
Excelsior, Dinero, 25 de mayo
de 2009.
Proyecto
Internet
La red social de la Santa Sede
Octavio Islas
La
Santa Sede definitivamente comprende
la importancia de las comunicaciones
digitales mucho mejor que no pocos
de los gobiernos que pregonan supuestas
acciones en el imaginario de la
sociedad de la información
y el conocimiento.
En días pasados monseñor
Claudio Maria Celli, presidente
del Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales, dio a conocer
el lanzamiento de la red social
en Internet del Papa
Benedicto XVI, la cual
actualmente ofrece versiones en
cinco idiomas: italiano, español,
inglés, francés y
alemán.
En la página principal de
la refería red social destaca
un video que fue incorporado al
Canal del Vaticano en You
Tube “Bring the
Gospel to the Internet”. En
ese video el papa Benedicto XVI
da lectura, en inglés, a
un documento que destaca la importancia
de las comunicaciones digitales
para la iglesia católica.
La Iglesia Católica sin duda
comprende muy bien la importancia
de los medios de comunicación,
y la historia de los años
recientes permite confirmarlo.
En 1960 la Universidad Iberoamericana
—propiedad
de la Compañía de
Jesús—
empezó a impartir la primera
licenciatura en ciencias de la comunicación
en América Latina.
El fundador de esa licenciatura
fue José Sánchez Villaseñor
—un
jesuita nacido en Sayula—.
De acuerdo con Francisco Prieto,
destacado intelectual, quien en
1968 egresó de la tercera
generación de esa licenciatura,
Sánchez Villaseñor
se vio en la necesidad de cambiar
ese nombre porque para los funcionarios
de la Secretaría de Educación
Pública “ciencias de
la comunicación” remitía
a cuestiones de ingeniería.
En el artículo “48
años de las escuelas de Comunicación
en el mundo” —publicado
en el número 1 de la revista
Códigos de la Universidad
de las Américas Puebla (tercera
época)—,
Francisco Prieto reprodujo el texto
que leyó Sánchez Villaseñor
al presentar la licenciatura en
comunicación. Un párrafo
particularmente llama la atención:
Su misión es comunicar
el rico saber acumulado en su mensaje
mediante técnicas de difusión,
relaciones públicas, publicidad,
radio, televisión, cine y
periodismo. Controlar estos tremendos
poderes que moldean, como fácil
arcilla, al hombre contemporáneo.
En los sectores más radicales
de nuestra derecha, algunas voces
afirman que los medios de comunicación
solo introdujeron dudas en la fe
de las familias mexicanas.
En años recientes, en Occidente
podemos advertir el debilitamiento
generalizado de las creencias religiosas,
como atinadamente destacan Steven
Weinberg y John Gray, autores del
artículo “Ateísmo
a debate”, publicado en el
número 123 de la revista
Letras Libres, correspondiente al
mes de marzo del año en curso.
Además de las tensiones que
la ciencia inevitablemente introduce
sobre el sistema de creencias religiosas,
el formidable desarrollo de las
tecnologías contribuye a
imponer la creencia de que en el
imaginario de la sociedad de la
información y el conocimiento
es posible prescindir de dios.
De acuerdo con John Gray, en El
fin de la fe/Religión, terror
y el futuro de la razón,
el escritor estadounidense Sam Harris
afirma que la religión ha
sido la principal fuente de violencia
y opresión a lo largo de
la historia.
En años recientes en México
ha proliferado el culto a la “Santa
Muerte”. La acumulación
de contradicciones favorece el culto
a una virgen que admite ser considerada
como cómplice. Internet permite
extender el consumo de los objetos
simbólicos del culto, extendido
ya a algunas ciudades de los Estados
Unidos y Centro América.
El domingo 22 de mayo la Iglesia
Católica celebró el
“World Communications Day”
—Día
Mundial de las Comunicaciones—.
En el Vaticano laboran estupendos
estrategas en materia de comunicación,
quienes comprenden que mantenerse
al margen de la revolución
digital representaría el
suicidio mismo de la Santa Sede.