Libertad
de expresión: ¿para quién?
Carlos
Antonio Villa Guzmán
Periodista,
docente e investigador con grado de
Maestría, adscrito al
Departamento de Estudios de la Comunicación
Social de la Universidad de Guadalajara.
El
presente artículo plantea algunas
reflexiones acerca de la violencia ejercida
contra periodistas en México
a partir de algunas conclusiones que
anticiparon los representantes de una
comisión internacional que recientemente
visitó nuestro país. Ofrece,
además, una mirada a los estudios
sobre periodismo, basada principalmente
en un extraordinario análisis
de la sociología de los periodistas
realizado por el sociólogo Francés
Eric Maigret.
La presencia de los comisionados tiene
lugar días después del
asesinato de dos comunicadoras pertenecientes
a una estación de radio de las
comunidades de Oaxaca, mientras se dirigían
a un congreso local. Éste y otros
ataques contra comunicadores sitúan
a México como el país
más peligroso de América
Latina para ejercer el periodismo, de
acuerdo con dicho informe.
En 2007, la CNDH abrió ochenta
y cuatro expedientes que contienen quejas
de agravios en contra de periodistas.
Los documentos incluyen testimonios
de acoso por medio de expedientes fiscales,
amenazas, lesiones, desaparición
forzosa y homicidio.
Los
comisionados en una rueda de prensa
señalaron al crimen organizado
como responsable de la mayoría
de casos, pero también hablaron
de otros factores como la corrupción
y la omisión, por falta de voluntad
política del Estado para atender
este tipo de delitos.
No
escapó de la atención
y de la crítica de los organismos
internacionales representados, entre
ellos la UNESCO, la alta concentración
de medios “en unas cuantas manos”,
lo cual “atenta contra la pluralidad
y la libre expresión”.
La
desinformación todavía
representa un serio obstáculo
para la democracia en nuestro país.
El
texto resume información sobre
los estudios realizados a partir del
news making de principio de la década
de los sesenta del siglo xx. Desde la
teoría funcionalista hasta los
cultural studies de Stuart Hall.
Bajo
amenaza
Es
importante hablar de quienes han padecido
agresiones debido a que practican un
periodismo que rebasa, no se ajusta
o desborda, lo que algunos grupos o
actores sociales están conformes
con que se divulgue.
La
libertad de expresión se encuentra
bajo amenaza en México. Esta
circunstancia, por demás inconveniente
y hasta penosa, se confirma con un informe
que dará a conocer la Misión
Internacional sobre Agresiones contra
Periodistas, cuyos representantes estuvieron
en nuestro país del 20 al 25
de abril y visitaron, además
de la capital, los estados de Oaxaca,
Michoacán, Sonora y Guerrero.
Después
de revisar expedientes y entrevistarse
con las familias de las víctimas,
los comisionados de los organismos internacionales
concluyeron que México es el
país que representa más
peligro en América Latina para
ejercer el periodismo. Coinciden en
que, el crimen organizado, la corrupción,
la falta de voluntad política
y la omisión del Estado para
dar la debida atención a estos
delitos, son los “principales
obstáculos” para brindar
seguridad a los comunicadores.
La
delegación representó
a organizaciones como: la Organización
de Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (Unesco), Article
19, International Media Support, Reporteros
Sin Fronteras, la Asociación
Mundial de Radios Comunitarias y otras
seis agrupaciones más.
El
momento de crispación social
que atravesamos nos da pauta para reflexionar
acerca de cuestiones que son clave para
la estabilidad, como por ejemplo el
Estado de Derecho, que existe no más
allá del discurso, según
acontecimientos como las represiones
en Atenco y los estados de Oaxaca o
Chiapas, al igual que las incursiones
del ejército en las comunidades,
sobre todo las más apartadas
de la geografía nacional, donde
se cometen abusos en total impunidad.
A esta lista se añaden los excesos
contra los derechos humanos que frecuentemente
tienen lugar en los retenes que instala
el ejército en las carreteras
o caminos y que han cobrado la vida
de quienes tuvieron el infortunio de
encontrarlos en un momento equivocado,
porque no se escuchan o se ven las señales
de “alto” que hace un soldado
con una linterna, casi sin baterías,
a media noche. Como si estuviéramos
en una guerra. Cabe mencionar las golpizas
que propinan los policías a los
detenidos por el delito de “portación
de cara”; los allanamientos y
detenciones arbitrarias que son parte
de la vida cotidiana de un número
ignorado de ciudadanos.
Durante
los gobiernos federales del Partido
Acción Nacional, es decir, los
últimos ocho años; veinticuatro
trabajadores de los medios de comunicación
fueron asesinados; ocho han desaparecido
y decenas más fueron víctimas
de agresiones o amenazas por razones
que tienen que ver con su actividad.
No
todo llega a tener cobertura mediática.
Pasan desapercibidos para la opinión
pública la mayoría de
los casos donde se atenta contra los
derechos de personas en general y periodistas
en particular. Las agresiones a medios
de comunicación son tan antiguas
en México, como la propia historia
de los medios. Al igual que en otros
países, la prensa siempre ha
tenido enemigos. Tanto los periodistas
como las instalaciones de los medios
de comunicación independientes,
no se hayan exentos de sufrir atentados.
