Libertad de expresión: ¿para quién?

Carlos Antonio Villa Guzmán

Periodista, docente e investigador con grado de Maestría, adscrito al
Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara.


El presente artículo plantea algunas reflexiones acerca de la violencia ejercida contra periodistas en México a partir de algunas conclusiones que anticiparon los representantes de una comisión internacional que recientemente visitó nuestro país. Ofrece, además, una mirada a los estudios sobre periodismo, basada principalmente en un extraordinario análisis de la sociología de los periodistas realizado por el sociólogo Francés Eric Maigret.


La presencia de los comisionados tiene lugar días después del asesinato de dos comunicadoras pertenecientes a una estación de radio de las comunidades de Oaxaca, mientras se dirigían a un congreso local. Éste y otros ataques contra comunicadores sitúan a México como el país más peligroso de América Latina para ejercer el periodismo, de acuerdo con dicho informe.

En 2007, la CNDH abrió ochenta y cuatro expedientes que contienen quejas de agravios en contra de periodistas. Los documentos incluyen testimonios de acoso por medio de expedientes fiscales, amenazas, lesiones, desaparición forzosa y homicidio.

Los comisionados en una rueda de prensa señalaron al crimen organizado como responsable de la mayoría de casos, pero también hablaron de otros factores como la corrupción y la omisión, por falta de voluntad política del Estado para atender este tipo de delitos.

No escapó de la atención y de la crítica de los organismos internacionales representados, entre ellos la UNESCO, la alta concentración de medios “en unas cuantas manos”, lo cual “atenta contra la pluralidad y la libre expresión”.

La desinformación todavía representa un serio obstáculo para la democracia en nuestro país.

El texto resume información sobre los estudios realizados a partir del news making de principio de la década de los sesenta del siglo xx. Desde la teoría funcionalista hasta los cultural studies de Stuart Hall.

Bajo amenaza

Es importante hablar de quienes han padecido agresiones debido a que practican un periodismo que rebasa, no se ajusta o desborda, lo que algunos grupos o actores sociales están conformes con que se divulgue.

La libertad de expresión se encuentra bajo amenaza en México. Esta circunstancia, por demás inconveniente y hasta penosa, se confirma con un informe que dará a conocer la Misión Internacional sobre Agresiones contra Periodistas, cuyos representantes estuvieron en nuestro país del 20 al 25 de abril y visitaron, además de la capital, los estados de Oaxaca, Michoacán, Sonora y Guerrero.

Después de revisar expedientes y entrevistarse con las familias de las víctimas, los comisionados de los organismos internacionales concluyeron que México es el país que representa más peligro en América Latina para ejercer el periodismo. Coinciden en que, el crimen organizado, la corrupción, la falta de voluntad política y la omisión del Estado para dar la debida atención a estos delitos, son los “principales obstáculos” para brindar seguridad a los comunicadores.

La delegación representó a organizaciones como: la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Article 19, International Media Support, Reporteros Sin Fronteras, la Asociación Mundial de Radios Comunitarias y otras seis agrupaciones más.

El momento de crispación social que atravesamos nos da pauta para reflexionar acerca de cuestiones que son clave para la estabilidad, como por ejemplo el Estado de Derecho, que existe no más allá del discurso, según acontecimientos como las represiones en Atenco y los estados de Oaxaca o Chiapas, al igual que las incursiones del ejército en las comunidades, sobre todo las más apartadas de la geografía nacional, donde se cometen abusos en total impunidad. A esta lista se añaden los excesos contra los derechos humanos que frecuentemente tienen lugar en los retenes que instala el ejército en las carreteras o caminos y que han cobrado la vida de quienes tuvieron el infortunio de encontrarlos en un momento equivocado, porque no se escuchan o se ven las señales de “alto” que hace un soldado con una linterna, casi sin baterías, a media noche. Como si estuviéramos en una guerra. Cabe mencionar las golpizas que propinan los policías a los detenidos por el delito de “portación de cara”; los allanamientos y detenciones arbitrarias que son parte de la vida cotidiana de un número ignorado de ciudadanos.

Durante los gobiernos federales del Partido Acción Nacional, es decir, los últimos ocho años; veinticuatro trabajadores de los medios de comunicación fueron asesinados; ocho han desaparecido y decenas más fueron víctimas de agresiones o amenazas por razones que tienen que ver con su actividad.

No todo llega a tener cobertura mediática. Pasan desapercibidos para la opinión pública la mayoría de los casos donde se atenta contra los derechos de personas en general y periodistas en particular. Las agresiones a medios de comunicación son tan antiguas en México, como la propia historia de los medios. Al igual que en otros países, la prensa siempre ha tenido enemigos. Tanto los periodistas como las instalaciones de los medios de comunicación independientes, no se hayan exentos de sufrir atentados. El caso más reciente contra alguna instalación, fue el asalto que hizo un comando armado hace aproximadamente cuatro años en el Estado de México --caso conocido como el “Chiquihuitazo”-- perpetrado durante el período foxista por mandato de los dueños de Tv Azteca, con la finalidad de quedarse con la señal del Canal 40. Fue suprimida así la línea de periodismo objetivo con la que esta televisora mantuvo su audiencia.

