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CRESTOMATIA



Apóstoles de la telecracia
Miguel Ángel Granados Chapa

Vincular a los medios con las Pymes
Eduardo Torreblanca Jacques


La radio y lo social
Mario Luis Fuentes

La radio, retos y convergencia
Jorge Álvarez Hoth


La manera incorrecta de proteger la privacidad en línea
Economist Intelligence Unit


De poder a “poder”
Demetrio Sodi de la Tijera


¿Apóstol o mercenario de la información?
Carolina Rocha Menocal


Prensa: contener la impunidad
Editorial


Gobierno y medios
León Bendesky


Prohibido prohibir
Felipe Díaz Garza


Provocación de TV Azteca al Congreso
Guillermo Knochenhauer


La mediocracia también llora
Luis Hernández Navarro

Las torpes embestidas mediáticas
Luis Linares Zapata

Ley de medios: “as bajo la manga”
Ricardo Alemán

Libertad de expresión y derecho al honor
Jaime Cárdenas

Medios públicos subastados
Víctor Roura

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Apóstoles de la telecracia
Por: Miguel Ángel Granados Chapa

El senador Gustavo E. Madero empezó a cumplir la encomienda que, en lo inmediato, motivó su designación al frente de los legisladores panistas en Xiconténcatl. La semana pasada estaba lista para ser aprobada en el periodo de sesiones extraordinarias del Congreso una reforma a la Ley de Radio y Televisión en materia electoral, iniciada por un miembro de esa bancada, Ricardo García Cervantes. Pero el nuevo coordinador decidió frenarla, en beneficio principalmente del duopolio televisivo.

El proyecto de García Cervantes consiste en establecer una sanción extrema para los concesionarios relapsos en el cumplimiento de la legislación electoral. La reforma constitucional aprobada el año pasado, y que (hoy vemos que ilusamente) fue aclamada como un grito de libertad de políticos frente a los poderes de hecho, impone a quienes manejan la radio y televisión obligaciones de hacer o no hacer. No pueden admitir propaganda política y electoral pagada, y deben en cambio transmitir los mensajes de los partidos que les presente el Instituto Federal Electoral. García Cervantes propuso que quienes desacataran repetidamente esas disposiciones quedaran en riesgo de perder la concesión.

La sanción extrema no debía provocar temor en ningún concesionario dispuesto a cumplir la ley. Pero sí, en cambio, a quienes han manifestado su oposición a acatarla (como TV Azteca) y a quienes transmiten propaganda y apenas la disfrazan para hacerla aparecer como información (tal como Televisa hace todas las noches con las notas en que el gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, es protagonista). Por ello esos concesionarios ejercieron su poder, para alejar de sí el fantasma de una sanción suficientemente fuerte como para disuadirlos de infringir la norma.

Al presentar ese proyecto García Cervantes fue congruente con la posición que tomó el año pasado ante la Suprema Corte, durante las audiencias previas a la declaración de inconstitucionalidad de la Ley Televisa. Dijo entonces que tras la resolución judicial el Congreso tendría que hacer su parte en la modificación de las normas que rigen a la radio y la televisión. El senado mismo pareció transitar en esa dirección cuando constituyó un grupo de trabajo ex profeso, que presentó un libro blanco sobre el tema, materia prima para la nueva ley de medios, en que se resumirían los ajustes legales necesarios tras la sentencia de la Corte y los avances que es preciso lograr en congruencia con la decisión judicial.

Ref, Opinión P.9 (25/Jun/08)

Vincular a los medios con las Pymes
Por: Eduardo Torreblanca Jacques

El reto es ir más allá del mensaje publicitario concedido a las Pymes y los productos de su esfuerzo; los medios pueden también promover la actividad económica de las Mipymes, y con ello garantizar que el mercado interno sea más fuerte, que se genere más empleo y que la economía crezca.

Universo Pyme articula la primera experiencia que, apoyada por el fondo Pyme, permite dar expresión comercial a las empresas de menor tamaño en los medios masivos electrónicos.

En la “economía real” existen cuatro millones de empresas legales que caben dentro de la clasificación Mipymes.
La mayoría desconoce cuales son los beneficios de la política publica hacia ellas. No conocen de iniciativa, los organismos públicos o los alcances de la política publica en muchos ramos de oportunidad.

PYMES a pesar de que nacieron chiquitas y a pesar de que han crecido, con relación a su potencial siguen siendo muy pequeñas. Pero también están las post-incubadas, empresas que tienen ya una idea mas o menos clara de lo que trata el negocio, pero no cuentan con servicios para consolidarse y una preparación previa al proceso de aceleración.

Pymes que se conviertan en empresas profesionales. Empresas que conozcan cual es su oferta de valor, donde esta su mercado y que pueden ofrecer que les de una diferenciación respecto a su competencia nacional o internacional.

Hay empresas que incluso en procesos de aceleración han sido capaces de crecer 10 por ciento mensual gracias a explotar de manera eficiente sus potenciales.