El caso más reciente contra alguna
instalación, fue el asalto que
hizo un comando armado hace aproximadamente
cuatro años en el Estado de México
--caso conocido como el “Chiquihuitazo”--
perpetrado durante el período
foxista por mandato de los dueños
de Tv Azteca, con la finalidad de quedarse
con la señal del Canal 40. Fue
suprimida así la línea
de periodismo objetivo con la que esta
televisora mantuvo su audiencia.
No
menos agresiva contra la libertad de
expresión fue la famosa “Ley
Televisa” que pretendió
entregar el foxismo a los concesionarios
por medio de un decreto.
Entre
las razones que enturbian el de por
sí sombrío panorama periodístico,
encontramos a las televisoras y redes
de radiodifusoras que monopolizan las
concesiones de la llamada señal
abierta; tratan éstas de vender
una realidad que solamente existe en
sus pantallas o transmisiones a lo cual
llaman “entretenimiento”
o “cobertura noticiosa”.
Fabrican noticias donde favorecen a
los grupos con los que mantienen alianzas,
conformando una coalición sui
géneris, entre los medios
de comunicación; el gobierno
en turno; cierta élite de empresarios,
la mayoría de ellos ligados al
clero y la propia institución
eclesiástica, cuyo protagonismo
destaca de manera notable y hasta con
ostentación de poder en la vida
política de nuestros días.
María
Salazar, del Comité para Protección
de Periodistas; Darío Ramírez,
de Article 19; Manuel Méndez,
de la Federación Internacional
de Periodistas; Jesper Hoberg, de International
Media Support, y Andrew Raldof, de la
Unesco, afirmaron que “la concentración
de medios en unas cuantas manos, como
sucede en México, atenta contra
la libertad de expresión y la
pluralidad. Además, observaron
que existe una “arbitraria distribución”
de la publicidad oficial, la cual se
utiliza como premio “para los
bien portados” o como castigo
contra los que critican.1
No
resulta estimulante para un periodista
o comunicador, desarrollar su carrera
en un país que limita la libertad
de expresión, principalmente
con el control de las señales
concesionadas a empresas con las cuales
el gobierno mantiene relaciones de interés
económico y político.
En estos lugares se ejerce cierto modelo
de periodismo cómodo a las élites,
donde los inconformes, los disidentes
o auto excluidos del discurso dominante,
son invisibles, aunque ahora hayan puesto
de moda exhibirlos como antisociales.
Nos
deben interesar, sobre todo, quienes
por alguna razón que puede ser
algo muy personal, dedican tiempo y
talento a esclarecer hechos que son
de interés público y que
alguien procura ocultar, que pasen desapercibidos.
Burlan los cercos informativos, con
la finalidad de hacer que se conozca
lo acontecido u otra versión
de lo acontecido. Por ello muchas veces
se les agrede.
La
agudización del fenómeno
obedece, más que a otras causas,
a la impunidad con la que las mafias
maniobran en el país, al igual
que la pérdida del control que
de alguna manera tenía el Estado
sobre dichos grupos que se han multiplicado,
lo mismo que su poder. Ahora no tan
sólo le perdieron el respeto,
si no inclusive lo desafían.
Pero existen otras razones que veremos
enseguida.
Acerca de las tramas criminales aún
hay mucho que desentrañar en
nuestra sociedad subdesarrollada y dependiente
del exterior en lo fundamental. Los
gobiernos han dado continuidad a las
políticas neoliberales, el llamado
“nuevo orden mundial”, para
estimular un frenético intercambio
global, donde la participación
de las redes internacionales del crimen
organizado no queda exenta.
Cada
vez con mayor sofisticación,
el hampa y los grupos violentos, cobran
terreno en los diferentes ámbitos
sociales. Fuerzas invisibles que solamente
otras similares pueden enfrentar, además
de las que el Estado instruye para combatirlas,
si es que no han sido de alguna forma
vulneradas por los agentes enemigos,
como vemos que sucede.
El
crimen organizado ha infiltrado su dinero
a los núcleos financieros, corrompiendo
además las instituciones que
sirven para salvaguardar la seguridad
y los intereses de la nación.
Este
panorama es muy favorable para la violencia
en su amplia gama de modalidades. De
ahí han surgido los golpes que
cobraron la vida a periodistas: principalmente
de las sociedades criminales, pero también
debido a la justificada y cada día
más generalizada inconformidad
social, que involuntariamente incita
a que alguien actúe en contra
de los líderes o simpatizantes
de los movimientos reivindicativos,
al igual que de los comunicadores que
objetivan en sus notas o transmisiones,
el discurso, la ideología, propuestas
o razones, de los grupos que se manifiestan
contestatarios ante el poder. Contra
ellos es muchas veces utilizada la fuerza
bruta e irracional, por parte de quienes
sienten que las medidas democráticas
amenazan sus intereses.
Esta
situación tiende a agravarse
sin que aparezca algo que realmente
clarifique cuál es la postura
oficial ante los atentados perpetrados
contra periodistas, principalmente los
que se desenvuelven en medios no alineados.
