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Un
recuerdo desde las aulas
Los
primeros teclazos con Buendía
Juan
Bautista
Tomado de: Revista Mexicana de Comunicación,
Núm. 86, abril - mayo 2004.
El periodismo es un asunto serio. No se puede jugar
con el interés público. Quien decida emprender
esta fascinante y responsable profesión, debe
pensarlo más de dos veces.
Éste
fue uno de los primeros consejos que recibí del
maestro Manuel Buendía, hace más de 20
años, en su Mexican Intelligence Agency (MIA),
como le gustaba nombrar a sus oficinas situadas en avenida
Insurgentes 58, en la Ciudad de México.
De
trato afable, escrupuloso, lenguaje fino y preciso,
Buendía sometía a sus posibles alumnos
de séptimo semestre de la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales de la UNAM, a un examen
general de conocimientos. Ya en clases, combinaba la
teoría con ejercicios periodísticos: crónicas
urbanas, entrevistas a los personajes de la colonia,
artículos sobre un tema de interés nacional,
la nota de la semana, reportajes, hasta llegar a las
prácticas profesionales. Entonces, enviaba a
sus discípulos a un periódico o agencia
informativa, previo acuerdo con uno de los directivos,
para que le asignaran alguna fuente con el reportero
titular.
La
misión consistía en elaborar las notas
de la orden de trabajo de ese periodo. El jefe de información
en turno las revisaba, el reportero acompañante
daba un comentario sobre el trabajo del estudiante,
y finalmente el director del diario o de la agencia,
en un sobre lacrado, le enviaba una nota a Don Manuel,
quien decidía la calificación a partir
de la información aportada por esos personajes.
El maestro tenía un particular método
para calificar. Decía:
La escala va de diez a cero y de cero a diez. Así,
quien obtenga cero, apenas se dará cuenta que
es apto para este oficio; quien alcance tres, podrá
empezar en serio a cultivarse. De todas maneras en la
escala tradicional de calificaciones estaría
reprobado.
En
sus clases de los viernes, allá en 1983, Buendía
destacaba la necesidad de una preparación sólida,
constante y actualizada:
Es como todas las profesiones: día a día,
el conocimiento sobre un tema determinado avanza, no
se puede estancar y es necesario, entonces, que el periodista,
el comunicador, tenga las herramientas para poder salir
adelante en una profesión que demanda un conocimiento
particular, y en ocasiones especializado.
Entre
sus recomendaciones están:
Realizar buenas lecturas, interesarse por el séptimo
arte, leer todos los días tres o cuatro periódicos;
analizar los temas. No sólo basta con escuchar
las noticias por radio y televisión: hay que
clasificarlas, darles seguimiento y ensayar las distintas
redacciones hasta sentirse satisfecho. Estos serían
los primeros pasos antes de iniciarse en el oficio de
esta alta y responsable, amable y veleidosa, entregada
y riesgosa profesión.
Fueron
clases plenas de consejos y de práctica durante
más de dos años, entre 1982 y 1984. El
maestro Buendía solía repetir una fórmula
que hizo muy suya a los largo de su vida profesional:
1) Todo aquel que quiera dedicarse al periodismo,
primero deberá demostrarse a sí mismo
que es apto o al menos tiene cualidades para adentrarse
en este fascinante mundo.
2) Además de contar con una amplia cultura, tendrá
que cuidar su preparación académica y
profesional.
3) Cuidará cotidianamente la práctica
de su escritura, hasta que con palabras sencillas y
frases acabadas reconfirme que sí puede contar
una historia, porque el periodismo se trata de eso:
de contar historias bien sustentadas y sin soslayar
el análisis.
4) Crear su archivo personal de los temas que más
le interesen o, según sea el caso, le soliciten
en el medio que lo contrató.
5) Integrar una amplia red de información, de
fuentes directas, institucionales, especializadas o
simple y llanamente de informantes.
Con estos sencillos pasos, decía Don Manuel,
“lo que viene, las misiones que tienen por delante
serán más sencillas: estarán mejor
preparados para la vida y a donde los lleve el periodismo”.
Una
vertiente sobre la cual acostumbraba profundizar era
el estilo:
Como en el box o en los toros, una vez que usted
tiene todos los elementos para competir, ahora viene
el asunto del pulimento. Es como en el diamante: para
llegar a ser un real diamante, expuesto en los mejores
escaparates, pasó antes por un tratamiento natural,
que tal vez duró siglos, para después
ser rescatado de las entrañas de la naturaleza
y sometido a un delicado y largo tratamiento técnico,
donde se pulió y después se diseñó
según el corte. Así es el periodismo:
no sólo es información bruta, también
supone estilo que refleja al mismo tiempo la cultura
y hasta la forma de ser del periodista.
En
la última parte de nuestros encuentros, ya incluso
iniciado 1984, Buendía llegó a establecer
la necesidad de modificar la currícula escolar
en todas las carreras de periodismo y comunicación.
Decía:
Nuestro país necesita comunicadores sociales
y no sólo la formación de reporteros y
otras especialidades técnicas. Cada vez somos
más habitantes y se lee menos. De ahí
la necesidad de capacitar a los jóvenes en materia
de comunicación social dentro de sindicatos,
organizaciones sociales y políticas, a fin de
que tengan el conocimiento para elaborar políticas
públicas de comunicación en radio y televisión,
incluso llegar a la autogestión.
México
hoy registra un faltante en ese terreno, y constituye
un compromiso pendiente. Entre más informada
esté una sociedad, mejor sabrá defender
sus derechos. Y si nosotros hacemos bien nuestro trabajo,
cumplimos cabalmente con nuestra responsabilidad social.
A
más de 20 años del primer encuentro en
las aulas, tengo muy presente sus palabras. Espero sirvan
estas breves notas a quienes piensen fincar un camino
periodístico y recuperen algunos consejos de
quien siempre pensó más allá de
lo inmediato.
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