Documentos
oficiales, periodistas y leyes
Indicadores
periodísticos
Daniel
Lizárraga
Reportero
de la revista Proceso
El
contar con expedientes, documentos y
datos, no sólo oficiales sino
además avalados por el gobierno
para atender los requerimientos de información,
permite dejar atrás las filtraciones,
las versiones off de record,
las fotocopias de documentos secretos
que no se aprecian bien o, peor aún,
que sean falsos.
La ruta a seguir, lo
que se debe olfatear adecuadamente como
reportero, es el rastro que va dejando
el uso de los recursos públicos
y la utilización de las leyes
de transparencia. Ésta es una
alternativa para retirar los obstáculos
que se presenten en el camino.
Mazdoor Kisan Shakti Sangathan (MKSS)
es una organización no gubernamental
de la India que obtuvo las listas de
asistencia social de la paga por trabajos
comunitarios y de obras públicas
supuestamente ejecutadas en Ammer. Y
digo supuestamente ya que al
cotejar los datos oficiales con la realidad,
recorriendo a pie esa pequeña
comunidad, se evidenció un entramado
de corrupción que sacudió
a su gobierno. La comprobación
sin matices de cómo algunos de
sus funcionarios se llenaron los bolsillos
de rupias, se ha sabido ya en buena
parte del mundo.
A
través de un video filmado en
el año 2000, esa organización
coordinada por Aruna Roy –quien
ha salido al extranjero exponiendo esa
inédita historia por su concepción–
muestra nítidamente cómo
descubrieron el esqueleto de un desvío
de recursos públicos. Su concepto
de auditoría social
es una cirugía a corazón
dentro de cualquier régimen,
sin importar la tendencia ideológica.
Algunos de sus hallazgos
fueron los siguientes: un Dharamsala
–lugar para el reposo de viajeros–
que costó 50 mil rupias, cuyas
paredes se pueden arrancar con las manos
debido a la pésima calidad de
los materiales; personas que trabajaron
durante un mes sin recibir un solo centavo
aunque en los registros oficiales aparecen
con pagos completos y puntuales; retretes
que nunca se colocaron en las casas;
cemento y ladrillos que jamás
llegaron a las familias anotadas, y
pensiones por viudez cobradas pero que
las mujeres jamás han visto.
Pero quizá lo
más impactante de ese video,
recientemente proyectado en el Instituto
Federal de Acceso a la Información
Pública (IFAI), es cuando muestran
el expediente completo de la construcción
de un canal en el pueblo de Lassani,
el cual simplemente no existe.
Las autoridades supuestamente
gastaron unas 80 mil rupias en el proyecto.
Compraron 78 carretillas de piedra,
18 carretillas de arena, 16 carretillas
de grava y 40 carretillas de cemento.
Reunidos en una plaza, los lugareños
convocados ahí por la MKSS dicen
que nunca vieron entrar esos materiales
al pueblo.
Kesar Singh Macan Singh
es el nombre de un anciano al que supuestamente
le pagaron por alquilar sus bueyes y
una carreta para la construcción
del canal. “Esto es una fabricación”,
grita éste desde el micrófono
luego de advertir que en las fechas
que se habría construido el canal
él no estaba en el pueblo. Los
bueyes y la carreta los perdió
hace 16 años.
Esta experiencia puede
repetirse en cualquier país,
sobre todo en naciones como México,
en donde hay millones de pobres, una
clase política voraz cuando se
trata de recursos públicos y
la urgencia de contar con programas
sociales.
En
nuestro país hay condiciones
para aplicar estas auditorías
sociales por parte de las organizaciones
no gubernamentales. El priato se fue
sin rendir cuentas. El nuevo gobierno
panista lucha por sacudirse sin éxito
las prácticas discrecionales
en el uso del erario. Tenemos funcionarios
dispuestos al derroche –véase
a los diputados repartirse el dinero
público– y contamos con
una Ley Federal de Transparencia. ¿Pero
de qué manera podemos los medios
de comunicación usar esa experiencia
de la India? Como periodistas profesionales
no podemos transformarnos en activistas.
Quizá la respuesta sea crear
indicadores periodísticos.
Trabajo en equipo
En México existen
diversos programas sociales con millones
de pesos en circulación como
lo es, sólo por citar un ejemplo,
el Procampo. Habría que diseñar
un modelo periodístico que permita
auditar la aplicación de esos
recursos públicos en comunidades
donde se sospeche que haya manejos irregulares
del erario.
Esto tal vez pueda sonar
demasiado ambicioso, pero no lo es si
se planea adecuadamente dentro de cada
medio de comunicación. Se necesita
trabajar en equipo: reporteros preparados
en esos temas y, desde luego, jefes
dispuestos a ver más allá
de la coyuntura para ofrecer productos
más atractivos y diferentes a
sus lectores y audiencias.
Existen otros tipos
de fuentes que pueden explotarse bajo
el mismo concepto. Por ejemplo: qué
pasaría si algún reportero
consigue o, aún más sencillo,
tiene acceso a las recomendaciones de
la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos (CNDH) dirigidas al Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) y
al Instituto de Seguridad y Servicios
Sociales de los Trabajadores del Estado
(ISSSTE), sobre muertes de pacientes
por negligencias médicas. Y después
busca a las personas y familias afectadas
para que apoyen en la elaboración
de solicitudes de acceso a la información,
a fin de averiguar quién fue
el responsable de dejarle unas pinzas
en el estómago a un paciente.
Los medios de comunicación
fueron de los principales impulsores
de la Ley Federal de Transparencia.
