En
busca de comunicadores comprometidos
con la sociedad
Un cuarto modelo de la enseñanza
en
las ciencias de la comunicación
Tanius
Karam
Profesor e investigador de la Universidad
de la Ciudad de México
A
medio siglo de historia del campo académico
de la comunicación, conviene
hoy reflexionar sobre los modelos de
enseñanza. El debate resulta
especialmente importante por las condiciones
como se ha desarrollado en nuestra región.
De
acuerdo con Raúl Fuentes Navarro,
hay un sensible aumento en el estudio
de esta materia, y para analizar el
fenómeno sugiere la formulación
de tres modelos en la enseñanza
de la ciencias de la comunicación,
que equipara a etapas fundacionales
de la carrera.
El
presente texto pretende ser un acicate
que aliente una discusión provechosa
si sabe ser crítica e histórica.
No se trata de responder las preguntas,
sino formular mejor nuestras interrogantes:
conocer otros modos de contestar a los
problemas acuciantes de nuestros sistemas
sociales y políticos desde las
ciencias de la comunicación.
Modelos
fundantes
Los tres modelos que plantea Fuentes
Navarro funcionan a manera de hipótesis
que articula el currículo y los
saberes recortados históricamente
en función de diversos perfiles
y determinaciones socio-profesionales.
Para tal autor todos los planes de estudio
acerca de la comunicación responden
a una articulación confusa y
sobreposición de estos
modelos. De la misma manera se queja
de que no haya surgido otro proyecto
que busque refundar académicamente
el estudio de la comunicación.
El
primero de esos modelos es el relativo
a la formación de periodistas,
surgido en la primera etapa de fundación
de las carreras de comunicación
en América Latina (1940-1959).
En realidad podríamos llamarlo
mediológico porque tiene
como objetivo principal preparar profesionales
para insertarse al campo de las industrias
mediáticas. Para cuando ese modelo
se edificó, el estado de los
medios masivos obedecía a un
ritmo diferente de crecimiento económico
y social. La perspectiva era instrumental
en donde pesaba la visión
funcional salpicada del ideal de
efectividad y una responsabilidad social
no asumida. El momento de aparición
de este modelo resulta inexplicable
sin algunos supuestos como la consolidación
de los medios, el Estado de bienestar,
el proceso paulatino de urbanización
del país (las escuelas de comunicación
constituye un fenómeno que se
ha dado básicamente en las ciudades)
y de una cierta clase media…
El
segundo modelo surge con la primera
etapa en la popularización de
las carreras de comunicación,
la cual tiene su evangelio
en la célebre carta del Padre
Sánchez Villaseñor realizada
a principios de los años setenta,
donde se canonizan frases tales como
“someter la técnica al
espíritu”.
Esto
genera la formación del comunicólogo
o comunicador como un intelectual
que tiene su plus en una formación
preocupada por conocer el estado de
los medios, así como su impacto
y evolución. Es el comunicólogo-humanista
que proviene de una formación
muy extensa. Su currículo se
caracteriza por colocar un amplio bagaje,
sobre todo de filosofía e historia,
desde el cual interpreta los medios,
la comunicación.1
Para
Fuentes Navarro, la utopía del
discernimiento filosófico y existencial
es la base de la práctica que
tiene su horizonte en la teoría
de la comunicación y su diálogo
con las ciencias humanas y la ética
social. La idea del estudiante de comunicación
es la de alguien que sabe de todo.
Este sabelotodo cursa un rango
de materias como ninguna otra profesión
hasta entonces lo ha hecho. Una combinación
no siempre clara y precisa de disciplinas
o saberes que provienen lo mismo de
las ciencias de la cultura o las humanidades
que de la administración o la
economía.
Fuentes
Navarro ubica un tercer modelo en los
años setenta y es el del comunicólogo
como científico social.
Éste se deslinda claramente de
la formación instrumental (de
hecho se coloca en franca oposición
a ella) y pone énfasis en la
construcción de totalidades desde
una perspectiva crítica. Su preocupación
es mucho más estructural pero,
a diferencia del modelo anterior, se
centra en la sociología y la
política que funcionan como disciplinas
articuladoras. Dichas materias orientan
el ejercicio y sentido en la formación
de este especialista destinado a sumarse
y aportar, desde sus saberes específicos,
insumos para esas luchas de liberación
y emancipación política
que se gestan en gran parte del hemisferio.
