Y va de anécdota”, “Editorial
mínimo” y “Gran mundo”. Quizás
fue el primero en ganarse planas enteras para sus escritos
periodísticos, pese a una ética bastante
menguada por su profundo sentido mercantil. Alguna vez
Julio Scherer dijo: “Denegri era despreciable
como ser humano, pero el más extraordinario reportero
que he conocido”.2
Paulatinamente
las columnas políticas fueron haciéndose
más frecuentes en las páginas de los diarios
y revistas, pero más que enfocarse al escrutinio
de los quehaceres públicos o al auténtico
servicio de las necesidades sociales, la mayor parte
tomó por el rumbo de constituirlas como escaparates
o megáfonos o cuadriláteros de las figuras
del poder.
En
ese contexto, en 1957 Manuel Buendía publica
de manera irregular, y por vez primera, la columna “Red
Privada” bajo el seudónimo de Héctor
Juvenal. Sin embargo, imposibilitado ante la exigencia
de otras tareas, pospone su incursión plena para
mejor ocasión. Y tras abandonar la dirección
de La Prensa, en mayo de 1964 funda el semanario
Crucero y reinicia sus vuelos de columnista: allí
publica “Concierto dominical” y “Para
control de usted”.3
Desde
entonces, salvo un periodo de tres años en que
estuvo involucrado en quehaceres de comunicación
social, Buendía habría de ejercitar el
columnismo en El Día, donde los domingos
firmó “Concierto Político”
y, nuevamente, entre semana “Para control de usted”.
Abandonaría el diario dirigido por Don Enrique
Ramírez y Ramírez para resucitar, a principios
de 1977, “Red Privada” en la cadena de los
soles, así como la columna “Sol y sombra”
cada domingo, a la que poco después optó
por desaparecer. 4
A
lo largo de ese trayecto, columnistas como José
Luis Mejías, Francisco Cárdenas Cruz,
Mario Ezcurdia y Miguel Ángel Granados Chapa
tenían un reconocido cartel y numerosos lectores.
Aunque también otros, tal vez con menor incidencia,
como Manuel Mejido, León García Soler,
Raúl Prieto y Joaquín López Dóriga
no pasaban inadvertidos. Pero justamente a mediados
de los años setenta es cuando, al advertir el
desmesurado interés por el género, irrumpe
un boom de columnistas. Fue tal el auge, que Jacobo
Zabludovsky escribió en 1978:
Nunca antes tantos periódicos tuvieron tantas
columnas para tan pocos políticos. Si contamos
con rigor los políticos profesionales, los de
tiempo completo, a los políticos que hay en el
país tal vez les toque columna y media por cabeza.5
Y
en busca de una explicación a tal fenómeno
político y periodístico, el mismo informador
recogía la opinión de Manuel Buendía:
Las columnas vienen a llenar el vacío de
credibilidad que se hizo evidente en 1968. Los lectores
no creían y siguen sin creer en el editorial
del periódico, y es entonces cuando la columna
firmada por alguien merece más credibilidad.
Llena un vacío.6
Una
percepción muy distinta es la de Listerio Mora.
A su juicio hay dos fenómenos paralelos: el Excelsiorazo
del 8 de julio de 1976 y el boom del columnismo
político. Hasta antes de aquella fecha, asegura,
había un abismo entre Excelsior y cualquier
otro diario. “Pero vino la mano negra y emparejó
a todos.” En última instancia, la intervención
oficial paradójicamente provocó una redistribución
de la riqueza periodística concentrada casi exclusivamente
en Excelsior.7
Aun
enmedio del apogeo numérico de las columnas políticas,
“Red Privada” supo aprovechar filones del
escenario sociopolítico inexplorados hasta entonces
y se colocó en el gusto de un amplio círculo
de lectores y a la postre irradió una influencia
difícil de igualar, incluso en la actualidad.
¿Cuáles fueron esos filones? A nuestro
entender, la profunda investigación periodística
en torno a temas de alguna manera soslayados o tibia
o superficialmente abordados por sus colegas. Todo ello,
por supuesto, ribeteado con los destellos de su irónico
estilo y bajo la sombra de una postura ética
inquebrantable.