Fin, Economía P.14


La radio y lo social
Mario Luis Fuentes

Las sociedades contemporáneas cuentan con distintos instrumentos para fortalecer sus identidades, reconocer sus diferencias y defenderlas, generar nuevas formas de educar y de formar capacidades cívicas y ciudadanas y llegar a auditorios masivos y difundir información de utilidad pública.

La aparición de la televisión y otros medios electrónicos no ha restado ni eficacia ni presencia a la radio y, por ello, es preciso que hoy las empresas radiofónicas puedan contribuir a construir mayores capacidades ciudadanas para la cohesión social, la solidaridad, la cooperación y, sobre todo, la construcción de un diálogo nacional que, en las circunstancias de pobreza y desigualdad que vivimos, es urgente para mejorar nuestras condiciones de vida.

La formación de verdaderas escuelas y formas de hacer radio en México ha derivado diversas veces en la formación de redes ciudadanas que permiten resolver o aligerar algunos de los problemas de nuestra vida cotidiana. Así, el surgimiento de nuevos grupos radiofónicos y la consolidación de otros es importante en aras de generar más pluralidad y una mayor apertura de oportunidades de información de calidad y con facilidades para todas las personas.

La reciente creación de Grupo Imagen, por ejemplo, ha abierto el abanico de posibilidades en el espectro radiofónico y, la decisión de apoyar proyectos como el “México social”, de todos los martes en el espacio de Pedro Ferriz de Con en el 90.5 del FM, ha generado una nueva oportunidad para debatir en torno a la que es quizá la mayor agenda pendiente que tenemos en nuestro país: la de la pobreza, la desigualdad y el desgaste y la fractura que estos problemas constituyen para lo social en México.

Destaca también, en esa lógica, el esfuerzo anunciado esta semana, mediante el cual se creará la Fundación ACIR, cuyos propósitos básicos son contribuir, a base de un esfuerzo radiofónico sin precedentes, al fortalecimiento de la educación y de los valores nacionales, el apoyo a proyectos sustentables de la sociedad civil, así como el rescate del patrimonio histórico y cultural de México.

La radio, al igual que otros medios masivos de comunicación, es un espacio que puede y debe fortalecer sus capacidades para encontrar coincidencias y oportunidades con miras a la unidad nacional, para cumplir con la función pedagógica que le marca la ley y continuar defendiendo la libertad de expresión, la consolidación del pluralismo y, sin duda, la generación de una sociedad cada vez más democrática y abierta.


Tomado de Excelsior, Nacional P.20 (11/Febrero/08)

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La radio, retos y convergencia
Jorge Álvarez Hoth

Existen 16 grupos de radio en el país, además del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) y los independientes, todos ellos con un reto desde su posición de arranque hacia la convergencia, las nuevas tecnologías y la consolidación que ya es inevitable.

Su cobertura de la población varía por grupo y va desde más de 80 millones de radioescuchas, los más grandes, hasta de dos a tres millones, los más pequeños. Los independientes sumados alcanzan a toda la población y el IMER sigue en su esfuerzo por hacer sentido, cargando a cuesta un diseño que no lo tiene.

El porcentaje del pay publicitario que tienen conjuntamente es de menos de 25% de la publicidad que se vende en el país y sus ventas alcanzan, con esfuerzo, algo más que 800 millones de dólares, entre todos, lo que, si se compara con la venta de publicidad que logra la televisión por más de dos mil 500 millones de dólares, que participa con arriba de 70% del total de los tres mil 500 millones de dólares que se venden en el país, muestra que el camino es sinuoso y lleno de retos para la industria de la radio, de mantenerse la situación imperante.

Ante esta situación y no obstante la corriente que hoy impera en México, producto de aquella visión de corto alcance de que es mejor tener muchos chiquitos que pocos grandotes, la única solución para hacer frente a la convergencia, la entrada de nuevas tecnologías (radio digital) y competir con éxito por la rentabilidad que se hará cada día más compleja, dada la entrada de medios alternativos, es la consolidación, las fusiones y la multimedia.

El reto fundamental de la radio en el esquema actual se centra en la capacidad de acordar e institucionalizar sus operaciones conformando nuevos grupos radiofónicos de mayor tamaño, que logren ventas por arriba de los 200 millones de dólares y tengan presupuesto para realizar inversiones en su modernización y complementación en nuevas áreas de negocio alternativas.

Las autoridades del sector, dondequiera que se diga que están las facultades, deben facilitarles la tarea como una medida de política pública, porque el país merece seguir teniendo una radio de calidad en español como de la que hoy disfruta. Esperemos que pronto definan el estándar de tecnología digital y al hacerlo tomen en cuenta el cruce transfronterizo de señales con el país del norte, pues existe esta agenda pendiente y no queda mucho tiempo.

Tomado de Excelsior, Nacional P.21 (13/Dic/07)

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La manera incorrecta de proteger la privacidad en línea 
Economist Intelligence Unit

Las empresas de publicidad por Internet quieren rastrear los instintos secretos que revelamos en línea, y usarlos para vendernos sus productos. Así pasa en Estados Unidos, después de todo. Pero ahora, de pronto, queremos que los gobiernos nos protejan de su entrometimiento en línea: grupos de consumidores estadunidenses exigen una lista de “no rastrear” que permita que los cibernautas de ese país demanden a las empresas de Internet que espíen lo que hacemos en línea. Pero deberíamos ser cuidadosos con lo que deseamos.