Tal
modelo tiene una preocupación
en la denuncia de los efectos de la
transnacionalización de la información,
o de la estructura de los grupos propietarios
de esas industrias culturales. Este
enfoque llegó a extremos en algunas
universidades y hoy los años
nos dan una cierta distancia para conocer
sus excesos. Pero no se puede desdeñar
su contribución e importancia
por lo que todavía es necesario
un balance crítico e histórico
de sus limitaciones y alcances.
Hasta
aquí los modelos señalados.
Pero hay un cuarto, más esbozo
que algo definido al cual Fuentes Navarro
llama modelo del burócrata
de la comunicación y se
caracteriza por el afán desmedido
del estudiante/egresado por colocarse
e insertarse, de la forma más
eficaz, en la maquinaria global de la
comunicación. Lo que se evidencia
es, sobre todo, la crisis de los modelos
anteriores y las consecuencias que se
resumen en un divorcio entre las prácticas,
los imaginarios y las concepciones del
mundo real versus mundo irreal.
Más que un modelo es su imposibilidad:
su contra-imagen y su dimensión
oscura. Es el temor de que el proyecto
de la investigación académica
de la comunicación se convierta
en una mera utopía generacional.
Una comunidad de académicos y
profesionales que pasa inadvertida y
desapercibida de la vida y dinámica
social porque está desprovista
de lo fundamental para alcanzar sus
propósitos.
Ingeniero
de procesos comunicativos
Otra
interpretación de la historia
y de la ciencia puede encontrar nuevos
modelos no descritos en la presentación
de Fuentes Navarro. De cualquier forma
queremos resaltar la existencia de una
cuarta formación que posee los
componentes esenciales de todo modelo:
un grupo de conceptos definidos nominalmente
que corresponden a una visión
del campo académico y profesional.
Un principio racional que explica los
fenómenos que le interesa conocer
y una estructura de relaciones entre
los conceptos del modelo. Aun cuando
éste ancla sus fundamentos mucho
tiempo atrás de su concreción,
a manera de hipótesis queremos
ejemplificar una licenciatura que intenta
ser diseñada desde este último
(y que, como hemos dicho, no procede
por criterios de exclusión sino
de integración): su punto de
partida es distinto y es posible establecer
diferencias entre ellos.
Este
modelo parte de concebir al comunicólogo/comunicador
como un mediador sociocultural: privilegia
el diálogo entre las ciencias
de la cultura y de la comunicación.
Por tal motivo lo llamamos modelo culturológico
y considera como centro de la actividad
profesional del comunicólogo/comunicador
no los medios (o las empresas) sino
la cultura o, mejor dicho, el conjunto
de prácticas sociales en las
que se verifican procesos de comunicación.
Este
ingeniero de los procesos comunicativos
trata de definir, interpretar y estudiar
tales procesos: la manera como sus actores,
participantes y grupos se interrelacionan,
intercambian, producen e interpretan
signos, mensajes y universos simbólicos.
Hace
20 años Jesús Martín
Barbero señalaba que la tarea
de los comunicadores sería pensar
antropológicamente sobre
el sentido que los desplazamientos del
capital e innovaciones tecnológicas
le imponen a la cultura cotidiana de
las mayorías. La tarea sentenciada
por este filósofo hispano-colombiano
nos parece vigente: diseñar estrategias
de comunicación (en los distintos
espacios de interacción social:
mediático, institucional, organizacional,
comunitario y personal) que vinculen
éticamente mundos separados.
En otras palabras: vincular paradojas
o hacer habitables las paradojas
es la compleja tarea de este profesional
de la comunicación. Asimismo
tiene la misión de armonizar
lo urbano con lo rural y lo popular
con lo masivo. Vincular lenguajes opuestos,
como el discurso de la publicidad, con
el de la religión; el lenguaje
de la política con el del amor;
tiene el desafío de integrar
las contradicciones entre vida pública
y vida privada, y estudiar sus interrelaciones;
y, finalmente, debe articular la desterritorialización
de las demarcaciones sociales provocadas
por las nuevas tecnologías con
la necesidad de conversar entre identidades
locales.
No se trata de promover filiaciones
o fobias, sino de considerarlos como
horizontes en el sentido que
Gadamer lo explica: una visión
que abarca y cierra todo lo que es visible
desde un punto de vista. Ahora bien,
la historia de la enseñanza en
comunicación no es producto de
un solo modelo. Los modelos han respondido
a necesidades y, lejos de proclamar
su superación, se trata de construir
visiones más integrales que respondan
a la realidad (tanto a la idea que tenemos
de ella, como a la interpretación
científica de algunas de sus
manifestaciones).
