Análisis
del seguimiento contra la libertad de
expresión
Omar
Raúl Martínez
Director de Revista Mexicana de Comunicación,
presidente de la Fundación Manuel
Buendía
y profesor de periodismo en la FES Acatlán
de la UNAM.
Si algo queda claro de los actos contra
periodistas y medios de comunicación
en México durante 2007, es que
el clima de agresiones, acecho, presiones
e intimidación no sólo
se mantiene sino que ahora sale a flote
otro ingrediente que viene a enrarecer
el escenario: más de la quinta
parte de esos incidentes cobija su autoría
en el anonimato.
En otras palabras: frente
a la de por sí grave impunidad
que reina en materia de libertad de
expresión, hoy se suma el dato
que refiere que en 23% de los casos
registrados en 2007 se desconoce a los
presuntos o seguros responsables, la
cifra más elevada que se recuerde
en tal rubro en la última década.
Ciertamente preocupa
que, en el reciente cuatrienio, se mantenga
la tendencia de los actos públicos
o embozados a periodistas y entidades
mediáticas, pero ante ello no
puede dejarse de lado que el renglón
de “desconocidos” encabece
la lista de presuntos autores intelectuales
o materiales de los actos contra las
libertades informativas. Porque ello
evidencia a todas luces que la forma
embozada de coartar el libre ejercicio
del periodismo empieza a ganar mayor
recurrencia, y porque paralelamente
supone la omisión, inacción
o ineficacia de la procuración
de justicia.
La anterior es una línea
de interpretación que salta a
la vista en el presente análisis,
realizado por la Fundación Manuel
Buendía AC y Libertad de Información
México AC, con el apoyo de otros
organismos civiles, que pretende ofrecer
las coordenadas mínimas para
entender cómo y bajo qué
condiciones y obstáculos se ejercieron
en nuestro país las libertades
de expresión e información
durante 2007.
Perspectiva
global
De acuerdo con nuestro
monitoreo, se registraron 113 casos
en 2007. De tal universo, la mayor parte
(86.7%) correspondieron a ataques públicos
o embozados: 75.2% a periodistas y 11.5%
a medios. El restante 13.3% lo constituyeron
hechos que pudieran significar inhibición
o presiones al quehacer informativo
en general. (Véase, en esta misma
edición, la metodología
aplicada para el presente análisis).
Los incidentes con mayor
recurrencia fueron las amenazas e intimidaciones,
con 30.1%, y las agresiones físicas,
con 24.8%. Con menores cuantías
figuran los atentados (8%), las detenciones
(5.3%), los asesinatos (4.4%) y los
actos de censura (4.4%).
Así, pues, 2007 fue un periodo
sin duda violento no sólo por
lo que muestran estos datos, sino además
porque hubo cinco asesinatos y cuatro
desapariciones de periodistas.
Los impresos continúan
siendo los medios que más agresiones
y amenazas reciben (62.8%), específicamente
al momento de ejercer su labor informativa
(31.9%) y por sus contenidos publicados
(26.5%).
Pero lo que inquieta
y llama particularmente la atención
es lo que arroja el seguimiento de los
presuntos responsables: de acuerdo con
las fuentes hemerográficas y
documentales consultadas, 23% de los
casos se atribuyen a “desconocidos”
y 8.8% a “supuestos narcotraficantes”.
Ello, desde luego, no impide resaltar
que el Poder Público continúa
a la cabeza, con 49% de incidencias,
como principal actor que vulnera las
libertades informativas, al englobar
fuerzas del orden (22.1%), funcionarios
de gobierno (21.2%) e intituciones gubernamentales
(6.2%).
Sólo
periodistas
Como antes se refería,
del universo de casos consignados (113),
86.7% correspondieron a periodistas
y 13.3% a medios de comunicación
en general (es decir, no se dirigieron
a una persona específica).
De los 98 incidentes
contra informadores, 31.6% fueron amenazas
y actos de intimidación, 28.6%
agresiones físicas, y le siguen
atentados (6.1%), asesinatos (5.1%),
desapariciones (4.1%), entre otros.
De los 98 casos referidos,
23 fueron contra reporteros, 13 contra
profesionales de la lente (fotógrafos
y camarógrafos), 12 contra corresponsales
y 11 contra directores, entre varios
más, lo cual patentiza el afán
de algunos actores políticos
o sociales o del crimen organizado por
inhibir el trabajo periodístico
al momento de cubrir la información
(36.7%) y por contenidos ya publicados
(26.5%). A este respecto conviene subrayar
que los periodistas con mayores presiones,
golpes y amenazas fueron los adscritos
a las fuentes policíaca (38.8%),
política (33.7%) y de información
general (15.3%).