Manuel Buendía –considera Francisco
Martínez de la Vega– llevó el
género de la columna, en el cual se especializó
y consagró en la última etapa de su bien
cubierta carrera periodística, a su más
alta cumbre.8
Temas
y preocupaciones
Desde
su paso por Crucero y su incursión en El
Día, el columnista michoacano fue puliendo
y depurando tanto sus técnicas de investigación
como su método expositivo, y enfocando su interés
hacia determinados temas.
Disponemos de tan pocos recursos los periodistas
–sostuvo en cierta ocasión–, que
si no los concentramos, si no los aplicamos a cuestiones
bien definidas y permanentes, caeremos en el vicio de
la dispersión y dejaremos de prestar un servicio
a la sociedad.9
Con
esa idea en mente, Buendía procuró abordar
con recurrencia algunos temas: el espionaje de la CIA
como atentado a la soberanía nacional; la intolerancia
de los grupos neofascistas; la corrupción gubernamental;
la injerencia del clero en la política; la avaricia
de las cúpulas empresariales; la incongruencia
entre actos y palabras por parte de los políticos;
y eventualmente la persecución política
y militar de las dictaduras conosureñas la derechización
del sistema político; algunas facetas sobre la
libertad de expresión y el periodismo mexicano,
así como los estragos de la economía nacional.10
Resulta
obvio suponer que de la misma elección de asuntos
se desprendían sus preocupaciones más
arraigadas. Por ejemplo, el indagar sobre las intromisiones
de la Central Intelligence Agency tenía para
el autor de “Red Privada” razones de índole
patriótica. Palabras como nacionalismo o patriotismo
le significaban más que al común de las
personas. Estaba persuadido de que los espías
norteamericanos representaban un riesgo permanente para
la seguridad nacional, pues sus informes eran procesados
y usados para la toma de decisiones que afectan desfavorablemente
a nuestro país.
La
CIA ha cometido asesinatos y ha participado en la promoción
de conductas antisociales. Creo que es necesario que
se le eche luz, aunque sea tan poquita luz como la que
da mi linterna, pero que siquiera alguien evidencie
sus triquiñuelas.11
Con
sus pesquisas, Buendía reveló que, en
México, los agentes del espionaje se encubrían
bajo el disfraz de agregados culturales, políticos,
comerciantes y militares. Y el despojarlos de su falsa
careta para obstaculizar su labor, lo consideraba una
tarea que bien valía la pena.12
Las
posturas de la alta cleresía y las actividades
de los clanes ultraderechistas fueron otras dos obsesiones
a las que examinó, investigó, denunció
y cuestionó de manera sistemática e incluso
con un sarcasmo y un sustento demoledores.13.
Memorables,
a guisa de muestra, fueron el bautizo del PECA: el Partido
imaginario que correspondía a las siglas del
cardenal Ernesto Corripio Ahumada; los datos sobre las
articulaciones estratégicas del clero político
con intereses extranjeros; el reconocimiento
por la sangre derramada para la glorificación
de Dios y el avance del cristianismo; la carta
de un jesuita; los afluentes del nazifascismo en México
y sus nexos en el exterior; la reproducción y
análisis de crepitantes documentos secretos de
fanáticos religiosos y anticomunistas, asentados
en la perla tapatía...14
En
la mirada de Abraham García Ibarra, el columnista
era un hombre profundamente religioso:
Pero su religiosidad, transformada en conciencia
militante, no le impedía observar el lado oscuro,
a veces siniestro, del comportamiento de algunas cofradías
y de sus conductores, contrario a todas luces al buen
espíritu cristiano.
Manuel
Buendía, según el mismo analista, no era
un neófito de los temas religiosos. Por ende
sus críticas, salpicadas casi siempre con chispazos
de ironía, “irritaban a quienes eran blanco
de sus agudas observaciones propuestas invariablemente
con entusiasmo correctivo”.15
Otro
tema insistentemente tocado por “Red Privada”
y sus columnas antecesoras lo constituyó la corrupción
dentro de la estructura del gobierno federal y de los
distintos gobiernos locales. Notable atención,
por ejemplo, le otorgó al escandaloso caso de
Petróleos Mexicanos: alertó sobre el impune
saqueo de que era objeto y denunció, con datos
reveladores e irrefutables, anomalías y actos
delictivos de altos y medianos funcionarios, además
de poner al descubierto diversas irregularidades y abusos
de los jerarcas sindicales.