Cuarto
modelo:
licenciatura
en comunicación y cultura
A
manera de cierre presentamos la formulación
de lo que en el presente artículo
llamamos el cuarto modelo o culturológico.
El contexto inmediato es el trabajo
que recientemente realizó un
equipo de profesores para elaborar el
plan de estudios de la licenciatura
en comunicación y cultura dentro
del proyecto Universidad de la Ciudad
de México (UCM).
Algunos
datos mínimos para contextualizar
el modelo: la UCM surge en septiembre
de 2001 bajo el liderazgo de Manuel
Pérez Rocha quien impulsa una
universidad pública para habitantes
de la Ciudad de México y que
entra en la política social del
Jefe de Gobierno, Andrés Manuel
López Obrador.
Pérez
Rocha (y su equipo de asesores) concibe
un proyecto de universidad pública
que se sustente en algunos principios
básicos y que se pueda traducir
en una estructura institucional que
los apoye. Algunos de estos aspectos
son:
a)
Enfoque centrado en el estudiante (promoción
de modelos de autoaprendizaje).
b)
Currícula flexible que implica
no sólo apertura en la elección
de cursos (los planes de estudio tienen
que contener los cursos indispensables
y los optativos sobre los que el alumno
tiene un mayor grado de libertad), sino
en las modalidades de titulación
como es la posibilidad de títulos
combinados u opciones que no necesariamente
desembocan en la licenciatura (hay diplomados
con distintos ejes).
c)
Sistemas de certificación:
valoración principal de lo cualitativo
(lo llama así la universidad)
realizada por un Comité de tal
forma que el profesor no es quien califica
a su estudiante, sino un Comité
formado por profesores del Departamento
(llamado Academia); y bajo el principio
de que el estudiante no aprueba/reprueba
sino que certifica o no (muestra
o no evidencia del conocimiento y por
tanto del cumplimiento de los objetivos
del curso); ello le da la posibilidad
de presentar la asignatura cuántas
veces sea necesaria; más aún:
mejorar la certificación cuantitativa
si lo desea.2
Esta
es una licenciatura que surge con la
impronta de un enfoque culturológico
(no reducible a los célebres
cultural studies británicos
y sus múltiples influencias derivadas).
En principio, el equipo de trabajo realizó
un diagnóstico del cual tenía
claro que la formación técnica-instrumental
(primer modelo) era insuficiente para
las actuales demandas y necesidades
sociales. En los antecedentes del documento
se señala:
La
Academia (así nombrados los departamentos)
de Comunicación y Cultura de
la UCM reconoce los avances que ha habido
en la formación de los profesionales
de la comunicación. Al contemplar
el enfoque cultural como el eje articulador
de la formación de los estudiantes,
pretende promover profesionales que
tengan el dominio de algunas tecnologías
de comunicación, pero principalmente
que logren dar cuenta (interpretar y
actuar en consecuencia) de las realidades
socioculturales de la población
mexicana.
El
diagnóstico considera algunos
de los que serían los antecedentes
de una historia de los estudios culturales
de la comunicación en nuestro
país. Se destacan los aportes
de la revista Comunicación
y Cultura; el programa de comunicación
que privó sobre todo en la Universidad
Autónoma Metropolitana a finales
de los setenta y principios de los ochenta;
la obra de Gilberto Jiménez y
Alberto Cirese quien fue uno de los
principales difusores de Antonio Gramsci;
el trabajo que se ha realizado desde
la Maestría en Comunicación
y Cultura del ITESO; el Programa Cultura
de la Universidad de Colima y de su
revista Estudios sobre las culturas
contemporáneas, por señalar
algunos espacios institucionales importantes
en este recorrido.
Comunicación
sociocultural
En
la licenciatura se plantea dar prioridad
a aquellas líneas de investigación
que tengan por objeto la comunicación
en su contexto sociocultural. De lo
anterior se sustentan los marcos de
trabajo académico que definen
las áreas de estudio y los ejes
que orientarán los debates y
seminarios de formación al interior
del cuerpo docente de la licenciatura
y aportarán elementos de discusión
para el proceso de aprendizaje de los
estudiantes. Todo lo anterior permitirá
dar un mayor sentido a la articulación
de cursos indispensables y cursos
optativos que guardan en el Plan
de Estudios casi una proporción
de 50/50 (25 indispensable, 20 optativos
dentro de una oferta de este tipo de
cursos que naturalmente es mucho más
abundante sobre todo en los ejes que
hemos denominado “comunicación
aplicada” y “práctica
en medios”).
