Proceso,
15 de junio de 2008
Derecho
de la información
Las
traiciones de Creel
Ernesto
Villanueva
El
cese del coordinador parlamentario del
PAN en el Senado, Santiago Creel, se
ha prestado a múltiples interpretaciones.
Hay, incluso, quienes ven en esa decisión
del PAN una claudicación frente
a las televisoras. Más allá
de que se trata de una decisión
interna del partido en el gobierno,
vale la pena recordar a qué intereses
responde Santiago Creel, quien últimamente
ha buscado reciclarse como uno de los
“buenos” y “demócratas”.
Hagamos un poco de memoria.
Primero.
El viernes 7 de febrero de 2001, apenas
nombrado secretario de Gobernación,
Santiago Creel se comprometió
a que el gobierno federal instalaría
el Consejo Nacional de Radio y Televisión,
previsto en la Ley Federal de Radio
y Televisión. No fue instalado
sino dos años después,
y desde entonces no ha dejado de violar
su propia normatividad. De acuerdo con
su Manual de Operación, el Consejo
debe sesionar al menos seis veces por
año. De 2003 a 2008 (Creel fue
secretario de Gobernación hasta
mediados de 2005) ha realizado tan sólo
10 reuniones para analizar temas de
forma. Además, la testimonial
figura del invitado especial de la sociedad
civil ha recaído en representantes
de la ultraderecha mexicana, como se
observa en las actas de las sesiones
respectivas.
No
es todo. El 5 de marzo de 2001, Creel
convocó a crear la Mesa de Diálogo
para la Revisión Integral de
la Legislación de Medios Electrónicos
de Comunicación, como una cortina
de humo donde habrían de trabajar
representantes de la sociedad civil,
concesionarios, legisladores y servidores
públicos. Durante más
de un año, y después de
57 reuniones de entretenimiento político,
se pudo saber que esa fue sólo
una medida de distracción que
lastimó la buena fe de quienes
participaron en dicha tarea.
Segundo.
El 10 de octubre de 2002, sin cumplir
con las condiciones y tiempos establecidos
por la Comisión Federal de Mejora
Regulatoria, Santiago Creel aprobó
y defendió el Reglamento de Contenidos
de la Ley Federal de Radio y Televisión.
Allí, por un lado, redujo los
tiempos oficiales de transmisión
en más de 90% –medida que
sigue teniendo consecuencias en el acceso
equitativo a los medios– y, por
el otro, creó un “derecho
de réplica”, con dos problemas:
a) Es ilegal porque un reglamento no
puede crear derechos no previstos en
la ley que justifica su existencia,
y b) Está redactado de tal forma
que su ejercicio es sólo una
ilusión. Y por si lo anterior
fuera poco, el “Reglamento Creel”
citaba en el derecho de réplica
un artículo del Código
Penal que no existe.
A
la sazón, frente a los argumentos
de Creel a favor de la opacidad para
justificar el reglamento de referencia,
el entonces senador Javier Corral decía:
“Ese es un criterio antijurídico
del secretario de Gobernación,
para cubrir una decisión de albazo
reglamentario, porque está perfectamente
consciente de que si se nos hubiera
comunicado o anticipado un pormenor
de las disposiciones del reglamento
de la Ley Federal de Radio y Televisión,
éstas no se hubieran realizado”.
(Nota de Juan Arvizu, El Universal,
24-10-2002.)
Tercero.
El 25 de mayo del 2005, seis días
antes de que Santiago Creel renunciara
a la Secretaría de Gobernación,
entregó el permiso P-05/2005
a la empresa Apuestas Internacionales,
S.A. de C.V., cuya estructura accionaria
la conforman Televisa Juegos, S.A. de
C.V., y Grupo Televisa, S.A., el cual
tendría una vigencia de 25 años,
con prórrogas hasta por 15 años.
Permitía así la apertura
de 65 centros de apuestas remotas, conocidos
como “books”, y de 65 salas
de sorteos de números o “bingos”.
Además, Promociones e Inversiones
de Guerrero obtuvo autorización
para manejar 53 negocios de ambos tipos.
Lo anterior, a pesar de que durante
los 70 años de priato sólo
se autorizaron 116 centros de apuestas
remotas y 47 salas de sorteos.
Ante
la ola de críticas que levantaron
los permisos de Creel, éste dijo
en primer lugar que las autorizaciones
se habían extendido, con el “mejor
ánimo”, para “democratizar”
ese mercado; en segundo, que los permisos
no los había otorgado él,
sino un consejo –que estaba integrado
por funcionarios de Gobernación
y un representante externo sin voto–,
y, en tercero, que la decisión
tenía base legal –aunque
luego se supo que él mismo había
aprobado en octubre de 2004 el reglamento
a modo para hacer esta operación.
¿Alguien
puede creer que otorgar a Televisa permisos
de juego favorece el mejor desarrollo
de la juventud tan sólo por “el
mejor ánimo” de Creel?
¿Puede alguien afirmar que Creel
es “víctima de los malos”
después de infligir tantos daños
a la nación?
No.
Santiago Creel sólo ha respondido
a sus propios intereses, y su lealtad
ha sido únicamente consigo mismo.
Por su propia incapacidad perdió
la contienda interna del PAN para designar
candidato a la Presidencia de la República,
y su desempeño como coordinador
parlamentario fue ineficaz para su partido.
Acaso a ello se debe que los partidos
de oposición lamenten que ya
no tendrán a un interlocutor
de pocas luces.
Nada
más lejos estoy de coincidir
con el PAN, pero creo firmemente que
la salida de Creel reside en su falta
de operación política,
independientemente de la suma de traiciones
al interés público que
su ambición por el poder privilegió.
Nada más, pero nada menos.
Posdata:
Es buena noticia que la Universidad
de Guadalajara haya designado como defensor
del público a José Luis
Vázquez, director de la Escuela
de Periodismo Carlos Septién
García, la principal escuela
en su tipo de México.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "Las trainciones
de Cree" en Proceso,
15 --VI-- 2008,No. 1650, México,
Análisis.