No menos agresiva contra la libertad de expresión fue la famosa “Ley Televisa” que pretendió entregar el foxismo a los concesionarios por medio de un decreto.

Entre las razones que enturbian el de por sí sombrío panorama periodístico, encontramos a las televisoras y redes de radiodifusoras que monopolizan las concesiones de la llamada señal abierta; tratan éstas de vender una realidad que solamente existe en sus pantallas o transmisiones a lo cual llaman “entretenimiento” o “cobertura noticiosa”. Fabrican noticias donde favorecen a los grupos con los que mantienen alianzas, conformando una coalición sui géneris, entre los medios de comunicación; el gobierno en turno; cierta élite de empresarios, la mayoría de ellos ligados al clero y la propia institución eclesiástica, cuyo protagonismo destaca de manera notable y hasta con ostentación de poder en la vida política de nuestros días.

María Salazar, del Comité para Protección de Periodistas; Darío Ramírez, de Article 19; Manuel Méndez, de la Federación Internacional de Periodistas; Jesper Hoberg, de International Media Support, y Andrew Raldof, de la Unesco, afirmaron que “la concentración de medios en unas cuantas manos, como sucede en México, atenta contra la libertad de expresión y la pluralidad. Además, observaron que existe una “arbitraria distribución” de la publicidad oficial, la cual se utiliza como premio “para los bien portados” o como castigo contra los que critican.1

No resulta estimulante para un periodista o comunicador, desarrollar su carrera en un país que limita la libertad de expresión, principalmente con el control de las señales concesionadas a empresas con las cuales el gobierno mantiene relaciones de interés económico y político. En estos lugares se ejerce cierto modelo de periodismo cómodo a las élites, donde los inconformes, los disidentes o auto excluidos del discurso dominante, son invisibles, aunque ahora hayan puesto de moda exhibirlos como antisociales.

Nos deben interesar, sobre todo, quienes por alguna razón que puede ser algo muy personal, dedican tiempo y talento a esclarecer hechos que son de interés público y que alguien procura ocultar, que pasen desapercibidos. Burlan los cercos informativos, con la finalidad de hacer que se conozca lo acontecido u otra versión de lo acontecido. Por ello muchas veces se les agrede.

La agudización del fenómeno obedece, más que a otras causas, a la impunidad con la que las mafias maniobran en el país, al igual que la pérdida del control que de alguna manera tenía el Estado sobre dichos grupos que se han multiplicado, lo mismo que su poder. Ahora no tan sólo le perdieron el respeto, si no inclusive lo desafían. Pero existen otras razones que veremos enseguida.

Acerca de las tramas criminales aún hay mucho que desentrañar en nuestra sociedad subdesarrollada y dependiente del exterior en lo fundamental. Los gobiernos han dado continuidad a las políticas neoliberales, el llamado “nuevo orden mundial”, para estimular un frenético intercambio global, donde la participación de las redes internacionales del crimen organizado no queda exenta.

Cada vez con mayor sofisticación, el hampa y los grupos violentos, cobran terreno en los diferentes ámbitos sociales. Fuerzas invisibles que solamente otras similares pueden enfrentar, además de las que el Estado instruye para combatirlas, si es que no han sido de alguna forma vulneradas por los agentes enemigos, como vemos que sucede.

El crimen organizado ha infiltrado su dinero a los núcleos financieros, corrompiendo además las instituciones que sirven para salvaguardar la seguridad y los intereses de la nación.

Este panorama es muy favorable para la violencia en su amplia gama de modalidades. De ahí han surgido los golpes que cobraron la vida a periodistas: principalmente de las sociedades criminales, pero también debido a la justificada y cada día más generalizada inconformidad social, que involuntariamente incita a que alguien actúe en contra de los líderes o simpatizantes de los movimientos reivindicativos, al igual que de los comunicadores que objetivan en sus notas o transmisiones, el discurso, la ideología, propuestas o razones, de los grupos que se manifiestan contestatarios ante el poder. Contra ellos es muchas veces utilizada la fuerza bruta e irracional, por parte de quienes sienten que las medidas democráticas amenazan sus intereses.

Esta situación tiende a agravarse sin que aparezca algo que realmente clarifique cuál es la postura oficial ante los atentados perpetrados contra periodistas, principalmente los que se desenvuelven en medios no alineados. El régimen no ha emitido políticas públicas que obren a favor y garanticen, la permanencia de las voces o formatos críticos al sistema o de aquellos que corren el riesgo de indagar en los subterráneos donde operan los brazos armados y los no armados, del hampa.

