Proceso,13
de abril de 2008
Derecho
de la información
La
herejía de Volpi
Ernesto
Villanueva
Quedan
muy pocos días para que termine
el actual período ordinario de
sesiones del Congreso de la Unión,
el 30 de abril próximo. Casi
nadie cree que haya posibilidades para
la necesaria reforma de las leyes federales
de radio y televisión y de telecomunicaciones.
No parece haber tampoco viabilidad para
legislar en materia de medios públicos.
Salvo algunas voces respetables, la
agenda pública está en
otra parte. Hasta los emos, sus afanes
y sus desdichas tienen mayor visibilidad
mediática que las reformas que
mucho bien le harían al país
en esta materia.
En
este contexto donde nadie dice nada
es de llamar la atención que
Jorge Volpi públicamente haya
convocado a la creación de medios
públicos, bajo las directrices
observadas en las democracias occidentales,
y a que el legislador actúe en
consecuencia. No se trata de un dato
menor que haya dado el primer paso,
en virtud de las siguientes consideraciones.
Primero.
Jorge Volpi es el director general del
Canal 22, un medio de televisión
del gobierno, nombrado y removido libremente
por el Ejecutivo Federal. Lo que se
espera en estos espacios de dirección
es un trabajo de disciplinada coordinación
con los directivos de los demás
medios gubernamentales para seguir en
activo y adoptar, en consecuencia, una
política pública más
o menos compatible con las filias y
fobias del gobierno en turno. En esa
lógica constituye una herejía
política poner a prueba los umbrales
de tolerancia del gobierno, como lo
hace Volpi. El escritor no se resiste
a pasar sin pena ni gloria por la dirección
del 22. Peor todavía. Tiene la
osadía de pensar por sí
mismo y buscar el interés público,
sin haberlo consultado ni, menos aún,
tener el oficio de autorización
correspondiente.
Segundo.
En la campaña hacia una “República
de los medios” del Canal 22, Volpi
define lo que debe ser (y hoy por supuesto
no es) una República donde los
medios cumplen con la ley, la información
no es una mercancía y las audiencias
tienen derechos frente a los propios
medios de comunicación para generar
así un círculo virtuoso
que haga posible la democracia informativa.
En un decálogo plantea su propuesta
y hace un llamado respetuoso (lo cortés
no quita lo valiente dice el adagio
popular) para que el Congreso tenga
a bien hacer su trabajo. Esa reflexión
por sí misma hubiera hecho la
diferencia entre Volpi y muchos de sus
colegas, que ponen la nómina
por delante como principio de toda ética
posible.
Tercero.
Pero las cosas no se quedan ahí.
Volpi ha pasado de la prédica
a la práctica. Está ejerciendo
sus atribuciones legales (como si México
fuera un estado de derecho) para preparar
al Canal 22 a fin de que pueda ser un
medio público. Ha promovido un
código de ética y la figura
del defensor del televidente, mecanismos
para el ejercicio del derecho de réplica,
la cláusula de conciencia del
periodista (que supone que el comunicador
tiene derecho a negarse a llevar a cabo
una orden de trabajo si ésta
es contraria a la ética periodística),
creado las bases para que la Dirección
de Noticias defina de manera independiente
de la Dirección General lo que
es noticia y lo que no lo es y formas
de acceso del público al medio.
Y no se trata de una mascarada retórica
como se ha visto en otros medios gubernamentales,
donde algunos de esos instrumentos se
han quedado en el papel como una ocurrencia
al calor de criterios de ventaja política
personal.
Cuarto.
Es probable que el compromiso con la
disciplina autoritaria y la ética
de la nómina sean argumentos
suficientes para que este modelo de
televisión pública impulsado
desde el Canal 22 no prenda en los medios
gubernamentales del Ejecutivo Federal.
Por lo menos en un primer momento en
que se crea una franja que pida la misma
calidad por el mismo costo. Muy pronto
no faltará quien se pregunte,
¿por qué en el Canal 22
tengo derechos y no tengo ninguno en
el Canal Once, en el IMER o en Radio
Educación si ambos le cuestan
al público? Es posible, en cambio,
que este referente sea observado por
un número creciente de medios
gubernamentales de los estados, por
los distintos estilos personales de
gobernar en cada uno de ellos. Es deseable
esperar de la misma forma que el Poder
Judicial de la Federación y el
Canal del Congreso observen pasos similares.
Al final del día una cosa es
cierta. Este punto de partida del Canal
22 podrá: a) Reproducir mucho
más rápido los esfuerzos
de formación de recepción
crítica de medios que lo que
aisladamente se hace en algunas universidades;
b) Aportar elementos para una alfabetización
mediática de los mexicanos, y
c) Crear conciencia que los medios públicos
pueden ser verdaderos contrapesos informativos
y formativos a la legítima existencia
de los medios comerciales, los cuales
deben seguir existiendo, aunque menos
alejados del interés público,
como hasta ahora lo han hecho.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "Medios públicos
y transparencia" en Proceso,
13 --IV-- 2008,No. 1641, México,
Análisis.