El régimen no ha emitido políticas
públicas que obren a favor y
garanticen, la permanencia de las voces
o formatos críticos al sistema
o de aquellos que corren el riesgo de
indagar en los subterráneos donde
operan los brazos armados y los no armados,
del hampa.
Pocas
respuestas y numerosos casos
El
llamado Pacto de Chapultepec, que firmó
Calderón como presidente electo,
no ha significado algo para evitar o
siquiera disminuir la incidencia de
daños, tanto morales como físicos,
que padecen los periodistas por desarrollar
su actividad. No bastan las firmas sobre
documentos y discursos, para frenar
los delitos del crimen organizado. El
origen de los mismos es un asunto de
fondo que rebasa el afán de legitimidad
y promoción de imagen que realizan
los políticos. Para combatirlos
se requiere algo semejante a una acción
concertada y decisiva de todas las fuerzas
de la sociedad; el mayor consenso posible
para ejercer una medida determinante
y definitiva. Sueño que se aleja
de lo alcanzable en la medida en las
políticas del gobierno son subordinadas
a lo que dicta el mercado internacional.
La
CNDH abrió en 2007 ochenta y
cuatro expedientes de quejas por agravios
a periodistas. Los ataques van desde
el acoso por medio de expedientes fiscales,
hasta amenazas, lesiones, desaparición
forzosa y homicidio.
Un
año antes, en 2006, la Organización
Reporteros sin Fronteras destacó
los casos de México, Colombia
y Cuba, como los países más
peligrosos por diversas razones, siendo
en el caso de México las organizaciones
criminales el mayor factor de riesgo
para el periodismo.
El
crimen organizado presenta dos funciones
en el nuevo orden mundial llamado neoliberalismo:
1) la función de autodefensa
del sistema capitalista en su forma
de narcotráfico, genera y concentra
plusvalía con la producción
y consumo de drogas a escala mundial,
y a favor del gran capital financiero
(lo controla y centraliza). Su combate,
reactiva el mercado internacional productor
de armas e infraestructura contra el
crimen (ganancias para aquellas corporaciones
como el pentágono); 2) Presenta
la expresión viva de auto degeneración
y profunda contradicción entre
el sistema jurídico, el sistema
económico, el sistema político
y las clases sociales en disputa. Expresión
dinámica de la crisis en las
cuales el crimen organizado tiene un
lugar clave en la redistribución
violenta ilegítima e ilegal de
riqueza, para el caso de tráfico
de autos robados, tráfico de
migrantes, secuestro, etcétera.
Así mismo, las organizaciones
criminales generan corrupción
en el aparato gubernamental de los estados
nacionales; históricas formas
de desintegración del estado
nacional, al lado de la especulación
financiera internacional.
2
Estas observaciones nos dan las pistas
que son la clave para entender la vinculación
de las rutinas de las mafias con las
que mantienen los poderes; el lugar
que ocupa su influencia económica
en el medio social, vulnerado y a la
vez beneficiado por ellas como parte
del sistema que por otro lado, supuestamente,
las trata de erradicar. ¿Qué
pueden hacer los periodistas para estar
seguros?
Prácticamente
no existe una entidad del país
a salvo de amenazas o donde no se padezca
la acometida de quienes sienten que
se revela periodísticamente algo
que les involucra, por lo que utilizan
la violencia para acallar la verdad.
Censuran por su cuenta la crítica
mediática o denuncias sobre sus
actividades.
Esta
situación se ha desenvuelto en
un ambiente de impunidad propicia por
la falta de capacidad de las autoridades
para regir el Estado. El régimen
ha tenido dificultades para adaptarse
y dar manejo a las circunstancias, situación
que aprovechan los poderes fácticos
para penetrar en las capas y círculos
considerados herméticos o estratégicos
y con ello incrementan su poder.
Sin
embargo, no todos los crímenes
provienen de estas mafias o agrupamientos
criminales, si no que la inestabilidad
social agudizada sobre todo en zonas
marginadas o densamente pobladas, marca
sus propias pautas de tensiones y conflictos
derivados de las desigualdades ancestrales;
los añejos problemas generados
durante las vicisitudes históricas
por las que ha transitado la sociedad.
Persisten
las luchas por la posesión de
la tierra, los espacios urbanos o el
acceso a recursos como el agua. Así
mismo, el cambio de paradigma económico
agudiza la presión sobre toda
clase de bienes naturales explotables,
de donde se desprenden conflictos que
por lo regular terminan a favor de los
dominantes.
El
pasado 7 de abril fueron emboscadas
y asesinadas las periodistas Felícitas
Martínez Sánches y Teresa
Bautista Merino, locutoras de la radio
trique “La voz que rompe el silencio”.
Las comunicadoras se dirigían
a cubrir el Encuentro Estatal por la
Defensa de los Pueblos de Oaxaca, en
la capital del estado.
El
director general de la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Koichiro
Matsuura, expresó su “más
firme repulsa por los asesinatos perpetrados”.