Pocas respuestas y numerosos casos

El llamado Pacto de Chapultepec, que firmó Calderón como presidente electo, no ha significado algo para evitar o siquiera disminuir la incidencia de daños, tanto morales como físicos, que padecen los periodistas por desarrollar su actividad. No bastan las firmas sobre documentos y discursos, para frenar los delitos del crimen organizado. El origen de los mismos es un asunto de fondo que rebasa el afán de legitimidad y promoción de imagen que realizan los políticos. Para combatirlos se requiere algo semejante a una acción concertada y decisiva de todas las fuerzas de la sociedad; el mayor consenso posible para ejercer una medida determinante y definitiva. Sueño que se aleja de lo alcanzable en la medida en las políticas del gobierno son subordinadas a lo que dicta el mercado internacional.

La CNDH abrió en 2007 ochenta y cuatro expedientes de quejas por agravios a periodistas. Los ataques van desde el acoso por medio de expedientes fiscales, hasta amenazas, lesiones, desaparición forzosa y homicidio.

Un año antes, en 2006, la Organización Reporteros sin Fronteras destacó los casos de México, Colombia y Cuba, como los países más peligrosos por diversas razones, siendo en el caso de México las organizaciones criminales el mayor factor de riesgo para el periodismo.

El crimen organizado presenta dos funciones en el nuevo orden mundial llamado neoliberalismo: 1) la función de autodefensa del sistema capitalista en su forma de narcotráfico, genera y concentra plusvalía con la producción y consumo de drogas a escala mundial, y a favor del gran capital financiero (lo controla y centraliza). Su combate, reactiva el mercado internacional productor de armas e infraestructura contra el crimen (ganancias para aquellas corporaciones como el pentágono); 2) Presenta la expresión viva de auto degeneración y profunda contradicción entre el sistema jurídico, el sistema económico, el sistema político y las clases sociales en disputa. Expresión dinámica de la crisis en las cuales el crimen organizado tiene un lugar clave en la redistribución violenta ilegítima e ilegal de riqueza, para el caso de tráfico de autos robados, tráfico de migrantes, secuestro, etcétera. Así mismo, las organizaciones criminales generan corrupción en el aparato gubernamental de los estados nacionales; históricas formas de desintegración del estado nacional, al lado de la especulación financiera internacional
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Estas observaciones nos dan las pistas que son la clave para entender la vinculación de las rutinas de las mafias con las que mantienen los poderes; el lugar que ocupa su influencia económica en el medio social, vulnerado y a la vez beneficiado por ellas como parte del sistema que por otro lado, supuestamente, las trata de erradicar. ¿Qué pueden hacer los periodistas para estar seguros?

Prácticamente no existe una entidad del país a salvo de amenazas o donde no se padezca la acometida de quienes sienten que se revela periodísticamente algo que les involucra, por lo que utilizan la violencia para acallar la verdad. Censuran por su cuenta la crítica mediática o denuncias sobre sus actividades.

Esta situación se ha desenvuelto en un ambiente de impunidad propicia por la falta de capacidad de las autoridades para regir el Estado. El régimen ha tenido dificultades para adaptarse y dar manejo a las circunstancias, situación que aprovechan los poderes fácticos para penetrar en las capas y círculos considerados herméticos o estratégicos y con ello incrementan su poder.

Sin embargo, no todos los crímenes provienen de estas mafias o agrupamientos criminales, si no que la inestabilidad social agudizada sobre todo en zonas marginadas o densamente pobladas, marca sus propias pautas de tensiones y conflictos derivados de las desigualdades ancestrales; los añejos problemas generados durante las vicisitudes históricas por las que ha transitado la sociedad.

Persisten las luchas por la posesión de la tierra, los espacios urbanos o el acceso a recursos como el agua. Así mismo, el cambio de paradigma económico agudiza la presión sobre toda clase de bienes naturales explotables, de donde se desprenden conflictos que por lo regular terminan a favor de los dominantes.

El pasado 7 de abril fueron emboscadas y asesinadas las periodistas Felícitas Martínez Sánches y Teresa Bautista Merino, locutoras de la radio trique “La voz que rompe el silencio”. Las comunicadoras se dirigían a cubrir el Encuentro Estatal por la Defensa de los Pueblos de Oaxaca, en la capital del estado.

