Desconfianza, erosión de credibilidad de las instituciones, simulación y cinismo frente a la transparencia, fracaso en las políticas públicas, amenazas a la vida comunitaria tratando de crear un ciudadano transparente y un Estado opaco con la cédula de identidad y desempleo en crecimiento son algunas de las razones por las que habría que estar en una depresión profunda. En ese mar de fracasos, existen al menos algunas islas de excepción que merecen la pena citarlas. Me refiero a los medios de servicio público, donde en algunos casos la situación observa mejoras. Veamos.
Primero. Para todos es sabido que no es lo mismo medio estatal que medio de servicio público. Entre otras diferencias baste decir que el primero busca satisfacer los intereses del gobierno y el segundo los de la comunidad en general. Los medios de servicio público deben promover la recepción crítica de los medios, impulsar una cultura de la participación ciudadana, fomentar la pluralidad y diversidad de contenidos, mantener una distancia editorial del gobierno para informar con veracidad, brindar el derecho de réplica de manera espontánea, ofrecer contenidos programáticos que al mismo tiempo sean importantes e interesantes, entre otros rubros más.
Segundo. En un estudio sobre los principales medios federales financiados con cargo al erario realizado por la maestra Fidela Navarro y yo en 2008 el resultado fue poco afortunado. No obstante a un año y medio de distancia se han dado pasos para regenerar los tejidos de comunicación entre algunos de esos medios y sus audiencias. El canal 22 de televisión ha creado la figura del defensor del televidente y, lo más importante, es que para el 2010 el personal que estaba realizando funciones permanentes y está pagado por la figura de honorarios, será integrado a la nómina con los derechos que ello implica. Algo tendría que decir el canal 11 de televisión donde mantiene a todos y cada uno de sus trabajadores sin la posibilidad de sindicalizarse y sin contar con plaza ni servicios médicos asegurados, ni prestaciones de ningún tipo. Aquí el artículo 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo duermen el sueño de los injustos.
Tercero. En Radio Educación se creó la figura del Defensor del Radioescucha siendo la primera emisora radial en México que ha creado una institución semejante y que, no sin dificultades sobre el significado de su papel dentro de la comunidad interna, sigue un proceso de fortalecimiento institucional. En esa misma dirección se inscribe El Mediador del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), institución que era de esperarse por el interés de su actual directora general en la ética periodística y a quien se debe el primer código de ética periodística en el ámbito de noticieros radiofónicos. No obstante, habría que ver cómo el IMER recupera el legado de Marta Romo en producción infantil con Radio Rin cuyo vacío sigue ahí. Hasta ahora Radio Educación y el IMER son los únicos medios radiofónicos que han hecho del compromiso ético con sus audiencias una acción concreta.
Cuarto. El canal de televisión del Canal del Congreso de la Unión está sufriendo una transformación significativa. He sido crítico puntual de este canal. Ahora, sin embargo, debo reconocer el cambio que está viviendo. Y no es para menos. El proyecto de programación de 2010 ofrece una oferta atractiva para gente pensante. Retoma, por ejemplo, la programación destinada al público infantil, cubre la temática correspondiente al bicentenario y se anima a crear una barra con programación donde incluye a la propia audiencia. El portal de internet se ha modificado y es más accesible que en el pasado inmediato. Para cerrar con broche de oro, diputados y senadores deberían reformar el Reglamento del Canal para introducir cambios desde la naturaleza jurídica del canal para darle autonomía hasta los relativos a la relación laboral del canal con su personal.
Notimex ensaya por aproximaciones sucesivas el trabajo colegial y plural tanto en su Consejo de Administración como en el correspondiente a la parte editorial. Ello supone un proceso real de tránsito de una agencia de noticias al servicio de la Secretaría de Gobernación a una con mayor independencia. También el canal de mi universidad, TV UNAM, a quien critiqué aquí por sus ausencias, ha ido convirtiéndose en una alternativa real en donde no se puede regatear que se hace mucho con casi nada. Y esto no es cualquier cosa.
La ley de medios públicos con todo sigue siendo una asignatura pendiente. De facto estamos viendo cambios, pero hasta ahora amparados en la voluntad personal de quienes dirigen estos medios. El tema de su autonomía editorial y de su independencia económica son dos de los puntos que no pueden ser resueltos internamente y que demandan una regulación que permita de pleno derecho contar en México con medios públicos. Medios susceptibles de conmover a la sociedad frente a la programación comercial que hace negocio con las miserias de nuestro pueblo.
Investigador
del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM.
Correo electrónico: evillanueva99@yahoo.com
Puede
citar este artículo de esta forma:
Villanueva, Ernesto, "Medios públicos: no todo está perdido" en RMC on line http://mexicanadecomunicacion.com.mx/villanueva.htm
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