“Matar periodistas es un crimen
odioso que causa un grave perjuicio
a la sociedad, pues socava el derecho
democrático de los ciudadanos
a debatir cuestiones de interés
común disponiendo de información
suficiente y adoptar decisiones políticas
con conocimiento de causa”. 3
Acerca
de este crimen, que nos exhibe una vez
más ante la opinión pública
mundial como nación que abriga
desigualdades que a su vez generan violencia
bajo contextos de impunidad, el municipio
autónomo de San Juan Copala,
autoridades de Yosotatu, el Centro de
Orientación y Asesoría
de los Pueblos indígenas, así
como la Red de Radios Comunitarias Indígenas
del Sureste de México, responsabilizaron
a “una banda de pistoleros ligada
al Partido Unidad Popular (de registro
local)”. Exigieron además
una investigación exhaustiva
e imparcial, así como aplicar
la ley contra los responsables, tanto
los autores materiales como intelectuales.
A su vez demandaron la intervención
de la Fiscalía Especializada
para la Atención de Delitos Cometidos
contra Periodistas, de la Procuraduría
General de la República y de
la visitaduría que investiga
los atentados contra comunicadores por
parte de la Comisión Nacional
de Derechos Humanos.
La
Red de Radios Comunitarias de Oaxaca
incluye 16 estaciones diseminadas en
Oaxaca y el sur de Veracruz. Dicha organización
de comunicadores ha sufrido un golpe
que consideran como una afrenta terrible
que “contraviene los principios
de libertad de expresión y acceso
a los medios de comunicación
indígenas reconocidos en nuestra
Constitución y diversos instrumentos
internacionales de derechos humanos
como el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, la Convención
Americana de Derechos Humanos y la recientemente
publicada Declaración Universal
de los Derechos de los Pueblos Indígenas.
La
organización expuso mediante
un mensaje textual que el ataque a un
comunicador es también contra
la sociedad en general, pero además
constituye una afrenta contra un pueblo
indígena y su historia. Es algo
que va en contra de sus tradiciones,
de su lengua y costumbres. Se trata
sin duda de un acto discriminatorio
y cruel que evidencia la intolerancia
de ciertos grupos de poder hacia la
autodeterminación que practican
las etnias.
Un
caso más sobre el que las autoridades
federales debieran dar respuestas. Un
mensaje que nos advierte del grado de
descomposición que se vive y
que repercute sobre todo en sectores
menos favorecidos social y económicamente.
Las comunidades de Oaxaca viven en constante
conflicto entre sí, prolongando
una lucha por el poder local, pero también
por la defensa de sus recursos y cultura
ancestral ante el embate del capital
que, desde hace siglos, codicia las
riquezas y ubicación estratégica
del Istmo de Tehuantepec como paso internacional.
Las razones son sobre todo de carácter
económico y también del
orden geopolítico, en tanto facilidades
de acceso a recursos estratégicos
como minerales y yacimientos de hidrocarburos,
al igual que la explotación de
zonas turísticas. Por cierto
que tal riqueza étnica ha sido
revaluada por el neoliberalismo bajo
los parámetros del libre mercado.
En
esta zona también es importante
para el capital hacerse del control
de flujos humanos y de otros productos
como petróleo o las drogas que
provienen del sur del continente. Desde
Oaxaca, seguramente los periodistas
libres o más comprometidos con
la comunicación social, seguirán
reportando sobre los acontecimientos,
aunque los cercos dificultan cada vez
más el flujo de información
sobre los mismos, en favor de la visión
que construyen los medios masivos aliados
al régimen y al sistema.
No obstante, a través de los
medios alternativos, Internet o las
fuentes primarias, circula información
que es útil para que la gente
se entere de otra manera sobre lo que
sucede.
La
libertad de expresión es un tema
sumamente y a la vez insuficientemente
debatido que no se agota en la posibilidad
de manifestar libremente nuestros puntos
de vista.
Es,
ante todo, la expectativa de ejercer
un derecho ciudadano que debiera estar
por encima de los medios de comunicación
que lo reducen a un montaje controlado
bajo la forma de “consulta pública”
o “información imparcial”.
Qué nos dice la sociología
sobre el periodismo
Hasta
aquí he tratado de ofrecer una
aproximación a la parte álgida
de la profesión; su vinculación
con las fuerzas oscuras y siniestras
que se mueven en los entretelones del
poder. Faltaría contar con puntos
de vista tomados de algunos estudios
sobre la sociológica de la profesión
de los periodistas.
Me parece que es indispensable para
comprender el fenómeno descrito,
indagar cuáles son las motivaciones
de los periodistas. Qué elementos
de su experiencia profesional, de la
vida personal o de la propia ideología,
subyacen en sus rutinas o dinámicas.
Cuál es la subjetividad con que
se enfrentan a la tarea diaria de reunir
y transmitir información. Qué
relación guardan con los actores
políticos con los que entran
en contacto.
Estos
cuestionamientos, entre otros que es
necesario hacer para acercarnos más
a lo que Bordieu define como campo,
son puntos de partida para abrirnos
paso y procurar desentrañar lo
que aún permanece desconocido
entre los factores individuales o externos,
que intervienen en las prácticas
que llevan a cabo estos trabajadores
de la información.
¿Quiénes
son, qué hacen los periodistas?
El sociólogo francés,
Éric Maigret, (2005) escribió
un interesante artículo acerca
de los estudios sobre esta profesión
ligada a los medios de comunicación.