La semana pasada, durante una audiencia en Washington DC, los “abogados de la intimidad” cabildearon en la Comisión Federal Comercial para que se proporcionen a los consumidores los instrumentos para luchar contra la denominada publicidad conductual: anuncios generados con base en la manera en que navegamos por la Internet y que se adaptan a nuestros intereses personales.

El simple hecho de que la tecnología pueda horadar nuestro precioso anonimato no significa que nuestra intimidad haya sido sacrificada de manera irrevocable a los dioses del ciberespacio: los publicistas pueden ser capaces de rastrear lo que hago en línea, pero no están configurados de manera adecuada para chismear de ello con los vecinos. Yo preferiría que me espiara una computadora y no la solterona de al lado.

Los cibernautas más jóvenes pueden valorar la intimidad aún menos que yo: el usuario MySpacer o Facebooker promedio puede pensar que tiene menos que perder o proteger en línea que aquellos de nosotros que recordamos un mundo sin correo electrónico. A juzgar por la cantidad de delicados datos personales que ponen en línea, la intimidad es un valor de la generación de sus padres. Los jóvenes poseen los conocimientos tecnológicos para proteger su intimidad en línea: bloqueando cookies (etiquetas de rastreo que favorecen la publicidad conductual), o visitando sitios web que pueden bloquear la publicidad de ese tipo. Pero no se parecen a nosotros: si no protegen su privacidad en línea no es porque sean incapaces de hacerlo, sino porque no les preocupa demasiado. ¿Quiénes somos nosotros para decirles que están equivocados?

Los publicistas por Internet señalan, sin duda correctamente, que si no pueden bombardearnos con anuncios relevantes basados en nuestro modelo de comportamiento por Internet, tendrán que bombardearnos con un diluvio de anuncios que la mayor parte de nosotros considera superfluos. Es difícil apreciar cómo el cibernauta promedio se beneficiaría de ese mercantilismo indiscriminado.

Desde los inicios del comercio, los vendedores conocían nuestras preferencias y hacían sus negocios en consecuencia. Durante años, el personal de limpieza, el carnicero o el tendero han sabido nuestros secretos más profundos: féculas pesadas y no ligeras, uvas rojas y no blancas, mejor T bone que fajitas New York. Los sitios web pueden recabar y almacenar más información que el tintorero del vecindario, el carnicero o el tendero –pero a ellos no les importa tanto. Y si no nos gusta la forma en la que tratan nuestra privacidad, hay muchas alternativas: en el viejo mundo, el carnicero del vecindario pudo haber sido la única fuente práctica de carne. Pero eso no sucede en un mundo donde se puede ordenar filetes por Internet para que lleguen por correo.

La intimidad ha entrado en una nueva era, pero aquellos de nosotros que nos preocupamos por eso podemos hallar los instrumentos para protegernos, incluso en línea. Es difícil creer que un registro de “no rastreo” protegerá la privacidad de aquellos que no comprenden aún de qué se trata.

Tomado de La Jornada, Economía (4/Dic/07)

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De poder a “poder”
Demetrio Sodi de la Tijera

Una vez que se han enfriado los ánimos sobre la reforma electoral, los medios de comunicación y los comunicadores deberían poner los pies sobre la tierra y reflexionar con serenidad qué fue lo que realmente sucedió.

Más allá de que desde hace muchos años existe un serio cuestionamiento sobre el hecho de que en gran parte de los recursos públicos que se gastan en los procesos electorales terminan en las tesorerías de las empresas de medios de comunicación, especialmente la televisión, y por lo tanto era necesario ahorrar ese dinero y poner los tiempos oficiales a disposición de partidos y candidatos, con la aprobación de la reforma electoral el Poder Legislativo demostró que es un auténtico poder, y que los medios de comunicación y comunicadores, por mucha fuerza que tenga, no los son.

Desde hace varios años, los medios, y muchos comunicadores, han creído que son un auténtico poder, y que tienen la capacidad de intimar a los legisladores y parar cualquier ley que no les convenga a sus intereses. Muchos medios y comunicadores se han pasado de la raya, como Televisión Azteca, y han usado su fuerza para amenazar a legisladores, boicotear leyes y desprestigiar candidatos y funcionarios.

Siempre he estado convencido que los medios de comunicación no son, como se dice, un cuarto poder, tienen sin duda una gran influencia en la opinión pública y pueden impulsar o afectar la imagen de un gobierno a favor del país y la gente.

Hay que recordar la respuesta del Tigre Azcárraga cuando de le decía que era un auténtico cuarto poder: “Soy sólo un soldado del Presidente”.

Desgraciadamente, la mayor parte de los medios de comunicación y comunicadores lo han olvidado. Los medios deben estar al servicio del país, antes como soldados del Presidente, ahora como soldados de los poderes e instituciones nacionales.

