El
Universal, 6 de marzo de 2006
¿Qué
tipo de prensa?
Ernesto
Villanueva
El
proceso de reforma política que
vive el país no ha implicado
un cambio de los propios medios de comunicación,
para el efecto de aprovechar la creciente
libertad hacia el contagio de prácticas
democráticas.
En otras palabras: la libertad es un
requisito del ejercicio periodístico
de calidad, pero no garantiza por sí
misma la reproducción de este
modelo de informar. El sistema legal
de la comunicación ha sido un
costo para el periodismo ético,
más que un incentivo.
En una democracia deben coexistir reglas
jurídicas mínimas con
estándares éticos amplios
en el quehacer periodístico.
No ha sido el caso mexicano. Hay faltas
de un lado, pero también del
otro.
Por el lado de la prensa, las cosas
no están del todo claras. Hay
problemas, por lo menos, de información
sobre la actuación de los medios
que tienen una vertiente de naturaleza
ética. En este sentido, cabría
identificar al menos dos insuficiencias:
Primero. La prensa mexicana
no habla sobre cuestiones básicas
de sí misma. Hay tres razones
por las cuales la prensa debería
informar: a) para honrar el derecho
a la información de la ciudadanía
con datos claros, precisos y verificables;
b) para normar la toma de decisiones
de las agencias de publicidad al definir
población objetivo e impacto
real desglosado; y c) para coadyuvar
a la credibilidad mediática a
través de la transparencia informativa.
En muchos países han sido las
propias publicaciones periódicas,
los anunciantes y las agencias de publicidad
los que han dado vida a organismos privados,
sin fines de lucro, que se encargan
de auditar de manera aséptica
los tirajes reales: desde el número
de ejemplares efectivamente vendidos
hasta las estadísticas de venta
por estado, región y municipio
de modo periódico.
En muchos casos, el seguimiento cuantitativo
va aunado a ejercicios cualitativos
con los denominados Publisher´s
statement o informes de editores. La
primera entidad de este tipo fue creada
en 1914, en Estados Unidos, con el nombre
de Audit Bureau of Circulations, que
en la actualidad aglutina a más
de 95% de la prensa estadounidense.
Y en 1926, bajo el mismo esquema estadounidense,
en Francia se creó la Office
de Justification de la Diffusion des
Supports de Publicité.
El hecho de que los organismos observen
una metodología única
de medición permite elaborar
estudios a profundidad sobre credibilidad,
impacto y transparencia de la empresa
informativa; en suma, es posible aproximarse
a tipologías de desarrollo periodístico.
Segundo. ¿Bajo qué
criterios se desarrolla la cobertura
mediática? No hay reglas claras,
previsibles, que indiquen qué
motiva la cobertura informativa. Es
lógico que no todo hecho de interés
público (dando por sentado que
hubiera un criterio universal sobre
el concepto de interés público
relacionado con aquello que a la persona
le permite ejercer un derecho o cumplir
alguna obligación en el más
amplio sentido de la expresión)
tiene cabida en un medio. Por necesidades
de espacio, deben tomarse decisiones
para dar prioridad a una nota sobre
otra. Ello es entendible y no hay duda.
La cuestión, empero, es cómo
el editor ejerce ese proceso de selección,
bajo qué criterios se califican
los hechos que tienen espacio y mayor
o menor relevancia en el medio. Este
aspecto es poco abordado y no se trata
de una cuestión menor; antes
bien, es importante para el público
saber cómo se procesa la toma
de decisiones para informar.
¿Qué tipo de periodismo
se requiere y para qué? Son interrogantes
fundamentales que no se deberían
obviar. Una democracia informativa requiere
cambios del marco jurídico al
mismo tiempo que de la propia prensa.
Por lo que se refiere al aspecto legal,
baste decir que es necesario reformar
todo aquello que hoy en día inhibe
el ejercicio de las libertades informativas
y, particularmente, el periodismo de
calidad: reglamentar la publicidad oficial,
despenalizar los delitos de prensa,
normar claramente que por la vía
civil las reparaciones del honor y/o
la vida privada no se traduzcan en pesos
y centavos, sino en resarcimientos a
través del propio medio.
Por cuanto hace al periodismo, habría
que decir que el medio no tiene como
finalidad última que el periodista
ejerza la libertad de expresión
y/o la libertad de información,
sino satisfacer un derecho superior,
el de la persona a estar informada de
hechos de interés público.
Por esta razón, los retos del
periodismo pasan, entre otros, por los
siguientes desafíos:
a) Traducir
en acto los compromisos de la ética
relacionados con la información
básica que el receptor puede
esperar del medio. Los compromisos del
medio con su público no deben
presumirse, sino clarificarse, de suerte
que el receptor esté en posibilidades
de confrontar los compromisos con el
producto diario.
b) El periodismo
debe pasar de la declaración
como fuente prioritaria de información
a los datos duros, aprovechando las
ventajas que las leyes de acceso a la
información pública otorgan
para dar vida al periodismo de investigación,
que debe ser entendido no como una cuestión
"de asuntos especiales", sino
como una tarea cotidiana donde la investigación
propia debe ser la regla y la declaración
o el boletín un complemento o
referente.
c) Debe darse
vida a programas de formación
pensando en receptores críticos
de los medios, que permitan generar
incentivos para un periodismo basado
no en satisfacer los sentidos primarios
del ser humano, el sexo, la violencia,
el morbo o la curiosidad, sino apelando
a la razón.
Esta es la agenda de nuestro tiempo.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Puede
citar este artículo de esta forma
Villanueva, Ernesto, "¿Qué
tipo de prensa?" en El Universal
,
6 --V-- 2006, México, Opinión.