El autor se pregunta sobre los fabricantes
de noticias, esos sujetos sociales que
comúnmente reciben una paga de
algún medio de comunicación
y salen a la calle o llevan ya una agenda
que les proporciona información
acerca de quienes han de entrevistar
o de los elementos que servirán
para hilvanar una narrativa que probablemente
se acompañará de imágenes
de fotografía, video o animaciones
en 3D: la noticia.
Maigret nos inicia por la parte donde
empezaron los estudios sobre los profesionales
del periodismo o al menos comenzó
a inquietar a los investigadores esta
zona de la comunicación de masas.
El
periodismo se ejerce, de acuerdo con
este parecer, por alguien que en principio
considera útil saber de algunos
temas por medios que no están
al alcance de quienes conforman las
audiencias y trabaja para que se enteren
éstas de ello, como algo acontecido,
lo cual también se considera
necesario. De esta perspectiva se desprende
la Sociología Funcionalista del
Periodismo: el estudio del “Newsmaking”.
Este
enfoque, en principio apologista, sobre
la fabricación de la información,
converge en el análisis con la
corriente crítica y marxista
que se justifica en que la “comprobación
de aspectos limitantes de la práctica
periodística, lleva a análisis
más globales de las relaciones
entre medios e instituciones, contenidos
y posicionamientos ideológicos”.
4
El autor escudriña acerca de
las interacciones de los medios con
el entorno, aunque se le dificulta asomarse
a ciertos resquicios que permanecen
entre sombras, porque no todo lo que
figura entre las prácticas de
los profesionales de la información
es fácilmente captable como para
explicarlo. “Las relaciones que
los medios mantienen con sus fuentes
(especialmente los medios políticos),
sus anunciantes y dirigentes no se pueden
describir con facilidad. La mayoría
de los investigadores coinciden en evocar
la influencia que padecen los periodistas
sin que se haya podido establecer un
modelo coherente”. 5
El
mercado es un aspecto que vale la pena
tener en cuenta, aunque “no se
ha establecido un consenso en el nivel
de las estructuras económicas
y sus consecuencias sobre las prácticas
periodísticas”. 6
Sin embargo, algunos medios no soslayan
los efectos de la oferta y la demanda,
como agentes que pueden intervenir en
la liberación de periodistas
hacia otros que oferten mejores condiciones
por sus servicios. Igualmente los medios
enfrentan los vaivenes del mercado,
ahora de carácter global.
La
pertinencia social y la transmisión
de códigos culturales entre los
periodistas es otro factor analizado
en el estudio de Maigret. Habla de los
orígenes sociales de los periodistas,
destacando que en el continente europeo
y en los Estados Unidos, éstos
generalmente pertenecen a estratos medios
o altos de la sociedad, lo cual, según
algunos enfoques, muchas veces les impide
asumir con la sensibilidad requerida,
los problemas que enfrentan los que
pertenecen a niveles bajos.
Su
pertenencia a estratos medios y sobre
todo a los altos, justifica el reproche
que se les hace por el hecho de interesarse
prioritariamente por temáticas
no populares, por un rechazo activo
del “pueblo” o, más
generalmente, por pura ignorancia. Pero
de esta constatación no se puede
deducir nada tan simple: si se desea
una ampliación social del acceso
a los medios para incrementar la diversidad
de los contenidos. La empatía
social nunca es totalmente imposible.
7
Finalmente,
el planteamiento nos lleva al problema
de la multiplicidad de objetivos a partir
de la conclusión de los debates
sobre la construcción ideológica
de la información que, “por
insatisfactoria que sea, no puede ser
si no contradictoria”.
El análisis de la profesión,
desde la perspectiva funcionalista,
enfoca el interés hacia los beneficios
que se obtienen por hacer conocer y
poner en circulación los mensajes
que contienen la “verdad”
sobre los hechos. Este enfoque considera
a los periodistas hacedores de información
que presentan datos a las audiencias
o públicos para ayudarles a crear
opinión sobre los acontecimientos
que impactan a los grupos y sujetos
sociales.
Los estudios sobre los medios de comunicación
se concentraron demasiado hacia la década
de los años sesenta en los emisores.
¿Qué tanto era deseable
estudiar al generador de los mensajes,
el emisor del modelo de Lasswell? Sin
duda ha sido útil, aunque prevaleció
el desdén intelectual por los
medios de comunicación considerándolos
como vulgares; agencias que mandaban
mensajes carentes de contenidos que
aportaran algo útil a la sociedad.
La teoría crítica vio
esto y más, sobre todo en los
“efectos” sobre las audiencias
y concibió las “industrias
culturales” como “simples
correas de transmisión de la
ideología dominante”. 8
De
los productores casi nadie se ocupaba.
La atención hacia los profesionales
de la comunicación era poco atractiva.
Pocos se preguntaban acerca de la producción.
No
obstante la producción reserva
verdaderas sorpresas porque acrecienta
el conocimiento de la relación
cultura-poder, al revelar los mecanismos
de dependencia/independencia política
y económica de los periodistas
y de los autores de entretenimiento,
insistiendo en la variedad de sus carreras,
de sus ideologías y de sus competencias.