Los medios de comunicación deben propiciar la integración y consolidación de nuestro sistema político y no la confrontación y desprestigio.

Estoy convencido que los medios de comunicación jugaron un papel fundamental en la transición democrática del país, pero creo que en los últimos años varios de ellos, y en especial ciertos comunicadores, han perdido el piso, y creen ser la conciencia de la nación y la voz de los ciudadanos, y creen tener la capacidad de juzgar, confrontar y desprestigiar impunemente a todo mundo, en especial a políticos y funcionarios.

Tomado de El Universal Opinión P.24 (22/Octubre/07)

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¿Apóstol o mercenario de la información?
Carolina Rocha Menocal

Un individuo tiene a la transparencia mexicana prácticamente a sus pies. Su nombre es José Luis Moyá Moyá y nadie en el país acapara los servicios del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) como él.

En promedio, uno de cada 18 asuntos discutidos en el pleno del órgano de Transparencia es promovido por este hombre, quien probablemente sea el desconocido más informado de México.

Quiénes han sido afectados por sus investigaciones y hasta los que han recurrido a él para afectar a enemigos políticos lo acusan de ser un mercenario de la información o una arma de doble filo.

En el IFAI, en contraste, se reconoce su papel como propulsor de la transparencia, pues “ha generado hallazgos y avances importantes”, indica el comisionado Juan Pablo Guerrero.

Sus pesquisas han coronado las primeras planas de medios masivos de comunicación. El escándalo de las tangas de Próvida, los antecedentes penales de Andrés Manuel López Obrador, los detalles del accidente aéreo de Ramón Martín Huerta, ex secretario de Seguridad Pública, y la compra a sobreprecio de chalecos antibalas por parte de la policía capitalina son ejemplo de indagatorias emprendidas por Moyá Moyá y publicadas en las primeras planas de medios impresos, sin que se le atribuya el crédito.

Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Octavio Romero, ex oficial mayor del GDF, Alejandro Gertz Manero, ex secretario de Seguridad pública local y federal, están entre los múltiples ex funcionarios capitalinos que han sido objeto de denuncias impulsadas por Moyá.

Su más reciente desencuentro con la justicia fue por una denuncia de extorsión interpuesta por Isabel Miranda Wallace en contra suya. Moyá Moyá, se lee en la demanda, le pidió 250 mil dólares a cambio de no revelar que su hijo, Mario Alberto, desaparecido desde 2005, sostenía comunicaciones con ella.

Tomado de El Universal, México P.17 (22/Oct/07)

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Prensa: contener la impunidad
Editorial

De los nueve asesinatos de periodistas ocurridos en los últimos meses, cinco se cometieron en México de acuerdo al puntual registro que lleva la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP9. contener la impunidad en estos crímenes, situación que venturosamente ya se registra, debe coronarse con federalizar los delitos contra la libertad de expresión; ello no debe entenderse como la búsqueda de proteger la función de los informadores, sino de la democracia misma.

La estadística de los decesos de periodistas sólo es una parte del informe presentado por la Comisión de Libertad de Prensa en la sexagésima tercera asamblea de la SIP, que observa amenazas para el ejercicio del periodismo en el continente no sólo en lo que respecta a independencia de los medios de comunicación, como en su opinión ocurre en Venezuela. Hay luces rojas también en Ecuador y Bolivia, y en Colombia proliferan las intimidaciones.

Periódicamente, la SIP denuncia los casos más graves de la represión, que son los homicidios. Los sicarios no solamente suprimen la vida de los periodistas y afectan a sus familias, sino que buscan silenciar a la sociedad. En el silencio, quienes ganan son los que apuestan al crimen. Prenden que sus patrones, capos, traficantes de personas, armas, drogas o políticos venales, sean intocables.

En la frontera norte de México, periódicos han anunciado ya su decisión de no publicar informaciones sobre crimen organizado. no sólo han sido agredidos, desaparecidos y asesinados periodistas en su plantilla, sino que las propias instalaciones de los diarios han sido objeto de ataques con armas de alto poder y explosivos, como ocurrió en El Mañana de Nuevo Laredo.

Es por ello, como señaló Juan Francisco Ealy Ortiz, en su calidad de presidente de la Comisión de Impunidad de la SIP, hay que reconocer que cuando se esclarece un crimen contra un periodista en América Latina, como se está haciendo venturosamente cada vez más con mayor frecuencia de acuerdo con observadores independientes, se está conteniendo a quienes actuaban al abrigo de la tercera impunidad.

Hay que exigir el esclarecimiento de esos hechos y que se finquen responsabilidades. No se pretenden tratos de privilegio, pero hay que reconocer, como cada vez sucede con mayor fuerza, que matan a quienes tienen como tarea la información es cobijar la opacidad que alienta el delito y el abuso de poder. Cuando se pierde la libertad de expresión ninguna otra libertad es viable.