Durante los últimos años,
poco a poco, el uso de esta herramienta
ha ido valorándose dentro de
las redacciones. Hoy día es posible
enterarse cómo se gasta el dinero
un secretario de Estado o la bancada
de cualquier partido en la Cámara
de Diputados.
No obstante, es necesario
dar un paso hacia delante: diseñar
investigaciones a mediano plazo y, además,
crear esos indicadores periodísticos
que arrojen luz a las personas sobre
cómo se usa su dinero y de qué
manera cumplen con su trabajo los servidores
públicos.
¿Cuál
es entonces el papel de los medios de
comunicación y de los reporteros?
¿En esto existe una responsabilidad
social o sólo se trata de una
novedosa herramienta de trabajo?
Quizás al responderse
esas preguntas, se pueda encontrar el
sitio en el que convergen las leyes
de transparencia y el periodismo.
Los reporteros rastrean
de qué manera sus funcionarios
utilizan los recursos públicos,
cómo se tomaron decisiones sobre
asuntos relevantes y hasta qué
punto los funcionarios han cumplido
con sus responsabilidades para las cuales
fueron electos, además de posibles
casos de corrupción.
En este tipo de investigaciones
es donde los profesionales de la comunicación
pueden aprovechar las ventajas que otorgan
las leyes de transparencia.
La Fundación
para un Nuevo Periodismo Iberoamericano,
creada por Gabriel García Márquez,
pone los siguientes requisitos para
premiar algún trabajo o considerarlo
en sus convocatorias: calidad narrativa,
investigación original, tratamiento
de la información a profundidad
y valores éticos reflejados en
el trabajo.
En
dos de estos cuatro puntos, investigación
original y tratamiento de información
a profundidad, se abre la posibilidad
de proyectar peticiones al gobierno
mediante las leyes de transparencia.
Las solicitudes de acceso
a la información no son la pócima
para concretar investigaciones exitosas.
Eso sería meternos en un debate
sin salida. Atorarnos aquí sería
tanto como instalarnos cómodamente
en las redacciones esperando a que los
funcionarios respondan a nuestras solicitudes.
Saber interpretar
La utilización
de las leyes de transparencia puede
ser el inicio, la columna vertebral
o la conclusión de un texto.
Y aquí es donde precisamente
encierra su valor.
El
contar con expedientes, documentos y
datos, no sólo oficiales sino
además avalados por el gobierno
para atender los requerimientos de información,
permite dejar atrás las filtraciones,
las versiones off de record,
las fotocopias de documentos secretos
que no se aprecian bien o, peor aún,
que sean falsos.
Lo que al final se obtiene
con este tipo de información,
emanada de las instancias oficiales,
es contundencia y veracidad en los textos.
El acceso a expedientes clasificados
como secretos por el gobierno, siempre
será una atractiva fuente inagotable
de reportajes.
Por ejemplo, esos documentos
o expedientes encajonados en alguna
gaveta o escondidos en alguna computadora
puede ser el inicio de una larga investigación,
la guía sobre la cual tejer un
reportaje o la pieza que faltaba para
comprobar una hipótesis de trabajo.
Allí precisamente está
el trabajo hecho en la India.
Pero para obtener esa
información oficial no basta
con arrancarle al gobierno ese documento
que no estaba dispuesto a ponerlo en
manos de un reportero. El trabajo extra
está en saberlos interpretar,
ya que a menudo se trata de papeles
elaborados por especialistas en finanzas,
auditorías y abogados.
Tal situación
exige que los periodistas estén
mejor capacitados para entenderlos.
Quizá lo que estábamos
buscando sea a final de cuentas lo que
menos relevancia periodística
tenga el expediente en nuestras manos
y, en ese sentido, corremos el riesgo
de no percatarnos de ello.
A menudo sucede que
cuando un contador público o
un auditor nos explica qué problemas
ve, por ejemplo, en una licitación
pública, los ojos de los reporteros
normalmente se agrandan: atienden con
sorpresa qué cosas no fuimos
capaces de ver.
Aun en estos casos,
en los cuales se requiere el apoyo de
especialistas –asunto nada desdeñable–
hay un valor periodístico incalculable.
Es decir: ese expediente es la prueba
de cómo se torcieron las leyes
para fraguar un jugoso negocio entre
servidores públicos y empresarios.
La ruta a seguir, lo
que se debe olfatear adecuadamente como
reportero, es el rastro que va dejando
el uso de los recursos públicos
y la utilización de las leyes
de transparencia. Ésta es una
alternativa para retirar los obstáculos
que se presenten en el camino.
En los países
en donde existen leyes de transparencia,
saber plantear las peticiones de información
se ha convertido en un elemento importante
de este rompecabezas, ya que en cualquier
parte del mundo hay una resistencia
natural en los servidores públicos
para no entregar lo que se les pide.
Saberlo
hacer depende del diseño propio
de cada norma y la circunstancia del
país en donde se aplica. La tarea
de los reporteros y los medios de comunicación
no es construirnos un muro de lamentaciones
para acusar al gobierno de no proporcionarnos
los datos que necesitamos, sino buscar
la manera de denunciar públicamente
esas resistencias oficiales cuando carezcan
de fundamento. Pero también hay
que encontrar la ruta para llegar hasta
el documento que necesitamos. Ahí
va de por medio la libertad de expresión
y el derecho de acceso a la información.
El
anterior artículo debe citarse
de la siguiente forma:
Lizárraga,
Daniel, "Indicadores periodísticos",
en Revista
Mexicana de Comunicación, Num.
105, mayo / junio 2007, 30 - 31 pp.