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Koichiro Matsuura, expresó su “más firme repulsa por los asesinatos perpetrados”. “Matar periodistas es un crimen odioso que causa un grave perjuicio a la sociedad, pues socava el derecho democrático de los ciudadanos a debatir cuestiones de interés común disponiendo de información suficiente y adoptar decisiones políticas con conocimiento de causa”. 3

Acerca de este crimen, que nos exhibe una vez más ante la opinión pública mundial como nación que abriga desigualdades que a su vez generan violencia bajo contextos de impunidad, el municipio autónomo de San Juan Copala, autoridades de Yosotatu, el Centro de Orientación y Asesoría de los Pueblos indígenas, así como la Red de Radios Comunitarias Indígenas del Sureste de México, responsabilizaron a “una banda de pistoleros ligada al Partido Unidad Popular (de registro local)”. Exigieron además una investigación exhaustiva e imparcial, así como aplicar la ley contra los responsables, tanto los autores materiales como intelectuales. A su vez demandaron la intervención de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas, de la Procuraduría General de la República y de la visitaduría que investiga los atentados contra comunicadores por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La Red de Radios Comunitarias de Oaxaca incluye 16 estaciones diseminadas en Oaxaca y el sur de Veracruz. Dicha organización de comunicadores ha sufrido un golpe que consideran como una afrenta terrible que “contraviene los principios de libertad de expresión y acceso a los medios de comunicación indígenas reconocidos en nuestra Constitución y diversos instrumentos internacionales de derechos humanos como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana de Derechos Humanos y la recientemente publicada Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas.

La organización expuso mediante un mensaje textual que el ataque a un comunicador es también contra la sociedad en general, pero además constituye una afrenta contra un pueblo indígena y su historia. Es algo que va en contra de sus tradiciones, de su lengua y costumbres. Se trata sin duda de un acto discriminatorio y cruel que evidencia la intolerancia de ciertos grupos de poder hacia la autodeterminación que practican las etnias.

Un caso más sobre el que las autoridades federales debieran dar respuestas. Un mensaje que nos advierte del grado de descomposición que se vive y que repercute sobre todo en sectores menos favorecidos social y económicamente. Las comunidades de Oaxaca viven en constante conflicto entre sí, prolongando una lucha por el poder local, pero también por la defensa de sus recursos y cultura ancestral ante el embate del capital que, desde hace siglos, codicia las riquezas y ubicación estratégica del Istmo de Tehuantepec como paso internacional.

Las razones son sobre todo de carácter económico y también del orden geopolítico, en tanto facilidades de acceso a recursos estratégicos como minerales y yacimientos de hidrocarburos, al igual que la explotación de zonas turísticas. Por cierto que tal riqueza étnica ha sido revaluada por el neoliberalismo bajo los parámetros del libre mercado.

En esta zona también es importante para el capital hacerse del control de flujos humanos y de otros productos como petróleo o las drogas que provienen del sur del continente. Desde Oaxaca, seguramente los periodistas libres o más comprometidos con la comunicación social, seguirán reportando sobre los acontecimientos, aunque los cercos dificultan cada vez más el flujo de información sobre los mismos, en favor de la visión que construyen los medios masivos aliados al régimen y al sistema.
No obstante, a través de los medios alternativos, Internet o las fuentes primarias, circula información que es útil para que la gente se entere de otra manera sobre lo que sucede.

La libertad de expresión es un tema sumamente y a la vez insuficientemente debatido que no se agota en la posibilidad de manifestar libremente nuestros puntos de vista.

Es, ante todo, la expectativa de ejercer un derecho ciudadano que debiera estar por encima de los medios de comunicación que lo reducen a un montaje controlado bajo la forma de “consulta pública” o “información imparcial”.


Qué nos dice la sociología sobre el periodismo

Hasta aquí he tratado de ofrecer una aproximación a la parte álgida de la profesión; su vinculación con las fuerzas oscuras y siniestras que se mueven en los entretelones del poder. Faltaría contar con puntos de vista tomados de algunos estudios sobre la sociológica de la profesión de los periodistas.

Me parece que es indispensable para comprender el fenómeno descrito, indagar cuáles son las motivaciones de los periodistas. Qué elementos de su experiencia profesional, de la vida personal o de la propia ideología, subyacen en sus rutinas o dinámicas. Cuál es la subjetividad con que se enfrentan a la tarea diaria de reunir y transmitir información. Qué relación guardan con los actores políticos con los que entran en contacto.

Estos cuestionamientos, entre otros que es necesario hacer para acercarnos más a lo que Bordieu define como campo, son puntos de partida para abrirnos paso y procurar desentrañar lo que aún permanece desconocido entre los factores individuales o externos, que intervienen en las prácticas que llevan a cabo estos trabajadores de la información.

¿Quiénes son, qué hacen los periodistas? El sociólogo francés, Éric Maigret, (2005) escribió un interesante artículo acerca de los estudios sobre esta profesión ligada a los medios de comunicación. El autor se pregunta sobre los fabricantes de noticias, esos sujetos sociales que comúnmente reciben una paga de algún medio de comunicación y salen a la calle o llevan ya una agenda que les proporciona información acerca de quienes han de entrevistar o de los elementos que servirán para hilvanar una narrativa que probablemente se acompañará de imágenes de fotografía, video o animaciones en 3D: la noticia.