Tomado de: El Universal, Opinión P.24 (15/Oct/07)

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Gobierno y medios
León Bendesky

La reforma electoral aprobada en el Senado y la discusión sobre la ley de la industria de la radio, televisión y telecomunicaciones que está pendiente muestran esta situación, es decir, las resistencias al cambio por parte de los concesionarios y operadores, así como los acomodos que intenta hacer el gobierno actual.

La reciente celebración de la 49 Semana Nacional de Radio y Televisión en el senado de la cámara de esa industria fue el escenario de la contraposición que está abierta entre los empresarios y el Congreso, y sirvió para exhibir el papel que quiere jugar el gobierno en ella.

El responsable de la política pública en ese sector, el secretario de Comunicaciones y Transportes, no fue sólo conciliador, sino hasta complaciente durante su presentación. Ahí dijo: “Nunca he reconocido que hay monopolios: hay competencia en la industria de la radio y la televisión, la radio es de las más competidas, y el gobierno reconoce el esfuerzo que ha hecho este sector para llevar a los hogares cultura, educación y entretenimiento, y queremos seguir fomentando que eso suceda”.

Hay cuando menos dos cuestiones que valdría la pena esclarecer. La primera tiene que ver con el hecho de que para el gobierno anterior y para el actual no ha sido fácil aclarar el significado de la competencia en el mercado en el caso de las industrias más relevantes como las del sector de los medios electrónicos y de las telecomunicaciones. En ello incide también la visión a veces dogmática que prevalece en la Comisión Federal de Competencia. La discusión se ha dado en el caso de la telefonía y de la Ley del Libro y ahora se repite alrededor de los medios electrónicos de comunicación.

El segundo asunto se asocia con la calidad de la programación de la radio y televisión. La apreciación del secretario parece superficial y poco calificada en ese campo. Pero no es un tema de poca importancia.

La 49 reunión de la industria expuso las contradicciones que hay en esa actividad y, sobre todo, la falta de una política pública clara al respecto. Hay un aspecto tecnológico de la industria que ofreció atender el gobierno. En ese terreno, por ejemplo, la oferta de servicios convergentes de video, voz y datos (el llamado triple play) pone en evidencia el efecto tecnológico que caracteriza el desarrollo del sector y la necesidad de una eficiente regulación.

Tomado de: La Jornada, Economía P.27 (15/Oct/07)

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Prohibido prohibir
Felipe Díaz Garza

Estoy de acuerdo con la parte de la reforma electoral que prohíbe a los candidatos mexicanos y a sus partidos la contratación de espacio publicitario en los medios electrónicos, particularmente y por lo pronto en la televisión y para ser precisos, otra vez particularmente y por lo pronto, en Televisa y TV Azteca. El poder del medio tiene alcances aún insospechados para quienes más que sus usuarios somos sus usados: los teleespectadores.

La credibilidad mecánica de la televisión impone a su audiencia formas y cartabones de conducta que antaño dio la iglesia. La penetración de la televisión anula las viejas estructuras mentales y encauza a su antojo la conducta popular, en el más estricto sentido del término, que se refiere a la conducta de las masas.

Hace medio siglo o más el canadiense Marshall McLuhan predicaba lucidamente sobre la manipulación de la sociedad por los medios, preponderantemente los gráficos (comics) y los audiovisuales (radio, televisión y cine). En los últimos años del siglo pasado Giovanni Sartori, profesor universitario, corrigió y aumentó la tesis del canadiense que proponía que “el medio es el mensaje/el masaje” con su estudio Homo videns. La sociedad teledirigida, que propone que el hombre, que alguna vez fue lo que sabía, es ahora lo que ve.

Según Ángel Vivas, Sartori hace en Homo videns un análisis de la influencia de la televisión y de la cibernética en la sociedad actual. “Intenta dar respuesta a las interrogantes de futuro que plantea el nuevo esquema de comunicación social que se está configurando actualmente. Un sistema donde predominan los individuos solitarios, la comunicación es cada vez menos personal, la televisión se convierte en un vehículo universal de transmisión de información, y aparece un nuevo elemento comunicacional: las redes de comunicación cibernéticas, de las que todavía se desconocen las consecuencias, tanto en la educación como en la intercomunicación de las personas, así como en sus diferentes utilizaciones”.

En tal contexto fue una sabia decisión legislativa sacar a las televisoras, por lo pronto, del juego electoral. Más pronto de lo que suponemos deberemos sacar de ese mismo juego a la internet, en la que la televisión ya se va haciendo refugio y dominio y cuyos efectos son ya visibles, perniciosamente visibles, en la modificación y troquelamiento del comportamiento social, especialmente de los jóvenes, aquí y en el resto del mundo.

Tomado de: Reforma, Opinión P.10 (6/Oct/07)

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Provocación de TV Azteca al Congreso
Guillermo Knochenhauer

La confrontación de concesionarios de radio y televisión con el Congreso a causa de la reforma electoral recién aprobada, entró el miércoles a una etapa de franca provocación de los industriales a los legisladores con la difusión, por TV Azteca, de anuncios denigrantes del Senado.

La esencia plausible de la reforma electoral es que cambió la relación entre los partidos, el dinero y los medios de comunicación.

