Proceso,1
de abril de 2008
Derecho
de la información
Medios
públicos y transparencia
Ernesto
Villanueva
En
los próximos días saldrá
a la luz el libro Medios de servicio
público y transparencia,
bajo la autoría de Fidela Navarro
y el autor de estas líneas. Sobre
este tema se ha hablado mucho y se ha
analizado poco, particularmente desde
la perspectiva jurídica y de
la rendición de cuentas. Esta
obra se inscribe en el proceso de reforma
legal que se discute en el Congreso
como un insumo para la reflexión
documentada. El texto revisa conceptualmente
qué debe entenderse por “medio
de servicio público”, cómo
funcionan este tipo de medios en distintos
países y cómo debe transitarse
legalmente en México para adoptar
una figura de esta naturaleza, que jurídicamente
no existe, aunque algunos de sus rasgos
distintivos se empiezan a advertir en
algunos medios sin fines de lucro. Se
hace también un análisis
exhaustivo de los medios gubernamentales,
cuyos datos arrojan elementos que son
de interés público. Veamos.
Primero.
La muestra del estudio se circunscribe
a los medios gubernamentales e instituciones
afines de orden federal: Canal 22, Canal
Once, Radio Educación, Instituto
Mexicano de la Radio, Notimex, Canal
de Televisión del Congreso, Canal
Judicial, TV UNAM y la Dirección
General de Televisión Educativa
de la Secretaría de Educación
Pública. De igual forma, se analiza
específicamente el Consejo Nacional
de Radio y Televisión de la Secretaría
de Gobernación, en virtud de
que sobre esta institución descansa,
entre otras, la responsabilidad de elevar
el nivel moral, cultural, artístico
y social de las transmisiones; y de
conocer y dictaminar los asuntos sometidos
a su estudio y opinión por las
secretarías y departamentos de
Estado o por las instituciones, organismos
o personas relacionadas con la radio
y la televisión.
Segundo.
En este ejercicio, además de
las fuentes documentales propias de
toda investigación académica,
se crearon 12 indicadores a partir de
la experiencia comparada y de la realidad
nacional. Lo que se buscó fue
medir el grado de cumplimiento de esos
indicadores por parte de los medios
gubernamentales. Para ello, se formularon
más de 2 mil 500 solicitudes
de información pública,
cuyas respuestas fueron determinantes
para la evaluación correspondiente.
El único caso que llamó
la atención sobremanera fue el
de TV UNAM, que se negó a proporcionar
datos sobre algunos aspectos, acerca
de los cuales sí respondieron
en tiempo y forma los demás medios
gubernamentales. De esta suerte, el
gran dilema de TV UNAM reside en sus
resistencias al escrutinio público.
Tercero.
En los medios del gobierno existen fortalezas
en algunos aspectos y marcadas debilidades
en otros. En los canales 11 y 22 destacan
sus esfuerzos de autorregulación
en aras de brindar mayor calidad programática
a la sociedad, mientras que en el IMER,
por ejemplo, se ha preferido esperar
mejores tiempos políticos para
desarrollar una iniciativa de esta naturaleza.
En Radio Educación, la ética
informativa pasó de ser un esfuerzo
loable a una tragedia, pues se malentendió
como un sistema de regulación
laboral que terminó en punto
muerto.
Por
lo que hace a la calidad de contenidos
y apego a los derechos de los menores
y a los de quienes sufren algún
tipo de discapacidad sólo el
25% de los medios gubernamentales cuenta
con criterios de calidad claros. Así
mismo, por lo que se refiere a publicidad
y/o patrocinios, solamente el 25% de
los medios estudiados mostraron sus
tarifas. En los restantes indicadores
las respuestas arrojan resultados variopintos,
de los cuales se pueden extraer, con
todo, algunas conclusiones sobre lo
adecuado o inadecuado de la inversión
que realiza la sociedad mexicana en
estos medios.
Cuarto.
En el Consejo Nacional de Radio y Televisión,
adscrito a la Secretaría de Gobernación,
se puede documentar que sus resultados
dejan mucho que desear. En efecto, a
pesar de haber sido creado en 1960,
no existen archivos anteriores al 2002,
y no se ha cumplido con la ley a partir
del 2002. El Consejo –que se supone
es la garantía ciudadana del
buen hacer mediático– incumple
de manera reiterada su propio Manual
de Organización. Así,
por ejemplo, de las seis sesiones anuales
que debe realizar, sólo ha efectuado
10 en cinco años. Y eso no es
todo. Las 10 sesiones han tratado asuntos
de logística interna, pero ninguno
ha tenido algún impacto, aunque
sea mínimo, para mejorar calidad
de contenidos programáticos.
De
igual manera, destacan la ausencia de
información sobre el ejercicio
del derecho de réplica en medios
electrónicos y la falta de seguimiento
a las sanciones impuestas a concesionarios
y permisionarios de radio y televisión.
Es de esperarse que los legisladores
formulen reglas normativas mínimas
que otorguen carta de naturalización
a los medios públicos, de suerte
que efectivamente puedan representar
el papel de contrapesos de los medios
privados y de herramienta para el derecho
a la información, ya que, en
perjuicio de todos, hoy no juegan ese
papel tan necesario.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "Medios públicos
y transparencia" en Proceso,
1 --IV-- 2008, México, Análisis.