Maigret nos inicia por la parte donde empezaron los estudios sobre los profesionales del periodismo o al menos comenzó a inquietar a los investigadores esta zona de la comunicación de masas.

El periodismo se ejerce, de acuerdo con este parecer, por alguien que en principio considera útil saber de algunos temas por medios que no están al alcance de quienes conforman las audiencias y trabaja para que se enteren éstas de ello, como algo acontecido, lo cual también se considera necesario. De esta perspectiva se desprende la Sociología Funcionalista del Periodismo: el estudio del “Newsmaking”.

Este enfoque, en principio apologista, sobre la fabricación de la información, converge en el análisis con la corriente crítica y marxista que se justifica en que la “comprobación de aspectos limitantes de la práctica periodística, lleva a análisis más globales de las relaciones entre medios e instituciones, contenidos y posicionamientos ideológicos”. 4

El autor escudriña acerca de las interacciones de los medios con el entorno, aunque se le dificulta asomarse a ciertos resquicios que permanecen entre sombras, porque no todo lo que figura entre las prácticas de los profesionales de la información es fácilmente captable como para explicarlo. “Las relaciones que los medios mantienen con sus fuentes (especialmente los medios políticos), sus anunciantes y dirigentes no se pueden describir con facilidad. La mayoría de los investigadores coinciden en evocar la influencia que padecen los periodistas sin que se haya podido establecer un modelo coherente”. 5

El mercado es un aspecto que vale la pena tener en cuenta, aunque “no se ha establecido un consenso en el nivel de las estructuras económicas y sus consecuencias sobre las prácticas periodísticas”. 6 Sin embargo, algunos medios no soslayan los efectos de la oferta y la demanda, como agentes que pueden intervenir en la liberación de periodistas hacia otros que oferten mejores condiciones por sus servicios. Igualmente los medios enfrentan los vaivenes del mercado, ahora de carácter global.

La pertinencia social y la transmisión de códigos culturales entre los periodistas es otro factor analizado en el estudio de Maigret. Habla de los orígenes sociales de los periodistas, destacando que en el continente europeo y en los Estados Unidos, éstos generalmente pertenecen a estratos medios o altos de la sociedad, lo cual, según algunos enfoques, muchas veces les impide asumir con la sensibilidad requerida, los problemas que enfrentan los que pertenecen a niveles bajos.

Su pertenencia a estratos medios y sobre todo a los altos, justifica el reproche que se les hace por el hecho de interesarse prioritariamente por temáticas no populares, por un rechazo activo del “pueblo” o, más generalmente, por pura ignorancia. Pero de esta constatación no se puede deducir nada tan simple: si se desea una ampliación social del acceso a los medios para incrementar la diversidad de los contenidos. La empatía social nunca es totalmente imposible. 7

Finalmente, el planteamiento nos lleva al problema de la multiplicidad de objetivos a partir de la conclusión de los debates sobre la construcción ideológica de la información que, “por insatisfactoria que sea, no puede ser si no contradictoria”.

El análisis de la profesión, desde la perspectiva funcionalista, enfoca el interés hacia los beneficios que se obtienen por hacer conocer y poner en circulación los mensajes que contienen la “verdad” sobre los hechos. Este enfoque considera a los periodistas hacedores de información que presentan datos a las audiencias o públicos para ayudarles a crear opinión sobre los acontecimientos que impactan a los grupos y sujetos sociales.

Los estudios sobre los medios de comunicación se concentraron demasiado hacia la década de los años sesenta en los emisores. ¿Qué tanto era deseable estudiar al generador de los mensajes, el emisor del modelo de Lasswell? Sin duda ha sido útil, aunque prevaleció el desdén intelectual por los medios de comunicación considerándolos como vulgares; agencias que mandaban mensajes carentes de contenidos que aportaran algo útil a la sociedad. La teoría crítica vio esto y más, sobre todo en los “efectos” sobre las audiencias y concibió las “industrias culturales” como “simples correas de transmisión de la ideología dominante”. 8

De los productores casi nadie se ocupaba. La atención hacia los profesionales de la comunicación era poco atractiva. Pocos se preguntaban acerca de la producción.

No obstante la producción reserva verdaderas sorpresas porque acrecienta el conocimiento de la relación cultura-poder, al revelar los mecanismos de dependencia/independencia política y económica de los periodistas y de los autores de entretenimiento, insistiendo en la variedad de sus carreras, de sus ideologías y de sus competencias. Aunque los trabajos sobre los profesionales no conduzcan de ninguna manera a una visión pluralista de la sociedad, en la que cada uno pudiera decir lo que piensa y ser escuchado del mismo modo, demuestran la existencia de formas plurales de expresión en nuestras sociedades, lejos de la caricatura de una opresión generada por los medios. 9

El interés hacia las audiencias creció en forma paralela al interés por la industria del mercado. La sociología del periodismo tiene raíces desde la Escuela de Chicago y su atención fue acaparada por la prensa.