Sus
investigaciones periodísticas sirvieron al gobierno
delamadridista para levantar cargos, entre otros responsables,
contra el ex director de la paraestatal, Jorge Díaz
Serrano.16
De
igual forma, “Red Privada” también
indagó y reveló la turbia compra de miles
de tractores dispuesta por los secretarios de Agricultura
y de la Reforma Agraria, más el director de Banrural;
el exorbitante presupuesto asignado a la oficina del
general Arturo Durazo; el descuido del puerto de Acapulco
y la prepotencia y argucias del gobernador guerrerense;
y el desvío de fondos federales por parte de
los mandatarios estatales de Querétaro y Durango,
sólo por recordar algunos de los muchos asuntos
en que escarbó a fondo y pudo descubrir numerosos
ilícitos.
Manuel
Buendía –asevera Francisco Cárdenas
Cruz– se distinguió siempre por ser
el principal censor de los personajes de la vida pública
proclives a amparar sus fechorías tras el misterioso
velo del secreto y aprovechar la corrupción como
fuente promotora de privilegios para lograr mejores
posiciones y enriquecerse ilícitamente.
17
Aunque
en menor proporción, el columnista zitacuarense
también dedicó análisis, comentarios,
revelaciones sobre algunos de los zares de la cúpula
empresarial mexicana y sus alianzas con grupos de la
extrema derecha, sin olvidar sus propósitos como
bloque de presión; y sobre la política
militar estadunidense en América Latina, tópico
en torno al cual publicó recordables textos como
la carta a dos pequeños cuyo padre –perseguido
político de la dictadura argentina– desapareció
en Uruguay; el descarnado testimonio de dos ex prisioneros
del dictador Videla, y los pincelazos de un asesor norteamericano.18
Mientras
que algunos lo describen como un periodista de oposición,
otros lo ubican como un hombre que siempre aspiró
a que el Sistema Presidencial fuese fiel consigo mismo.
Pareciera que los matices no existen. Lo innegable es
que Manuel Buendía abrió no pocas avenidas
entre los segmentos progresistas del país para
dejar escuchar sus voces y planteamientos. Al tratar
de encuadrarlo políticamente, Carlos Ramírez
anota:
No fue marxista, aunque dialogó con ellos;
tampoco era priista y tenía en las filas del
tricolor amigos de verdad; nunca volvió al gobierno,
aunque se sabía interlocutor de importantes sectores
oficiales. Esa diversidad de relaciones le permitió,
como en las buenas etapas del periodismo mexicano, convertir
a la columna en un intermediario válido del poder
sin entrar en componendas con él. 19
Para
Carlos Monsiváis, el centro de la tarea buendiística
fue la develación de los poderes invisibles:
esas fuerzas de las que no tenemos registro o cuya percepción
apenas se intuye. Por ello entabló su cruzada
contra la CIA, divulgó la red de conjuras y sociedades
secretas de la ultraderecha, denunció las acciones
fraudulentas y rapiñas presupuestales, sacó
a balcón las inepcias gubernamentales, develó
la corrupción y abusos del poder sindical...
Por ello dibujó en “Red Privada”
aquellos poderes cuyos trazos a veces no se advierten...
pero hacen de las suyas cobijados por su paradójica
invisibilidad.20
Manuel
Buendía, sin embargo, jamás se consideró
juez de conciencia de nadie, ni admitió ubicársele
como parte de una corriente o tendencia política.
Más bien procuró asumir su individualidad
como periodista afin a causas progresistas al servicio
de la sociedad.
Asumo
hasta donde pueda –precisó en una
entrevista–, hasta donde lo alcanzo a entender,
las causas de los campesinos, de los obreros, de los
perseguidos, de los presos, de la gente que tiene necesidad
de ser atendida por alguien y de que alguien tome su
voz y la amplifique para que se escuche. Otras veces
expreso lo que son mis propios sentimientos, mis propias
emociones, tratando siempre de que tales expresiones
subjetivas vayan respaldadas por una base de información
y por un tiempo de reflexión sobre el problema
que abordo. 21
Indagación
y fuentes
El
sello que distinguió a Buendía fue su
celo por la pesquisa y la eficacia de su prosa periodística.
