
Proceso, 30 de junio de 2008
Derecho
de la información
De
"secuestros" y "rehenes"
Ernesto
Villanueva
El cese
del coordinador parlamentario del PAN
en el Senado, Santiago Creel, se ha
prestado a múltiples interpretaciones.
Hay, incluso, quienes ven en esa decisión
del PAN una claudicación frente
a las televisoras. Más allá
de que se trata de una decisión
interna del partido en el gobierno,
vale la pena recordar a qué intereses
responde Santiago Creel, quien últimamente
ha buscado reciclarse como uno de los
“buenos” y “demócratas”.
Hagamos un poco de memoria.
Primero. El viernes
7 de febrero de 2001, apenas nombrado
secretario de Gobernación, Santiago
Creel se comprometió a que el
gobierno federal instalaría el
Consejo Nacional de Radio y Televisión,
previsto en la Ley Federal de Radio
y Televisión. No fue instalado
sino dos años después,
y desde entonces no ha dejado de violar
su propia normatividad. De acuerdo con
su Manual de Operación, el Consejo
debe sesionar al menos seis veces por
año. De 2003 a 2008 (Creel fue
secretario de Gobernación hasta
mediados de 2005) ha realizado tan sólo
10 reuniones para analizar temas de
forma. Además, la testimonial
figura del invitado especial de la sociedad
civil ha recaído en representantes
de la ultraderecha mexicana, como se
observa en las actas de las sesiones
respectivas.
No es todo. El 5 de
marzo de 2001, Creel convocó
a crear la Mesa de Diálogo para
la Revisión Integral de la Legislación
de Medios Electrónicos de Comunicación,
como una cortina de humo donde habrían
de trabajar representantes de la sociedad
civil, concesionarios, legisladores
y servidores públicos. Durante
más de un año, y después
de 57 reuniones de entretenimiento político,
se pudo saber que esa fue sólo
una medida de distracción que
lastimó la buena fe de quienes
participaron en dicha tarea.
Segundo. El 10 de octubre
de 2002, sin cumplir con las condiciones
y tiempos establecidos por la Comisión
Federal de Mejora Regulatoria, Santiago
Creel aprobó y defendió
el Reglamento de Contenidos de la Ley
Federal de Radio y Televisión.
Allí, por un lado, redujo los
tiempos oficiales de transmisión
en más de 90% –medida que
sigue teniendo consecuencias en el acceso
equitativo a los medios– y, por
el otro, creó un “derecho
de réplica”, con dos problemas:
a) Es ilegal porque un reglamento no
puede crear derechos no previstos en
la ley que justifica su existencia,
y b) Está redactado de tal forma
que su ejercicio es sólo una
ilusión. Y por si lo anterior
fuera poco, el “Reglamento Creel”
citaba en el derecho de réplica
un artículo del Código
Penal que no existe.
A la sazón, frente
a los argumentos de Creel a favor de
la opacidad para justificar el reglamento
de referencia, el entonces senador Javier
Corral decía: “Ese es un
criterio antijurídico del secretario
de Gobernación, para cubrir una
decisión de albazo reglamentario,
porque está perfectamente consciente
de que si se nos hubiera comunicado
o anticipado un pormenor de las disposiciones
del reglamento de la Ley Federal de
Radio y Televisión, éstas
no se hubieran realizado”. (Nota
de Juan Arvizu, El Universal, 24-10-2002.)
Tercero. El 25 de mayo
del 2005, seis días antes de
que Santiago Creel renunciara a la Secretaría
de Gobernación, entregó
el permiso P-05/2005 a la empresa Apuestas
Internacionales, S.A. de C.V., cuya
estructura accionaria la conforman Televisa
Juegos, S.A. de C.V., y Grupo Televisa,
S.A., el cual tendría una vigencia
de 25 años, con prórrogas
hasta por 15 años. Permitía
así la apertura de 65 centros
de apuestas remotas, conocidos como
“books”, y de 65 salas de
sorteos de números o “bingos”.
Además, Promociones e Inversiones
de Guerrero obtuvo autorización
para manejar 53 negocios de ambos tipos.
Lo anterior, a pesar de que durante
los 70 años de priato sólo
se autorizaron 116 centros de apuestas
remotas y 47 salas de sorteos.
Ante la ola de críticas
que levantaron los permisos de Creel,
éste dijo en primer lugar que
las autorizaciones se habían
extendido, con el “mejor ánimo”,
para “democratizar” ese
mercado; en segundo, que los permisos
no los había otorgado él,
sino un consejo –que estaba integrado
por funcionarios de Gobernación
y un representante externo sin voto–,
y, en tercero, que la decisión
tenía base legal –aunque
luego se supo que él mismo había
aprobado en octubre de 2004 el reglamento
a modo para hacer esta operación.
¿Alguien puede
creer que otorgar a Televisa permisos
de juego favorece el mejor desarrollo
de la juventud tan sólo por “el
mejor ánimo” de Creel?
¿Puede alguien afirmar que Creel
es “víctima de los malos”
después de infligir tantos daños
a la nación?
No. Santiago Creel sólo
ha respondido a sus propios intereses,
y su lealtad ha sido únicamente
consigo mismo. Por su propia incapacidad
perdió la contienda interna del
PAN para designar candidato a la Presidencia
de la República, y su desempeño
como coordinador parlamentario fue ineficaz
para su partido. Acaso a ello se debe
que los partidos de oposición
lamenten que ya no tendrán a
un interlocutor de pocas luces.
Nada más lejos
estoy de coincidir con el PAN, pero
creo firmemente que la salida de Creel
reside en su falta de operación
política, independientemente
de la suma de traiciones al interés
público que su ambición
por el poder privilegió. Nada
más, pero nada menos.
Posdata:
Es buena noticia que la Universidad
de Guadalajara haya designado como defensor
del público a José Luis
Vázquez, director de la Escuela
de Periodismo Carlos Septién
García, la principal escuela
en su tipo de México.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "De "secuestros
y rehenes" en Proceso,
30 --VI-- 2008,No. 1652, México,
Análisis.