Aunque los trabajos sobre los profesionales
no conduzcan de ninguna manera a una
visión pluralista de la sociedad,
en la que cada uno pudiera decir lo
que piensa y ser escuchado del mismo
modo, demuestran la existencia de formas
plurales de expresión en nuestras
sociedades, lejos de la caricatura de
una opresión generada por los
medios. 9
El
interés hacia las audiencias
creció en forma paralela al interés
por la industria del mercado. La sociología
del periodismo tiene raíces desde
la Escuela de Chicago y su atención
fue acaparada por la prensa.
Los
periodistas monopolizan la atención
de los investigadores en razón
de su posición central en el
proceso democrático y de su proximidad
a los medios intelectuales. De ahí
que la búsqueda de legitimidad
de una profesión sea un parámetro
para tomar conciencia del grado de madurez
y estabilidad alcanzado por nuestra
sociedad. 10
Maigret
señala que aún quedan
vestigios del funcionalismo en los trabajos
anglosajones que se enfocaron más
por la etnografía y posteriormente,
en los años setenta, buscaron
comprender los mecanismos de producción
de la información el (news-making).
“Denis McQuail describió
las etapas de la investigación,
desde los trabajos sobre la influencia
de las variables individuales en la
fabricación de noticias, hasta
los grandes estudios sobre estructuración
de la información, a través
de los medios de comunicación
institucionalizada(…) David M.
White fue el primero en identificar
a los periodistas con el término
de gatekeeper (guardián seleccionador
de la información) tomada a su
vez de Kurt Lewin, en su análisis
de la selección de noticias que
realizó en un diario local”.
11
La
regularidad entre las selecciones noticiosas
entre un diario y otro, los formatos
repetidos, hicieron cuestionar la idea
que se tenía acerca de que la
información dependía en
principio de las expectativas individuales
de los periodistas. Existen limitantes,
líneas editoriales, rutinas organizacionales
que se burocratizan y “generan
el comportamiento a veces gregario de
los medios de comunicación”.
Sistemáticamente se privilegian
los eventos considerados particularmente
dramáticos, el escándalo
que atrae a la audiencia. Todo ello
adaptado a ciclos de 24 horas en las
que los reporteros utilizan recursos
técnicos, como son imágenes
de archivo combinadas con efectos de
audio, gráficos, textos y todo
lo disponible para “recrear”
espectacularmente un hecho que probablemente
no aconteció como lo narra el
medio.
En
su estudio, Maigret nos habla del “retorno
de la crítica”, como una
convergencia sobre la fabricación
de la información, “inicialmente
funcionalista y apologética,
con la corriente crítica marxista”.
12
“La
comprobación de aspectos limitantes
de la práctica periodística,
lleva a análisis más globales
de las relaciones entre medios e instituciones,
contenidos y posicionamientos ideológicos”13
aquello considerado como obvio o más
fácil de producir, puede estar,
de hecho así sucede siempre,
relacionado con una postura ideológica.
“Incluso
en situación de emergencia, de
un evento violento como una guerra,
no es natural considerar algunos procedimientos,
por ejemplo grabación en directo,
como particularmente ricos en información,
ni escoger dar la palabra prioritariamente
a los poderosos, aquellos que ya disponen
de un acceso bien establecido (las autoridades
militares del país y no las del
adversario): la búsqueda desenfrenada
de la inmediatez de la información
remite a la obsesión occidental
del presente; conceder el mayor peso
a los poderosos traduce la presión
de las autoridades/élites, o
la congruencia entre las expectativas
de unos y otros”.14
Sin
embargo, resultados de otras investigaciones
tienden a atenuar el peso de una visión
que ubica los medios como dictadores
tajantes de ideología que transmiten
en sus segmentos noticiosos.
“La
relación con los dirigentes,
sobre la cual Gans trabajó detenidamente,
debe pensarse a través de la
idea de negociación y no de dominación
unilateral. La presión ejercida
sobre las redacciones es una realidad
que fluctúa con los momentos
y los hombres. Si la política
de información, se decide de
una vez desde lo alto, su aplicación
varía cada día en función
de las circunstancias y de las capacidades
de reapropiación de los periodistas
y los reporteros: el conflicto no está
ausente de las salas de redacción.
Más allá, la medida de
la influencia de las estructuras económicas
plantea numerosos problemas conceptuales”.15
El
debate sobre las fuentes y sus influencias,
cobró formalidad a partir de
los años setenta por “la
sociología británica de
los medios, opuesta a la tradición
funcionalista norteamericana al reivindicar
una reflexión crítica
pero igualmente influenciada por los
trabajos de Leo Rosten y de Everett
Hughes, con orientación etnográfica.
Jeremy Tunstall interroga a más
de 200 periodistas – sus preferencias
van a la técnica de la entrevista
semi-dirigida- antes de escribir Journalist
at work y sugiere un modelo de interacciones
estructuradas entre periodistas y los
informantes”. 16
Ambos colaboran simultáneamente
y tratan de “hacer pasar la información
o recogerla, según los intereses
de unos y otros”. Sin embargo,
esta relación se da de manera
desequilibrada. “El mundo de los
periodistas es débilmente reactivo
en cuanto a la diversidad social, rara
vez toma la iniciativa de multiplicar
los informantes y de poner fundamentalmente
en perspectiva los asuntos tratados.
