Lapidarium
Dos libros
Omar Raúl Martínez
Director de la RMC
Del abanico editorial relativo a periodismo en México, dos obras recientes vale la pena destacar habida cuenta que significarán referencias insoslayables para la academia y el quehacer informativo.
El primer libro, escrito por Perla Gómez Gallardo, se propone una revisión epistemológica para aprehender los alcances y los límites de la libertad de expresión.
La bibliografía jurídica ciertamente es cuantiosa, pero no lo es en vertientes como la que se ha atrevido a tocar la doctora Gómez. En este terreno, la aportación de la academia mexicana ha sido magra. Incluso a nivel latinoamericano la producción también ha sido escasa. No es gratuito por ello que Ciespal, el prestigiado organismo pionero del estudio de la comunicación en la región, se haya mostrado interesado en editar Libertad de expresión: Protección y responsabilidades.
Quienes conocemos a la autora, sabemos que este volumen si bien abreva de su experiencia activista y litigante, jamás deja de lado su pasión por el análisis metódico y sustentado, así como de una constante pizca de procesamiento y galanura filosófica.
Y en ese trayecto, dando énfasis al tratamiento informativo de personajes públicos, profundiza en el derecho a la información y los derechos de personalidad, hasta llegar a los abusos de estas prerrogativas en detrimento de las libertades informativas.
Teniendo como eje conductor la libertad de expresión, Perla Gómez va desgranando y explorando deductivamente cada uno de los conceptos circundantes: derecho de acceso a la información pública, derechos de personalidad y figuras públicas, vida privada e intimidad, protección y tipos de responsabilidad, entre otros.
Conocedora de la metodología de la investigación jurídica, al abordar cada uno de los términos centrales, no descansa en proponer incontables perspectivas conceptuales para después construir una bajo su propia directriz. Es decir, indaga orígenes, refiere teorías, desbroza hilos jurídicos y rearma una explicitación para cada tema.
Así lo hace a lo largo del texto. Y si he de ser sincero, éste es un libro cuya riqueza y densidad por momentos precisa leerse y releerse con la pluma en la mano. Porque es una obra que, como decía, además de la solidez argumental que abreva de los maestros internacionales en la materia, lo adereza con sugerentes reflexiones de corte filosófico. Algunas de ideas o sentencias, incluso, retratan a la propia doctora de cuerpo entero. Por ejemplo ella escribe:
- “Defender y propugnar la libertad a través de la información, es defender y propugnar este derecho único a comunicarse y a vivir en comunidad”.
- “La crítica es un juicio profundizado o una opinión no sólo acerca de los fenómenos, sino también de sus causas. Es un juicio causal comunicado”.
- “Vocación significa llamada. Y esta llamada no se produce verbalmente ni por signos exteriores, no se escucha por el oído físico ni se ve por los ojos, sino que consiste en el hecho de que el individuo tenga conciencia de que es poseedor de unas aptitudes que le facilitan la actuación y, además, producen satisfacción al actuar”.
- “Sin conocimiento de la realidad no es posible comunicarla”.
- “La dignidad profesional del informador no es algo que le afecte sólo a él, sino que redunda en la dignidad del colectivo profesional y en la de cada uno de sus componentes”.
Pero más allá de este tipo de reflexiones, jamás pierde de vista los temas medulares: desmenuza el derecho de acceso a la información y nos recuerda los indicadores que han servido para examinar y valorar los contenidos de las leyes en la materia.
Sin duda dos de los apartados mas ricos y sólidos son los referentes tanto a los derechos de personalidad y las figuras públicas, como a la protección y tipos de responsabilidad.
Constituyen un exhaustivo repaso que profundiza sin dejar cabos sueltos. Conjuga trazos históricos, directrices conceptuales, precisiones técnico-jurídicas y propuestas de análisis e interpretación. Todo ello además, pese a lo complejo, bajo un manejo didáctico.
Libertad de expresión: Protección y responsabilidades es una obra que pone bajo análisis los principales derechos de personalidad de figuras públicas, que pueden verse afectados ante el ejercicio de la libertad de expresión y el derecho de acceso a la información.
Lo que en el fondo plantea la doctora Perla Gómez es que ciertamente no hay derechos irrestrictos, y que en los eventuales casos en que dos derechos se confronten o tensionen, debe privilegiarse el interés público. Y es que el personaje político, por ejemplo, suele pretender que se considere la lesión de su reputación como un ataque a la dignidad de la institución que representa o un posible motivo de alteración al orden público y la seguridad del estado. En otras palabras: las figuras públicas han de asumir una mayor exposición frente a los medios debido al carácter de su responsabilidad. Y a este respecto, los tiempos y el Poder Judicial han refrendado hace pocos meses justamente lo que en esta obra expone la autora:
La Suprema Corte de Justicia limitó y acotó los derechos de privacidad y al honor de los funcionarios públicos y de los políticos, al emitir una serie de criterios encaminados a garantizar y proteger la libertad de informar de los periodistas, en especial cuando son llevados a juicio por lo que difunden de ellos.
Tal consideración ha significado un quehacer que le ha quitado el sueño a Perla y por ello ha defendido en tribunales a periodistas como Alfredo Rivera, Miguel Ángel Granados Chapa, entre otros. Y del aprendizaje de esas experiencias empezó a germinar esta obra que, sin embargo, no se observa como un fruto localista sino al contrario: viene a significar un libro que apuesta a ser leído, consultado y comprendido en otras latitudes habida cuenta el rigor de su indagación y construcción epistemológica.
En conclusión, se trata de un valioso libro no sólo por haber sido escrito por la abogada más documentada y completa en materia de libertad de expresión del país, sino fundamentalmente porque habrá de constituirse en un referente obligado para los interesados en estos temas.