Se afectaron intereses económicos y de influencia política de los medios electrónicos, cuya reacción se convirtió en un abierto desafío cuando TV Azteca difundió dos anuncios modificando los de la campaña “En el Senado vemos por ti”.

Los anuncios de la televisora incluyen íntegro el del Senado, al que se le agregan freses como: “En TV Azteca sí estamos contigo. Llevas mucho tiempo quejándote del sueldo que pagan los senadores y tienes razón. cada mes, cada uno de ellos nos cuesta 125 mil 998 pesos.

El presidente de la Comisión de Radio y Televisión, Carlos Sotelo, da en el clavo al calificar el espot como “una burda provocación” y opinar que “la televisora puede estar cometiendo una falta al marco jurídico”.

¿Qué estaría persiguiendo TV Azteca con esta provocación? Quizá precipitar una reacción autoritaria del Legislativo. La Ley vigente se lo permitiría a los senadores.

Un desafío sin duda muy grave al Congreso y al estado mexicano por parte de los concesionarios privados de televisión.

Manlio Fabio Beltrones dijo primero que se trataba de un desafío de un poder fáctico a un órgano del Estado. Ayer matizó, al declarar que la junta de coordinación Política formulará un pronunciamiento, aunque adelantó que no ve una acción jurídica, “confío en que las aguas regresen a su nivel y cada quien asuma su responsabilidad”.

Tomado de El Financiero, Opinión P.33 (5/Oct/07)

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La mediocracia también llora
Luis Hernández Navarro


La industria del entretenimiento montó este martes uno de sus más ambiciosos espectáculos en años. Los usufructuarios de concesiones radioeléctricas y algunos de los más destacados personajes de su segmento informativo protagonizaron, el pasado 11 de septiembre, un verdadero reality show en cadena nacional.

En el, asumieron el papel de voceros públicos del interés nacional y de adalides de la libertad de expresión, amenazados, según ellos, por la reforma electoral provista por el Poder Legislativo.

El enfrentamiento entre la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) y el Senado anuncia un nuevo capitulo de la teleguerra sucia. Las lagrimas de cocodrilo que la mediocracia ha derramado lamentando las modificaciones a la Constitución que impiden a los partidos políticos contratar tiempos pagados en medios, y prohíbe a las personas publicas y privadas contratar mensajes en radio y televisión, es prolegómeno de un ajuste de cuentas mucho más grande con la clase política.

El pleito entre conductores, concesionarios y legisladores en cadena nacional es, por principios de cuentas, una disputa por una parte de la renta. En los pasados comicios, los partidos destinaron casi 70 por ciento de los millonarios recursos que recibieron como prerrogativas por parte del Estado para financiar sus campañas, a la contratación de espacios en radio y televisión.

El pasado 11 de septiembre, frente a cámaras de televisión y micrófonos, uno de los conductores televisivos advirtió a los senadores que los políticos profesionales están más desacreditados que sus empresas. La aseveración es cierta. La clase política no disfruta de buena reputación. Junto con la policía, se encuentra en uno de los niveles más bajos de estima ciudadana. Los ciudadanos no tienen confianza en sus representantes.

Hasta ahora, el enorme poderío mediático y cultural de las televisoras y radiodifusoras en México parecía no tener contrapeso. El chantaje de la ley Televisa en la marco contienda electoral de 2006 fue el rubí en la corona de esta fuerza. Una fuerza que se presenta en sociedad como reserva moral de la nación, como un poder al que partidos y políticos deben rendir pleitesía.

La respuesta de la mediocracia ante la reforma electoral parece sacada de una telenovela. Sueña con hacer de la realidad una calca del mundo virtual. Para defender sus intereses específicos, sus ganancias y poder, se disfraza de representación genuina de la ciudadanía, usurpa la voz publica, alerta contra la estatización y habla en nombre de la libertad de expresión. Con el pretexto de defender una reforma electoral de más largo alimento, indudablemente necesaria, apuesta a preservar sus privilegios.

De allí la rabiosa respuesta de radiodifusores. Una ración que recuerda que, parafraseando la telenovela, la mediocracia también llora.

Tomado de La Jornada, Política P.10 (13/Sep/07)

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Las torpes embestidas mediáticas
Luis Linares Zapata

Los medios electrónicos emprendieron una embestida contra el Congreso por demás torpe, aun así, a esta acción, se le enfoca desde el punto de vista de sus masivos intereses. Deseaban y claro esta, aun pretenden, conservar tanto los instrumentos para sus múltiples negociaciones políticas como el enorme caudal de recursos que llega sus arcas.

Pero los medios no fueron solos en la campaña emprendida en defensa de sus intereses, súbitamente colocados ante la posibilidad de ser afectados en los trabajos legislativos. Coordinaron su estrategia con un amplio grupo de críticos, articulistas, académicos e intelectuales de amplio conocimiento publico. Como en toda aventura de este calado, hubo también uno que otro compañero de viaje que lo hizo motu proprio, por individuales creencias, pero que, al final, sirvieron a los mismos propósitos de los medios: mantener y acrecentar sus privilegios.