Las
líneas prioritarias para desarrollar
una formación de profesionales
que den cuenta de la dimensión
cultural de la comunicación (de
manera especial en la Ciudad de México)
son:
a)
Comunicación, valores y cultura.
b) Comunicación,
sociedad y democracia.
c) Comunidades simbólicas,
identidades y representaciones sociales.
d) Comunicación
y vida cotidiana.
e) Impacto sociocultural
de las tecnologías de información.
f) Comunicación
y ciudad.
Se
espera que el egresado pueda estar formado
y capacitado para aplicar conocimientos
a distintos niveles de abstracción
en distintas áreas de la comunicación,
a partir de un enfoque cultural, con
el cual –ciertamente-- tendrá
la potencialidad de actuar en un campo
muy vasto de desarrollo profesional.[…]
Entre las áreas prioritarias
para la acción de este profesional
están la comunicación
alternativa –entendida como la
inserción en prácticas
y usos de la comunicación en
comunidades y asociaciones que se caracterizan
por agruparse en torno a redes solidarias
y por una activa participación
en procesos de educación (formal,
informal) y reivindicación de
derechos sociales--; la planeación
de la comunicación en organizaciones
civiles, sindicales, gremiales, religiosas,
empresariales y gubernamentales; la
docencia y la investigación,
concebidas como la articulación
de las actividades de producción
y circulación del conocimiento
científico sobre el campo de
las comunicaciones; las áreas
de comunicación en partidos políticos
y/o dependencias gubernamentales que
se justifica por la aparición
de nuevos grupos y la crisis de los
existentes; y la industria massmediática,
pues el profesional de la comunicación
y la cultura no puede ser ajeno a este
campo tradicional de trabajo. Los medios
requieren, más que instrumentadores,
profesionales de la mediación
con una perspectiva y sensibilidad social
que puedan incidir en el desempeño
diario de estos sistemas y en la configuración
de políticas públicas
de comunicación más coherentes
con las estructuras de las audiencias
e imaginarios de nuestra ciudad y país.
Resulta necesario vincular la creación
y trayectoria de las licenciaturas que
ofrece el sistema de educación
superior con las condiciones y requerimientos
particulares de la sociedad mexicana.
Esto es: la formación de carreras
profesionales debe responder a las exigencias
que impone el grado de desarrollo y
el modelo de organización social
del país. Por eso es relevante
lo establecido por la Federación
Latinoamericana de Facultades de Comunicación
Social, FELAFACS, en el sentido de que
la formación de profesionales
de la comunicación no se traduce
en ajustar el perfil del comunicador
al sistema vigente del mercado profesional,
sino de responder urgente y seriamente
a los retos que en materia de comunicación
y cultura tiene cada país.
La emergencia de una licenciatura en
comunicación se fundamenta con
base en las necesidades de diálogo
y especificidades socioculturales de
la sociedad mexicana.
No
pueden soslayarse aquellos indicadores
del contexto sociocultural que se identifican
como relevantes y que eventualmente
justifican el diseño de un profesional
en comunicación y cultura. De
los rasgos contextuales que se señalan,
destacamos algunos:
a)
La explosiva diferenciación de
los grupos sociales que configura una
creciente diversificación de
los universos simbólicos.
b)
Los ajustes más rápidos
que los grupos sociales deben realizar
para actualizar sus configuraciones
simbólicas en nuevos ambientes.
c)
La creciente capacidad de los grupos
sociales para pensarse a sí mismos;
la pérdida de los otrora espacios
institucionales frente a los medios
masivos; las narrativas institucionales
han cedido terrero frente a la configuración
de complicidades en el espacio de la
experiencia inmediata.
Ubicados
en el terreno referido, las preguntas
más provocadoras serían:
¿qué esperaría
la sociedad de un profesional en comunicación
y cultura?, ¿qué le podría
demandar una sociedad como la mexicana
en el campo de la cultura, la política
y la tecnología? En el documento
se ensayan algunas respuestas sobre
el tipo de profesional que la sociedad
mexicana puede demandar:
Alguien
que sepa moverse en niveles de abstracción.