Puesto que este mundo se basa en fuentes
conocidas, recurrentes, estereotipadas,
éstas tienen la ventaja porque
se favorecen con el verdadero poder
de la prensa, el de proceder por omisión,
de excluir a quienes no son aceptables”.17
El éxito de los promotores mediáticos
se sustenta en la adaptación
de los acontecimientos a sus formatos
de rutina, debido principalmente a que
otros eventos son más fluctuantes
y por tanto difíciles de controlar.
Los reporteros por lo regular no van
fuera del perímetro asignado
por el medio, ni se asoman a fuentes
no acostumbradas, salvo algunas excepciones.
Los
estudios de los años noventa,
tanto en Europa como en América,
se enfocaron en un fenómeno inverso:
“el poder de los periodistas sobre
sus fuentes, incluido el mundo político.
El increíble éxito de
los medios masivos en términos
de audiencia y de prestigio, la liberalización
del audiovisual y la afirmación
de una “mediocracia” engendraron
a su vez efectos sobre los elegidos
que pueden ser expuestos a la luz de
la actualidad e incitados a comparecer
ante el “tribunal de la opinión”
(piénsese en diversos escándalos
mediáticos ocurridos en el curso
de esta década, comenzando por
el famoso caso Lewinski"18
¿Que
hay del mercado en los medios de comunicación
y el periodismo? Sin llegar aún
a establecerse consenso “en el
nivel de las estructuras económicas
y de sus consecuencias sobre las prácticas
periodísticas, los autores más
cercanos a las teorías neo-clasistas,
tradicionalmente norteamericanos, sostienen
que entre más diversificada es
la oferta, mayores son las posibilidades
de expresión de los periodistas,
y los públicos podrán
tener mayor acceso a formas de información
variadas; el monopolio público
de información, por el contrario,
lleva a la restricción de la
información. Los partidarios
de los servicios públicos mediáticos,
tradicionalmente europeos, responden
que la información no satisface
gustos o intereses particulares, si
no que siempre es un bien público,
útil a la comunidad para formarse
como entidad política: la formación
de grandes oligopolios de información
en un sistema liberal conduce a un empobrecimiento,
cuando la competencia encarnizada en
un mercado atomizado conduce a la mediocridad
y a la dispersión. Aún
así cada vez más estas
dos posiciones se consideran como complementarias
y si la discrepancia Estados Unidos-Europa
se atenúa, éstas no permiten
comprender la extrema heterogeneidad
de las situaciones. El monopolio público
de la información televisiva
ha jugado claramente contra el pluralismo
de expresión en Francia, a tal
punto que la privatización fue
decidida por un presidente socialista,
Francois Miterrand. Los excesos de la
concentración o de la dispersión
económica, se observan hoy en
los mercados de televisión (donde
grandes grupos privados buscan el control
de numerosas cadenas y sus contenidos)
o del Internet (con la profusión
de sitios redundantes que no tienen
nada por decir)”.19
El
surgimiento de grandes grupos mediáticos
nacionales y trasnacionales se considera
a veces como la posibilidad de mayor
autonomía para los periodistas,
desprendidos de los intereses locales.
La gestión de entidades distantes
y amplias significa desprendimiento
de criterios de carácter doméstico;
algunos actores y agencias consideran
a la prensa como algo propio.
Por
su parte, los servicios públicos
modernos cumplen funciones que el mercado
no garantiza, por ejemplo los canales
parlamentarios.
”El
argumento tocqueviliano sobre la necesidad
de una pluralidad de modos de expresión
y soportes, como antídoto para
los problemas planteados por la estrechez
o mala calidad de la expresión,
conserva su fuerza pero no suministra
la clave de un progreso en la democracia
de opinión. La existencia o no
existencia de una correlación
precisa entre estructuras de mercado
y “calidad” de la información
es un gran interrogante para futuras
investigaciones, al interior de nuevas
corrientes de la economía de
los medios”. 20
En
el análisis de la pertenencia
social y la transmisión de códigos
culturales, el autor hace referencia
nuevamente a los estudios de Hebert
Gans, donde afirma que:
“en
promedio los periodistas mezclan tanto
puntos de vista conservadores como progresistas
porque comparten los valores dominantes
de una sociedad capitalista, socialmente
ordenada, aunque se consideran mayoritariamente
demócratas y moderados. Su pertenencia
a la “clase media” limita
su visión del mundo y refrenda
ante los demás su lealtad hacia
el establecimiento, pero por esta misma
razón garantizará su libertad
de expresión y sus márgenes
de maniobra”. 21
Los
estudios de la sociología de
los medios ayudan a comprender un poco
más sobre lo que hacen y quiénes
son los periodistas, sin embargo, todavía
es difícil y más aún
en nuestro ámbito, contar con
una cartografía segura que nos
ayude a dar respuestas satisfactorias.
Las relaciones son variadas y se entrelazan
con las lógicas y rutinas del
medio y los planes, metas o proyectos
individuales de los profesionales.
