Libertad en serio

Jorge Meléndez Preciado

El 3 de marzo se festejó el día internacional de la libertad de prensa. El asunto no sólo compete a los tecleadores, sino a la sociedad toda. Y es que sin este elemental principio, el poder sería algo dictatorial, prepotente, sin rendición de cuentas. Los medios, en síntesis, no deben ser lo que antaño malamente presumúian, el cuarto poder. Más bien deberían concebirse como el contrapoder.

Y es que los informadores más que sentirse cercanos a los círculos financieros, políticos y mediáticos, deben apostar por ser quienes dan a conocer los vicios más terribles que hay en una comunidad. Sólo dando a conocer los vicios del sistema y quienes deciden, podrá conformarse un estado donde la rendición de cuentas sea lo notable, es decir, en la cual los ciudadanos puedan tener la capacidad de decisión en todo y no únicamente en el asunto electoral, tan efímero, tan ocasional.

En México, por fortuna las cosas han cambiado de hace cuarenta años a la fecha. En 1968, luego de la matanza del dos de octubre, daba pena leer todos los periódicos, incluido el sobrevalorado Excélsior de Julio Scherer. Para quien lo dude, revise la primera plana de aquel cotidiano. Se dirá que las presiones gubernamentales impidieron una mejor cobertura de la masacre. Es cierto, pero tampoco los informadores se la jugaron.

La televisión era una forma de justificar todo. Jacobo Zabludovsky, hoy tan crítico --¡enhorabuena!-- era un vocero más del presidente de la República. Por eso, los jóvenes de aquellos años le decían con razón pero limitación, a la pantalla casera: La caja idiota. Nadie serio o importante quería estar metido en ese claustro que se decía soldado presidencial.

Hoy, por fortuna, las cosas se han modificado. Para bien en muchos aspectos. Aunque tengamos una cantidad de gacetilleros que atacan a López Obrador con y sin razón, diariamente, lo cual es una hazaña para el mundo. Pero en otro lado, hay posibilidades de escuchar voces serias, documentadas, importantes. Las cuales, obviamente, ejercen la crítica a todos, incluidos a los compañeros del oficio. Muchos de los cuales parecieran no tener deseos de informar y menos investigar.

En nuestro país esta libertad se ha pagado con sangre. En siete años --saludos Fox y Calderón-- han caído 40 tecleadores y ocho están desaparecidos. En el presente sexenio ha asesinado a dos reporteros y han secuestrado a tres compañeros del oficio. Más, no se olvide, las jóvenes informadoras: Teresita Bautista y Felicitas Martínez.

Las reporteras , por cierto, están en la pelea digna, vital, decisiva desde hace décadas. Por eso se premia a Sanjuana Martínez, Lydia Cacho y Carmen Aristegui en muchos lados pero se les expulsa de varias tribunas. Una clara muestra que decir la verdad cuesta.

Este 3 de mayo, más que homenajes, debe ser de exigencia: la libertad no espera, cada hora es importante, conocer la verdad y juzgar a los responsables es indispensable. ¿Lograremos hacerlo?

Como el flechador del cielo lo notable es buscar la utopía. Lo racional es un juego de niños. Crezcamos para ser adultos.

 

El artículo anterior se debe de citar de la siguiente forma:

Meléndez, Jorge, "Libertad de expresión", en Revista Mexicana de Comunicación en línea,
Num. 110, México, mayo. Disponible en:
Disponible en:
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/rmxc/libertad.htm
Fecha de consulta: 6 de mayo de 2008.

 
 
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