Proceso,
27 de julio de 2008
Derecho
de la información
¿Exterminio
mediático?
Ernesto
Villanueva
A
nadie escapa el desencuentro entre W
Radio y la periodista Carmen Aristegui
que se volvió un asunto de interés
público. Se dijo en su oportunidad
–sin elementos probatorios, como
ya es costumbre– que el hecho
de que no se renovara el contrato de
trabajo de Aristegui había sido
un acto de censura. En realidad lo que
ocurrió fue una diferencia de
formas de trabajo que terminaba un ciclo
entre particulares, donde la libertad
de expresión estaba de por medio,
pero difícilmente hubiera podido
ser invocada legalmente. La prueba palmaria
de ello es que hubiera sido prácticamente
imposible acreditar en un proceso judicial
la existencia de censura; es decir,
el acto a través del cual el
Estado impide el libre desarrollo de
las informaciones y de las ideas, lo
cual está claramente prohibido
por la Constitución.
Me
parece que no se integraban los supuestos
para ir por buen rumbo a un caso judicial
con una sentencia condenatoria para
W Radio. Cabe recordar que en México,
hasta ahora, la violación de
los derechos fundamentales como la libertad
de expresión corre a cargo del
Estado y no a cuenta de personas físicas
o morales. Acaso por ello Aristegui
nunca promovió un juicio para
reclamar derechos lesionados. No obstante,
acaso sin proponérselo, se convirtió
en rehén de los “buenos”
que montaron un juicio paralelo en los
medios, lo que no requiere satisfacer
procedimientos ni aportar pruebas, sólo
baterías argumentales. En esa
iniciativa metajurídica Aristegui
se convirtió en mártir
de la libertad de expresión y
ganó esa partida. W Radio-Televisa
sigue esforzándose por hacer
un buen diagnóstico de control
de daños para recuperar los niveles
de audiencia perdidos.
Esta
operación, sin embargo, tuvo
un efecto bumerang para la propia Aristegui.
Con razón o sin ella, las puertas
de la radio comercial se cerraron para
la periodista, porque los concesionarios
se volvieron explícitos en los
márgenes de libertad de expresión
que permiten sus políticas editoriales
(o sus intereses). Con todo, hay que
reconocer un hecho también incuestionable:
Carmen Aristegui es una profesional
del periodismo que ha logrado un prestigio
y niveles de audiencia significativos
en la radio mexicana, como sus propios
detractores lo han reconocido. Es, pues,
un activo periodístico en donde
muchos se reflejan y dan por buena la
información que reciben a través
de su forma de hacer periodismo.
Precisamente
por ello ha ido adquiriendo sentido
una propuesta para que Carmen Aristegui
coordine un equipo que permita desde
Radio UNAM competir por audiencia en
serio y dejar que la radio universitaria
sea de autoconsumo. La pertinencia de
esta posibilidad ha sido acaso una de
las razones para que los “malos”
busquen dinamitar la llegada de Carmen.
Entre otros dardos, fue conocido un
“trascendido” (es decir
información que no observa ningún
rigor periodístico) del diario
Milenio donde presentó a Aristegui
como un peligro para las finanzas universitarias
(y sobre todo para que Radio UNAM saliera
de su marginalidad). Pocos repararon
en el desmentido de Sealtiel Alatriste,
coordinador de Difusión Cultural
de la UNAM, quien puso las cosas en
su sitio.
A
fines de esta semana, la UNAM regresa
de su período vacacional y el
rector José Narro Robles tiene
frente a sí el reto de decidir
si apoya la propuesta de impulsar un
proyecto de radio autofinanciable, transparente
y ético encabezado por Carmen
Aristegui, con quien se identifica la
inmensa mayoría de los universitarios,
o mirar para otro lado en busca de mejores
tiempos que no afecten sus eventuales
intereses políticos. Veremos
qué decide Narro Robles.
Y
en el mismo sentido del exterminio mediático,
Santiago Creel Miranda, presidente del
Senado, a quien he criticado en este
espacio por sus incongruencias, ha salido
a dar la cara en una espléndida
entrevista de Jenaro Villamil donde
reconoce expresamente errores políticos
del pasado inmediato, certezas legales
de sus actos y su compromiso de hacer
suyas banderas ciudadanas. Esa reconocible
actitud de Creel ha estado rodeada de
un fortísimo ataque por parte
especialmente de Televisión Azteca
y su revista, que con esa conducta muestra
un desprecio por los mínimos
estándares éticos, donde
la vida privada de las personas –incluyendo
menores– no importa y el escrutinio
público es el pretexto para una
campaña de intimidación.
Se presenta esta televisora como un
poder fáctico que desafía
–hasta ahora sin consecuencias–
a uno de los representantes de los Poderes
del Estado.
Posdata:
El investigador del Colegio de México
Primitivo Rodríguez (prodriguezo@yahoo.com.mx)
ha hecho un interesante y pionero estudio
sobre la opacidad en ONG que predican
y exigen transparencia pero no practican
lo que reclaman. Esa veta que ha abierto
Rodríguez habrá que seguirla
con puntualidad.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "¿Exterminio
mediático?" en Proceso,
27 --VII-- 2008,No. 1655, México,
Análisis.