Lapidiarium
Retos
a la libertad de expresión
Omar
Raúl Martínez
La
semana pasada se efectuó el foro
“Retos y futuro de la libertad
de expresión en México”,
convocado por la Comisión Especial
de Agresiones a Periodistas de la Cámara
de Diputados. A ese respecto, siempre
resulta loable la organización
de este tipo de encuentros porque intentan
sensibilizar en torno a la necesidad
de promover, defender y ejercer las
libertades informativas en nuestro país.
Lo triste o preocupante es que tras
esas frecuentes convocatorias, los distintos
representantes del gobierno --cuando
asisten-- hacen oídos sordos
a las propuestas que allí se
plantean o a los compromisos públicos
que allí mismo refrendan.
Frente al clima de acoso, censura y
represión periodísticas,
la respuesta de legisladores y funcionarios
de los distintos niveles ha sido de
coyuntural y aparente disposición
para atender el problema, pero de nulos
resultados reales. Reina la impunidad
ante la ineficacia o inoperancia de
las autoridades. Falta verdadera voluntad
política... ¿Botones de
muestra?
a)
La Fiscalía Especial de Delitos
Cometidos contra Periodistas, pareciera
más una entidad instalada para
justificar la omisión o inacción
de las autoridades que para investigar,
esclarecer y aplicar justicia en cada
uno de los crímenes de informadores.
Aunado a ello, legalmente carece de
facultades y autonomía para desarrollar
con eficacia su tarea. Así como
funciona hoy, no rinde ningún
fruto.
b) Es un hecho que pocas veces se investiga
sobre agresiones a periodistas, pero
cuando excepcionalmente esto ocurre,
lo paradójico es que las mismas
autoridades intenten diluir el impacto
judicial y mediático. Este es
el caso del titular de la PGR, Eduardo
Medina Mora, quien impidió a
Alicia Elena Pérez Duarte, ex
fiscal especial de la misma dependencia,
enviar a un juez federal el pliego de
consignación de cinco policías
judiciales involucrados en la detención
de Lydia Cacho, a quienes se les imputaba
el delito de tortura en perjuicio de
la periodista. Pérez Duarte logró
reunir los elementos probatorios para
aplicar las sanciones correspondientes,
pero --según La Jornada del 24
de febrero-- el titular de la PGR impidió
que ese documento llegara a manos de
un juez federal justificando que no
era el “momento político”
adecuado.
c) En julio pasado, diversos organismos
civiles tuvieron una audiencia en la
Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) sobre la situación
de la libertad de expresión en
México. Allí el gobierno
federal asumió varios compromisos
para mejorar las condiciones de las
libertades informativas. Han pasado
ocho meses y la respuesta sigue siendo
la inacción. Cierto: se mantiene
el discurso del respeto a la libertad
de expresión. En los hechos no
se advierte nada sustantivo.
d) La mayoría de los diputados
coincide en la pertinencia de fomentar
el respeto, la crítica y la pluralidad
en el trabajo periodístico. Pese
a ello resulta incomprensible que un
“punto de acuerdo” para
exhortar al gobierno calderonista a
que se fortalezcan las medidas y las
acciones para prevenir delitos contra
periodistas y a que haya claridad en
la entrega de publicidad gubernamental,
haya demorado casi un año para
su aprobación (este 14 de febrero).
Aquí
vale la pena resaltar que el tema de
la libertad de expresión no se
limita a las agresiones a informadores,
pues existen otros linderos menos aparatosos
pero que igual o mayor daño infligen
al sistema democrático: por ejemplo,
la concentración en materia de
medios electrónicos y telecomunicaciones,
y la discrecional y parcial asignación
publicitaria. La inmovilidad legislativa
en tales terrenos sientan tierra fértil
para la “represión silenciosa”
hacia algunos medios y espacios informativos
que no se pliegan a los intereses de
los poderes económicos y políticos.
El estimular la pluralidad en los espacios
de difusión informativa y de
análisis, también es un
asunto del Poder Legislativo. Así,
entre las asignaturas pendientes en
materia de libertad de expresión,
destacan:
1.
Promover reformas legislativas para
despenalizar los llamados “delitos
de prensa” en cada uno de los
estados de la República Mexicana.
2.
Que el Estado mexicano cumpla los compromisos
que, en julio de 2007, asumió
ante la CIDH respecto a estudiar las
medidas para federalizar los delitos
contra periodistas, así como
impulsar una reconfiguración
jurídica que permita el funcionamiento
eficaz de las Fiscalía Especial.
3. Armonizar con los estándares
internacionales las leyes en materia
de medios de comunicación, libertad
de expresión y acceso a la información.
4.
Crear redes de apoyo, promoción,
información y seguimiento jurídico
sobre actos contra periodistas, en las
que universidades, despachos de abogados,
ONG´s, organismos gremiales, entre
otros, coordinen sus esfuerzos en la
defensa de la libertad de expresión.
5. Incentivar la reflexión y
el planteamiento de propuestas legislativas
que eviten la inhibición al libre
ejercicio periodístico mediante
el uso discrecional y condicionado de
la publicidad oficial, y que promuevan
y fomenten el pluralismo informativo.
6.
Estimular el desarrollo de estudios
e investigaciones sobre libertad de
expresión, así como publicaciones
sobre el tema dirigidas tanto al gremio
como a la sociedad civil y la comunidad
académica.
Quizás esto parezca una carta
a los Santos Reyes, pero convendría
apelar a la sensibilidad y la inteligencia
de todos loa actores involucrados.
Director
de la Revista Mexicana de Comunicación,
presidente de la Fundación
Manuel Buendía y profesor de
periodismo de la FES Acatlán
de la UNAM.
Correo electrónico: lapidiarium@yahoo.com.mx
El
siguiente es un ejemplo de cómo
debe citar el artículo anterior:
Martínez
Sánchez , Omar Raúl, 2007:
"Retos a la libertad de expresión",
en Revista Mexicana de Comunicación
en línea, No. 108, México,
enero. Disponible en:
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/rmxc/omar.htm
Fecha de consulta: 3 de febrero de 2008.