Los periodistas monopolizan la atención de los investigadores en razón de su posición central en el proceso democrático y de su proximidad a los medios intelectuales. De ahí que la búsqueda de legitimidad de una profesión sea un parámetro para tomar conciencia del grado de madurez y estabilidad alcanzado por nuestra sociedad. 10

Maigret señala que aún quedan vestigios del funcionalismo en los trabajos anglosajones que se enfocaron más por la etnografía y posteriormente, en los años setenta, buscaron comprender los mecanismos de producción de la información el (news-making). “Denis McQuail describió las etapas de la investigación, desde los trabajos sobre la influencia de las variables individuales en la fabricación de noticias, hasta los grandes estudios sobre estructuración de la información, a través de los medios de comunicación institucionalizada(…) David M. White fue el primero en identificar a los periodistas con el término de gatekeeper (guardián seleccionador de la información) tomada a su vez de Kurt Lewin, en su análisis de la selección de noticias que realizó en un diario local”. 11

La regularidad entre las selecciones noticiosas entre un diario y otro, los formatos repetidos, hicieron cuestionar la idea que se tenía acerca de que la información dependía en principio de las expectativas individuales de los periodistas. Existen limitantes, líneas editoriales, rutinas organizacionales que se burocratizan y “generan el comportamiento a veces gregario de los medios de comunicación”. Sistemáticamente se privilegian los eventos considerados particularmente dramáticos, el escándalo que atrae a la audiencia. Todo ello adaptado a ciclos de 24 horas en las que los reporteros utilizan recursos técnicos, como son imágenes de archivo combinadas con efectos de audio, gráficos, textos y todo lo disponible para “recrear” espectacularmente un hecho que probablemente no aconteció como lo narra el medio.

En su estudio, Maigret nos habla del “retorno de la crítica”, como una convergencia sobre la fabricación de la información, “inicialmente funcionalista y apologética, con la corriente crítica marxista”. 12

“La comprobación de aspectos limitantes de la práctica periodística, lleva a análisis más globales de las relaciones entre medios e instituciones, contenidos y posicionamientos ideológicos”13 aquello considerado como obvio o más fácil de producir, puede estar, de hecho así sucede siempre, relacionado con una postura ideológica.

“Incluso en situación de emergencia, de un evento violento como una guerra, no es natural considerar algunos procedimientos, por ejemplo grabación en directo, como particularmente ricos en información, ni escoger dar la palabra prioritariamente a los poderosos, aquellos que ya disponen de un acceso bien establecido (las autoridades militares del país y no las del adversario): la búsqueda desenfrenada de la inmediatez de la información remite a la obsesión occidental del presente; conceder el mayor peso a los poderosos traduce la presión de las autoridades/élites, o la congruencia entre las expectativas de unos y otros”.14

Sin embargo, resultados de otras investigaciones tienden a atenuar el peso de una visión que ubica los medios como dictadores tajantes de ideología que transmiten en sus segmentos noticiosos.

“La relación con los dirigentes, sobre la cual Gans trabajó detenidamente, debe pensarse a través de la idea de negociación y no de dominación unilateral. La presión ejercida sobre las redacciones es una realidad que fluctúa con los momentos y los hombres. Si la política de información, se decide de una vez desde lo alto, su aplicación varía cada día en función de las circunstancias y de las capacidades de reapropiación de los periodistas y los reporteros: el conflicto no está ausente de las salas de redacción. Más allá, la medida de la influencia de las estructuras económicas plantea numerosos problemas conceptuales”.15

El debate sobre las fuentes y sus influencias, cobró formalidad a partir de los años setenta por “la sociología británica de los medios, opuesta a la tradición funcionalista norteamericana al reivindicar una reflexión crítica pero igualmente influenciada por los trabajos de Leo Rosten y de Everett Hughes, con orientación etnográfica. Jeremy Tunstall interroga a más de 200 periodistas – sus preferencias van a la técnica de la entrevista semi-dirigida- antes de escribir Journalist at work y sugiere un modelo de interacciones estructuradas entre periodistas y los informantes”. 16 Ambos colaboran simultáneamente y tratan de “hacer pasar la información o recogerla, según los intereses de unos y otros”. Sin embargo, esta relación se da de manera desequilibrada. “El mundo de los periodistas es débilmente reactivo en cuanto a la diversidad social, rara vez toma la iniciativa de multiplicar los informantes y de poner fundamentalmente en perspectiva los asuntos tratados. Puesto que este mundo se basa en fuentes conocidas, recurrentes, estereotipadas, éstas tienen la ventaja porque se favorecen con el verdadero poder de la prensa, el de proceder por omisión, de excluir a quienes no son aceptables”.17

El éxito de los promotores mediáticos se sustenta en la adaptación de los acontecimientos a sus formatos de rutina, debido principalmente a que otros eventos son más fluctuantes y por tanto difíciles de controlar. Los reporteros por lo regular no van fuera del perímetro asignado por el medio, ni se asoman a fuentes no acostumbradas, salvo algunas excepciones.