Al analizar la procedencia
de los actos contra periodistas, es
posible advertir que si bien el Distrito
Federal encabeza la lista con 12.2%
de incidencias, estados como Oaxaca
(10.2%), Chiapas (7.1%), así
como Guerrero, Hidalgo, Puebla, Sonora
y Tamaulipas (cada uno con 6.1%), como
en años anteriores, continúan
apareciendo en los primeros lugares.
En los últimos
dos años, especialmente destacan
Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Sonora y
Puebla, por las circunstancias adversas
impuestas desde las esferas de gobierno,
aunque no pueden desdeñarse las
amenazas y presiones de los cárteles
del narcotráfico en el norte
del país que suelen presentarse
en entidades como Baja California y
Tamaulipas.
Sólo
medios de comunicación
De los 15 casos consignados
contra medios de comunicación
en 2007, 13 correspondieron a ataques
públicos o embozados. De éstos
últimos, 3 fueron amenazas e
intimidaciones, 3 atentados, 2 actos
de censura, 2 tomas de señal,
bloqueo informativo, 1 confiscación
y 1 robo. Por lo que se refiere a actos
inhibitorios, pudieron anotarse dos:
un bloqueo publicitario y un cierre
temporal o clausura.
Cuatro de tales actos
se presentaron debido a los contenidos
difundidos, otros 4 por posibles contenidos,
y de 3 se desconocen los presuntos motivos.
La mayor parte de los
incidentes enfocados a los medios ocurrieron
a los impresos (60%) y 33.3% a la radio.
Y en el rubro de la procedencia destacan
Sonora (26.7%), Distrito Federal (20%)
y Guerrero (20%).
Tablas
de contingencia
Al profundizar en el
análisis con el cruce de variables
registradas, podemos detectar interesantes
tendencias inevitables de soslayar,
por ejemplo: que es en la fuente política
donde los reporteros reciben el mayor
porcentaje de amenazas e intimidaciones
(12.2%); que las fuerzas del orden son
las que infligen el mayor número
de agresiones físicas (11.2%);
que entre los ataques públicos
o embozados a periodistas, destacan
las amenazas e intimidaciones (31.6%)
y las agresiones físicas (28.6%);
que en la fuente policíaca, las
fuerzas del orden suelen ser los principales
presuntos responsables (22.4%); que
supuestos narcotraficantes, funcionarios
de gobierno y personas anónimas
se reparten en iguales porcentajes (20%
cada cual) la presunta responsabilidad
de los actos contra medios de comunicación;
y que, de todos los medios, la prensa
concentra el mayor número de
amenazas (21.4%).
Palabras
finales
Si
bien resulta fundamental prender los
focos rojos en torno a la violencia
desatada contra periodistas y medios
de comunicación, no pueden minimizarse
de ninguna manera los actos que pudieran
significar o presiones al ejercicio
periodístico porque éstos
no sólo tienden a inducir a la
autocensura del medio afectado, sino
que a la postre lanzan una señal
de inhibición al resto de los
medios informativos. A ese respecto
vale la pena referir el caso del El
Sur de Acapulco que se erige hoy
en un caso paradigmático de los
artilugios del poder político
para imponer mecanismos indirectos de
censura al quehacer periodístico,
tales como demandas, boicot publicitario,
presiones fiscales, cerrazón
informativa...
El tema de la libertad de expresión,
pues, no se limita a las agresiones
a informadores, ya que existen otros
linderos menos aparatosos pero que igual
o mayor daño infligen al sistema
democrático: por ejemplo, la
concentración en materia de medios
electrónicos y telecomunicaciones,
y la discrecional y parcial asignación
publicitaria.
La
inmovilidad legislativa en tales terrenos
sientan tierra fértil para la
“represión silenciosa”
hacia algunos medios y espacios informativos
que no se pliegan a los intereses de
los poderes económicos y políticos.
El estimular la pluralidad en los espacios
de difusión informativa y de
análisis, también es un
asunto del Poder Legislativo.
El
artículo anterior se debe de
citar de la siguiente forma:
Martínez,
Omar Raúl, "Análisis
del seguimiento contra la libertad de
expresión en México",
en Informe Buendía: Análisis
hemerográfico y documental sobre
actos contra la libertad
de expresión en México,
edición de marzo, México,
2008.