El
Universal, Finanzas, 5 de junio
de 2007
Telecom
y medios
La
Corte y los refrendos
Gabriel Sosa Plata
La
Suprema Corte puso sobre la mesa un
tema fundamental de la radio y la televisión:
el refrendo de concesiones. Algunos
medios de comunicación se han
encargado de generar una serie de especulaciones
sobre el futuro de la radiodifusión
comercial, de la llamada "seguridad
jurídica" y de temas afines,
pero habrá que esperar todavía
unos días para conocer los alcances
y consecuencias de la resolución
de los ministros en torno de la acción
de inconstitucionalidad presentada en
contra de la denominada ley Televisa.
Mientras
ello ocurre, me parece pertinente hacer
algunos comentarios sobre el tema. El
refrendo o renovación de concesiones
siempre ha existido en la historia de
la radiodifusión. Antes, durante
y después de la consolidación
del sistema presidencialista y del partido
único, las concesiones fueron
refrendadas una y otra vez.
El
llamado gobierno de la alternancia también
las refrendó, como antaño,
sin problema alguno, y en el caso de
la televisión, obsequiosamente
lo hizo hasta el año 2021 bajo
el pretexto de la digitalización.
En ningún otro país se
ha llevado a cabo una prórroga
adelantada y por tal cantidad de años
(17, ni más ni menos) de concesiones
de televisión como la ocurrida
en México.
De
igual manera, a ningún concesionario
se le ha negado el refrendo, pero tampoco
se le ha quitado ninguna concesión.
En más de 85 años, sólo
una concesión ha sido expropiada
(figura que existía en la legislación
de entonces): la de la XERA, de Ciudad
Acuña, en 1941, por una serie
de violaciones a la ley que iban desde
interferencias a emisoras estadounidenses
hasta la difusión de productos
y curas milagrosas (como los que hoy
saturan a la radio de AM). Esta historia,
por cierto, está ampliamente
documentada en libros como La guerra
de las ondas, de José Luis
Ortiz Garza.
Los
radiodifusores siempre han gozado de
"seguridad jurídica".
Lo que hoy es Televisa, Radiorama, Grupo
Radio Centro y muchas empresas consolidadas,
exitosas, oligopólicas del sector
de la radiodifusión, no hubieran
llegado a esa posición sin la
renovación de las concesiones
que hoy integran esas organizaciones
empresariales y que obtuvieron, en casi
todos los casos, bajo el manto de la
discrecionalidad -hoy tan cuestionado
por ellos mismos- del presidente en
turno.
Las
emisoras de radio y televisión
mexicanas se han operado tradicionalmente
como negocios familiares. De esta manera,
las concesiones han pasado de los padres,
concesionarios originales, a los hijos,
y de éstos a los nietos. También
algunos movimientos se han dado entre
sobrinos, tíos, cuñados
y demás.
Actualmente,
son las terceras y cuartas generaciones
de radiodifusores las que gracias a
los refrendos y a la figura del traspaso
han podido usufructuar por décadas
centenas de concesiones de radio y televisión,
sin que nadie los haya molestado.
Ser
concesionario en México es un
privilegio no sólo por la oportunidad
de llevar a cabo una función
social indiscutible, plasmada en los
principios de la legislación
y en los títulos de concesión,
sino también porque explotando
frecuencias concesionadas por el Estado,
se generan fuentes de empleo y se contribuye
al desarrollo económico de las
regiones a las que sirve.
Por
razones de suerte, por ser amigos de
algún funcionario, por ser ex
funcionario, por ampararse frente a
un competidor que había sido
beneficiado por una concesión
o bien por ganarla limpiamente en un
concurso que siempre dio lugar a la
especulación, varias decenas
o centenas de personas se convirtieron
en radiodifusores.
Y
para muchos esa actividad se ha convertido
en un buen negocio y en una fuente de
ingresos importantes que los coloca
en una posición de privilegio.