Durante la batalla mediática han salido a relucir cruciales conceptos y fenómenos de la vida colectiva de la nación: la democracia, la independencia del IFE, el papel de pulcro arbitro desempañado por los consejeros durante la pasada campaña, el fraude de 2006, que, se afirmó con voz en cuello, nadie ha probado. Se blandieron además temas como las afectaciones al cuerpo social o a la ciudadanía por las vengativas remociones planeadas. Pero esto fue secundario, lo imperioso para los medios fue su propia conservación como actuante y efectivo poder fáctico.

Pero esta vez les falló el calculo, les salió contraproducente su embestida. Provocaron dos fenómenos simultáneos. Uno fue crucial, pues obligaron a los legisladores a cerrar filas, a defender lo poco que aun queda de soberanía popular, sustento legitimo del Congreso. Los coordinadores de las principales facciones sostuvieron que empujar la pensada transformación electoral, a pesar de las enormes presiones y las debilidades partidarias, ambas situaciones bien conocidas por el grueso de la ciudadanía. El otro, que no, secundario, por que enajenaron a una parte sustantiva de las muchas audiencias que componen el espectro de la opinión publica, quizás a la más consciente e informada de ellas. Tanto los directivos de los medios involucrados en este pleito, como sus condicionales defensores, rebasaron, una vez más y con grados inadmisibles de soberanía, la línea de tolerancia de amplios sectores de la población.

La embestida pretendía también involucra a la figura de Andrés Manuel López Obrador. Hacerlo, una vez más, responsable de eso que se considera una venganza contra los consejeros. Querían motivar (con sus maniobras desde la pantalla y los micrófonos) al gran publico cautivo para que repudiara el flagrante atropello contra la libertad de información fraguado por el que fue contendiente a la Presidencia y que, para muchos, millones, es el real triunfador de la contienda pasada.

Esta semana quedará escrita parte de una historia que puede ser trascendente para la vida organizada del país, para la sanidad de la política, para las imágenes personales de ciertos legisladores que han aguantado las andanadas y hasta tienen arrestos para responder a los retos que les arriman sus críticos interesados.

Tomado de la Jornada, Opinión P.23 (12/Sep/07)

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Ley de medios: “as bajo la manga”
Ricardo Alemán

Ya se sabe(El Universal, bajo reserva, 09/09/07)que ante la presión descomunal del poder mediático lanzado contra la reforma electoral, los tres principales partidos políticos representados en el Senado de la Republica- PAN, PRD y PRI- reaccionaron con un “as bajo la manga”, al acelerar la discusión de la llamada Ley de Medios, que tarde o temprano sustituirá a la malograda ley Televisa.

Una respuesta política que, más que inteligente, parece “de librito”, pero que aun así fue vista por no pocos como una reacción fuerza por parte del Congreso frente a las poderosas televisoras. Pero lo que está en juego tanto en la reforma electoral como la Ley de Medios- no sólo el dinero que emplean los partidos en propaganda electoral, casi 3 mil millones de pesos, sino la influencia misma del poder mediático frente al poder publico- acepta mucho más que una lectura lineal como ésa, y hasta abre la puerta para la hipótesis de una negociación forzada-entre el Congreso y las televisoras- para impulsar un intercambio de intereses.

Está claro, que luego de las experiencias electorales de 2000 y 2006- en donde el dinero dominó a la política y la democracia electoral-, existe entre el tripartidismo dominante en el Congreso una tendencia que favorece limitar la participación de los poderes fácticos en los procesos electorales, y que todos o casi todos los actores políticos fueron víctimas del poder de las televisoras y los grupos familiares que dominan la radio. Pero también es cierto que en 2000 y 2006 no pocos de los políticos que ahora reivindican posturas de fuerza frente a las televisoras- y que dicen comportarse como “hombrecitos”- en realidad se doblegaron a las presiones mediáticas y hasta pactaron acuerdos inconfesables.

En efecto, el Congreso y los partidos que lo integran pudieran acordar hoy que la televisión y la radio se quedaran fuera de los procesos electorales, y hasta pudieran acordar una Ley de Medios que limite el poder mediático, que permita abrir espacios para la competencia y terminar con los monopolios electrónicos en radio y televisión. Pudieran hacer todo eso y más, hasta convertir a la grosera “partidocracia” en el “poder de poderes”, por sobre la jerarquía constitucional del poder. Pero existe un pequeño detalle que los Creel, Navarrete y Beltrones no quiere decir, que olvidan o, de plano, se niega a ver. ¿Cuál es ese detalle?
Que ellos mismos, Creel, Navarrete y Beltrones, tiene ambición de poder, algunos de ellos incluso presidenciales, mas allá de su cargo actual en el Senado.