Y es que aparte de mostrarse como un buen escritor,
como lo dijera el propio José Emilio Pacheco,22
jamás dejó de ser un reportero en el sentido
más logrado del término: no se dormía
en sus laureles esperando la información que
comentaría al día siguiente, sino que
acudía al escenario de los hechos, entrevistaba
a gente, y nutría y consultaba su rico archivo.
Su hambre reporteril de investigador acucioso combinada
con actitud reflexiva, cotejo de archivos, capacidad
analítica y método expositivo, hicieron
del autor de “Red Privada” uno de los primeros
periodistas de investigación en México.
Porque más que artículos o simples columnas
opinativas, muchos de sus textos adquieren el perfil
de breves pero documentados reportajes.
El
escritor de “Red Privada” solía decir
que la faceta de detective periodístico que algunos
le adjudicaban no era resultado sino de un secreto muy
suyo: el archivo. Junto con las fuentes vivas o informantes
o contactos políticos y sociales, el archivo
significaba para él la diferencia entre un columnista
de éxito y otro que apenas sobrevive. Quizás
por ello, Buendía coincidía con quienes
concebían al reportero investigador como un experto
armador de rompecabezas:
El lector común, cuando puede, se acerca
al columnista y le pregunta de donde saca su información.
Entonces el columnista sonríe enigmáticamente
como Sherlok Holmes cuando decía: Elemental,
my dear Watson. Pero lo cierto es que a veces no hubo
nada parecido al soplo de un Deep Throat, sino nada
más el hallazgo de una información de
aspecto nuevo que casi increíblemente se formó
solo en el archivo, cuando varias piezas en apariencia
inconexas, de pronto se unieron y produjeron algo de
extraordinario interés. Es como divertirse formando
un sencillo rompecabezas. O ponerse a sumar dos más
dos. Si dan cinco, ahí está la noticia.23
Entendía
el empleo del archivo como un arte de paciencia e intuición.
Se compenetraba, observador acucioso, en la lectura
de informaciones, documentos, discursos, con la idea
de atar cabos o discernir nuevas pistas, pues sabía
que “el lenguaje y los actos del poder son como
criptogramas, como palabras y frases que hay que saber
ir descifrando”.24
De
esa manera le fue posible descubrir y divulgar la identidad
de jefes de la CIA en nuestro país, los vínculos
internacionales de grupos nazifascistas, las alianzas
a nivel interno y externo de la cúpula empresarial,
las intromisiones del gobierno estadunidense en la política
de países latinoamericanos, la verdadera identidad
de un traficante de armas que se decía empresario
alemán...
El
oportuno aprovechamiento de todo ese bagaje informativo
hizo de “Red Privada” la columna política
más documentada y reveladora de secretos –políticos,
sociales, económicos, religiosos, etcétera–
que hasta entonces nadie había intentado desarrollar
en México. Emprendió tal brega, por supuesto,
apoyándose en una amplísima “red
privada” de relaciones tanto al interior del aparato
de gobierno como en el seno de organismos y entidades
de la más diversa gama. Quizá su experiencia
como funcionario de prensa en el sector público
le permitió el establecimiento de innumerables
contactos, que a la postre le mostrarían puntas
de madejas cuyos enredos las más de las veces
pudo descifrar con el respaldo de su legendario archivo.
Un reportero sin una agenda de teléfonos y direcciones
–expresó cierta vez Buendía al periodista
Antonio Rodríguez– sencillamente está
perdido. Por eso el columnista se esmeró en cuidar
y estimular una extensa e intensa vida de relación
social encaminada a rastrear opiniones o posibles informantes
en todos los ámbitos que pudieran redituar frutos
a su quehacer periodístico.25
Su
amplia red abarcaba desde funcionarios y políticos,
pasando por burócratas menores y empleados de
entidades privadas, hasta estudiantes, campesinos, amas
de casa, trabajadores, e incluso sus colegas reporteros
cuando éstos se veían imposibilitados
por sus respectivos medios para publicar determinadas
informaciones, o cuando requeria corroborar, rectificar
o conseguir algunos datos del interior de la Republica
o del exterior.