Gracias a las bondades de la radiodifusión,
muchos de esos concesionarios crecieron
en el sector con más concesiones
o bien incursionaron en nuevos negocios
dentro o fuera del sector medios de
comunicación.
Un radiodifusor decía no hace
mucho tiempo que, pese a las crisis
económicas, a la situación
de las AM, a la competencia y otros
hechos que han afectado las audiencias
e ingresos de los empresarios radiofónicos,
no conocía a un concesionario
pobre. Y tenía razón.
La
nobleza de la radio y de la televisión
es enorme. Millones de personas ya quisieran
tener el nivel de vida que hoy tienen
los radiodifusores en México.
Si
bien muchos de estos radiodifusores
son empresarios comprometidos con el
país, con la sociedad, también
hay muchos otros que han encontrado
en el medio una mina de oro, sin realizar
grandes esfuerzos, sólo el haber
tenido la suerte de convertirse en concesionario
y gozar de los refrendos de esa concesión
una y otra vez.
Muchos
radiodifusores viven literalmente de
sus rentas. Es decir, rentan sus equipos
y sus instalaciones para que otro empresario,
generalmente accionista o dueño
de un grupo radiofónico, se los
administre, comercialice y opere. Y
así, sin hacer prácticamente
nada, muchos de esos concesionarios
disfrutan de un ingreso mensual, quincenal
o semestral, como quien alquila un vehículo.
Esto es una distorsión del modelo
de radiodifusión ya que el Estado
otorga a una persona física o
moral una concesión para operar
una frecuencia del espectro radioeléctrico,
pero aquélla decide que sea otro
el encargado de su operación.
Por
esas rentas, hay radiodifusores formales
que reciben mucho dinero. Baste ver
los estados financieros de Grupo Radio
Centro para conocer lo que, por ejemplo,
le reditúa al concesionario de
la XHFO-FM (Universal Stereo), Javier
Sánchez Campuzano, también
presidente de Grupo Siete, la renta
de su emisora a la empresa de la familia
Aguirre. ¿Cuántas decenas
o cientos de emisoras se manejan bajo
el mismo esquema? No lo sabemos, pero
es una práctica común,
sobre todo en el medio radiofónico.
Por
eso es que, en efecto, en la radio no
hay, como sucede en la televisión,
grandes problemas de concentración
porque en los listados oficiales aparecen
muchos concesionarios, pero en realidad
muchos de ellos son sólo de nombre
ya que la operación real de sus
emisoras está en manos de muy
pocas organizaciones radiofónicas.
Pese
a eso y pese a que no pocos radiodifusores
han estado o están dentro de
las causales para proceder a la revocación
de sus concesiones, muy pocos desean
que exista inseguridad jurídica
en la radio y la televisión.
Tampoco se desea que ni a Televisa,
ni a Televisión Azteca, ni a
Radiorama, ni a Grupo Acir, ni a ningún
otro empresario del sector se le quiten
o se les dejen de refrendar sus concesiones,
siempre y cuando cumplan la legislación
vigente.
Por
supuesto los ministros no pondrán
en riesgo el futuro de la radiodifusión.
Sería ingenuo pensarlo. Se trata
más bien de una oportunidad para
arreglar lo que descompuso la ley Televisa
y establecer criterios definidos, equitativos
tanto en radiodifusión como en
telecomunicaciones, para llevar a cabo
con transparencia los procedimientos
jurídico-administrativos relacionados
con los refrendos.
Profesor
e investigador invitado de la AUM Cuajimalpa.
Columnista de El Universal
y
coordinador del Consejo Editorial de
la Revista Mexicana de Comunicación.
http://radiomexicana.blogspot.com
El
siguiente es un ejemplo de cómo
debe citar el anterior artículo.
Sosa Plata, Gabriel, "ACIR se divocia
de Clear ChannelLa corte y los refrendos"
en El Universal,
México, 5 -VI- 2007, Telecom
y otros medios, Finanzas.