Ese es el verdadero mensaje que enviaron en el Congreso los jefes del poder mediático, cuando advirtieron que muchos legisladores aspiran a ser gobernantes. Y por eso, de manera rápida los senadores desempolvaron la Ley de Medios. Pero no para usarla como un garrote para aclarar a las televisoras, sino para abrir espacios de negociación sobre esa ley. Y es que los políticos “no comen lumbre”, y saben que sea del partido que se quiera y la doctrina que se antoje, todos estarán expuestos a las campañas mediáticas, no en los proceso electorales, tampoco en la pelea por nuevas concesiones, sino en el ejercicio del poder.

Tomado de El Universal, México P.15 (10/Sep/07)

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Libertad de expresión y derecho al honor
Jaime Cárdenas

Lentamente y sin retrocesos, comenzamos a avanzar en México en materia de derechos fundamentales, principalmente en la definición de criterios básicos para el entendimiento de ciertos derechos, como la libertad de expresión, el derecho a la información o el derecho al honor, sobre los que hasta hace poco el Poder Judicial no se pronunciaba.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en una importante resolución del 23 de mayo de 2007, determinó los alcances de la libertad de expresión en relación con el derecho al honor. Esta decisión confirmó sentencias previas de la Cuarta Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal y del Tercer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito. Con esa decisión se dio por terminado el litigio civil entre Sergio Aguayo Quezada contra Primitivo Rodríguez, en donde el último había imputado, sin prueba alguna, que Sergio Aguayo era agente de la CIA.

La Suprema Corte puso en claro varias cosas importantes en materia de libertad de expresión y de derecho al honor. Entre los principales criterios de la resolución, destacó los siguientes:

1) La Corte señaló que la libertad de expresión hace posible comunicar ideas, opiniones, juicios de valor y todo tipo de puntos de vista subjetivos, ninguno contrastable con parámetros de corrección en aras del respeto a la pluralidad. El derecho a la información, en cambio, protege la difusión de hechos o datos fácticos verificables con alguna pauta de veracidad. La Corte indicó que la libertad de expresión no se protege, si se imputan a una persona hechos falsos que no son verificables o que al menos cuenten con un sostén de veracidad.
2) Es necesario, para la procedencia de la acción civil de reparación por daño moral, demostrar la real malicia o la intención de causar daño.
3) La libertad de expresión ampara el derecho de las personas para expresar ideas, opiniones, puntos de vista, siempre y cuando no sean injuriosos por sí mismos.
4) Para fijar los alcances entre la libertad de expresión y el derecho al honor es fundamental analizar la relevancia o interés público del asunto comunicado, es decir, si se trata de información que permite generar elementos para el debate público, político o social en torno de una temática de interés general.
5) El derecho al honor no se protege igual tratándose de ciudadanos que de funcionarios.
6) La Suprema Corte consideró que el derecho al honor forma parte de la vida privada de las personas, al igual que el derecho a la intimidad, y distinguió entre vida privada e intimidad.

Tomado de El Financiero, Opinión P.23 (7/Ago/07)

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Medios públicos subastados
Víctor Roura

1993. al año siguiente de que Salinas de Gortari firmó, con Estados Unidos y Canadá, la culminación de las negociaciones para el Tratado de Libre Comercio (17 de noviembre de 1992), se daban a conocer los resultados del proceso de privatización de empresas paraestatales. El gobierno había puesto en venta un paquete de medios de comunicación del Estado, que incluía el Instituto Mexicano de Televisión (Imevisión) con sus dos redes nacionales: el Canal 13 (con 90 emisoras) y el Canal 7 (con 78 emisoras), además los canales 22 del DF, 8 de Monterrey, 2 de Chihuahua y 11 de Ciudad Juárez.

En el caso de Imevisión, Salinas de Gortari estaba impedido a vender la red nacional del Canal 7 porque sus 78 emisoras eran permisionarias y, de acuerdo con la Ley Federal de Radio y Televisión, sólo los canales concesionados pueden cederse en operaciones de compra-venta. Sin embargo, todo fue arreglado. El gobierno formó empresas paraestatales que se transformaron en concesionarias de los canales 7 y 13 de televisión. De esta manera, convierte los canales permisionarios y los lanza a la subasta con el “paquete de medios”.

De la red de Imevisión, el único que se salvó fue el Canal 22 del DF debido a que un grupo de intelectuales (casi el mismo que exigió la fundación del Conaculta) pidió a Salinas que lo destinara a la difusión de la cultura. Pero el 18 de julio de 1993 el grupo Radio Televisora del Centro, presidido por Ricardo Salinas Pliego–dueño de las tiendas Electra–, pagó 650 millones de dólares por el dicho “paquete”. A partir de entonces, surge la cadena privada TV Azteca creada con las emisoras que le “estorbaban” al gobierno. Esa nueva empresa tiró, destruyó y vendió por kilo cientos de cintas de producción que, por más de 20 años, conformó Imevisión como parte de su memoria audiovisual.

Con gobiernos prisitas o panistas, las ganancias para el duoplolio Tv Azteca-Televisa han sido redituables. Incluso con la influencia de Martha Sahagún de Fox, el gobierno federal emitió un decreto donde se establece la “autorregulación” de los medios de comunicación y la disminución del estado.

Tomado de El Financiero, Cultural P.59 (31/Jul/07)

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