Es necesario que el profesional pueda
aplicar y adaptar elementos cognitivos
y analíticos para reconocer la
emergencia de universos simbólicos
que están en permanente construcción
y los haga comunicables, explícitos,
y que contenga elementos didácticos
para comunicarlos.
--
Que sepa moverse en el cambio, que tenga
una idea clara del ser humano (desde
la perspectiva humanista clásica,
la fenomenología experiencial
y el existencial humanismo) y considere
que socialmente no hay nada dado: todo
es un proceso de construcción
y él debe ser alguien que sepa
explicar dichos procesos.
-- Que sepa poner en comunicación
mundos y universos aparentemente incompatibles
en sociedades (como la nuestra) todavía
muy segmentadas (aun en la ciudad, que
es el principal escenario del ejercicio
comunicativo).
--
Que sepa dar cuenta de los procesos
de interacción entre los grupos.
Que
describa los procesos de apropiación
de los mensajes que envían los
grupos mediáticos. Los massmedia
han abandonado su lugar como representación
y metáfora de la realidad, pasando
a constituir una prolongación
o metástasis de la misma.
--
Que sea consciente de que la formación
es autoformación. En
la medida que pueda responsabilizarse
con este proceso, su labor será
más efectiva.
--
Que maneje las técnicas para
la difusión de información
y hacer un mejor uso de ellas.
--
Que aplique los elementos axiológicos,
cognoscitivos, analíticos, tecnológicos
y prácticos necesarios para conocer
los códigos de interacción
y de pertenencia sociocultural de las
diferentes comunidades simbólicas
que conforman a la sociedad mexicana.
Muchos
de los anteriores señalamientos
han sido motivo de interminables discusiones.
Creemos que no existe contradicción
con los rasgos del modelo descrito.
En los debates previos hemos tenido
clara la realidad profesional: los puestos
de trabajo en el campo de la comunicación,
las estadísticas que colocan
a la comunicación como una de
las 10 carreras más demandadas
en el país, el aumento creciente
de escuelas (mayoritariamente privadas)
que agrupan más de 50 mil estudiantes…
La realidad es más compleja que
nuestras abstracciones o estrategias,
pero al mismo tiempo sin ellas resulta
imposible diseñar, sugerir y
hacer.
Aun
cuando me he referido a un caso en concreto,
la reflexión sobre el campo académico
de la comunicación y sus modelos
de enseñanza deben elaborar explicaciones
teóricas y modelos metodológicos
lógicamente consistentes y éticamente
pertinentes. Como señala Carlos
Luna: la diversidad y la complejidad
de nuestro campo académico, lejos
de ser un obstáculo, constituye
un valor.
El
escenario más desolador para
el campo académico sería
la realización de ese anti-modelo
delineado por Fuentes Navarro: la burocratización
como único horizonte. Pensamos
que el mejor remedio para contravenirlo
es la conciencia y la autorreflexión,
la crítica y la visión
histórica.
NOTAS
1) Un ejemplo de este tipo de comunicólogo,
además exitoso (a propósito
cito un caso no mexicano) es el venezolano
Antonio Pasqualli, considerado incluso
por Fuentes Navarro como uno de los
padres fundadores de las ciencias de
la comunicación en América
Latina, cuya formación viene
de la filosofía pero se incorpora
al debate de los medios, realiza un
trabajo para sugerir la formulación
de políticas públicas
en materia de la comunicación.
Es un consejero, por su país,
en la UNESCO.
2)
Dicha Universidad actualmente cuenta
con cuatro campus: uno en el centro
de la Ciudad de México (Avenida
Fray Servando), otro en Iztapalapa (antigua
Cárcel de Mujeres en la salida
a Puebla), uno más en la colonia
Del Valle y el más reciente en
Tláhuac. La primera versión
del plan de estudio de la licenciatura
data de octubre de 2002. Algunos detalles
más pueden obtenerse en la página
Web: www.ucm.df.gob.mx.
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El
artículo anterior se debe de
citar de la siguiente forma:
Karam,
Tanius, "Un cuarto modelo de la
enseñanza en las ciencias de
la comunicación", en Revista
Mexicana de Comunicación en
línea, Núm. 110, mayo,
México. Disponible en: http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/rmxc/ensenanza.htm
Fecha de consulta:15 de mayo de 2008.