Los estudios de los años noventa, tanto en Europa como en América, se enfocaron en un fenómeno inverso: “el poder de los periodistas sobre sus fuentes, incluido el mundo político. El increíble éxito de los medios masivos en términos de audiencia y de prestigio, la liberalización del audiovisual y la afirmación de una “mediocracia” engendraron a su vez efectos sobre los elegidos que pueden ser expuestos a la luz de la actualidad e incitados a comparecer ante el “tribunal de la opinión” (piénsese en diversos escándalos mediáticos ocurridos en el curso de esta década, comenzando por el famoso caso Lewinski"18

¿Que hay del mercado en los medios de comunicación y el periodismo? Sin llegar aún a establecerse consenso “en el nivel de las estructuras económicas y de sus consecuencias sobre las prácticas periodísticas, los autores más cercanos a las teorías neo-clasistas, tradicionalmente norteamericanos, sostienen que entre más diversificada es la oferta, mayores son las posibilidades de expresión de los periodistas, y los públicos podrán tener mayor acceso a formas de información variadas; el monopolio público de información, por el contrario, lleva a la restricción de la información. Los partidarios de los servicios públicos mediáticos, tradicionalmente europeos, responden que la información no satisface gustos o intereses particulares, si no que siempre es un bien público, útil a la comunidad para formarse como entidad política: la formación de grandes oligopolios de información en un sistema liberal conduce a un empobrecimiento, cuando la competencia encarnizada en un mercado atomizado conduce a la mediocridad y a la dispersión. Aún así cada vez más estas dos posiciones se consideran como complementarias y si la discrepancia Estados Unidos-Europa se atenúa, éstas no permiten comprender la extrema heterogeneidad de las situaciones. El monopolio público de la información televisiva ha jugado claramente contra el pluralismo de expresión en Francia, a tal punto que la privatización fue decidida por un presidente socialista, Francois Miterrand. Los excesos de la concentración o de la dispersión económica, se observan hoy en los mercados de televisión (donde grandes grupos privados buscan el control de numerosas cadenas y sus contenidos) o del Internet (con la profusión de sitios redundantes que no tienen nada por decir)”.19

El surgimiento de grandes grupos mediáticos nacionales y trasnacionales se considera a veces como la posibilidad de mayor autonomía para los periodistas, desprendidos de los intereses locales. La gestión de entidades distantes y amplias significa desprendimiento de criterios de carácter doméstico; algunos actores y agencias consideran a la prensa como algo propio.

Por su parte, los servicios públicos modernos cumplen funciones que el mercado no garantiza, por ejemplo los canales parlamentarios.

”El argumento tocqueviliano sobre la necesidad de una pluralidad de modos de expresión y soportes, como antídoto para los problemas planteados por la estrechez o mala calidad de la expresión, conserva su fuerza pero no suministra la clave de un progreso en la democracia de opinión. La existencia o no existencia de una correlación precisa entre estructuras de mercado y “calidad” de la información es un gran interrogante para futuras investigaciones, al interior de nuevas corrientes de la economía de los medios”. 20

En el análisis de la pertenencia social y la transmisión de códigos culturales, el autor hace referencia nuevamente a los estudios de Hebert Gans, donde afirma que:

“en promedio los periodistas mezclan tanto puntos de vista conservadores como progresistas porque comparten los valores dominantes de una sociedad capitalista, socialmente ordenada, aunque se consideran mayoritariamente demócratas y moderados. Su pertenencia a la “clase media” limita su visión del mundo y refrenda ante los demás su lealtad hacia el establecimiento, pero por esta misma razón garantizará su libertad de expresión y sus márgenes de maniobra”. 21

Los estudios de la sociología de los medios ayudan a comprender un poco más sobre lo que hacen y quiénes son los periodistas, sin embargo, todavía es difícil y más aún en nuestro ámbito, contar con una cartografía segura que nos ayude a dar respuestas satisfactorias. Las relaciones son variadas y se entrelazan con las lógicas y rutinas del medio y los planes, metas o proyectos individuales de los profesionales.

