Aproximaciones
a Ryszard Kapuscinski
Viaje
al testigo del tercer mundo *
José
Garza
Periodista
regiomontano. Doctor en Ciencias de
la Información
por la Universidad Complutense de Madrid.
Reportero del mundo, testigo de la humanidad,
Kapuscinski va más allá
de una narración periodística.
Sí describe lo que observa, lo
que siente y hasta lo que piensa. Tiene
los pies en la tierra y en ese sentido
se alinea a criterios periodísticos.
Pero no es el periodista que acepta
indiferente y sin compromiso lo que
observa (las revoluciones, los golpes
de Estado, los conflictos) como un escenario
natural y normal de las tensiones de
un mundo bipolarizado hasta los años
noventa. Su pertenencia a una nación
objeto de autoritarismo le dota de una
intuición fundamental y de una
mirada penetrante, periférica
y marginal. Su propia autobiografía
le sirve de referencia junto a una profunda
documentación y reflexión
sobre los hechos y los lugares registrados.
Declara sus propios afectos e ideas
rozando los linderos del lirismo y consiguiendo
hacer historia, filosofía y literatura.
Su periodismo está entre las
patas de la literatura, vinculado a
la implicación del reportero
en los hechos y al valor de la experiencia
propia como una de las principales fuentes
de información y eje vivo de
sus relatos.
Ryszard
Kapuscinski murió a principios
del presente año, pero es y seguirá
siendo una presencia viva en el mundo
periodístico. Por ello vale expresarse
sobre él en tiempo presente y
resaltar que es un profesional de la
información que sugiere rutas
y destinos para el periodismo y para
el periodista. Sus libros son memoria,
testimonio. Son una ingeniosa y genuina
reconstrucción de su trabajo
periodístico desarrollado durante
poco más de 40 años. Kapuscinski
hace creación misma con esa reelaboración
de sus viajes, de su labor reporteril,
de su pensamiento y hasta de su vida.
Los
libros de Kapuscinski están más
allá de una antología
de reportajes o de una selección
de notas de prensa tal y como las difundió
la agencia polaca a la que sirvió
entre 1958 y 1981 como corresponsal
en el extranjero. Él, originario
de un país sometido al autoritarismo,
viajó como corresponsal a sitios
en condiciones similares de represión:
el Tercer Mundo. Kapuscinski cubrió
revoluciones, golpes de Estado, movilizaciones
y conflictos en países de América
Latina, África, Oriente Medio,
Asia y el extinto imperio soviético.
Dedicado desde 1981 a la producción
de libros, que publicaba desde sus tiempos
como reportero, Kapuscinski demuestra
con sus obras que es un tejedor de relaciones
entre el periodismo, la literatura,
la historia, la política y la
filosofía. El creador de lo que
llama “literatura de collage”.1
Reportero
aventurero
En una de las escenas iniciales de El
imperio, en el que se explaya autobiográfica
y filosóficamente en torno al
nacimiento y caída de la URSS,
Kapuscinski hace memoria de un segundo
encuentro con el mundo soviético:
un viaje de nueve días a bordo
del ferrocarril transiberiano. Escribe:
“Cada vez que nos aproximamos
a una frontera, a un límite,
nuestra tensión aumenta y afloran
las emociones”. Kapuscinski tenía
25 años de edad al realizar ese
viaje de Pekín a Moscú,
en 1958, justo en el inicio de su actividad
profesional. Lo monótono y lo
insoportable que le resultaba la infinita
blancura del espacio glacial, con la
sensación de ir desapareciendo
del resto del mundo sin noción
del tiempo, no impidieron que el joven
polaco observara con agudeza esos paisajes
inhóspitos. Paisajes marcados
con barreras de púas que significaban
hasta ahí mismo, absurdas en
medio de un desierto de nieve de dos
metros de altura, la prohibición
de la libertad.
En
un viaje por las obras de Kapuscinski
podrá encontrarse que este autor
polaco es una frontera sin aduana, un
límite sin prejuicios que provoca
el aumento de la tensión cuando
se le aproxima. Su obra es un territorio
sin alambradas porque registra la búsqueda,
la suya, de hombres y sociedades que
intentan romper las barreras y las púas
del sometimiento (antes del colonialismo
y las dictaduras, hoy de la globalización),
que luchan por cambiar el rumbo de la
historia y aspiran a la libertad, la
justicia y la dignidad.
Frente
a aquellos que piensan que el periodismo
es sólo un determinador de contenidos
y datos, Kapuscinski actúa de
manera distinta y dota a la profesión
de una misión moral: dar testimonio
del mundo y mostrar los muchos peligros
y esperanzas que encierra.2
Claro,
el mundo es tan inmenso e infinito que
describirlo en su totalidad sólo
era posible cuando la gente vivía
en un planeta tan pequeño como
el de los tiempos de Marco Polo. Kapuscinski
siempre tuvo esa certeza. Cuando publicó
originalmente en 1988 su libro La
guerra del futbol, antología
de reportajes sobre África y
América Latina, tenía
una idea:
Antes
pasará un camello por el ojo
de una aguja que nosotros podamos conocer,
sentir y comprender todo aquello que
configura nuestra existencia, la existencia
de varios miles de millones de personas.