Periodismo chiapaneco
La segunda obra comentada, La condición del periodista en Chiapas, significa una aportación valiente, documentada y reflexiva. Es un bloque referencial más al gran edificio iniciado por el doctor Sarelly Martínez con La prensa maniatada, editado en 2004, donde hizo la historiografía de los medios impresos chiapanecos entre 1827 y 1958. Hace tres años, la Fundación Manuel Buendía también le publicó Periodismo contemporáneo en Chiapas, que realiza un sólido repaso histórico de 1958 a 1993.
Partiendo de la misma línea, ahora, Juliana Matus, Hugo Villar, Francisco Cordero, Patricia Ledesma y el propio Sarelly Martínez unen sus voluntades e inteligencias para ofrecernos un libro provocador, porque indagan sobre lo que todo el gremio periodístico dice en voz baja y nadie publica. Porque cuestionan la calidad del periodismo local en voz de sus propios hacedores. Porque arrojan luz sobre el perfil y las condiciones laborales de los periodistas chiapanecos a partir de un estudio exploratorio en el estado.
Más allá de teoricismos, los autores entrevistaron a 156 informadores para trazar un retrato integral que refleja tendencias sobre el estado civil, ingresos salariales, tipo de lecturas, preparación académica, condiciones laborales, entre otras cuestiones. Y lo que sale a flote es una realidad periodística, gremial, personal y política avasallante… una radiografía que nos obliga a repensar y revisar las razones y el sentido del periodismo nuestro.
Porque lo que se evidencia de forma abierta es la condición no sólo del periodismo chiapaneco sino de todo el país. Precisamente tal es la virtud de esta obra: si bien se enfoca en este estado, lo cierto es que muestra a todas luces las condiciones de los medios informativos a nivel nacional ya que la lógica política y mediática en nada varía respecto de otras entidades.
Lo más interesante es que se rescatan datos, opiniones, testimonios, todo lo cual fue procesado y analizado para compartirnos miradas tan críticas como dardos.
Por ejemplo, los autores plantean sin ambages cómo desean una transformación de la prensa chiapaneca, pero se saben parte de una actividad acomodaticia y complaciente con el poder: se asumen inermes e impotentes. Y entonces leemos declaraciones que muy pocos medios se atreven a publicar:
- “Hoy existe un control muy fuerte del gobierno sobre el periodismo. Los funcionarios dicen qué se publica y qué no se publica. Todos los medios tienen la misma información. Al final quien pierde es la sociedad porque no tiene una información plural”.
- “Es un periodismo que se presta a muchos intereses. Los caudillos que levantaron la voz por el pueblo, ya hace mucho tiempo que se quedaron callados”.
- “En el periodismo chapaneco falta honestidad y ganas de superarse”.
- “Aquí solo hay empresas comerciales, no empresas periodísticas”.
- “Hoy veo al periodismo en un retroceso brutal: estamos como en los tiempos del viejo PRI, en la década de los setenta, de los tiempos de Juan Sabines Gutiérrez”.
- “El periodismo chiapaneco es un periodismo muy censurado, que no ejerce la libertad de expresión porque cuando establece un convenio con el gobierno estatal o municipal, ya no se tiene la libertad de decir lo que está pasando”.
- “El periodismo chiapaneco está construyendo una sociedad falsa, hipócrita, donde no impera la verdad”.
Expresiones como éstas, implacables, pintan un escenario privativo de todo México, pero nuestros compañeros chiapanecos han tenido el arrojo de plantearlo frontalmente, apelando al dato duro, al testimonio documentado, al análisis sustentado.
Es decir, Juliana, Hugo, Sarelly, Francisco y Patricia evitan la crítica fácil y dan la voz a los periodistas. Realizan un trabajo científico y periodístico tan equilibrado que no dejan de deslizar cuestionamientos abiertos o implícitos a todas los involucrados. Así, además de evidenciar abusos laborales de los empleadores, también deslizan críticas a los tecleadores. Plantean por ejemplo:
- ¿Por qué si los periodistas tienen tan clara su misión de servicio y afán democrático, ésta no se refleja en su oficio y en su relación con el poder?
- El periodista chiapaneco poco se esmera en provocar cambios y acción en el entorno social cotidiano.
- El periodista “se queda en el limbo de las falsas modestias o en la oscuridad que se da entre el virtuosismo y el apostolado versus la corrupción, el cochupo y la alienación”.
- Califican al periodismo chiapaneco de trivial, previsible y poco profundo, y sin embargo los reporteros chiapanecos rara vez buscan fuentes distintas y casi no frecuentan géneros como el reportaje.
La condición del periodista en Chiapas es una obra pionera en la necesidad de fomentar la revisión crítica y autocrítica del oficio informativo. Trabajos de esta índole necesitan replicarse en otras entidades de la República Mexicana para iniciar una transición que quizás pueda ser lenta, pero que indiscutiblemente resulta medular si deseamos que el periodismo nuestro se invista de mayor espíritu de servicio, o se asuma como generador de cambios.
Paradójicamente, frente a los silencios acostumbrados que suelen anquilosar las estructuras, éste es un libro estimulante porque con su publicación ha apostado por airear los asuntos más escabrosos de la prensa.
Esperamos que todos los actores involucrados en el quehacer periodístico local y nacional tengan la madurez suficiente para --a partir de este tipo de obras, valientes y documentadas-- repensar y reencauzar su tarea hacia destinos más dignos.
El
siguiente es un ejemplo de cómo
debe de citar este artículo:
Martínez
Sánchez , Omar Raúl, 2009:
"Dos libros",
en Revista Mexicana de Comunicación en línea, No. 119, México,
diciembre. Disponible en:
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/rmxc/omar_2libros.htm
Fecha de consulta: 3 de diciembre de 2009.