“La flexibilidad de los niveles de implicación política de los periodistas y la variabilidad de su apoyo a los actores sociales están relacionadas con la multiplicidad de objetivos que se proponen (…) en respuesta a la complejidad del mundo y a su posicionamiento en la sociedad, las mujeres y los hombres que hacen la información adoptan una rutina de lo excepcional o, en palabras de Tunstall, una “burocracia de la no-rutina”, que enmascara la inestabilidad presente y hace creer en la inmovilidad de sus prácticas, con un exclusivo interés en las situaciones adquiridas”. 22

“En un nivel más macro-sociológico, la cuestión de la influencia estructural de los entornos dominantes ha sido planteada por autores como Noam Chomsky, Eduard Herman J. Herbert Atschull, quienes sostienen que existen lazos orgánicos de manera permanente y masiva entre los periodistas y los intereses dominantes. Según esta postura la prensa y los medios en general “están al servicio de los intereses capitalistas y de acuerdo con la tesis marxista del reflejo no hace más que replicar sus ideas y cultura”. 23

La forma en que Maigret plantea el asunto nos demuestra su discurso pro occidental. Dice que “la ausencia de pruebas empíricas y el aspecto burdo del argumento invalidan ampliamente esta nueva versión de la teoría del complot. Desde los años setenta el marxismo se orientó, de hecho, hacia la cuestión de la transmisión de esquemas culturales, de marcos de expresión adoptados en prioridad por los medios y no de contenidos directa y eternamente derivados de los intereses dominantes como órdenes a las que habría que someterse”.24

Desde luego que esta tesis se queda congelada ante lo que se manifiesta en México en cuanto a la correlación de fuerzas entre los poderes dominantes y los medios de comunicación. Campañas de desprestigio facilitadas por las empresas televisivas para desprestigiar al enemigo político. No bastaron meses de bombardeo mediático en tono de ataque durante los meses previos y posteriores a los comicios de 2006, si no que en días recientes vuelven a las pantallas y los micrófonos, los ataques directos contra quienes disputan el poder a los grupos tradicionalmente dominantes. Con el ingrediente de que se suman las empresas mediáticas abiertamente a las campañas de desprestigio. Un complot.

“En una obra colectiva (Policing the crisis, Mugging the State and Law and Order, 1978) Stuart Hall aborda la tesis de una reproducción hegemónica consecuencia del efecto estructurante de la palabra de los poderosos. Como son los primeros en tener acceso a los medios para comentar los eventos y dado que dominan los códigos simbólicos legítimos, los poderosos imponen a los periodistas o asesores una “primera definición” de los problemas evocados a los que estos últimos se aferran. Autores como Gans y Tunstall presentan una concepción cercana a la influencia estructural. Por la misma época, Pierre Bourdieu (con Luc Boltanski, 1976) evoca de manera suscinta el poder de definición de lo real que detentan los organizadores de los debates televisados”. 25

Maigret nos refiere como ejemplo de estas conclusiones el siguiente: “la confrontación que tuvieron Georges Marchais, secretario general del Partido Comunista francés y Jacques Chirac, político de derecha, giró a favor del segundo, formado en el mismo tipo de escuela (la ENA*) que los periodistas presentes en el estudio, mientras que el primero se expresa de manera brutal, popular y no tecnocrática. La información y los debates mediáticos estarían guiados de manera inconsciente por los referentes culturales en los entornos sociales superiores y en las escuelas distinguidas. Sin embargo a este análisis se pueden oponer muchos argumentos”. 26 Uno de ellos es precisamente la Tesis de la debilidad mediática de Georges Marchais, según la cual el enfoque estructuralista descuida los múltiples objetivos de los medios de comunicación, subestima las capacidades de respuesta de las audiencias y “separa conjuntos culturales cuya coherencia es aleatoria”. Enseguida el autor nos enfoca el centro de la discusión: “Si los Cultural Studies de Stuart Hall abandonan luego la idea de estrecha unidad entre la burguesía dominante y de los medios que transmitirían sus propósitos y conceden la posibilidad de oposiciones populares, sin renunciar a la noción de poder, la sociología de Bourdieu endurece sus posiciones hacia los medios. Lejos de los trabajos que enfatizan con refinamiento el carácter doble de la producción de la información, al mismo tiempo innovador y estandarizado, los textos publicados al final del siglo XX (Sur la televisión/L´Emprise du Journalisme, 1996) evocan la única connivencia con los poderes o la presión insostenible de las limitantes profesionales de los periodistas sin proponer un terreno para el análisis: los periodistas sólo son vistos como las “marionnettes de la nécessité ” (“marionetas de la necesidad”), para tomar la fórmula de Bourdieu, y no como actores que desarrollan estrategias en espacios de relaciones múltiples (lo que sin embargo estaría de acuerdo con las posiciones teóricas de este mismo autor desarrolladas en su Esquisse d´une théorie de la practique).” 27


Maigret es más duro aún con Bourdieu de lo que en momentos fuera éste