“La
flexibilidad de los niveles de implicación
política de los periodistas y
la variabilidad de su apoyo a los actores
sociales están relacionadas con
la multiplicidad de objetivos que se
proponen (…) en respuesta a la
complejidad del mundo y a su posicionamiento
en la sociedad, las mujeres y los hombres
que hacen la información adoptan
una rutina de lo excepcional o, en palabras
de Tunstall, una “burocracia de
la no-rutina”, que enmascara la
inestabilidad presente y hace creer
en la inmovilidad de sus prácticas,
con un exclusivo interés en las
situaciones adquiridas”. 22
“En
un nivel más macro-sociológico,
la cuestión de la influencia
estructural de los entornos dominantes
ha sido planteada por autores como Noam
Chomsky, Eduard Herman J. Herbert Atschull,
quienes sostienen que existen lazos
orgánicos de manera permanente
y masiva entre los periodistas y los
intereses dominantes. Según esta
postura la prensa y los medios en general
“están al servicio de los
intereses capitalistas y de acuerdo
con la tesis marxista del reflejo no
hace más que replicar sus ideas
y cultura”. 23
La
forma en que Maigret plantea el asunto
nos demuestra su discurso pro occidental.
Dice que “la ausencia de pruebas
empíricas y el aspecto burdo
del argumento invalidan ampliamente
esta nueva versión de la teoría
del complot. Desde los años setenta
el marxismo se orientó, de hecho,
hacia la cuestión de la transmisión
de esquemas culturales, de marcos de
expresión adoptados en prioridad
por los medios y no de contenidos directa
y eternamente derivados de los intereses
dominantes como órdenes a las
que habría que someterse”.24
Desde
luego que esta tesis se queda congelada
ante lo que se manifiesta en México
en cuanto a la correlación de
fuerzas entre los poderes dominantes
y los medios de comunicación.
Campañas de desprestigio facilitadas
por las empresas televisivas para desprestigiar
al enemigo político. No bastaron
meses de bombardeo mediático
en tono de ataque durante los meses
previos y posteriores a los comicios
de 2006, si no que en días recientes
vuelven a las pantallas y los micrófonos,
los ataques directos contra quienes
disputan el poder a los grupos tradicionalmente
dominantes. Con el ingrediente de que
se suman las empresas mediáticas
abiertamente a las campañas de
desprestigio. Un complot.
“En
una obra colectiva (Policing the
crisis, Mugging the State and Law and
Order, 1978) Stuart Hall aborda
la tesis de una reproducción
hegemónica consecuencia del efecto
estructurante de la palabra de los poderosos.
Como son los primeros en tener acceso
a los medios para comentar los eventos
y dado que dominan los códigos
simbólicos legítimos,
los poderosos imponen a los periodistas
o asesores una “primera definición”
de los problemas evocados a los que
estos últimos se aferran. Autores
como Gans y Tunstall presentan una concepción
cercana a la influencia estructural.
Por la misma época, Pierre Bourdieu
(con Luc Boltanski, 1976) evoca de manera
suscinta el poder de definición
de lo real que detentan los organizadores
de los debates televisados”. 25
Maigret nos refiere como ejemplo de
estas conclusiones el siguiente: “la
confrontación que tuvieron Georges
Marchais, secretario general del Partido
Comunista francés y Jacques Chirac,
político de derecha, giró
a favor del segundo, formado en el mismo
tipo de escuela (la ENA*) que los periodistas
presentes en el estudio, mientras que
el primero se expresa de manera brutal,
popular y no tecnocrática. La
información y los debates mediáticos
estarían guiados de manera inconsciente
por los referentes culturales en los
entornos sociales superiores y en las
escuelas distinguidas. Sin embargo a
este análisis se pueden oponer
muchos argumentos”. 26
Uno de ellos es precisamente la Tesis
de la debilidad mediática de
Georges Marchais, según la cual
el enfoque estructuralista descuida
los múltiples objetivos de los
medios de comunicación, subestima
las capacidades de respuesta de las
audiencias y “separa conjuntos
culturales cuya coherencia es aleatoria”.
Enseguida el autor nos enfoca el centro
de la discusión: “Si los
Cultural Studies de Stuart Hall abandonan
luego la idea de estrecha unidad entre
la burguesía dominante y de los
medios que transmitirían sus
propósitos y conceden la posibilidad
de oposiciones populares, sin renunciar
a la noción de poder, la sociología
de Bourdieu endurece sus posiciones
hacia los medios. Lejos de los trabajos
que enfatizan con refinamiento el carácter
doble de la producción de la
información, al mismo tiempo
innovador y estandarizado, los textos
publicados al final del siglo XX (Sur
la televisión/L´Emprise
du Journalisme, 1996) evocan la
única connivencia con los poderes
o la presión insostenible de
las limitantes profesionales de los
periodistas sin proponer un terreno
para el análisis: los periodistas
sólo son vistos como las “marionnettes
de la nécessité ”
(“marionetas de la necesidad”),
para tomar la fórmula de Bourdieu,
y no como actores que desarrollan estrategias
en espacios de relaciones múltiples
(lo que sin embargo estaría de
acuerdo con las posiciones teóricas
de este mismo autor desarrolladas en
su Esquisse d´une théorie
de la practique).” 27
Maigret es más duro aún
con Bourdieu de lo que en momentos fuera
éste