En
1978, exiliados argentinos denuncian al mundo el horror
en centros de reclusión clandestinos, y el periodista
Miguel Bonasso le facilita materiales sobre una agencia
norteamericana que pretende limpiar la cara de la dictadura
de ese país con apoyo de medios corruptos. “Posteriormente
–recuerda Bonasso– nos sorprendió
al aportar elementos nuevos en torno al caso, que incluso
nosotros desconocíamos”. Por ejemplo, descubre
la verdadera identidad de los militares que habían
venido a México en busca de perseguidos políticos,
vulnerando la soberanía territorial de México.26
A
principios de 1984, al investigar sobre la supuesta
autorización de la Iglesia católica para
que unas monjas violadas usaran anticonceptivos, solicitó
al corresponsal de Excelsior en París,
Raymundo Riva Palacio, el cotejo al respecto en el archivo
del periódico Le Monde.27
Sabido
es, asimismo, que no pocos casos de corrupción
que denunció a la luz pública, pudo rastrearlos,
investigarlos y corroborarlos desde la madriguera misma
donde se fraguaban, pese a la cantidad de obstáculos
impuestos a su paso.28
Y
donde ponía el ojo avizor por lo general aportaba
el dato o el documento que avalaba o sustentaba la veracidad
de su trabajo periodístico. Nada lo irritaba
tanto, al grado de sentirlo cual afrenta a su profesionalismo,
como el ver desmentidos, minimizados o soslayados algunos
de sus asertos e indagaciones publicadas. Cuando eso
ocurría, ofrecía a los lectores más
elementos de prueba. Baste recordar cuando develó
los vínculos del IPADE con el Opus Dei;
cuando dio a conocer la identidad del jefe de la CIA
en México, Lawrence Sternfield; cuando publicó
los tristes resultados de un análisis químico
de algunas muestras del mar acapulqueño para
dejar callado al gobernador guerrerense; cuando aportó
más informes probatorios en torno a hechos ilícitos
dentro de Pemex, en los que estaban involucrados Jorge
Díaz Serrano y dos funcionarios de su confianza...
El
celoso seguimiento de sus investigaciones fue una característica
propia de “Red Privada” y ello la resaltó
como un espacio exclusivo donde de manera recurrente
se ofrecían, a veces a manera de novela por entregas,
controvertidos reportajes en un estilo columnístico.
Si
examinamos a vuelo de pájaro el tipo de fuentes
manejadas por el reportero michoacano en el universo
de sus columnas publicadas a lo largo de sus últimos
ocho años de vida, podemos aventurar que 60%
procedía de la consulta sistemática y
cotejo de sus archivos; 30% era información u
opiniones recabadas en faena reporteril; y acaso 10%
lo constituían comentarios, opiniones o inferencias
que se desprendían de su labor indagatoria y
análisis documental.
En
suma: las dos armas secretas de Manuel Buendía
que lo encumbraron como el más claro pionero
del periodismo de investigación en nuestro país,
fueron su rico archivo hemerográfico, documental
y bibliográfico, así como su incansable
faceta de detective periodístico o reportero
investigador cuyo afán por los hallazgos y las
revelaciones de interés público –sin
soslayar la elegancia de su estilo– de alguna
manera significó un acicate y ensanchó
las posibilidades del periodismo mexicano.
NOTAS
1) Valles, Rosa María, “Restrospectiva
mínima de la columna política en México”,
en Revista Mexicana de Comunicación
núm. 54, mayo-junio de 1998, pp. 11-14.
2) Ibid. Véase también
Elena Poniatowska, “Buen día, Manuel”,
en Manuel Buendía, La CIA en Mexico,
Rayuela Editores, México DF, 1996.
3) Véase apartado donde se refiere
la vida profesional del columnista en Omar Raúl
Martínez, Manuel Buendía en la trinchera
periodística, FMB/Universidad de Xalapa,
México DF, 1999.
4) Ibid.
5) Zabludovsky, Jacobo, “¿Columnismo
o Calumnismo?” en Siempre!, 13 de diciembre
de 1978.
6) Ibid.
7) Mora Listerio, “Los columnistas
políticos”, en Siempre!, 20 de
septiembre de 1978.
8) Martínez de la Vega, Francisco,
“Un hombre, una huella, un ejemplo”, en
Los días de Manuel Buendía, Editorial
Océano/Fundación Manuel Buendía,
México DF, 1984.
9) Véase “Ideario”,
en Omar Raúl Martínez, op. cit.
10) Véase la selección
temática de columnas que aparece en el libro
Manuel Buendía en la trinchera periodística.