En
su libro Ébano, publicado
10 años después, reafirma
su conclusión al explicar que
su nueva entrega no es un volumen sobre
África porque ese continente,
afirma, es todo un cosmos heterogéneo
que en la realidad, y salvo por una
concepción geográfica
cómoda y reduccionista, no existe.
El
territorio de Kapuscinski tiene acceso
libre. Sin púas ni barreras.
El tránsito de un lado a otro
de la frontera está permitido.
En sus obras conviven, como en una sociedad
multicultural, diversos recursos periodísticos
y narrativos. No se trata de una arbitrariedad.
Las circunstancias y el bagaje de Kapuscinski
así lo exige. Cuando trabajó
para la agencia advirtió que
las palabras que le pedían no
alcanzaban a describir la realidad tal
y como la observa. Pero Kapuscinski
no hace ficción. La novela nunca
le ha interesado:
La
novela es una huida –dice–.
Lo que me ha interesado siempre es buscar
una escritura que me sirviera para describir
la realidad.3
Kapuscinski
domina la técnica: sus obras
corresponden a una dimensión
de escultura narrativa. Su escritura
se desenvuelve en primera persona, con
diferentes registros y con profundidad.
Si Truman Capote recurrió a técnicas
periodísticas para construir
sus novelas de no ficción, Kapuscinski
echa mano de lo novelístico para
elaborar la memoria y el testimonio
de sus viajes como reportero. Sin embargo,
Capote difícilmente soportaría
como novelista los mosquitos que picaban
implacables y el bochorno que experimentó
Kapuscinski, como reportero, cuando
habitó en una balsa conocida
como Hotel Metropol en un callejón
de Acra, respirando aire pegajoso y
sofocante como si fueran bolas de algodón
empapado en agua caliente.4
Los
periodistas como Kapuscinski son los
más capacitados para enfrentar
los vertiginosos acontecimientos y registrarlos
con el sentido que tienen sus reportajes
y crónicas. Para él, el
periodismo es una misión en la
que se viaja solo, en condiciones duras,
tratando de llegar hasta los olvidados,
para lo cual debe contarse con resistencia
física y psíquica; salud,
voluntad y curiosidad. Pero Kapuscinski
no es un reportero aventurero, acaso
intrépido en el mejor de los
términos en cuanto a que está
convencido de que no puede ser corresponsal
el que tiene miedo de la mosca tsetse
y el que desprecia a la gente sobre
la cual se escribe.5
Los riesgos y las audacidades reporteriles
y estilísticas valen la pena.
Los reproches quedan pequeños
cuando Kapuscinski se defiende: “Yo
he estado allí y vosotros no”.6
Kapuscinski convence.
La
obra de Kapuscinski se lee porque es
el tipo de periodismo que se quiere
hacer. Pero en cualquier caso conocer
su territorio se vuelve experiencia.
El tiempo que se le dedica es tiempo
exaltado porque se está tocado
por una lectura que transforma.7
Puede
leer el artículo completo en
la versión impresa. Adquiérala
por sólo
30 pesos (más IVA), o suscríbase
por 340 pesos.
Mayores informes: fundacionbuendia@prodigy.net.mx
NOTAS
1) Así definió
su escritura Kapuscinski en una entrevista
con Pedro Sorela en El País,
el 14 de diciembre de 1990.
2) Kapuscinski dictó
una conferencia el 19 de noviembre de
1998 en Estocolmo, en la entrega de
los premios nacionales de periodismo
en Suecia. En su discurso habló
de la acusación a los medios
como letargo y pasividad de la conciencia
humana. “En los medios –dijo–
hay gente sensible y de gran talento
que siente que el planeta es un lugar
apasionante, merecedor de ser conocido,
comprendido y salvado”. La revista
Claves publicó en su
número 92 la conferencia traducida
por Jorge Ruiz Lardizábal.
3) Kapuscinski respondió
de esta manera en una entrevista publicada
en El País, el 14 de
agosto de 2000. El entrevistador, Arcadi
Espada, le cuestionó sobre la
existencia o no de novelización
en sus reportajes.
4) En un taller de periodismo
que cursé con Gabriel García
Márquez, el Nobel explicó
que describir es hablar de lo que la
vida nos suscita, buscando los datos
por el lado del corazón. Kapuscinski
lo describe así, pero no sólo
busca los datos por el lado del corazón
sino también dentro de las vísceras,
tal como lo hace al describir lo que
sentía en el Hotel Metropol de
Acra, reportaje contenido en La
guerra del futbol.
5) En La guerra
del futbol, Kapuscinski explica
en la página 172 cómo
se desarrolla el trabajo del corresponsal
de una agencia de prensa.
6) De nuevo Arcadi Espada
logra una respuesta contundente de Kapuscinski
cuando le pregunta si con los años
ha perdido la curiosidad.
7) En un artículo
sobre la lectura de periódicos,
publicado en el número de agosto
de 1996 de la revista alemana Humboldt,
Cees Noteboom escribe: “Los diarios
deben ser monumentos de papel en los
que la reflexión de la lectura
activa derrote a la emoción manipulada
de la visión pasiva, y hace que
después de la lectura el tiempo
del lector ya no sea el mismo”.
El
anterior artículo debe citarse
de la siguiente forma:
Garza,
José, "Viaje al testigo
del tercer mundo", en
Revista Mexicana de Comunicación,
Num. 107, México, octubre / noviembre,
2007.