De acuerdo con Ángel Buendía, su hermano
eligió como temas a los enemigos más grandes
de México. Y sostiene: “Es triste reconocer
que desde tu partida se han hecho realidad todos los
augurios que siempre advertiste en ‘Red Privada’.
[...] Nos advertiste de la insaciable voracidad del
gobierno de Washington, del peligro que representaba
para México el avance de la ultraderecha, y del
riesgo que implicaban las redes del narcotráfico.
[...] Por no hacerte caso, esos tres problemas encauzan
hoy el destino de México. Manuel, tú fuiste
grande porque escogiste para luchar por México
a los enemigos más grandes que tiene nuestro
país”. “Carta a Manuel Buendía”,
en Revista Mexicana de Comunicación núm.
44, mayo-julio de 1996, p. 10.
11) Revísese Buendía,
Manuel, Ejercicio Periodístico, Fundación
Manuel Buendía/Gobierno del estado de Puebla,
México DF, 2003.
12) Véase Hinojosa, Óscar,
“Manuel Buendía: se extrañan sus
columnas” en Revista Mexicana de Comunicación
núm. 44 mayo-julio de 1996, p. 11. Según
analistas internacionales, y en particular de la extinta
URSS, el autor de “Red Privada” era el periodista
mexicano que mejor informado estaba en torno a la CIA.
13) Véanse subcapítulos
con la selección temática de columnas
que aparecen en el libro Manuel Buendía en la
trinchera periodística, op. cit.
14) Ibid.
15) García Ibarra, Abraham,
“Buendía, el clero y la antihistoria”,
prólogo a La Santa Madre, Océano/Fundación
Manuel Buendía, México DF, 1985, pp. 285.
16) Véase Buendía, Manuel,
Los petroleros, Océano y Fundación
Manuel Buendía, México DF, 1989, pp. 312.
17) Cárdenas Cruz, Francisco,
Prólogo a Los Petroleros, op. cit.
18) Véase en la obra periodística
seleccionada de Manuel Buendía que aparece en
Manuel Buendía en la trinchera periodística,
los subcapítulos “De la cúpula empresarial”
y “Fascismo y ultraderecha”; y en el intitulado
“Latinoamérica y Estados Unidos”,
léanse las columnas “Carta a dos niños”
y “Argentina, Brasil, Uruguay”.
19) Ramírez, Carlos, Documento
interno del archivo de la Fundación Manuel Buendía
(FMB). Véase también Alan Riding, Vecinos
distantes, Joaquín Mortiz/Planeta, México
DF, 1985, p. 133.
20) Monsiváis, Carlos, “Manuel
Buendía: la lucha contra los ‘poderes invisibles’,
en Los días de Manuel Buendía,
op. cit.
21) En este mismo volumen, léase
el capítulo “Ideario”, en donde se
esboza, entre otras cosas, la postura política
de Manuel Buendía.
22) Pacheco, José Emilio, “Un
testamento periodístico de Manuel Buendía”,
en Los días de Manuel Buendía,
op. cit.
23) Véase Buendía, Manuel,
La CIA en México, Océano/Fundación
Manuel Buendía, México DF, 1984.
24) Campbell, Federico, La invención
del poder, Aguilar Nuevo Siglo, México DF,
1994.
25) Rodríguez, Antonio, “Periodismo
ejemplar”, en Diario de México,
6 de junio de 1977, p. 3.
26) Tomado de Ortiz Reyna, Manuel
Buendía: un estilo, un compromiso, Tesis
profesional de la FCPyS de la UNAM, México DF,
1988.
27) Léase columna “Anticonceptivos:
la Iglesia, ¿si?”, que se reproduce en
Manuel Buendía, La santa Madre, op.
cit.
28) Entre tales obstáculos que
no siempre pudo librar, estaban los compromisos de los
medios, las limitaciones económicas y el poco
respeto al derecho a la información por parte
de altos políticos y funcionarios. De acuerdo
con el periodista panameño Tomás Cabal,
en Guatemala y México “han muerto más
periodistas que en ningún otro lado, y es donde
más difícil resulta investigar sobre corrupción
gubernamental, el narcotráfico o la policía”.
Palabras expresadas durante el seminario “Periodismo
de investigación y corrupción”,
celebrado en México DF en abril de 1994.
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